Por el BOYERO 


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Es a finales de julio cuando Enrico y su familia, esposa e hija, aterrizan con su velero cerca de la isla de Selve (Silba en croato) y a cierta distancia del campo de boyas, ademàs lleno, deciden pasar la noche fondeados.
Mientras tanto, el distribuidor del campo de boyas, Marko M. un hombre de 39 años de edad, terminada la ronda de pago de las boyas, ha visto bien para iniciar otro, mucho menos legítimo, dañando los barcos fondeados en la bahía que nada tendrían que haber pagado.
A recibir los daños los armadores, de otras naciones, que se vieron pedir una tarifa del 50% como la requerida por la boya por haber dado fondo en la bahía. Al final de su recorrido, el distribuidor se acerca a bajo la borda a la embarcaciòn de Enrico, que al pedido del dinero, con gentileza rechaza, explicando que està anclado fuera de la concesión.
Es en este momento que sucede lo inimaginable, el croato se vuelve loco y amenaza de muerte a Enrico. Luego toma un cabo, la envuelve alrededor de la cadena del ancla, e intenta desenganchar el barco tirandolo con la embarcaciòn que utilizaba
La esposa renuncia a irse amenazando con llamar a las autoridades, su hija grita asustada.
El barco de Enrico se acerca peligrosamente a otro barco fondeado junto a ellos, y por suerte, el hombre desiste y se va.
El registro es entregado a la policía local, que por lo tanto ha abierto una investigación contra el distribuidor enloquecido.
Por los periódicos locales nos enteramos que las declaraciones de los habitantes de la zona están todos a favor, por supuesto, de los yates. Hablan de un episodio vergonzoso que daña la imagen del resort.
Enrico y su familia, entrevistados, informan que no tienen intención de renunciar a esas áreas, son las aguas que la familia ama y la intención es volver el próximo año.
Por un lado, sólo podemos condenar a tales departamentos e invitar a cualquier persona a reportar tales episodios. Nosotros no dejaremos de reportarlos, es sólo dando voz a estos hechos deplorables que podemos contribuir, en nuestro pequeño, para que esto no suceda más.
Mientras tanto, el distribuidor del campo de boyas, Marko M. un hombre de 39 años de edad, terminada la ronda de pago de las boyas, ha visto bien para iniciar otro, mucho menos legítimo, dañando los barcos fondeados en la bahía que nada tendrían que haber pagado.
A recibir los daños los armadores, de otras naciones, que se vieron pedir una tarifa del 50% como la requerida por la boya por haber dado fondo en la bahía. Al final de su recorrido, el distribuidor se acerca a bajo la borda a la embarcaciòn de Enrico, que al pedido del dinero, con gentileza rechaza, explicando que està anclado fuera de la concesión.
Es en este momento que sucede lo inimaginable, el croato se vuelve loco y amenaza de muerte a Enrico. Luego toma un cabo, la envuelve alrededor de la cadena del ancla, e intenta desenganchar el barco tirandolo con la embarcaciòn que utilizaba
La esposa renuncia a irse amenazando con llamar a las autoridades, su hija grita asustada.
El barco de Enrico se acerca peligrosamente a otro barco fondeado junto a ellos, y por suerte, el hombre desiste y se va.
El registro es entregado a la policía local, que por lo tanto ha abierto una investigación contra el distribuidor enloquecido.
Por los periódicos locales nos enteramos que las declaraciones de los habitantes de la zona están todos a favor, por supuesto, de los yates. Hablan de un episodio vergonzoso que daña la imagen del resort.
Enrico y su familia, entrevistados, informan que no tienen intención de renunciar a esas áreas, son las aguas que la familia ama y la intención es volver el próximo año.
Por un lado, sólo podemos condenar a tales departamentos e invitar a cualquier persona a reportar tales episodios. Nosotros no dejaremos de reportarlos, es sólo dando voz a estos hechos deplorables que podemos contribuir, en nuestro pequeño, para que esto no suceda más.








boyero ese, y teniendo en cuenta que solo los intereses potentes pueden engrasar y convertir en legal (y exclusivo) un "negocio" costero, prefiero los micronegocios que los negocios de grupos bien relacionados con el poder, que prosperan tanto en países de derechas como de izquierdas con una característica común: en los que, el que menos importa, es el ciudadano.
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