VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

Anuncio

Colapsar

NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

9/ Todos los temas y/o mensajes que fomenten la piratería sobre cualquier software u otro material protegido, o informen de cómo o dónde llevarla a cabo serán retirados inmediatamente del foro. No obstante, y debido a la imposibilidad por parte de los administrador de controlar todos los temas y mensajes , si alguien detecta cualquier incidencia de este tipo ruego lo comunique de forma inmediata a la administración, especificando el enlace al tema para poder ser retirado.

10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



Bueno, y eso es todo, pasa, busca asiento por donde puedas y pide lo que guste...
Ver más
Ver menos

Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

Colapsar
X
 
  • Filtrar
  • Tiempo
  • Mostrar
Limpiar Todo
nuevos mensajes

  • Travesías Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

    ¡Hola cofrades!

    Aquí os dejo mi experiencia fondeando en verano en la isla de Tabarca junto a un montón de lanchas de alquiler.
    A ver si opináis lo mismo o no.



    https://youtube.com/c/NavegaravelaBritishTiger

  • #2
    Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

    la falta de sentido comun y conocimientos.....algo que abunda por desgracia.
    sigpicTu foro de pesca tambien puede ser http://www.pescapalos.es

    Comentario


    • #3
      Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

      Buen vídeo Tomás. Solo comentar una cosa. Para bañarte en la zona de fondeo o para nadar hasta la costa de la isla tienes que llevar la señalización obligatoria que creo que es una boya con banderín. Te lo comento porque después de ir a Tabarca mil veces y bañarme con unas gafas desde mi barco, la Guardia Civil me lo exigió hace poco y pueden multarte. Ya sabes, lo hace por nuestra seguridad. Pero, como tú muestras en el vídeo, las motos de agua y lanchas no tienen problema en ir a toda pastilla entre los barcos fondeados. Cosas de la legislación náutica. Lo lógico es que en zonas de fondeo permitido es que los barcos, motos, etc. no pasen de los 3 nudos y que siempre estén atentos en la proa a cualquier persona que pueda estar disfrutando del baño y no al revés. Salu2.

      Comentario


      • #4
        Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

        Nada como visitar la isla fuera de los meses de julio y agosto. Yo he dormido SOLO en Tabarca en mayo o junio.
        abordaxe

        Comentario


        • #5
          Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

          Originalmente publicado por abordaxe Ver Mensaje
          Nada como visitar la isla fuera de los meses de julio y agosto. Yo he dormido SOLO en Tabarca en mayo o junio.
          Totalmente de acuerdo, yo me tengo prohibido ir a Tabarca los meses de julio y agosto, además de los fines de semana de junio y septiembre.
          Mi puerto es Alicante.

          Comentario


          • #6
            Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

            Hola a todos.
            ¿Lleno dices? yo he fondeado con muuchos mas barcos¡¡¡
            En verano es imposible (de día). Por la noche es una gozada.

            Unas birras
            www.vilasailing.com
            Socio de AMPPER
            Socio de ANAVRE

            Comentario


            • #7
              Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

              Aun no conozco Tabarca, pero por lo que veo en el vídeo, el fondeadero está envidiablemente más vacío de barcos que cualquier cala medianamente famosa de las Baleares, la Costa Brava, Córcega o Cerdeña. La máxima afluencia en Tabarca es la que enseñas en el vídeo?
              Pero si no llegas a pedradas a los vecinos de fondeo!!
              Dices también que los barcos entran y salen rápidos!!
              Y que pueden darte un koski en caso de borneo.!!
              Qué envidia de tranquilidad!!

              PD: Es posible que estéis todos fondeados sobre algas?
              sigpic

              Comentario


              • #8
                Respuesta: Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                Originalmente publicado por enric rosello Ver Mensaje
                Aun no conozco Tabarca, pero por lo que veo en el vídeo, el fondeadero está envidiablemente más vacío de barcos que cualquier cala medianamente famosa de las Baleares, la Costa Brava, Córcega o Cerdeña. La máxima afluencia en Tabarca es la que enseñas en el vídeo?
                Pero si no llegas a pedradas a los vecinos de fondeo!!
                Dices también que los barcos entran y salen rápidos!!
                Y que pueden darte un koski en caso de borneo.!!
                Qué envidia de tranquilidad!!

                PD: Es posible que estéis todos fondeados sobre algas?
                Lo que sale en el vídeo no es nada con lo que suele haber cualquier sábado o fin de semana en verano, sobre todo a medio día. Aunque seguramente en Baleares será peor...

                Con respecto a estar sobre algas, en la zona norte es bastante fácil... algas, rocas...

                Un día a finales de junio, sábado a medio día fui, había algo de oleaje y literalmente no vi ni un solo hueco "decente" para fondear en ninguna de las dos zonas... solo cerca de las boyas que delimitan la zona prohibida o en zonas ya sin proteger del mar de fondo de ese día, dije, ya nunca más esos días a esas horas...

                Comentario


                • #9
                  Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                  Yo ya paso de ir allí: domingueros en cantidades industriales, neumáticas de los restaurantes que se cruzan el fondeadero a toda velocidad para recoger y dejar incautos (véase más adelante), tabarqueras que hacen rumbo directo sin importarles qué tienen por la proa, mal tenedero con una combinación preocupante de rocas y algas, barcos que garrean sin que haya nadie a bordo (creo que ya han prohibido dejar los barcos solos), nada que ver o hacer en el interior de la isla, salvo dejar que te pongan un par de rejones en todo lo alto en cualquiera de los restaurantes que tienen por costumbre sangrar a los que se acercan por allí (dicen que la isla fue refugio de piratas, pero para mí que lo sigue siendo)… ¿Verdaderamente tiene algún interés ir?

                  Saludos y
                  Editado por última vez por Apagapenol; 16/12/2022, 01:43:27. Razón: Ampliar información
                  Navigare necesse est. Vivere non est necesse. (Pompeyo)

                  Si damos bordos de menos de 180º, llegaremos a algún sitio... (anónimo)

                  Comentario


                  • #10
                    Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                    Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.

                    Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”

                    Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.

                    El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.

                    El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).

                    Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.

                    El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.

                    Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.

                    Comentario


                    • #11
                      Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                      Originalmente publicado por Avante Ver Mensaje
                      Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.



                      Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”



                      Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.



                      El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.



                      El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).



                      Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.



                      El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.



                      Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.



                      enorme compañero, me ha encantado la historia🤣🤣🤣

                      Comentario


                      • #12
                        Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                        Originalmente publicado por Avante Ver Mensaje
                        Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.

                        Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”

                        Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.

                        El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.

                        El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).

                        Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.

                        El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.

                        Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.

                        si si , muy buena....
                        www.pleamaruno.com

                        https://www.facebook.com/PleamarUnoEscuelanautica

                        Comentario


                        • #13
                          Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                          Originalmente publicado por Avante Ver Mensaje
                          Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.

                          Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”

                          Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.

                          El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.

                          El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).

                          Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.

                          El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.

                          Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.

                          Tal cual.
                          Me ha encantado, magnífico relato.
                          Esa es Tabarca en invierno.

                          Comentario


                          • #14
                            Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                            Originalmente publicado por Avante Ver Mensaje
                            Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.

                            Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”

                            Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.

                            El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.

                            El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).

                            Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.

                            El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.

                            Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.

                            Comentario


                            • #15
                              Re: Fondear En La Isla De Tabara Junto A Los Charter Sin Patron

                              Originalmente publicado por Avante Ver Mensaje
                              Hay dos Tabarcas, y las dos son sorprendentes. En verano es sorprendente en la dirección que señala el cofrade, y sólo añado que se puede poner clarísimamente peor que lo que aparece en el vídeo. Tuve varios años amarre en Alicante, después en Costa Brava y ahora estoy en el Maresme, y Tabarca compite dignísimamente con Costa Brava o Pitiusas en saturación veraniega.

                              Fuera de temporada, es una isla única, donde puedes fondear o atracar en su pequeño puerto (hablo de hace ya unos años) y disfrutar de una isla que en un 80% está desierta y en el otro 20% está poco habitada (<50 habitantes), bien conservada y no falta algún sitio abierto donde tomar un buen pez. Y es una isla donde ocurren cosas extrañas y da pie, vídeos de youtube aparte, a curiosas “batallitas”

                              Una de ellas me pasó hará unos 15 años cuando, al poco de comprar mi anterior barco (un Puma 29), tiré el ancla un lunes de marzo, tras llegar en solitario con la intención de pasar la noche fondeado en la isla. Poco después me acordé de que no tenía gas y, como tampoco tenía ganas de cenar frío, me acerqué a su pequeño puerto, donde estaba atracado sólo otro barco, un precioso clásico de unos 11 metros y bandera francesa.

                              El puerto, viejo conocido de esta taberna, es pequeño y de calado justo, en contraste con su muelle, alto y de piedra, así que preparé amarras de proa y popa y salté al muelle con ambas en la mano para hacerlas firmes a los aros, oxidados, que hacen las veces de norays. Nada más saltar del barco, me sorprendió ver salir, melena al viento, una francesa del barco clásico, que me preguntó, en muy correcto español, si podía ayudarme con las amarras. Yo tendría 28 años y ella mi edad, así que, como estaba visiblemente sorprendido con su aparición y en el PER no enseñan cómo "maniobrar” ante este tipo de apariciones, la contesté con bastante torpeza en un pseudofrancés que no entendió, pese a lo que se quedó haciendo firme el largo de proa al noray mientras me ocupaba en amarrar, con más tranquilidad, el de popa. Tras agradecimientos y saludos chapurreados -de nuevo, torpemente- en francésñol-, subí a bordo a apagar el motor, a recoger y cambiarme; decidí ponerme la ropa de deporte y salir a correr a lo largo de la isla, aprovechando que tenía un rato largo por delante hasta la cena; “y, además, así, lo mismo sorprendo a la francesa”.

                              El caso es que, al salir, ella paseaba solitaria por el muelle y, al verme, me saludó y me preguntó, sonriente, si me apetecía cenar en su barco. Ante tal situación, para la que la DGMM no define protocolo alguno, le dije atropelladamente que “merci” y, por supuesto, que “oui” (o como se escriba), al tiempo que, en un alarde de sorpresa y agilidad, me dejaba, con gran dolor, el tobillo en el guardamancebos al saltar al muelle; por pura inercia que no me dio por interrumpir, seguí trotando y le señalé, ya no en francés ( no doy para tanto) sino con “hábiles” gestos, que salía a correr un rato. La vuelta corriendo en solitario por la isla fue memorable; recuerdo el sol poniéndose sobre cabo Falcó, en uno de esos atardeceres que se le quedan a unos grabados, lo que no exime que compatibilizara la dimensión bucólica con el ángulo utilitarista (“haré un par de fotos, y así luego se las enseño a la francesa”). Continué corriendo hacia el extremo contrario de la isla, el de Levante, donde está la pequeña parte habitada que, ya en sus últimas luces del día, tenía una apariencia fantasmal, completamente desierta. Llegué al barco ya en el comienzo de la noche y el pantalán estaba igualmente desierto, así que subí al Ocam, me di una ducha (fría, como todas las del Ocam, bastante con que ese día quedaba agua en los depósitos), pensé que ponerme (fue un pensamiento breve, sólo tenía la ropa del día siguiente) y pensé que llevar como detalle a la esperada cena (pensamiento igualmente breve, sólo tenía mucha cerveza y un fuet con palitos).

                              Así que me planté en el muelle, con la cerveza y el fuet con palitos, y me acerqué al barco vecino. Seguía sin verse a nadie; “lo mismo la francesa ha salido a dar un paseo”, así que me di yo dos por el muelle y, tras seguir sin ver a nadie, me situé frente al bonito velero y saludé en el poco francés que sabía; el caso es que mi saludo debió causarle una honda impresión, entre otras cosas, porque de las dos palabras que dije en francés, una la confundí y la dije en catalán [pronunciado por un madrileño]; su impresión fue, en cualquier caso y sin duda, incomparable a la mía, cuando, tras mis saludos, apareció al fin su inconfundible melena rubia por el tambucho de salida según subía las escalas… y acto seguido el resto del cuerpo, que resultó el de ser un hombre, unos diez años mayor que ella y con barba, que amablemente me invitó a pasar a bordo.

                              El caso es que, tras dos horas creyéndome Ulises en Ogigia, me di de bruces con la dura realidad, en la que la invitación a cenar era real, pero igualmente real era que, a diferencia de lo que me había dado por imaginar, la francesa no viajaba melena al viento y en solitario, sino con su marido parisino, tres hijos pequeños y en conserva con otro barco que aparecía por la bocana en ese momento, con una familia de cuatro suecos con los que resultó que compartían travesía tras haberse conocido en Gibraltar. Así que la cena que yo imaginaba con velas y “a dos” se transformó en un tropel de 10 personas (5 de ellos, niños entre 2 y 7 años) en la angosta mesa del Clásico de 11 metros; ante tal rolada del “viento”, no me quedó otra que adheririme, con tanto entusiasmo que, cuatro horas más tarde, sólo quedábamos el francés, el sueco y yo alrededor de los restos de la botella de un terrible licor sueco que le había dado por macerar con no sé qué hierbas que cogió en Marruecos; creo recordar, algo más tarde y mucho más difusamente, a la francesa llamándonos al orden a los tres, que al parecer cantábamos demasiado alto, con lo que tocó arriar velas y autoestima y volver al Ocam -otro golpe en el tobillo mediante- a dormir una noche muy distinta a la que, horas antes, había anticipado.

                              Tabarca es única, sin duda. Dentro y fuera de temporada.

                              Que gran historia....si la llego a conocer antes, la suelto en el vídeo
                              https://youtube.com/c/NavegaravelaBritishTiger

                              Comentario

                              Trabajando...
                              X