VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

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6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

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14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

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  • #16
    Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

    Don Atarip, ¿no cree usted que es hora ya de despertar y seguir con el relato?

    Ya hemos esperado mucho.
    Vive y deja vivir,
    pero vive como piensas,
    o acabarás pensando como vives.

    Comentario


    • #17
      Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

      Buenas!!

      Me he quedado sin palabras...

      Fantástico, de verdad!!!
      ..el mar dará a cada hombre una nueva esperanza, al igual que el dormir le da sueños...

      Comentario


      • #18
        Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

        VII. DE CÓMO VIAJÉ EN METRO Y OÍ LA VOZ DE DON DIEGO DE TORRES POR ARTE DE UN TELÉFONO MÓVIL

        Caía la noche, aunque tan generosas candelas alumbraban las calles en este mundo moderno, provistas acaso de ciclópeas bombillas, que ha de volverse loco el villano sin saber de cierto si es día o noche. Majado, candado y dolorido de tanta andanza y tanto palo sentíame, que otra fuese la historia de tener a mano mi acero toledano, mas antojábaseme obscuro el panorama en cuanto a hallar un catre caliente, que hace cuatrocientos de años no hubiese tropiezo en hallar posadas ni lupanares, mas agora andaba yo perdido cual novicia en tercios de infantería. Mas sabiéndome respetado por las gentes cultivadas, a sazón de haber visto mis obras en lugar de preferencia en los anaqueles de libreros de tal o cual mercado babeliano, vide mi único amparo en manos de gente ilustrada, de modo que tiré la única baza hablándole al joven Güili del siguiente modo, pues ya se le veía cierta desazón en zafarse de mí, alegando urgencia de veer terminar el reputado fútbol en su casa:

        -Benigno tronco, afina, te ruego, el ingenio, pues he de pedirte que me des el nombre y señas de algún sabio amante de las letras, bien versado en el saber clásico, de ser posible enemigo de regalar a sus convidados con coca cola y otras purgas modernas, más bien amante de carnes y vinos, pues es seguro que donde tal hombre more hallaré cobijo por mis méritos y a mesa puesta.

        Joder, claro! –y exclamaba esto con gran alboroto-. Te voy a llevar a casa de don Diego, mi profe de lengua del instituto. ¡Macho, sois tal para cual!

        -Me ofendes, pues nombre de cornudo es Diego, y macho me llamas cual si fuera bestia o peor, cabrón. ¿Es instruido en libros este don Diego? –pregunté esperanzado.

        -¡Sí, sí, es una lumbrera el tío, ya verás! ¡Es de puta madre!

        -Igual me da su cuna. Ya puede ser noble pícaro o caballero bastardo. Vale si es buen entendedor –repliqué, y dicho esto nos encaminamos a la quinta de este personaje. Fui siguiendo al mozo por recovecos, esquinas y plazas, que alumbraban los coches con unas linternas que por pares llevaban al frente e iba yo aún medroso de su rugir y molesto de sorber sus humos por doquier. Algunos eran blancos y se llamaban taxis, por las crecidas tasas que cobran al viajero, y estos eran los más fieros por su coraje, los más ligeros a la hora de sonar sus trompas y los mas temidos por las gentes de a pie. Son los taxistas, como pude aprender, los más viles de los cocheros modernos, pues tantas horas pasan domando a sus bestias que se les agria el carácter y se les avinagra el semblante. Al punto que soslayamos con gran peligro un grupo destos taxis me orientó mi joven insignia a una escalinata que se adentraba en las entrañas de la tierra. Espantadizo del subsuelo tras tantos lustros sepultado, preguntéle:

        -¿Son acaso perseguidos en estos aciagos tiempos los hombres cultos que se ven forzados a vivir en catacumbas?

        Tanquilizóme Güili en su discurso, pues dijo que entrábamos al Metro, que viene a ser una enorme topera por la que se arrastran por leguas de cavernas sobre unas correderas paralelas, con gran estrépito, unos carruajes largos como sierpes. Dichas sierpes, llamadas trenes, son invención moderna muy célebre, que según me dijeron desfilan por todo el mundo, acarreando gentes y mercancías. Pasóme Güili a través de unos goznes endemoniados con ayuda de una cedulilla que una máquina comía por un lado y cagaba por otro y pronto hube de someterme de nuevo al mal trago que me temía, que fue viajar sobre las llamadas escaleras mecánicas, lo que me costó no pocos traspieses, mas pronto entramos en una conejera inmensa de la que surgió presuroso cual un hurón uno destos trenes, con imponente estruendo y grande luminaria en el frontispicio. Luego que se abrieron las puertas sin más ayuda que un bufido, con grande fascinación y pavor salté al engendro, que en un guiño se adentró en las oscuras galerías arrastrándonos a velocidad de vértigo. Causóme esto gran sobresalto, tanto que hube de asirme a unas varas muy oportunas para no caer de bruces, aunque tal rebaño humano viajaba en este ruido que, de puro prieto que iba entre otras almas, aun privado del sentido me hubiera visto sujeto en pie. Recuperado el aliento, di de narices con una maraña pintada y muy colorida, que tenía en ella nombres muy diversos y figuré que era un compendio cartográfico del tal Metro. Y acá leí mi nombre en un punto, junto al de valientes como Guzmán el Bueno, Núñez de Balboa y Colón, píos como Santo Domingo, San Lorenzo, San Bernardo y San Blas (y otros píos regios que de los que mi memoria no dio cuenta, como los tales Pío XII y un Príncipe Pío), así como majaderías tales como Pan Bendito, Concha Espina, Ríos Rosas o Mar de Cristal. Maravillado estaba de que esta maraña soterrada condujera a lejanías tales como Carabanchel o Arganda, mas pretencioso era a mi parecer que se llegara de este modo a Cartagena, Sevilla y Oporto, e inconcebible que de camino a Fuencarral se transitase por Cuzco y Lima o que se desembarcase sin grande esfuerzo en las Islas Filipinas. En todo ello andaba yo abstraído cuando paró con violencia el aparato, abrió sus trampas corredizas y entró marea de gentes tal que no quedó hueco para un suspiro. Había ambiente de caballeriza y más de un pedo suelto, que se hacía condena el respirar, y para colmo de males unos indianos con una vihuela y un caramillo comenzaron un responso muy estridente con pretexto de pedir plata a los viajeros allá embutidos. No hubo mejoría en los siguientes apeaderos, que llaman estaciones, acaso porque con tal sofoco recuerden el estío y con su desolación al invierno, pues entraron otros músicos, estos con organillo de fuelle en la mano, que a fe mía era mazmorra de gatos por lo que maullaba al verse prieto, y al punto un leproso barbudo, gallofero y aullador que no sé cuántos hijos dijo tenía que cuidar y que era de más ventaja para él pedir que robar, discurso con el que pretendía ablandar las almas más desprendidas. En esta picaresca vide que poco había mudado el mundo, que hubiese jurado haber visto mil veces este mismo pordiosero machucado, costroso y sembrado de liendres en mis días a la puerta de otras tantas beaterías. Empero, mentó el hambriento que tenía para sí dos cosas que eran novedad, que fueron el paro y el sida, de modo que quise dar conversación a Güili con ello, a fin de solazar mis ahogos.

        -El sida es una enfermedad que si la pillas te vas al otro barrio, y lo cogen los maricones y las putas por no usar condones y el paro es cuando no tienes curro –dijo con mueca de sacamantecas, como si ambas cosas fueran de temer. No hizo esto mucha asistencia a mi dudar, y conjeturaba yo sobre estos morbos del mundo moderno, que el uno parecía penalidad divina al pecado de la carne que obligaba al festivo a encapucharse, estando podrido el mundo de fornicadores y sodomitas. Pero válame San Jerónimo, si el curro había de ser lo que mi magín creía, algo peor que la lepra y el mal gálico había de ser este paro. Alivióme veer llegado el momento de aflorar de nuevo a las calles, que Orfeo no se viera más dichoso de salir del Hades que yo de este Metro, pues más mella en mi buche y mi ser había hecho este rato bajo tierra que los cientos de años que guardara sepultura. Nuevamente bajo el cielo agradecí la brisa, que a pesar de estar emporcada de crepitaciones de los malditos coches, sentíase vivificadora. En este arrabal eran los casones cuadrados, bien ordenados y muy vastos, a veces contando hasta la decena de alturas. Las gentes que acá deambulaban eran pocas e iban con menos prisas. Los más llevaban canes atados con cadenas que me parecieron mansos para la caza, e iban platicando con ellos monosílabos, como enajenados. Díjome Güili que Don Diego vivía en un apartamento de tal edificio que me señalaba, que yo no hubiese distinguido de cualquiera de los demás por ser todos igualmente horrendos, mas alegréme de que el hogar del tal Don Diego fuera, en lo posible, apartado. Entonces ocurrió otro prodigio de la modernidad que en mi tiempo me hubiera llevado a la rueda de Santa Catalina de haberlo intentado explicar a los doctores de la Iglesia. Adujo Güili que mejor le iba a dar a Don Diego un toque con el móvil y al punto desenvainó un artilugio que llevaba en la faltriquera, no mayor que un puño y que tenía unos números y unas clavijas bajo una tapadera, y lo fue pinchando con los dedos acá y allá, a lo que el artefacto piaba como un pajarillo, y al cabo acercóselo a la oreja como si aquella cosa fuese a decirle algún secreto. Luego desto empezó a hablarme cosas descabelladas sin ton ni son, sin hacerse cargo de mis respuestas, fingiendo como si yo fuera el tal Don Diego, hasta que caí en que no era yo el oidor, sino esa cosa, pues a mí me hacía callar como si no hubiera de incordiarle en tal trance.

        -Don Diego se ha cabreado de que le moleste por chorradas y me pregunta quién eres y para qué quieres verle –dijo agora hacia mi persona. Anda, háblale tú –y extendíame el tal bártulo móvil. Antes de enfrentarme ya tenía en mis manos el maldito ingenio sin saber qué hacer-. Venga, hombre, di quién eres –increpaba el imberbe, mas me hallaba yo tan turbado ante la necedad de hablar con espantajo ninguno preso en tan diminuto estuche, que sólo podía mirarlo con vacilación.

        -¡Válame el cielo, ocioso marrullero! ¡Qué remate de majadería es éste que dejaste en mis castigadas manos? ¿Acaso encierra este trasto piador la oreja de quien haya de oírme? ¡Por mi honor que si he de platicar con quimeras habré de juzgar antes que tales son buenas entendedoras de mis palabras y no he de revelar mi nombre a trebejos de poca monta! –Parecióme que una vocecilla como muy lejana se escapaba del artefacto, el cual centelleaba cual nido de gusanos de luz, de modo que me lo acerqué a la oreja apartándome las greñas y, con sorpresa que no igualara Santo Tomás hendiendo llagas divinas, escuché un gañido nítido, como si me hablara un confesor a través dello, y se entendía que decía:
        -Hable. Diga. ¿Quién quiere hablar conmigo?
        -¡Jesús mil veces! –exorté-. Esto me habla.
        -¿Quién es? –porfiaba el engendro maléfico.
        -Mi nombre no han de oír crédulos ni incrédulos, mas si eres docto bien me has de conocer –respondí exaltado. –Lázaro soy de estos días, voz del Averno, que a buen recaudo de brujerías estaba entre los finados, mas algún mal mayor hube de hacer en vida para que Su Majestad Divina disponga enturbiar mis sueños con esta pesadilla de la modernidad. Seas quien seas maldigo al hereje, alchimista o demonio que encerró tu aliento en esta arquilla para que así se vea aliviada un punto tu desdicha.

        Me arrebató Güili de un bote este móvil, que ya corría peligro en mis manos, y exclamó ufano:

        -¿Lo ve? Este tío es todo un personaje. Sí... Vale. Sí, ya vamos –y envainóse el trasto, que a la sazón llaman teléfono, y es cosa milagrosa e inofensiva que permite el diálogo con lo remoto, como aprendí luego, mas sigo yo emperrado en que es cosa de demonios. Ciertamente las gentes de estos tiempos abusan de tal, de modo que son muchos los que se hablan sin verse y así tantos vencen su timidez y otras flaquezas y que incluso los amantes se revelan lo urgente sin que sea menester el contacto. Así ha envilecido la nobleza en el mundo, que es posible faltar al honor de tal o cual dama o caballero con la cobardía de estar a muchas leguas. Es este teléfono germen que hace a los hombres soberbios y vacíos pues, no faltando en morada ninguna, anula la necesidad de reunión para varios menesteres. Mas esto que llaman móvil, que dicen es cosa reciente, es la mayor muestra de la debilidad humana, pues muchas personas se sienten desamparadas si no se ven acompañadas dello, cual si tal cosa que les hubiese sido otorgado por naturaleza, pues les da la falsa sensación de cercanía de sus queridos, cuando lo cierto es que, al ser tan fácil el hablarse sin revelar paradero no es menester encontrarse para recibir un insulto ni un requiebro, y así se alimenta más la soledad y se cuentan más mentiras de las que normalmente hicieran caso. Y es de tal consideración la deshumanización que este medio engendra, que lo más de los modernos no hablan sino de nimiedades cuando comparten cama o mesa, mas si se han de comunicar sentimientos, o temas substanciales de la inquietud de sus almas, los más lo hacen por teléfono, puesto que la distancia les mata la vergüenza y el decoro. Cobarde es este giro del progreso.

        .../...


        Pirata

        Comentario


        • #19
          Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo



          Esperemos que la próxima entrega no se dilate tanto.

          Vive y deja vivir,
          pero vive como piensas,
          o acabarás pensando como vives.

          Comentario


          • #20
            Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

            VIII- DE MI ENCUENTRO CON EL LICENCIADO TORRES

            Acercóme el zagalejo a un portal y diome mil indicaciones para llegar al quinto piso, letra C, instándome a hacer uso del ascensor, a lo que puse yo mil peros y no me di por satisfecho hasta saber que por fortuna había escaleras. Luego que esclarecióme todos los términos de mi navegación hasta el apartamento del erudito, excusóse y sin grandes reverencias despidióse de mí deseándome suerte y palmeándome el hombro, cual si fuéramos viejos compañeros de armas. Renqueadas las cinco alturas sin más demora que la que convino a unas aguas menores que hice en el rellano de la segunda, llégueme a la quinta cota consumido del sofoco, que me corría a chorros el sudor por la perilla. Varias puertas vide en la quinta altura de este Babel, ordenadas por letras del alfabeto latino, y en llegando a la C no vide aldabón ninguno, de suerte que hube que llamar a nudillo y voz, batiendo el portón a grito de “¡Ah de la casa!”. No esperé largo, pues abrióse presto la puerta y apareció en el vano hombre barbón, canoso cual muestra de merina, con más lana en el mentón que en la sesera, bigotes curtidos en barrer migas de platos, nariz asomadera con balcones bien ventilados, los dientes helgados, los ojos como fondo de pilón, cobijados primero tras lentes de vidrio soplado y luego tras de párpados pelones y gruesos, como de pollo en su güevo, y cejas lobunas coronando el rostro con un arco peludo que pintaba el susto y la sorpresa del que viese el arcángel confundido de puerta en su visita a María y cantando la salve en sus barbas con coro de trasgos. No ha de causar extrañeza que este buen Don Diego sufriera de ahogo y palpitaciones ante mi visión, pues era mi facha digna de sobresalto, con pelambres como sogas, barbachivo a la moda de los infiernos, camisón de monaguillo en mangajarro, pantalón zanquilón, ojo tizón, la mala color en el rostro del que se quitó mortaja de siglos y el respirar ahogado en silbidos, agitado por la fatiga de la ascensión. Quedó pues el benigno Diego en parálisis, como ornato de sepulcro, mirando mi faz cual si fuere la Verónica, sin palabra que le viniese a la boca, y de observarle diome la impresión de que era este hombre para mí familiar, cual si le hubiese tratado en sueños. Parecióme esto buen designio y aprestéme a hablarle con gentileza.

            -Dios os guarde, señor Don Diego. No hagáis crédito de mi traza, que no soy rufián de casta infame ni ladrón ni mendigo ni plebeyo, que soy caballero que castigó el tiempo y los hados, que por voluntad de Dios, de tanto viajar al infierno en vida se me negó la entrada en la muerte, y no habiendo purgatorio para los poetas, que son delincuentes del corazón y criminales de las verdades, he vuelto a la vida a escuchar los ecos de mi réquiem y es todo en mí desamparo, pues ante mis ojos desfila este infierno futuro, maldita pesadilla, harto peor que el que yo barruntase fogón de los diablos y ha querido Dios que yo vea el mundo envilecido por de dentro y por de fuera, castigo acaso a la insolente sátira que creí prudente hacer de los vicios de mi tiempo. De barullo en barullo, preguntando a las gentes me guiaron hasta vuestra merced como hombre prudente y docto, que ha de traer sosiego a mi lacerada alma dando a mi entendimiento el goce de la respuesta a mil preguntas que me atormentan. Sólo he de pedirte, pío amigo, si he de osar el tuteo, que des cobijo a este andrajo humano que sólo te desea el bien y respondas a sus indagaciones antes de que vuelva a las lúgubres cenizas que ha de habitar por natura, que no soy sino espíritu retornado al dolor de la materia y no tengo más techo que la desesperanza ni más amigo que el desengaño.

            Siguió a esto otro silencio de los de procesión de Dolorosa, hasta el punto que temíme que sufriese el barbón pasmo tal que perdiere el don del habla, pues ni respiraba, ni movía un pelo del bigote, ni obedecían sus ojos de lechuza al rigor del pestañeo. Pasé mi mano por delante de sus narices descomunales como para despertarle del encantamiento y siguióla con la vista, mas seguía boquiabierto cual comulgante. Decidí presentarme con humildad en este trance, a fin de suscitar confianza.

            -Pídeme albricias si me conoces, pues si has oído mi nombre sabrás bien que soy digno de tu hospitalidad y merecedor de tus enseñanzas, y ese nombre es don Francisco de Quevedo y Villegas.

            -Lo sé –balbució, como si fuera cosa de grande secreto. Pasa.

            .../...


            Pirata

            Comentario


            • #21
              Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

              Cagüen, tengo que leerlo despacio. Creo que merece la pena. Seguro que merece la pena, Merece la pena. Sin duda merece la pena.
              AHORA....
              Vas a venir a la quedada del Rezón u que.
              Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo... y por los mismos motivos.
              (George Bernard Shaw)

              Comentario


              • #22
                Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo



                A ver si llega pronto la siguiente entrega, que esto engancha!!!

                ..el mar dará a cada hombre una nueva esperanza, al igual que el dormir le da sueños...

                Comentario


                • #23
                  Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                  estamos enganchados, mu enganchaos, pero mucho, eh?

                  sigue, sigue, no pares.
                  es que esta taberna es un sitio distinto...

                  Comentario


                  • #24
                    Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                    ¡Qué crueldad cortarlo, así sin más, en el mejor momento!

                    Vive y deja vivir,
                    pero vive como piensas,
                    o acabarás pensando como vives.

                    Comentario


                    • #25
                      Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                      Anímate,Atarip, hombre, que estamos esperando la siguiente entrega ansiosos!!!

                      ..el mar dará a cada hombre una nueva esperanza, al igual que el dormir le da sueños...

                      Comentario


                      • #26
                        Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                        IX. DE LA EXPIACIÓN DE DON DIEGO DE TORRES

                        Entréme en las alcobas del cordial Don Diego, hasta una sala rica en volúmenes de librería, con un escritorio grande, sobre el cual erguíase una lamparilla como candil de pie cuya llama no bailaba, artificio de Electra sin duda, que era dañino a mis ojos, ya deslumbrados de tanta bombilla y tanto pábilo mágico. Roguéle al licenciado buscara un cabo de vela y soplara esta otra lámpara, que era molesto a mis antiguos ojos matar la sombra con tanta luminaria y pareciérame más bello su rostro siendo Don Diego de Noche, y así hizo. Planté mis posaderas en sillón regio con enorme solaz, pues las andanzas del día de mi desenterramiento habíanme baldado todos los huesos del cuerpo, que debían andar agusanados de los siglos. Veíase en los gestos de mi anfitrión cuán inquieto andaba en complacerme y cuán azorado de puro nervio.

                        -Don Francisco –dijo al fin muy grave de ánimo, resoplando la voz más que entonando-, largo tiempo anhelaba este encuentro, que es para mí liberación, pues agora descansará en paz esta vieja quimera, mitad bribón y mitad fraile, que tenéis ante vuestros doctos y antiguos ojos.

                        -¿Pues cómo? ¿Acaso me esperabas? ¿De ordinario te visitan los muertos? ¿Acaso eres conocedor de qué poderes escupe mi alma de nuevo al vertedero del mundo? Si algo sabes que me ilumine, habla, por Christo.

                        Sentóse entonces reposado Don Diego, ofreciéndome en copa oronda un poso como de aguardiente de caña bien templado, que regalaba el olfato, quemaba el gaznate y amansaba el espíritu, filtro éste que fue melecina para mi desasosiego. Hubo acá un silencio mientras el buen barbón meneaba la copa en su mano con ceremonia. Al fin dijo:

                        -Yo también soy resucitado, que los cielos, infiernos y purgatorios me cerraron las puertas y perdió mi alma la guía, de suerte que vagó en pena hasta que se aburrió sobremanera y volvió a entrar en este ajado cuerpo, a falta de otro más lustroso, que fue escupido raudo de la fosa.

                        -¡Jesús mil veces! –dije espantado-, que no soy solo en esta desventura.

                        -Clérigo fui en vida, la cruz en los pechos, el diablo en los hechos. Y prosista también, tras de tus pasos, tan pronto escribiendo de alchimia, brujería y astros como de cuestiones pías. De mi mundo, que fue cien años después que el tuyo y cien veces peor, hizo mi pluma sátira tan cruel que no me vale de nada el arrepentimiento. Apenas me honran obras de misericordia que hice en los días postreros de mi vida para expiar las ofensas que precedieron y es la más grave que fuiste tú, mi admirado difunto, en mi obra, resucitado en un sueño, que imitaba los de tu ingenio, y es ésta la obra más celebrada entre los veinte lunáticos que me leyeron, y se llama “Visiones y Visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por la Corte”. Es ironía que este pobre orate, quien hubo escrito en días de asceta un libro intitulado “Cátedra del morir”, viese al cabo del tiempo turbado su eterno descanso y despertase un mal día a este tiempo moderno, que es la escoria que dejaron los nuestros y es el peor de los castigos para el hombre cabal. Acá llevo incontables lustros de penitencia y acá me he de pudrir si no obtengo de tu boca y de tu mano generosa el perdón para este terrible agravio y plagio que sin permiso ni concesión tuya, con toda libertad te hice después de muerto, condenándome así por importunar el descanso de tu inspiración con mi larga mano de cuatrero. Quisieron la Providencia y la Fortuna que tengas tú también cuentas pendientes, pues muchos cayeron víctimas de tu certera pluma, y se atendieron mis oraciones y conjuros, en los cuales convocaba tu sabia osamenta para poner fin a esta mi resurrección y descansar en paz con tu absolución. Pero antes de juzgarme, has de saber, muerto mío, que no hice todo esto por robarte el nombre ni manchar tu honra, sino llevado de mi devoción por tu genio, y antes fuiste padre de mis musas que fantasma apaleado por el bufón que hubo en mi.

                        Y dicho esto, ofrecióme un tomo de imprenta pergeñado de buen pergamino sobredorado con la susodicha obra, “Visitas y Visones de Torres con don y lo que sigue, que soy yo tal”, que yo tomé y hojeé con gran pasmo. Invadió mi corazón un grande sentimiento de culpa, pues si bien pudieron mis versos arruinar el honor de algún que otro botarate en vida, entristecíame que la sola influencia de mis letras arruinara el alma de este pobre clérigo estando yo muerto y bien muerto.

                        -Mi buen Don Diego –respondíle tocando su hombro espátula con mi palma-. Mal he de perdonaros si tenéis algo que veer con mi exhumación, pues no es regalo para mi solaz verme de vuelta de la Parca, mas se vee que no es tal el caso, sino que andamos errantes quienes fuimos pendencieros en la vida y nos fuimos a la tumba en día señalado sin resolver nuestros pleitos. Si mi perdón ha de servir a tu dicha, acá lo tienes de corazón, mas has de saber que no soy ofendido sino halagado por estas andanzas póstumas que me atribuye tu magín, pues dos palabras que he leído le bastan a mi conciencia para veer que es tu obra azote de vicios, abusos e inmoralidades, castigo de petimetres, boticarios, mohatreros, usureros, malos cómicos y otras hediondeces humanas. Necesitado anda siempre el mundo de gentes como nosotros, que firmes cerramos el seso a la majadería y volamos la pluma siempre diestra para afrentar el embuste.

                        Iluminóse el rostro del clérigo barbicano, aliviado por mis amables palabras, al tiempo que yo arrastraba gañote abajo las turbias estelas de estos pensamientos con un trago de licor.

                        -Bendito seas, Quevedo, maestro de sabios. Dios te conceda mil mercedes y te abra las puertas de los Cielos. Déjame agora partir libre y en paz, henchida mi alma de tu espléndida generosidad con ella.

                        Y hablando así le sobrevino una aureola fantástica como si vinieran por él los ángeles al punto, la niña de sus ojos contrayéndose hasta perderse, como si se le escapara el espíritu del andrajoso cuerpo.

                        -¡Ay de mí! –quejéme, mi corazón con el pálpito a galope, e incrépele- ¡Espera! ¡Vuelve, ocioso! ¡Deja la eternidad para otra hora, apiádate de este muerto revivido, concédeme un favor como precio a tu redención!

                        Debió escucharme su alma piadosa, pues a mis voces detúvose la tolvanera y volvióle el aliento y la color al rostro, que se me enfrentaba agora con aire de compasión, al tiempo que las manos se iban a la frasca de brandi, que así se llamaba este bebedizo. Y mientras servía el licor hablóme así:

                        -Dime, mi benévolo, discreto y admirado muerto, que pronto espero toparme contigo en las santas alturas, en qué puedo servirte. Dímelo, no obstante te ruego seas breve, pues echo de menos los rigores de mi ataúd y sufro cada minuto de eternidad perdida.

                        -No has de desampararme así, camarada difunto –le dije- ¿Es menester abandonar a su entera suerte y sin instrucción ninguna en esta hostil modernidad a un pobre y roído cadáver? Te ruego, ya que en tu segunda visita al mundo has sido maestro, me instruyas en lo que ha acaecido en España y otros reinos durante mi ausencia, pues siempre interesóme la política y hállome más perdido y desorientado que legaña en el culo o que novicia en burdeles. Dime, ¿en qué acabaron mis tiempos? Comido de liendres dejé yo al Imperio español en mis últimos días, que no sé si me mató la disentería o las malas noticias de la Corte, y la curiosidad me muele las entrañas.

                        -Con gusto te diré lo que sé, mi admirado Don Francisco –respondió el licenciado-, aunque es poco, que trescientos y pico años no son relato para una noche. Mas acaso no te guste oír lo que he de relatarte.

                        Dióse una buena espadañada de licor, vertió lentamente más de este quitapesares en la copa, aclaróse la voz y narró Don Diego con gravedad lo que a continuación quiero resumir al que leyere, que aún me tiene boquiabierto, corrido en pataleta, pasmados los sentidos y el entendimiento y acobardada la sesera lo que oí, pues son tales los acontecimientos de la Historia, que queda el más negro Apocalipsis del más infausto de los profetas a la altura de un entremés.

                        .../...


                        Pirata

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                        • #27
                          Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo



                          Espero no fastidiar nada poniendo esto...

                          ..el mar dará a cada hombre una nueva esperanza, al igual que el dormir le da sueños...

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                          • #28
                            Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                            Esto promete más.

                            Sigo esperando.

                            Vive y deja vivir,
                            pero vive como piensas,
                            o acabarás pensando como vives.

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                            • #29
                              Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                              X. DE LOS IMPERIOS DE ESTOS TIEMPOS

                              Díjome el docto Don Diego que no existe sobre la tierra el imperio de España, que hubo luego muchos a cual más codicioso que quisieron erigir ingleses, franceses y germanos, rapaces entre sí y sanguijuelas del nuestro, que acabó comido de deudas y conjuraciones. Amén de esto, que he de contar luego, díjome que es otro imperio de nuevo cuño el de estos días, que se llama de los Estados Unidos y que es un nuevo gobierno de Indias, hijo bastardo de Inglaterra, aledaño de México por el Norte, en lo que no fue en mi siglo más que nido de fieras por hurgar. Y fue este señorío conquistado por escarramanes, rufianes, tahúres y busconas de la Gran Bretaña, que siendo escoria y desecho de la chusma, botáronles en galeras hacia tales inhóspitos parajes. Sin reparo en miriñaques con los indígenas que allá había y en lugar de evangelizarlos como la Fe obliga trocaron la comunión por el cañonazo y diéronles sepultura sin bendecirles. Tantos indios pasaron por la pólvora que cuando fue menester hacer esclavos ni uno quedaba y hubo que acarrearlos del África. Con estas malas artes apropiáronse tierras muy vastas de Levante a Poniente, que eran de gran riqueza en oro, pastos y caza, tanto que en pocos años viajaron a ellas gentes de acá y de allá ansiosos de fortuna, los más para encontrarse con el desengaño y la gualdrapa, y se construyeron metrópolis y fantásticas industrias donde antaño no había ni rastrojos. Y aprendí de boca de Don Diego que es este imperio bisoño muy parecido al de la Roma de los césares, pues se juzgan a sí –no sé si por vanidad o por esconder su flaqueza- mejores que otros países y en verdad tienen en sus polvorines más arcabuces que cualquier otro, y creyéndose en derecho para ello, o eso dicen, salvan el mundo de los males a su manera, despachando soldadesca acá y allá y haciendo llover munición donde les place. Y es en esto en lo que se parecen a césares y centuriones, que igual que aquellos robaron de los griegos las sciencias y artes, las hicieron suyas y las despacharon por el mundo con las milicias, así sustrajeron estos americanos las ideas de Europa e hiciéronse fuertes engolondrinándose con ellas. Es el césar emperador, supremo jefe de este corrincho, uno que llaman Presidente, que vive en una casa blanca en nosequé ciudad de guasa sin ton ni son y desde allá lanza órdenes que acata el pentágono, una fábrica de la cual sale soldadesca y polvorín por los cinco costados, algunos de ellos en unos endriagos que llaman helicópteros, como caballos de Troya hechos mosca que vuelan por los aires con grandísima pedorrera. Así andan sus enemigos dándose ya por semidifuntos con sólo la visión de tales monstruos. Y dícese que más le vale al pícaro y al homicida esconderse de alguaciles y corchetes, pues es la pena capital como el pan de cada día, sólo que ya no está en estima la horca ni la hoguera y que pincha el verdugo al reo de patíbulo un veneno en las cañerías del cuerpo que le deja cadáver en mojama en lo que se canta un avemaría, o bien le hacen chicharrones en un sillón al uso. Con todo, jáctanse de su moda de gobierno, que dicen es la práctica de la libertad y por eso quieren imponerla por la fuerza en otros reinos sin respeto a las tradiciones de éstos. Es decir, que esta libertad se te obliga la quieras o no. Emplea este gobierno en primer lugar al susodicho presidente, que es tan poderosos que no fía en validos, y andan todos los príncipes, caudillos y generales de otros reinos, amén del español que fue siempre lamprea de calzón, limpiándole los botines a puro lametazo. Y también emplea este gobierno un Senado, como hicieron los Romanos e imitaron luego venecianos y genoveses, y un Congreso donde los hidalgos y su cohorte de escribanos escupen las leyes. Y dicen que es lo más notable de este gobierno el ser popular y por eso se llama democracia, loable utopía que ya cataran los antiguos, pero que hasta tal punto es carnaval, mascarada y engañifa en estos días que por fuerza se han de retorcer en su hipogeo los grandes de Atenas. Es hipocresía este gobierno del pueblo, pues igual que hubo esclavos y plebeyos en Roma, acá hubo esclavos consignados, traídos de las Áfricas como dije con la ley del azote y el grillo, que tras concedérseles falsa amnistía tornáronse plebeyos y son allá señalados de gente baja, aspirando cuando más a camareros, cocheros y porqueros. Y es meritorio que en su desprecio y mala ventura estos negros hayan parido la única cultura verdadera de esta nación en pañales, que es una música frenética que tan fresca sale de sus corazones que lleva puesto siempre el pálpito como ritmo pero que se rige más de lo improvisado que de lo escrito. De los blancos, aunque los más son pobres, por cierto, que en eso no ha hecho mudanza el mundo, vive buena parte en mucha abundancia a costa de mamullar y hurtar de otros países de las Indias donde todos son piojosos y mórbidos, que de pura miseria que malcomen cagan lombrices en pampringada. Aprendí que, como el romano, caerá este imperio americano desde adentro y por sus vicios, que ya es sabido que lejos de la Verdadera Fe, una mayor parte idolatra el dólar, que es éste su dinero y así lo llaman acaso por los dolores que sufren sus avarientas almas codiciándolo. Y los más espilorchos de estos usureros son judíos, de los que sus católicas majestades pasaron de puertas afuera en las Españas, y aún así a éstos y a los luteranos, que también abundan en este nuevo imperio, hay que envidiarles la Fe, pues otros practican herejías que fueran codiciadas por las hogueras del Inquisidor, doctrínulas de secta de marranos compradas al primer charlatán de paso, predicador sólo de sus faldriqueras. Pues es también sabido que son estos americanos fáciles de sorber el seso y es paradoja que en su ociosa vida anden con más miedo que vergüenza, de modo que basta un bufido de su presidente soberano, pregonando falsa plaga o fingida invasión de infieles, para que ya se vean en los cuernos del toro y escondan todos al punto la medrosa testa cual tortuga o avestruz. Tan recelosos andan que se dice que hasta los imberbes andan pertrechados de pólvora y balas por las calles, que es como dar un arpón a una mona aunque buen comercio para los que engordan con tal negocio, y se dice también que se les va la vida sin vivirla, pues la invierten en prevenir quiméricos males que se la pudieren arrebatar. Amén de asustadizas son estas gentes viciosas en lo cotidiano y esto se vee en que los más son cachetudos y gordinflones cuales ballenatos, como enmollecidos en armadura de crasitud de la de papo en cintura, que haylos que no pueden ya sus huesos alzarles el culo del asiento y van a morir de puro desaliño, fistulosos y podridos de llagas. Aprendí también que andan estos americanos espoleados en estos días, pues habiendo construido para envidia del coloso de Rodas en lugar significado dos torres iguales de prodigiosa altura, como de más de ciento de plantas alzadas, que no fue cosa de poco pagar la peonada de esta babel dos veces, acometiólas un atajo de infieles con una suerte de máquinas voladoras que son como galeones para el aire y llaman aviones, que no vencejos ni pichones. Dícese que en este suceso desplomáronse las susodichas torres con grandísimo estrépito pereciendo en ello infieles y fieles por millares, con lo que el presidente rabió más que gato escaldado, y así dispuso que a no mucho tardar iban a resonar bombardas y morteros en las tierras que habían visto parir semejantes villanos, que según convenció a su parroquia eran de la carne y barbas del mismísimo demonio. Y así fue, que se llevó buena tunda de cañonazos algún reino remoto del infiel, allá por las montañas que atraviesa la ruta de la seda, y a esto siguió la Mesopotamia, que había en la mítica Babilonia un tal Sadam de Bagdad, bigotón corrupto y mal tirano de la cuna de Mahoma que escondía muy poderosas armas, se decía que para escarmentar al imperio americano. A la postre era todo un embuste que fueron enredando ellos mesmos, y luego que se destapó la olla, purgaron sus culpas diciendo que fue cosa de unos correveidiles que llaman espías y no saben hacer la o con un cañuto. Se cuenta que se descargó buena munición y quedaron estos reinos más lacerados que hombrillo de nazareno, y que el tal Sadam apareció en un abujero haciendo la cascaruleta con los dientes del miedo, sin más arma espantosa que sus calzones sucios. Es sabido, empero, que esta conquista premia con un aceite que llaman petróleo porque se suda de unas piedras y que es muy codiciado por salir de ello la golosina que tragan los coches, los susodichos aviones voladores, los barcos modernos y otros ingenios. Así critican los sabios que sale ganando el americano en este lance de despojarle deste precioso líquido al infiel y que toda la sangre vaciada es poco precio por este bien, haciéndose esta guerra y otras modernas más por codicia que por honor.

                              Bueno ha de decirse de estos americanos que son gente industriosa, prodigando copiosos dineros en invenciones que hacen lo incómodo de la vida más pasadero. Cosas insólitas relató Don Diego destos americanos que van en la cima del mundo moderno y debe estar bien harto el infierno dellos, siendo la más milagrosa que hacen voto de haber pisado la luna y haber hincado en su suelo virgen su pendón, que es parecido al de Cataluña y Aragón, sólo que en plata y gules y, en un cuartel de azur, más estrellas de plata que en la visión de un descalabrado. ¡Válame Dios que ni los astros se libran de la avaricia humana en estos tiempos futuros! ¿Pues qué acogimiento tiene la soledad de los enamorados ya bajo la luna, no siendo doncella ésta, si pudieran sus amores ser vistos por uno destos astronautas, que así se llaman estos marinos del cosmos, que de seguro andan guarnecidos en su brutal armadura de indiscretos catalejos? Y no es nada esta profanación del infinito, que me dijeron que andan ambulantes por el espacio satélites a cientos, que desde el cielo ven las cosas, de modo que nunca hemos de estar a salvo de alguaciles. Díjome esto el licenciado Torres con gran admiración, pues había sido en vida sectario de astrólogos y alchímicos. Y explicóme al fin que la más ensalzable de las varias novedades que existen en el mundo moderno dignas de acuerdo es el cinematógrafo, que es una nueva arte de corral de comedias que muestra la vida en escenas como por encantamiento, y que los americanos habían progresado asaz en esto. Con tanta ilusión me presentó ello Don Diego que le hice jurar no abandonase el mundo sin mostrarme tal maravilla. Y así hizo.

                              En esta conversación y con esta promesa llegóse la media noche, pero no quisimos visitar aún las sábanas, que yo había dormido ya varios siglos y Don Diego no quería perder su tiempo entre los vivos en necedades para irse cuanto antes al eterno descanso. De modo que pregúntele nuevamente qué había sido de las malogradas y desbaratadas Españas en mi ausencia, y sacióse mi curiosidad con lo que se relató de seguido.

                              .../...


                              Pirata

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                              • #30
                                Re: SUEÑO DEL DESPERTAR por Paco Quevedo

                                Que digo yo a vuesa merced, don Paco, que podría prodigarse más en aquello de los puntos y apartes, pues con leer tan denso discurso en tan reducido espacio me estoy volviendo bisoja.

                                Algo así.

                                Mas, no pare vuesa merced.

                                Vive y deja vivir,
                                pero vive como piensas,
                                o acabarás pensando como vives.

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