VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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Cuento para el invierno

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  • #31
    Re: Cuento para el invierno

    Perdón! Perdón!

    Y gracias por el interés!

    Tuve un viernes ajetreado y no pude escribir. Ahí va la siguiente entrega:



    En verdad, pensé, mi mente estaba demasiado llena de músicas, poemas, páginas y recuerdos tendentes a la melancolía. Si no le ponía algún remedio podría caer en una depresión o, peor aún, en algún tipo de conducta errática o excéntrica. Debía centrarme en la realidad: jubilado, libre, sano y sin preocupaciones, no había lugar para las melancolías.

    La carretera de retorno a casa parecía hecha a propósito para subir la moral, flanqueada de almendros floridos y de verdaderos arriates naturales blancos y amarillos. Igual que me ocurría algunas veces en la mar, deseaba llegar a casa, pero también quería recrearme un poco más en el viaje, conduciendo despacio y respirando a pleno pulmón.

    Al dejar atrás el último valle y ya con la mar a la vista, me detuve para poner en marcha el teléfono, que había estado dos días sin cobertura. Tenía varios mensajes de mi hijo, uno de George y ninguno de Grace. Me conminaban a no olvidar la cita del viernes y a ir a buscar a mi hijo al aeropuerto de Alicante a media mañana. Había decidido venir a pasar unos días conmigo.

    No había pensado más en La Poule, al menos de un modo consciente, aunque descubrí que en algún nivel escondido de la mente las reflexiones habían continuado su curso. De pié frente a la ventana del salón, a la vista del horizonte lejano, asumí la convicción interna de que aquel era mi mundo. Ya fuese con La Poule o con cualquier otro, mi destino era recorrer aquella llanura mía, deseando llegar para desear volver a partir. Andar siempre de paso como lo que siempre fui: un marinero.

    Y, como una consecuencia lógica, aquel concepto de la vida como tubería por la que uno viaja sin querer que me había atormentado algunos días, se desvaneció de pronto: tal como dijo Rubén Blades, si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos. Y yo debía de ser marino incluso antes de nacer, a la vista de la que había sido mi historia.

    Recogí a mi hijo en el aeropuerto. Sonreí al ver que iba vestido de acuerdo con la temperatura de Londres, con sombrero y bufanda incluida. Tenía muy buen aspecto, por lo demás, y lo iluminaba una gran sonrisa. Mañana, me dijo, cenaré con vosotros a bordo de La Poule, porque he gestionado su venta a una sociedad británica y George me ha invitado a celebrarlo.

    Por un momento se me cayó el mundo a los pies.

    Comentario


    • #32
      Re: Cuento para el invierno

      Ostras, que bueno! Se pone emocionante! Me muerdo las uñas. Gracias gracias por tus relatos.
      Detrás de la ola vive alguien, sè modesto...

      Comentario


      • #33
        Re: Cuento para el invierno

        Contempló, divertido, mis esfuerzos por permanecer impasible. Unos segundos de silencio que se hicieron verdaderamente largos hasta que, por fin, me preguntó si no me interesaba saber más detalles de la operación. Con total sinceridad le dije que los detalles me importaban bien poco. Mi interés se limitaba a saber quién iba a ser el dueño y, en el caso de que no fuese yo, qué era lo que le hacía sonreír tan ampliamente.

        Pues verás, me dijo, el asunto es un poco complicado, pero no muy difícil.

        Capté otra brizna de sorna en sus palabras. De niño le enseñé, haciendo mucho hincapié en ello, que lo contrario de complicado es lo sencillo, mientras que lo contrario de lo fácil es lo difícil, así que puede haber cosas complicadas muy fáciles y, al contrario, cosas muy sencillas condenadamente difíciles.

        El propietario del barco es una sociedad patrimonial limitada que se llama Fox and Fox Limited, radicada en Liverpool. Tú eres el primero de los Fox y yo el segundo, me dijo mientras me palmeaba el hombro. Así que, utilizando uno de los matices que tanto te gustan, no vas a ser el propietario, pero serás el armador. Y no solo serás mi padre, sino también mi socio.

        Estos muchachos de ahora, pensé, son muy listos. Como abogado que es, mi hijo conocía perfectamente los recovecos tanto de la ley como de las finanzas, y había montado una operación impecable según la cual, a fin de cuentas, me estaba regalando La Poule. A cambio, yo debería hacerme cargo de todos los gastos de mantenimiento, amarres y seguros y, además, pasar el mes de agosto de cada año con él y tres o cuatro amigos y amigas que invitaría a navegar con nosotros. También se reservaba el derecho a escoger destino. La mitad de los gastos en que yo incurriese irían incrementando mi participación en la sociedad en detrimento de la suya. Calculo, me dijo risueño, que en unos veinte años el barco podrá ser totalmente tuyo. Te conviene cuidarlo bien, pues cuanto más gastes, más tuyo será.

        El contrato se cerraría a la mañana siguiente, después de que yo hubiese inspeccionado el caso en seco y dado mi aprobación. Hasta en eso había pensado.

        Continuó explicándome cómo había cerrado el trato con George, cediéndole un pequeño chalet, de cuya hipoteca se había subrogado, más una cierta cantidad de dinero, pero yo ya no estaba para escuchar maniobras de finanzas. Sólo podía pensar en que, con el título que se quiera, ya tenía mi barco. Un barco magnífico, por cierto.

        Nos abrazamos y permanecimos así todo un minuto, en mitad del hall del aeropuerto, con algún pequeño achuchón intermedio, como si uno de los dos regresara de un lugar muy lejano y el otro lo hubiese esperado largo tiempo.

        Comentario


        • #34
          Re: Cuento para el invierno

          Esto se pone muy interesante!!
          Bravo!!
          Una ronda para la pausa!
          La única Ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. R.Bach (Juan Salvador Gaviota)

          Podemos juzgar el corazon de una persona por la forma en que trata a los animales. Immanuel Kant.

          Comentario


          • #35
            Re: Cuento para el invierno

            Como me gustan tus relatos Tahleb, gracias.

            Comentario


            • #36
              Re: Cuento para el invierno

              Se negó en redondo a instalarse en la almazara durante aquel fin de semana a pesar de que le recordé que su habitación de infancia y juventud estaba exactamente igual que cuando la utilizó por última vez.

              Cuando su madre se marchó y mis padres desaparecieron, no tuve más remedio que enviarlo de un internado a otro mientras yo navegaba. Siempre me dijo que los colegios eran, para él, mejor que la presión que le producía el recuerdo constante de su madre y de los malos momentos que pasó en casa entre la añoranza y la sensación de abandono, así que, cuando tenía vacaciones, o se venía conmigo a bordo del barco en el que yo estuviese o nos íbamos ambos de viaje a algún lugar interesante. Hacía más de quince años que no había cruzado el dintel de la puerta.

              Alguna vez le hablé de la posibilidad de vender la casa y de romper de una vez con los recuerdos, pero también a eso se negaba. Me decía que, tarde o temprano, dejaría de sentirse como un niño abandonado para pasar a ser un simple huérfano y que, llegado ese momento, podría recuperar todas las cosas buenas que había vivido allí, junto con la tradición familiar de sus bisabuelos.

              Tú también deberías pensar en esto, me dijo. A juzgar por las fotos que me has enviado alguna vez, no has cambiado nada de la decoración ni has añadido prácticamente ningún detalle propio. Vives en esa casa como si fueses un invitado. Aún es la casa de mi madre.

              Comimos juntos, hablamos del barco, visitamos a George y Lin, paseamos por el pueblo, tomamos una cena ligera y lo dejé en un hotel de Jávea con cita para pasar a recogerlo a la mañana siguiente.

              Al llegar a casa me propuse verla con la mirada de un extraño. Analizarla. Y tuve que reconocer que mi hijo tenía razón: aquello era un mausoleo en memoria de alguien que nunca más volvería.

              Me costó un poco, después de cuatro días de silencio, pero conseguí convencer a Grace de que viniese a pasar la noche conmigo. En mi casa. Ninguna otra mujer había dormido jamás en la que fue la cama de mi Julia. Eso sí: tuve que ser sincero.

              Grace se presentó al cabo de una hora con una botella de vino, unas barritas de incienso, ropa interior de seda y dispuesta a oficiar un exorcismo.

              Yo estaba dispuesto a cometer un sacrilegio. Por fin.

              Comentario


              • #37
                Re: Cuento para el invierno

                Se marchó cuando rayaba el alba. Tengo dos niños que enviar al colegio, me dijo mientras me besaba en los ojos y la boca, ya verás como hemos vaciado la casa de espíritus. Nos vemos en la cena, a bordo de tu barco.

                La inspección fue bien. Hicimos algunas catas para comprobar los espesores del acero y los resultados dieron pérdidas de apenas alguna décima de milímetro. El interior era fácilmente revisable y lo encontré en buen estado, así que lo devolvimos al agua en cuestión de tres horas. Comimos algo ligero y regresamos a nuestros alojamientos para volver a encontrarnos para la cena después de asearnos.

                La casa conservaba algo de los aromas del incienso que Grace había quemado y, maravillas de la sugestión, me pareció que su ambiente había cambiado de algún modo. Pasé un buen rato tomando nota de todas las cosas que habría que variar para borrar en lo posible el pasado y convertirla, de verdad, en mi hogar. Me sentía como si me hubiese recuperado de algún tipo de trastorno mental y las huellas de mis actos me parecían extrañas. ¿Cómo podía ser que no me hubiese atrevido a invadir con mis cosas los cajones que Julia dejó vacíos hacía veinte años? ¿Por qué no había tirado a la basura la taza de té con su nombre grabado y que seguía en su lugar habitual de la alacena? ¿Qué decir de las dos cajas con ropa, que ella misma había abandonado en un armario, que aún ocupaban una estantería del garaje?

                En cambio, junto a esas dos cajas había otras varias llenas de los recuerdos de mis viajes que ella había considerado siempre como imposibles de colocar en ninguna parte y que a mí nunca se me había ocurrido sacar a la luz. Había dientes de cachalote grabados con imágenes balleneras, figuras de ébano africanas, katanas japonesas, una maqueta de un bergantín negrero… Bueno, pensé, tal vez en algunas cosas Julia tuviese razón, pero los dientes de cachalote y la maqueta, irían por fin a su sitio, sobre la repisa de la chimenea.

                A las siete en punto estábamos Grace y yo junto a la pasarela de La Poule, esperando el permiso para subir a bordo. George se había vestido con algo parecido a un uniforme y Lin llevaba el equivalente vietnamita de un kimono de gala. Mi hijo ya estaba a bordo y sostenía en la mano la driza de la bandera. Sin gran ceremonia, pero con gran seriedad, arriaron la bandera americana en cuanto pisé la cubierta y me entregaron una “red jack” de la marina inglesa para que la izase yo mismo. No faltó ni el pitido sinuoso de chifle con el mensaje de “captain on deck”, que Lin tenía grabado en un magnetófono. Es sonido del entierro de Winston Churchill, me confesó en un aparte.

                Yo estaba ruborizado ante tanto ceremonial y miré de reojo a Grace, temiendo que todo aquello le estuviese pareciendo un poco ridículo, pero me sorprendió ver que tenía los ojos brillantes de emoción. Más tarde me concretó que se había conmovido por Lin y no por la ceremonia. Esa mujer estaba dejando su casa, me dijo, y, con una sonrisa sugerente, añadió: cuando quieras le quitamos los fantasmas.

                Comentario


                • #38
                  Re: Cuento para el invierno

                  Esto mejora de capítulo en capítulo.
                  Muchas gracias otra vez por el relato, Tahleb!!

                  Comentario


                  • #39
                    Re: Cuento para el invierno

                    Si es que nos tienes enganchadísimos...
                    La única Ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. R.Bach (Juan Salvador Gaviota)

                    Podemos juzgar el corazon de una persona por la forma en que trata a los animales. Immanuel Kant.

                    Comentario


                    • #40
                      Re: Cuento para el invierno

                      Uffff, yo estoy suscrito y me paso todo el día mirando el móvil...
                      Detrás de la ola vive alguien, sè modesto...

                      Comentario


                      • #41
                        Re: Cuento para el invierno

                        Aquella fue una cena de verdadera fusión cultural. George aportó sus conocimientos y gusto por la cocina cajún, la de los criollos de Nueva Orleans, y Lin nos maravilló con los sabores de su Indochina. Mi hijo nos hizo ver que aquellos platos eran, en esencia, cocina de aventureros, pues cada uno de ellos tenía influencias francesas, españolas, africanas y orientales mezcladas, ya fuera en sus condimentos o en sus nombres.

                        Al hilo de su reflexión, comenté que la composición genética y cultural de los allí presentes era también muy diversa: George descendía por línea paterna de franceses de Canadá establecidos en Louisiana; yo tenía un cincuenta por ciento de judío bereber por parte de madre, un veinticinco francés del Roussillon y otro veinticinco de español levantino; mi hijo arrastraba mi herencia diluida por el cincuenta por ciento de sangre aportado por su madre, que era, a su vez, una combinación de aragoneses y vascones a partes iguales. Grace y Lin eran lo más puro de la mesa, a mi entender y desde el punto de vista de los genes, aunque culturalmente eran dos verdaderos líos.

                        Lin intentó explicarle a Grace algunos de esos detalles del barco que se tiende a suponer que son de más interés para las mujeres. Escuchó con expresión risueña un par de cosas y, dándome unas palmaditas en la mano, le aclaró a Lin que no iba a ser la armadora consorte, puesto que ella y yo tan sólo éramos unos buenos amigos y ella nada más esperaba ser invitada a navegar de vez en cuando. Todas las explicaciones, instrucciones y particularidades había que dármelas a mí, que era un hombre muy autosuficiente. Mi hijo me envió una discreta mirada de aprobación.

                        El domingo salimos a hacer pruebas de mar. Grace y sus hijos se apuntaron con entusiasmo. Soplaba un sudoeste discreto con un poco de mar tendida que fue náuticamente perfecto para observar el paso de ola y el comportamiento a varios rumbos, pero que tuvo un efecto devastador sobre Grace y su hijo Allan, que fueron poniéndose serios y cambiando de color hasta alcanzar un amarillo verdoso. Rebecca, en cambio, estaba exultante. Exploró completamente el barco, descubrió entusiasmada el camarote de popa, con su cristalera que daba a la estela, y no tardó en hacerse con el timón demostrando una habilidad innata. Tan bien lo hacía que la dejé que gobernase en la entrada a puerto, aunque asesorada de cerca.

                        Pocos metros antes de estar entre puntas Grace y Allan llegaron al fin de su resistencia y entramos a puerto con una vomitando por estribor y el otro por babor. Se instaló un silencio piadoso en cubierta que permitió oír con claridad la vocecita de Rebecca: vaya par de mierdas (bullshitters, dijo exactamente). Al cabo de un momento se puso a llorar.

                        ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras, Becky?

                        Porque no podremos ir contigo. Un día te marcharás sin nosotros, dijo cediéndome el timón.

                        Comentario


                        • #42
                          Re: Cuento para el invierno

                          Bullshitters, buenísimo!!
                          A veces me encanta esa espontaneidad de los niños..
                          Es tan fácil imaginar la situación tal y como la cuentas..
                          La única Ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. R.Bach (Juan Salvador Gaviota)

                          Podemos juzgar el corazon de una persona por la forma en que trata a los animales. Immanuel Kant.

                          Comentario


                          • #43
                            Re: Cuento para el invierno



                            Buenas tardes por aquí... buenas noches, por allá.

                            Es excelente su historia. Realmente lo felicito!

                            Me impresionó la descripción de la casa... Ese congelarse que padecen los objetos cuando alguien falta y lo que cuesta aceptar que nadie volverá por sus cosas...

                            Gracias por compartir.

                            Saludos!
                            "It is not down in any map; true places never are," Melville

                            Comentario


                            • #44
                              Re: Cuento para el invierno

                              Una vez amarrados intenté quitar importancia al mareo de los bullshitters y ensalzar las cualidades marineras de Rebecca. No me extraña, dijo Grace con voz desmayada, su abuelo llegó a contralmirante y participó en la caza del Bismark. Lo lleva en la sangre.
                              ¿Y tú también serás un Commander algún día, Becky? Aye aye, Sir! Respondió tensando su cuerpecillo en un amago de posición de firmes. Sorprendente criatura.

                              De camino al aeropuerto, mi hijo, que regresaba a Londres esa noche, maniobró para sacar el tema de mi implicación con Grace y su familia. Una vez centrado el asunto fue directo a lo esencial: ¿estaba yo pensando en tener una relación estable con ella?

                              Francamente, no. Me gustaba mucho y me encontraba muy bien en su compañía, pero era muy consciente de que, en mi situación, recién resucitado para la vida en tierra, no estaba en condiciones de tomar una decisión tan seria. Tenía presente que tanto mi mente como mi corazón se encontraban en un momento parecido al de una convalecencia tras algún tipo de enfermedad afectiva. Y estaba la diferencia de edad: unos quince años tal vez serían demasiados dentro de un tiempo.

                              Pues piensa, me dijo con voz seria, que están esos dos niños por medio. Particularmente la niña parece necesitar una figura paterna desesperadamente. Y tú encajas bastante bien. Ve con cuidado. Puede que, en verdad, un día quieras irte sin ellos.

                              Llegué a casa sumido en mis cavilaciones. Podía hacer lo que quisiera con mi vida, el problema estaba en que no podía querer hacer algunas cosas.

                              Detrás de las cajas estibadas en el garaje estaba el retrato polvoriento de una jovencísima Julia. Un clavel rojo en el pelo evocaba un momento de nuestra prehistoria, una tarde en la lejana isla de Chipre. Me perdí, una vez más, en sus ojos y recordé su voz clara recitando un poema cuyo autor he olvidado:

                              Tres pasiones han gobernado mi vida:
                              el anhelo de amor,
                              el ansia de conocimiento
                              y una profunda compasión
                              por el sufrimiento humano.
                              Esas tres pasiones,
                              como los vientos de los grandes océanos,
                              me han llevado de aquí para allá
                              ensanchando las fronteras reales
                              de la desesperanza.

                              Iulia.jpg
                              Editado por última vez por Tahleb; 10/02/2015, 18:28:35. Razón: Excesivo uso del verbo recordar...

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                              • #45
                                Re: Cuento para el invierno

                                No se de quien es el poema pero me ha tocado el alma!
                                Otra rondita para la pausa!
                                La única Ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. R.Bach (Juan Salvador Gaviota)

                                Podemos juzgar el corazon de una persona por la forma en que trata a los animales. Immanuel Kant.

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                                Trabajando...
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