Luis Jar Torre - UN DESASTRE A LA ESPAÑOLA
La explosión del vapor "Cabo Machichaco" en Santander
Monumento en recuerdo de la catástrofe del vapor "Cabo Machichaco" en Santander.
El buque estaba atracado a poco más de 100 metros a la derecha del observador
(Fotografía propia)
El buque estaba atracado a poco más de 100 metros a la derecha del observador
(Fotografía propia)
“Las explosiones ocurren”
Robert A. Heinlein
Robert A. Heinlein
El recuerdo de la tragedia fue degenerando en leyenda hasta que los trabajos de Rafael González Echegaray (asiduo colaborador de esta Revista) y, posteriormente, de quien todavía se considera su discípulo, José Luis Casado Soto, permitieron dar dimensión histórica a los recuerdos. Lamentablemente, estas obras están agotadas o son difíciles de conseguir, existiendo una generación de marinos que apenas ha oído hablar del “Cabo Machichaco”. Intentaba reunir el valor para escribir este artículo cuando, poco antes de dejarnos para siempre, el inefable CF (RNA) Sasía me envió documentación relativamente inédita publicada por la naviera del “Cabo Machichaco”, que también había sido la suya. Por si no bastara para animarme, José Luis Casado me consiguió copia de una monografía que, al estar editada dos meses después del suceso, aporta información de primera mano. Resta aclarar que el escenario de la catástrofe es mi pueblo, y que si a veces parece que río es por no llorar.
DE BILBAO A PEDROSA
Planos originales del “Cabo Machichaco” con aparejo de goleta, procedentes del libro
“La Naviera Ybarra” de Adolfo Castillo Dueñas e Iñigo Ybarra Mencos, editado por Ybarra y Cía S.A.
(Cortesía del CF Sasía)
“La Naviera Ybarra” de Adolfo Castillo Dueñas e Iñigo Ybarra Mencos, editado por Ybarra y Cía S.A.
(Cortesía del CF Sasía)
La mejor foto disponible del “Cabo Machichaco”... es la de su gemelo el “Cabo Mayor”, embarrancado ¡precisamente en Cabo Mayor!.
González Echegaray describió este accidente como “...un caso pintoresco de extraña atracción por simpatía entre tocayos;
las amuradas del barco de Ybarra parecían a la bajamar, después del desastre, un cartel señalizador del paisaje”.
Obsérvese que ya no va aparejado de velero, así como el característico saltillo de popa con la escotilla de la bodega nº 3
(Foto de autor desconocido)
González Echegaray describió este accidente como “...un caso pintoresco de extraña atracción por simpatía entre tocayos;
las amuradas del barco de Ybarra parecían a la bajamar, después del desastre, un cartel señalizador del paisaje”.
Obsérvese que ya no va aparejado de velero, así como el característico saltillo de popa con la escotilla de la bodega nº 3
(Foto de autor desconocido)
Este viaje el “Machichaco” había llegado con 1.616 toneladas de carga general, incluyendo 398 de barras y flejes de hierro, 356 de lingote, 105 de hojalata, 68 de tuberías y otras 55 de cubos de hierro, clavos, raíles, etc. También había 200 toneladas de harina, 44 de vino, 42 de papel, 38 de tabaco, 20 de madera y un sinfín de pequeñas partidas incluyendo licores, brea, aceite, tejidos, pinturas, productos de droguería y 12 toneladas de ácido sulfúrico en 20 cascos de vidrio estibados en cubierta, contra las brazolas de las escotillas de las dos bodegas de proa. Por desgracia, el “Cabo Machichaco” también transportaba 1.720 cajas de dinamita con un peso bruto de 51.400 kg, y aunque el explosivo no pasaría de 43 toneladas (25 kg netos por caja), era una cantidad cuatro veces superior a lo normal por haber faltado buque la semana anterior y, además, llevar la carga de dos líneas (Sevilla y Marsella). De esta dinamita 20 cajas iban destinadas a Santander, 900 a Sevilla y 800 a Cartagena y, salvo 463 cajas de esta última partida estibadas en la bodega de popa, el grueso estaba distribuído entre las dos de proa. Consta que los entrepuentes de estas dos bodegas iban “materialmente atestados” de viguería de hierro, por lo que la dinamita iría estibada en los planes, situados sobre tanques de lastre y empaletados con madera.
En 1867 Alfred Nobel había conseguido estabilizar la nitroglicerina utilizando tierra de diatomeas (“kieselguhr”) como absorbente de un 50-75% de explosivo y papel parafinado para encartuchar el producto. Esta dinamita de base inerte y el detonador de fulminato de mercurio marcaron un antes y un después, y ya en 1872 se instaló en Galdácano (cerca de Bilbao) una fábrica cuya producción se distribuía por el litoral español en vapores de la Vasco Andaluza sin mayores problemas. A decir verdad, en cierta ocasión el “Cabo San Antonio” sufrió un incendio en la mar y su carga de dinamita se chamuscó un poco, pero todos sabemos que, en ausencia de detonador, la dinamita se limita a arder tontamente, ¿no? Por si acaso, el Reglamento del Puerto de Santander de 1889 obligaba a los buques que transportaban explosivos a descargar en gabarras fondeados en La Magdalena o, alternativamente, utilizar los “remotos” muelles 7 y 8 de Maliaño. Puede que el Reglamento fuera ambiguo (no pude localizarlo) pero, contra lo que a veces se cree, no impedía atracar a estos buques; en cambio, parece que el “destierro” que les imponía se extendía a operaciones con alcohol y aguardientes. ¡Vaya ruina!, aunque... bien mirado, en régimen de cabotaje no había obligación de declarar las mercancías en tránsito sino las destinadas a cada puerto, y la única carga “sensible” que transportaba el “Machichaco” para Santander eran 20 cajas de dinamita y 10 de ron. Total..., por 30 miserables cajas... ¡y después de 10 días fondeados...!
DE PEDROSA A SANTANDER