VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Traerme el barco a Suecia

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  • #46
    Re: Traerme el barco a Suecia

    Interesante, pero en tu caso estresante.

    Que tramos recomendarías para hacer de vacaciones tranquilamente en barco con poco calado?

    Esta en mis planes de futuro próximo el turismo fluvial.

    tonitutusaus

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    • #47
      Re: Traerme el barco a Suecia

      Hola Dhow, ¿pudiste reempreder la travesía y llegar a Suecia? Con el final de agosto, estamos ansiosos de nuevas lecturas post-veraniegas.

      Buen viento
      "La vela es el medio más lento, más caro y más incómodo, para ir de un sitio donde se está bien, a otro donde no hay nada que hacer"

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      • #48
        Re: Traerme el barco a Suecia

        Originalmente publicado por dhow Ver Mensaje
        Y con este último post cierro la crónica de la primera parte de mi viaje. La siguiente entrega ya llegará en el mes de agosto, así que.

        Tabernero! Una ronda para todos!!


        Buff, eres mi héroe... espero algún día poder hacer una gesta similar...

        Comentario


        • #49
          Re: Traerme el barco a Suecia

          Originalmente publicado por tonitutusaus Ver Mensaje
          Interesante, pero en tu caso estresante.

          Que tramos recomendarías para hacer de vacaciones tranquilamente en barco con poco calado?

          Esta en mis planes de futuro próximo el turismo fluvial.

          tonitutusaus
          El canal des Vusgues creo que es de lo más bonito que hay si lo que quieres es tranquilidad. Yo no lo hice por lo que ya comento en el texto, pero echale un vistazo https://www.youtube.com/watch?v=zfvHYp996dY&t=159s

          Eso si, la música de consulta del dentista yo se la cambiaría ja ja Ponte una que te guste

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          • #50
            Re: Traerme el barco a Suecia

            Originalmente publicado por deigloria Ver Mensaje
            Hola Dhow, ¿pudiste reempreder la travesía y llegar a Suecia? Con el final de agosto, estamos ansiosos de nuevas lecturas post-veraniegas.

            Buen viento
            No os voy a desvelar el desenlace para no hacer spoilers, pero he tenido muy poco tiempo para escribir. Esta semana os pongo otro capítulo.

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            • #51
              Re: Traerme el barco a Suecia

              Aterrizo en Amsterdam el 21 de julio. Cuando llego al barco, primer contratiempo: la antena del radar, que según lo acordado debería ya estar montada, no lo está. Como es domingo, hasta mañana no puedo saber el motivo. En todo caso, yo empiezo a preparar el palo para que sea arbolado. He guardado un poco de pan para la familia de gallinas que adoptamos en el varadero, pero no están a la vista. En cambio una familia de cisnes parece muy interesada en lo que pueda ofrecerles.



              A las seis de la tarde aterriza Silvia. Sí, al final se ha lanzado y va a acompañarme hasta Suecia. Me reúno con ella en la estación de tren. Pasamos la noche llenos de dudas. ¿Cuando podremos irnos de este maldito sitio?
              Al mediodia del dia siguiente finalmente llega la pieza y en seguida está montada la antena del radar. Por la tarde tengo hora para la grúa así que me apresuro con todos los preparativos. Al desplegar las crucetas la cubierta es un autentico caos de cabos y cables que voy intentando aclarar poco a poco. Cuando estoy tirando del backestay para dejarlo claro de pronto escucho un "Plof". ¿Que ha sido eso? Algo se ha caído al agua, algo grande y pesado, pero qué...? Pronto lo descubro. Para mi horror veo que es el arraigo de la botavara. No hay otra que ponerme las gafas de bucear y meterme en ese agua asquerosa, opaca y pronto compruebo que muy fría también.



              Cuando meto la cabeza no veo nada más que una niebla amarilla. Imposible ver el fondo, imposible ver la pala del timón desde sólo medio metro de distancia. Misión imposible. Salgo del agua y hundo mi cara entre las manos. Esto sí que me remata. Conseguir un nuevo arraigo que encaje en mi botavara tal vez lleve semanas... Tal vez tenga que dejar el barco en Holanda. Me asomo otra vez por la borda. Joder, está ahí abajo. Vuelvo al agua. Me sumerjo un par de veces para ver si puedo tocar fondo al menos, porque no tengo ni idea de la profundidad. Después de los dos intentos sólo puedo decir que son más de tres metros. Joder, está ahí abajo. Me hiperventilo durante unos segundos y vuelvo a sumergirme con todo el impulso de que soy capaz, palpando la pared del muro para saber hacia donde me dirijo, porque en cuanto meto la cabeza me desoriento en un mundo amarillo. Doy la última brazada y veo brillar algo. Es el arraigo!!!! Por un instante pienso, "perfecto, a la proxima lo pillo", pero en seguida me doy cuenta de que si lo veo es porque está al alcance de mi mano, y efectivamente, alargo la mano y arriba!! Parece que la superficie no llega nunca, no soy demasiado bueno buceando y para mi bajar cuatro metros es una auténtica hazaña, y más en una agua así de asquerosa. Estoy eufórico, ¡Sí, joder, este barco va a llegar a Estocolmo! Silvia me manda a la ducha con buen criterio, y allí descubro que tengo diversos cortes en las manos y los pies, supongo que al rozar con el muro, pero estoy feliz.

              A las cinco de la tarde pongo el barco bajo la grúa y comienza la operación arbolado. Todo va muy bien, son buenos profesionales, no como los de Sete, aunque tambien es verdad que me cobran el doble. Por la tarde la grúa me sube el palo y entonces empieza la carrera contra reloj.







              Quiero marcharme esta misma tarde para aprovechar vientos portantes que se me volveran en contra si espero otras 24 horas. Pero según van transcurriendo las horas me voy dando cuenta de que es misión imposible. Ya son las nueve de la tarde cuando termino de tensar los estays, montar botavara, lazy y mayor y empiezo a izar el génova. Ya es noche cerrada y todavía sigo pasando los cabos por sus poleas y stoppers. Cuando me voy a poner con el cableado me doy cuenta de que la foto que hice para saber como se conectaba el radar la descargué del movil y no la tengo aquí. Pero después de un largo examen de los más de veinte cables que hay que conectar, solo hay dos conexiones que no estoy seguro como van. A pesar de ello, como son cables finos de electrónica decido que no debe ser demasiado grave si los conecto mal, simplemente no funcionará. Así que pruebo una de las dos posibilidades y enciendo el radar. Funciona!!! A la primera!!! Genial. El único problema es que ya es la una de la mañana, llevo el día entero sin para de currar y todavía tengo que conectar la antena vhf, y para eso necesito un soldador y una conexión eléctrica, y enfrente de la grúa no hay ninguna. Muevo el barco unos metros más atrás para lograr que llegue hasta la torreta más cercana y finalmente consigo conectar el cable, aunque algo tirante. Pero resulta que la torreta no funciona. Bueno, pues ire con la antena VHF de cubierta, la que he usado en los ríos, hasta llegar al próximo puerto. Conecto y pruebo las luces mientras Silvia prepara una cena tardía. En mi checklist todavía quedan tres o cuatro cosas así que ya me he resignado a salir mañana.

              Dormimos y a las ocho de la mañana ya estoy despierto, recorriendo la cubierta. El cielo está totalmente despejado y a las nueve ya hace demasiado calor. Tenemos que irnos cuanto antes. Momento de ducharnos. Una horas después estamos en el Ij. Son dos horas hasta la esclusa que nos da acceso al mar.





              Tenemos la inmensa suerte de que la esclusa se abre justo cuanto llegamos. Somos unos diez veleros dentro de la esclusa. Estoy en la primera fila. En cuanto se abre la compuerta estoy impaciente por arrancar. Quiero mar. Miro al barco de al lado para decirle que si quiere salir primero y esta cortesía me salva. Por sus gestos entiendo en seguida. Hay un puente levadizo a la salida!!! Madre mía, para habernos matado. Esperamos a que se abra el puente y ahora sí. Pronto tenemos agua libre ante nosotros.



              Mi sensación de alivio por dejar atrás la etapa fluvial del viaje es inmensa. Disfruto de las primeras horas de mar, de poderme meter en la cabina y olvidarme de todo por cinco minutos. El radar funciona de maravilla, Dios salve a Furuno. Lo dejo funcionando para no tener que asomarme y refugiarme del sol, de vez en cuando me acerco a mirar la pantalla. Una de las veces que me asomo veo esto:



              Por un instante pienso que el radar, a fin de cuentas, sí que está averiado. Pero pronto me doy cuenta. Me asomo y allí están. Los había visto en la carta pero me había olvidado.



              El viento es contrario pero flojo. Podría ser peor. Hago bordos un par de horas para disfrutar de las velas a las que tanto he echado de menos y cuando ya voy a poner el motor el viento rola y me permite seguir ciñendo, pero esta vez paralelo a la costa.




              Esto vuelve a ocurrir una hora más tarde. Y otra vez. Ciñendo y ciñendo y el viento al caer la noche aumenta de intensidad. Decido dejar todo el trapo y el Rey Arturo cabalga con la regala besando el agua. Vamos a más de siete nudos. Estoy contento. Bajo a la cabina y voy hasta el camarote. Allí está Silvia hecha un ovillo en la oscuridad. "Que tal?" "Pues mal" "Estás mareada?¨. No, no está mareada, o bueno, sí que está un poco mareada, pero sobre todo está asustada. La trato de tranquilizar, le explico que son buenísimas noticias, vamos a llegar mucho antes al puerto al que queríamos llegar. Pero a ella la escora no le gusta, tiene la sensación todo el rato de que el barco va a volcar, y los cientos de millas que ha hecho de ceñida en este mismo barco no cambian nada. Contra ese vértigo no hay razonamiento que valga. Y es el Mar del Norte, y tiene miedo de que vaya a más. Le explico que ese miedo a que todo fuera a más era siempre mi miedo cuando empecé a navegar. Y le hablo de Juan, aquel jubilado que me acompañó en pleno invierno desde Almería a Barcelona, y de cómo aprendí de él que lo importante no es lo que pueda venir, sino lo que hay ahora mismo, y es en eso en lo que uno se tiene que fijar, en como manejar mejor el presente, no dedicando ni un segundo a formular hipótesis desfavorables. Su lección no me la dio de palabra, sino que me llegó en dos detalles. Cuando estábamos en el golfo de Valencia comenzó a soplar un poniente de más de veinte nudos, y como estábamos bien lejos de la costa, se comenzaron a formar buenas olas. Yo estaba de guardia y salvo por el resplandor de Valencia en el cielo cerca del horizonte, la noche era negra como lo es ésta. Llamé a Juan y propuse tomar un rizo. Juan me dijo que le parecía que tomar un rizo a oscuras no era buena idea. Entonces enrolló unos metros de génova y la abrió lo suficiente como para que el barco no escorase salvajemente. Y se volvió a dormir. Y allí me quedé yo, preocupándome. Y si va a más? A mi cabeza venían los consejos de otros navegantes: "mejor rizar demasiado pronto que demasiado tarde". Pero lo cierto es que aquello no fue a más y a la mañana siguiente entrábamos en el puerto de Burriana a descansar. La noche siguiente, a unas doce millas de la costa de Tarragona el viento comenzó a soplar del norte. También estaba yo de guardia y mi razonamiento fue "Si me va a saltar una tramontana, lo que quiero es estar lo más cerca posible de la costa cuanto antes", de manera que el rumbo que decidí tomar fue "ceñir a rabiar". Juan se despertó con los pantocazos y salió a la bañera, le expliqué que quería acercarme a la costa porque cuanto más cerca habría menos olas y me dijo, como siempre muy suave y pacientemente, que mucho mejor era abrir un poco el rumbo y apuntar a la costa unas millas más adelante. En cuanto colocó el barco a rumbo en seguida se notó la diferencia, era obvio que el presente no era tan terrible como yo lo estaba viviendo. El miedo al futuro no me estaba dejando ver el presente, y habría supuesto un viaje mucho más incómodo que habría hecho aumentar mi fatiga. No volvimos a navegar juntos pero la lección de Juan me la llevé aprendida.
              Silvia no queda convencida de mi historia de Juan. Le ruego que intente dormir y que confíe en mí. Si ahora quitamos las velas va a ser mucho peor, créeme. No le convence, pero se resigna. Han entrado algunas gotas por la escotilla y el camarote está húmedo, me da pena no poderla complacer. Afuera la noche es negra. El viento sigue rolando al mismo ritmo que la línea de costa, de manera que puedo seguir ciñendo y ya llevamos muchas millas. Tan deprisa estamos yendo que la tablet ya muestra como hora estimada de llegada las cuatro de la mañana. Esto no son buenas noticias porque el puerto en el que pensaba recalar tiene una entrada muy complicada y no sé si me atrevo a hacerla de noche...

              Una hora más tarde, el viento sigue rolando con la costa, el barco vuela a más de ocho nudos ayudado por más de un nudo de corriente, y nuestra hora estimada de llegada ahora son las tres de la mañana. Le comunico a Silvia la mala noticia. Hemos ido tan deprisa que tenemos que seguir hasta el siguiente puerto. Llegaremos sobre las seis de la tarde de mañana. Refunfuña pero se resigna nuevamente. Es más valiente de lo que se cree. Se tiene a si misma por muy miedosa pero la verdad es que al final siempre se atreve con todo. Al fin y al cabo decidió acompañarme en el Mar del Norte que tanto miedo le daba. La valentía que ha necesitado es comparable a la que yo necesitaría para afrontar el Cabo de Hornos.

              A las dos y media ya veo la luz de la marca de aguas navegables que marca la entrada al puerto: una entrada de seis millas entre bajíos, con corrientes. La costa deja de girar y el viento también deja de rolar pero baja un poco de intensidad, para alivio de Silvia y de mi mismo, ya que no quiero que pase una noche infernal.
              A las cuatro de las mañana ya hay claridad en el cielo. Ya hemos ganado bastante latitud y las noches empiezan a ser más cortas. Estoy agotado, y el viento ha aflojado tanto que bajamos de los cuatro nudos así que enrollo el génova, enciendo el motor y le pido a Silvia que me haga la guardia. Entro al camarote húmedo y frío, y en seguida me quedo dormido arrullado por el motor.

              Cuando despierto el día está soleado y no hay ni una gota de viento. Silvia me cuenta el enorme alivio que le supuso ver la luz del sol y entender que ya había acabado su pesadilla.
              Editado por última vez por dhow; 22/01/2021, 20:30:52. Razón: errata

              Comentario


              • #52
                Re: Traerme el barco a Suecia



                IMPRESIONANTE Y MAGNÍFICO RELATO, cofrade Dhow!

                Has dejado aquí un montón de detallada información para todos los piratas que tengan la intención de hacer esa u otra travesía por los canales. Recuerdo que me lo planteé una vez al revés, traerme un velero desde Holanda, pero finalmente lo hice desde Port Napoleon (pegado a Port St Louis du Rhon) bajando el golfo de Leon a mediados del mes de junio, aprovechando una ventana en la que el bicho estaba tranquilo.

                Con tu permiso me voy a bajar íntegramente el hilo, algún día puede ser que me resulte necesario para hacer más fácil la travesía...

                Enhorabuena y muchas felicidades por todo, que pases un buen otoño y resto del año en Suecia, gran pais.

                Comentario


                • #53
                  Re: Traerme el barco a Suecia

                  A las dos de la tarde la corriente, de casi dos nudos, es en contra. Nuestra hora estimada de llegada ya no son las seis de la tarde, sino las ocho y media. Entiendo que en seis horas la corriente estará de nuevo a favor, pero claro, en ese momento justo estaremos llegando, y no la vamos a poder aprovechar.
                  Son las seis de la tarde y estamos ya a una hora del puerto de destino cuando Silvia dice: "para qué parar ahora, vamos a seguir y ya llegamos al Elba". No me lo puedo creer. Es ella la que lo propone y su propuesta me anima enormemente, porque eso significa que vamos a estar en el Báltico pasado mañana. Y por las próximas ocho horas de nuevo corriente favorable. Claro que llevamos ya más de treinta horas de travesía y de ellas he dormido en total tres o cuatro, y eso sin contar la paliza del día anterior a la salida y las escasas seis horas de sueño que me concedí para descansar. Ese día se suponía que a las seis estaríamos en puerto. "Vete a dormir", me dice y obedezco. Me hundo en la cama que ya está un poco más seca y caliente. Le digo a Silvia que me avise cuando lleguemos. Pero a los diez segundos me levanto para ver si puedo bajar el último parte del PassageWeather. Hay cobertura y aunque lleva un rato, consigo la previsión para las próximas horas. Nada, vamos a tener calma chicha y, al llegar al Elba, viento en contra y corriente en contra. Voy a la bañera a decirle a Silvia que me despierte cuando lleguemos a el punto donde nos tenemos que incorporar al dispositivo de separación de tráfico. "Vete a dormiiiir" me dice Silvia. Y le hago caso.

                  Cuando me despierta tengo la sensación de haber dormido un día entero, aunque sólo han sido seis horas. La noche está negra, pero eso ya lo sabía. Tenemos luna nueva. Y la corriente ya ha cesado. Necesito un minuto para vestirme, calzarme y encender el radar. Mis ojos van directos al Navionics , en las próximas diez millas voy a cruzar un par de salidas, líneas de ferry y atravesar unos bajíos en los que tendré poco más de un metro de agua bajo la quilla y finalmente incorporarme a la zona de separación de tráfico.
                  Bueno, cada cosa a su tiempo. Lo que importa es el presente, así que levanto la vista del Navionics y veo un mar de luces que no consigo interpretar. Barcos con las luces de navegación veo dos, uno de ellos muy cerca. Veo su luz de estribor por estribor, luego se cruza y veo su babor por mi babor, pero casi de frente. Es un barco de mediano tamaño, es todo lo que puedo vislumbrar contra el mar de luces que tiene detrás. Finalmente respiro aliviado cuando pasa por mi popa. El radar da cientos de puntos. Parecen plataformas... No joder, son mercantes fondeados. Un mar de ellos. Me tranquilizo y atravieso ese mega-parking imaginando cómo me verán ellos, con mi pequeña luz de navegación allí abajo.

                  A las cuatro y media empieza por fin a clarear y aunque ya estamos a poco más de cinco millas de la entrada al Elba, todavía no se ve la costa. Voy pegado a las boyas de estribor de la zona de separación de tráfico.



                  Afortunadamente no he coincidido con ningún barco grande, pero la corriente es de nuevo contraria y muy fuerte. El viento que anunciaban en la cara resulta que viene por el culo, pero es flojo. No da para sacar velas, pero sí es suficiente como para levantar olas contra los dos nudos de corriente. Poco a poco el viaje se vuelve más y más incómodo. Un gran mercante se nos cruza, pero la desembocadura del Elba se resiste.



                  Nos movemos entre tres y cuatro nudos al principio, luego entre cuatro y dos. Cada vez que pillamos una ola y damos un pantocazo perdemos dos nudos de velocidad. Pruebo a meterle un poco más de potencia al motor pero los pantocazos son horribles así que hay que armarse de paciencia y aguantar pantocazos y rociones. El Elba es anchísimo en su desembocadura. Vemos sólo una de las dos orillas. Cuxhaven está allí a nuestra proa, a estribor, pero a nuestra velocidad queda todavía más de una hora de paciencia, tiempo suficiente como para que me adelanten dos mercantes y me envíen sus olas para que me mantenga despierto. A quien no consiguen despertar es a Silvia que está profundamente dormida en el camarote. Finalmente entramos por la bocana. Cuando viro junto a la luz verde hay una foca asomando la cabeza, pero en cuanto me ve se sumerge. Paso algún apuro maniobrando para poner la popa al amarre, ya que hay corriente en esta zona del puerto y la hélice hace un ruido muy extraño cuando doy la marcha atrás, pero finalmente consigo atracar. Una señora alemana baja de su barco y me pasa las amarras. Le estoy muy agradecido. Entro al barco, me tiro al lado de Silvia. Y me duermo antes de que la cabeza toque la almohada. Cuarenta y seis horas después de salir de Amsterdam, estamos en el Elba.

                  Comentario


                  • #54
                    Re: Traerme el barco a Suecia



                    Cuxhaven es un puerto con muchísimo movimiento. Prácticamente todos los barcos a nuestro alrededor han cambiado al día siguiente. De cuando en cuando un gran mercante pasa por el río y puede verse por encima del rompeolas. Cuando he hecho mi comprobación rutinaria de la sentina me he quedado helado. El agua llega casi hasta las tablas.¿ Pero por donde ha entrado este agua? Y sobre todo, ¿sigue entrando? No quiero vaciar la sentina en el puerto, he visto una cría de foca nadando dentro del puerto y no quiero ensuciar su entorno. Tomo una marca del nivel del agua para comprobar si sigue subiendo. Una hora más tarde la marca está en la misma posición. Por tanto parece que no entra agua. ¿Entonces? ¿De donde ha salido este agua? Entonces recuerdo ese ruido extraño que hizo ayer la hélice. Examino el prensa y no se le ve gotear, pero se me ocurre apretar la goma y veo que dentro sólo hay aire. Entonces caigo en la cuenta. Los pantocazos y cabeceos debieron sacar la bocina del agua por momentos, descebándola. Estos prensaestopas secos no funcionan bien a menos que estén llenos de agua, y por eso deduzco que una vez descebado estuvo entrando agua hasta que detuve el motor. Aprieto la goma del prensa hasta que no queda aire y tomo nota mental del problema por si vuelvo a sufrir cabeceos.

                    El día es soleado cuando arrancamos. Tenemos que remontar diez millas del río Elba para llegar a la esclusa que da paso al canal. La historia es la misma: Elba arriba contra corriente, y aunque las olas son más pequeñas que ayer, vamos igual de lentos.



                    Dos o tres horas más tarde llegamos a la zona de espera para la esclusa del canal de Kiel. Hay ya media docena de barcos esperando. La espera es muy incómoda porque no hay donde amarrarse y la corriente no es floja, de manera que hay que estar muy atento. Después de quince eternos minutos, ya somos más de diez barcos yendo arriba y abajo, tratando de no chocar unos con otros. ¿Cuando piensa esta gente darnos paso? Muchos se impacientan y se salen de la zona de espera, dirigiéndose a la entrada de la esclusa, y otros les siguen, tal vez confundidos. Yo opto por quedarme lo más cerca posible de la orilla, donde la corriente es más floja y hay menos olas. En total llevamos más de una hora esperando bajo el sol cuando por fin se enciende el semáforo que nos da paso. La esclusa no es fácil de pasar porque hay que amarrarse a las anillas de un pantalán flotante que sobresale escasos diez centímetros del agua. Al abrirse la esclusa casi todos los barcos van locos para encontrar plaza en el pequeño puerto que hay justo a la entrada al canal. Me asomo poco convencido y viendo el poco espacio y los barcos abarloados decido seguir.


                    El canal es amplio y la cantidad de tráfico es menor de la que esperaba por lo que no hay que estar demasiado pendiente así que ponemos música.





                    Cuando ya empieza a anochecer tenemos que fondear, ya que a los barcos de recreo les está prohibido navegar de noche.

                    Tras un merecido y dulce descanso salimos temprano por la mañana. En el cielo ya se va confirmando la previsión de mañana. Vientos fuertes del Este. Los cirros no mienten.





                    Sobre las tres de la tarde llegamos a la esclusa de Kiel. Allí hay que pagar el peaje en un cajero automático que hay sobre el muelle de espera. Cuando se abre el semáforo de la esclusa un barco belga se me aproxima saludando muy efusivos, encantados de encontrar a un compatriota. Su decepción es obvia al escuchar mi acento francés. La verdad es que les entiendo, se ven muy pocos barcos con bandera belga por estos lares. De hecho casi todas las banderas son alemanas, con alguna que otra bandera holandesa o danesa. Esto me recuerda que tengo que comprar la bandera danesa de cortesía.

                    Recalamos en Laboe, justo a la salida de la ría. Los vientos para mañana son del nordeste, fuertes y contrarios, de manera que tendremos 24 horas para descansar. Laboe es pequeño pero tiene una playa cojonuda.



                    Además hay una feria de temática marina con muchos puestos. Sin embargo, no hay manera de encontrar un pabellón de cortesía danés. En una tienda de souvenirs encuentro un cesto con banderas de todos los países. Rebusco un momento y encuentro una bandera danesa. Es un poco grande y seguro que no aguanta dos navegadas, pero es suficiente para salir del paso y el precio acaba de convencerme. Un euro. Paso un rato revolviendo en el montón de banderas pero no consigo encontrar una bandera sueca, que tampoco la tengo. Todo el ahorro en la bandera es una minucia al compararlo con los 40 euros que voy a tener que pagar por el Navionics de Dinamarca. No se por que motivo, la carta de Dinamarca cuesta casi tanto como la de todo el resto de Europa.

                    La previsión para nuestra entrada al Báltico es de vientos todavía de componente Este, y olas de más de un metro, por lo que necesito la carta de Dinamarca para hacer el paso entre islas. Arrancamos a las tres de la tarde. Mi intención es llegar lo más lejos posible del tirón, y para ello me he marcado unos cuantos puertos en la ruta. El viento del este lo aprovecho para un través cerrado, que he negociado con Silvia, un rumbo que me permite volar a siete nudos por encima de las olas sin escorar en exceso.



                    Pero al caer la tarde el viento flojea y pierde norte, lo que me permite cerrar un poco el ángulo para acercarme a un paso que me puede ahorrar muchas millas.



                    El banderón danés de todo a cien ondea orgulloso. Estoy muy contento de entrar ya en Escandinavia. El viento sigue cayendo y ahora rola al nor-nordeste. Mirando la carta veo que ese paso va a ser complicado y muy cansado por lo que decido ceñir, ahora que Silvia ya se ha dormido, hasta otro paso más amplio, el que usan los mercantes. La noche es muy oscura, como todas las noches de esta etapa, pero la navegación muy sencilla. No hay ningún tráfico. Cuando mi velocidad cae a tres nudos conecto el motor sin quitar las velas. Con el motor encendido puedo poner el radar y pasar la mayor parte del tiempo dentro de la cabina. Doy cabezadas de diez minutos, no llego a dormir pero descanso la vista y la espalda. Al llegar al paso el viento desparece por completo y las olas poco a poco también. Ahora el único enemigo a batir es el sueño.

                    Cuando empieza a clarear Silvia me releva y duermo hasta las nueve de la mañana. Motor y más motor. El viento ha desaparecido y la previsión para el día nos da vientos muy flojos, por lo que me resigno a escuchar el ronroneo del motor durante muchas horas todavía.

                    Al caer la tarde entramos a repostar en puerto de Klintholm, el último antes de dejar Dinamarca y me llevo la agradable sorpresa de que el diesel es más barato que en ningún punto de mi viaje, incluida España. Con lo caro que es Dinamarca estaba esperando todo lo contrario. Es una pena que no podamos quedarnos, es un puerto muy bonito, como de cuento, pero me quedan muy pocos días de vacaciones y quiero llegar a Suecia. Nos despedimos de Dinamarca, cuyos últimos acantilados pasan por babor y después de una buena cena, Silvia se va a acostar.



                    La noche transcurre sin mayores novedades, pongo la alarma a intervalos más largos, de quince minutos. Una vez cruzada la linea por la que discurren los mercantes, el tráfico marítimo desaparece y estamos solos en el Báltico. El resplandor de Copenhage y Malmo es lo único que veo a mi alrededor y eso que están a más de treinta millas de mi posición, todo lo demás es oscuridad. Nada de fosforescencia en el agua del Báltico, que enfría el aire de la noche y me obliga a ponerme ropa de invierno.
                    A las dos de la mañana ya estoy navegando casi paralelo a la costa sueca, en dirección a Ystad. Después de uno de mis descansos de quince minutos, salgo a la bañera y me da un vuelco el corazón. Todas las luces de la costa han desaparecido. Miro en todas direcciones pero solo veo oscuridad. Después de un escalofrío me doy cuenta de que es niebla. A mi alrededor puedo ver a cierta distancia pero me inquieta tener que recalar en niebla espesa. Mis miedos se disipan y la niebla también cuando ya solo estamos a una milla de la bocana. Voy directo al fondeo junto al espigón, echo el ancla y doy un largo suspiro. Estoy en Suecia!
                    A la mañana siguiente entro a puerto y Silvia y yo nos vamos a dar una vuelta.





                    Al poco rato de empezar a pasear caemos en la cuenta de que ya habíamos estado en Ystad diez años atrás. En aquel viaje épico que hicimos, desde Barcelona al punto más septentrional del continente, Cabo Norte, con un Opel Corsa con doscientos mil kilómetros. Uno de los mejores viajes de mi vida. Volvemos a recorrer las curiosas calles de Ystad haciendo emerger recuerdos... Hemos llegado en pleno festival de Jazz y en las calles hay ambiente y bandas tocando.


                    Al día siguiente, tenemos el placer de escuchar a un grupo buenísimo de chavales suecos tocando jazz de la costa oeste. Aunque su media de edad no debe llegar a los veinte años, nosotros somos los más jóvenes entre su público.



                    Después de comer tomo un tren a Estocolmo para volver al trabajo. Voy a trabajar de miércoles a viernes porque la previsión es de vientos contrarios o calmas y ya estoy harto de ir a motor. Silvia se quedará en Ystad hasta que vuelva, cuando, con un poco de suerte, los vientos nos serán más favorables.

                    Editado por última vez por dhow; 11/09/2019, 08:35:45. Razón: añadir ruta

                    Comentario


                    • #55
                      Re: Traerme el barco a Suecia

                      AMigo Dhow,tu transporte del barco hasta Suecia me parece una aventura náutica de lo más apasionante.Sin duda eres un marino con arrojo

                      Comentario


                      • #56
                        Re: Traerme el barco a Suecia

                        Llego el viernes por la noche a Ystad y lo primero que hago es fondear fuera del espigón para no tener que pagar otro día de puerto. Tengo una última semana de vacaciones y tengo que aprovecharla al máximo para llegar a Estocolmo. El parte es bastante favorable, tendremos vientos de componente Sur a partir de pasado mañana por la tarde aunque habrá algo de lluvia, pero no se puede tener todo.

                        El hecho de que he llegado al barco desde Estocolmo en seis horas de tren me indica que el final del viaje ya está cerca. Pero no hay que minusvalorar lo que todavía falta. Me esperan todavía más de trescientas millas de Báltico.

                        Tras investigar un poco he llegado a la conclusión de que el mejor puerto para dejar el barco en Estocolmo es Nynashamn. Es un poco como Garraf para Barcelona, un lugar bonito, lejos de la ciudad pero accesible con el tren de cercanías. Cuando me enteré de que para los puertos más cerca de Estocolmo hay que pasar esclusas mi decisión fue sencilla. Si cada vez que quiera navegar en el archipiélago me veo obligado a pasar una esclusa, apaga y vámonos. Nynashamen, por el contraro, está en mar abierto, con cientos de islas alrededor que visitar. Como no podía ser de otra forma, durante el viaje se ha acuñado una frase que se repite a menudo: "déjate de esclusas".


                        Para la primera etapa de este trayecto me he propuesto llegar a Karlskrona. Van a ser muchas horas a motor, pero podré usar un poco las velas por la mañana. A las cuatro de la mañana izo la mayor y levanto el ancla. Silvia duerme dentro y quiero que siga durmiendo, para que me releve durante el día, que será a motor. Mientras paso la bocana del puerto comercial saco el génova y nos deslizamos a un largo a tres o cuatro nudos. Ya es casi de día. Unas horas más tarde pongo el motor porque ya nos arrastrábamos a dos nudos y voy a dar cabezadas de veinte minutos con la alarma del radar conectada. La alarma funciona de puta madre, pero tiene un pitidito de mierda que es incapaz de despertar a nadie, por lo que sigo confiando en mi cuenta atrás de Android para evitar colisiones. En esos intervalos a veces duermo y a veces no. El amanecer en estas latitudes es muy lento, eterno, y puede ser muy bonito de contemplar, pero ahora mis ojos prefieren estar cerrados y dentro de la cabina.

                        Silvia me releva al mediodía y duermo tres horas y luego otras cinco. A las diez de la noche vuelvo a la bañera. Quedan todavía horas de motor para llegar a Karlskrona, pero al menos el poco viento que hay es portante y las olitas en la popa algo ayudan. A pesar de lo fácil que es el trayecto, ya me pesan las escasas nueve horas que he dormido en las últimas cuarenta y ocho. Tengo ganas de llegar. En cuanto nos empezamos a acercar a la costa al menos hay cobertura y puedo bajarme los partes actualizados. El parte de vientos del sur se mantiene. La lluvia nos rozará, pero nada grave. Eso sí, hasta mañana a las seis de la tarde no hay viento, así que la parada en Karlskrona parece la mejor opción. Pero viendo en la carta el laberinto de rocas y balizas que tengo que atravesar para entrar a puerto, se me quitan las ganas. Encuentro otro puerto más adelante, Sandhamn, con una entrada mucho más clara. Como su propio nombre indica, es un puerto con fondo de arena, en el que debería ser fácil fondear. En Suecia existe una ley, el Allmansrätten (el derecho de todo hombre), que viene de generaciones atrás y dice que en los territorios del reino cualquiera tiene derecho a poner una tienda de campaña y pasar hasta tres días donde le plazca. Lo mismo se aplica a los fondeos. Uno tiene derecho a fondear en cualquier punto de la costa en el que no esté explícitamente prohibido. A las tres de la mañana dejo caer el ancla en Sandhamn.

                        Despertamos muy tarde, como a las doce. El viento todavía no ha comenzado así que paso el rato viendo a un pescador recoger sus redes y me empapo del sabor de los pequeños puertos de Suecia, de las casas rojas, las algas, los mosquitos... Para los mosquitos tenemos un insecticida ecológico. Un ejército de arañas que invadió el barco en Amsterdam. Tienen desplegadas sus redes de pesca en la bimini y los guardamancebos.

                        A las tres de la tarde ya se empieza a levantar viento pero decido esperar un poco, estoy harto de usar el motor. A las cinco ya sopla más en serio y entonces salimos y disfrutamos de nuestra primeras millas a un largo.




                        La última vez que fui a un largo fue en el Golfo de León así que lo saboreo, miro ese medio nudito que ganamos cada vez que nos empuja una ola y me acuerdo de los dos nudos que perdíamos en el Elba con cada ola. Por fin, un rumbo placentero. Silvia parece también disfrutar de esta navegación tan cómoda. Aunque estamos juntos dentro del mismo barco, con el tema de las guardias casi no pasamos rato juntos, pero ahora que los dos hemos dormido bien, y Eolo se está portando, ninguno de los dos quiere irse a dormir.



                        En el cielo se ha formado una nube en forma de ola. Hay una foto muy famosa de este fenómeno, tomada en Australia. Pero verlo en persona es acojonante. La lluvia cae torrencialmente cerca de nuestra ruta, pero parece hemos podido esquivarla gracias a que los mapas meteorológicos del passageweather siguen clavando las precipitaciones. El cielo está magnífico el día entero, y no dejo de tomar fotos.










                        A las once, cuando oscurece Silvia se acuesta. He decidido tomar el camino por fuera de Borgholm, que es el que más me va a permitir descansar, ya que habrá menos tráfico y ningún obstáculo cerca de la costa. Y aún tengo otro motivo. La sentina sigue pillando agua cada vez que escoro el barco o hay rociones. He encontrado que entra agua cerca de la proa, supongo que en algún punto bastante por encima de la línea de flotación, pero no consigo encontrar donde. Así que tengo que vaciar sentinas, y eso prefiero hacerlo en mar abierto.

                        El cansancio ya se va haciendo notar, pero el viento sigue a nuestro favor y no es momento de parar. Al llegar sobre las diez de la noche a la punta de la isla decido continuar. Si abro el rumbo podemos llegar a la isla de Gotland sobre las seis de la tarde, y tiene fama de ser una isla muy bonita e interesante. De hecho hay un ferry diario desde Nynashamn que suele ir y volver lleno de turistas suecos. La noche es fría. Tanto que voy acostado en el banco del salón con la chupa de invierno cerrada y el gorro puesto.



                        Con el cambio de rumbo la velocidad mejora y nos movemos a más de seis nudos. A las cinco de la tarde llegamos a Gotland pero el viento sigue soplando y le pregunto a Silvia si no le importa que sigamos ya hasta Nynashamn. Son doce horas más y llegaremos a muy buena hora, por la mañana. Vamos a por la segunda noche sin parar, pero sé que es el último esfuerzo y me siento capaz. Como no hay mucho que hacer, y tenemos cobertura al estar cerca la ciudad principal, mato el tiempo con el Duolingo de sueco. Y me sale esta frase... "Aunque estoy cansado, sigo adelante"



                        El sol va cayendo pero el viento no afloja, tenemos cerca de veinte nudos por la aleta y nos movemos en linea recta hacia Nynashamn. La noche es oscura pero breve y el cielo del amanecer atrae de nuevo mi mirada y la aparta de la pantalla del móvil. Un buen chubasco descarga por nuestro estribor. Vamos a llegar justo a tiempo.



                        Una foca asoma la cabeza cuando estoy llegando. Me mira un rato, luego se sumerge. Todas las focas que he visto son muy tímidas y misteriosas, nada que ver con los delfines del Mediterráneo. Supongo que les sobran motivos para tener miedo a los humanos.



                        Pronto estoy en el canal entre islas de mi puerto de destino. Una patrullera sueca se cruza con nosotros y nos saluda. Estoy tan feliz de haber llegado que me olvido del cansancio. Salvo mi última ruta en el Navionics.

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                        Después de una buena ducha nos cogemos el primer tren a Estocolmo, anticipando la felicidad de llegar a casa, de dormir en una cama, de comer una verdura hervida con patata para limpiarnos de tantos días de comida rápida y a cualquier hora. Me vuelvo a mirar el barco.



                        Me da una enorme satisfacción verlo ahí atracado. Aunque ya llevo dos años en Suecia, es sólo hoy que he terminado mi mudanza. Es seis de agosto, dos meses y dos días después de iniciar mi periplo. Atrás quedan muchas millas por tres mares y cinco ríos, atrás quedan más de doscientas esclusas, muchos amaneceres y muchos atardeceres, muchos nervios y muchas dudas, pero también alegrías y risas, y un poquito de aventura lejos de la oficina. Me siento en forma, como siempre que navego, delgado pero fuerte, y lleno de confianza en mi barco.



                        Espero que algún cofrade se haya entretenido leyendo estos recuerdos y si, además pueden proporcionar alguna información útil a otros que quieran hacer un viaje similar, tanto mejor. Sentía que se lo debía a la comunidad. Mi viaje tal vez no habría sido posible, y con toda seguridad, mucho más complicado si no hubiera contado por la ayuda de Silvia y de Gerardo, y la de otros que, sin conocerme de nada, me ayudaron, como Reidar, como Gina, personas con las que nunca me he encontrado físicamente, y sin embargo llevo muy dentro del corazón. Su generosidad era real, y eso me da fuerza, me devuelve algo de confianza en los seres humanos, con los cuales, últimamente, andaba algo decepcionado.

                        Bueno, y a ver si alguien se invita a una cervecita fresca, que de tanto hablar se me ha secado el gaznate. Mientras la saboreo, me sentaré a disfrutar escuchando vuestras travesías por otros mares.

                        Buena proa a todos!!

                        Comentario


                        • #57
                          Re: Traerme el barco a Suecia

                          Has hecho un viaje maravilloso felicitaciones y gracias por compartirlo, un saludo desde el Río de la Plata

                          Comentario


                          • #58
                            Re: Traerme el barco a Suecia

                            Felicidades Dhow, y muchas gracias porque me has hecho pasar dos meses atento por si actualizabas de nuevo el post, he disfrutado mucho con tus relatos y con tus fotos.
                            Espero que disfrutes mucho por esos mares norteños con TU BARCO!

                            Buen viento y
                            "La vela es el medio más lento, más caro y más incómodo, para ir de un sitio donde se está bien, a otro donde no hay nada que hacer"

                            Comentario


                            • #59
                              Re: Traerme el barco a Suecia

                              Buenas tardes, cofrade:

                              Digo lo mismo que los dos cofrades precedentes: tu relato ha sido amenísimo, me ha descubierto cosas que no sabía, y, sobre todo, me ha hecho admirarte por tu decisión de llevar a cabo tu sueño contra viento y marea (nunca mejor dicho), haciendo realidad el viejo adagio latino: "Audentes Fortuna iuvat".

                              ¡¡Muchas gracias!!

                              Saludos y
                              Navigare necesse est. Vivere non est necesse. (Pompeyo)

                              Si damos bordos de menos de 180º, llegaremos a algún sitio... (anónimo)

                              Comentario


                              • #60
                                Respuesta: Traerme el barco a Suecia

                                ¡¡¡Espectacular!!!

                                Comentario

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