Probablemente la primera y más importante satisfacción de un navegante sea la de rescatar con vida a un náufrago y poder llevarlo a tierra sano y salvo. Quizás la segunda sea la de rescatar…su embarcación.
El pasado 1 de Noviembre, festividad de todos los santos, mis amigos y yo tuvimos la oportunidad de protagonizar esa segunda satisfacción marinera.
La historia ya la conoceréis muchos de vosotros. El domingo día 31 de Octubre un dentista argentino, salió del puerto de Oliva (Valencia) a pescar en su zodiac de unos 3 m. Al poco de salir, el mar en calma al principio, se convirtió en un temporal inquietante. Regresando al puerto, una ola gigantesca le hizo volcar y caer al agua, con la mala fortuna que la lancha quedó en situación invertida. Como pudo se subió y se colocó encima de la quilla (neumática, no rígida) aguantando el frío y todo el carajal ¡durante 20 horas! Lo rescató Salvamento Marítimo al día siguiente por la mañana y ya a la altura del Cabo San Antonio, cerca de Jávea. La noticia completa la podéis ver aquí:
[FONT='Arial','sans-serif']http://www.lasprovincias.es/v/201011...-20101103.html
[/FONT]Pero como el heroico y afortunado náufrago ya ha sido rescatado y restableciéndose estupendamente, quisiera referirme al asunto del rescate de su lancha, en sus aspectos náutico y jurídico, porque me parece de interés para la Taberna y porque nunca viene mal conocer estos incidentes de primera mano.
El lunes día 1 de Noviembre, navegábamos en un velero Dufour 405, de charter, a unas 7´al E de Denia, con mal tiempo, un F6 del NW, y con olas de más de un metro. Veníamos a motor y solo con la Génova desplegada, por comodidad. Así andábamos cuando de repente vimos una neumática a la deriva, con el casco hacia arriba y con su motor incorporado, pues la hélice asomaba por encima. Comprobamos que no había ninguna persona en las proximidades y dedujimos que probablemente habría caído de un barco por una deficiente estiba o por culpa del meneo de las olas.
Iniciamos la aproximación lentamente, no importándonos el acuartelamiento del génova, con el motor casi parado y con poca arrancada. ¡Uf, era difícil mantenernos cerca!.Al fin uno de mis amigos, al mejor estilo cow-boy marinero, lanzó una amarra y con la gaza pudo introducirla en la cola del motor, así pudimos acercarla al barco. Pero quedaba la parte más difícil, atarla para poder remolcarla a puerto. Desde la popa, alargando el brazo, pude introducir el extremo de la amarra por el interior de las anillas que tienen las neumáticas en proa, después hecha firme la amarra a las dos cornamusas del velero, pudimos colocarla en una situación apta para el remolque. Por supuesto que nos resultó imposible darle la vuelta, el motor de 8 cv, pesaba un mundo.
Aquí la podeis ver :
Bien, iniciada la operación de remolque hacia nuestro destino en el puerto de Denia, al poco se nos acerca un enorme barco de color naranja, era el Salvamar que había rescatado al náufrago por la mañana y que ahora andaba buscando la neumática. Por radio, canal 16, nos llaman. Por protocolo radio, pedimos pasar al canal 74 para hablar tranquilamente. “Que la zodiac que lleváis remolcada se parece mucho a la de un náufrago que hemos recogido hace unas horas”. ¿Ah, sí? (“no fastidies, pensamos, se nos ha escapado la posibilidad de ser unos piratas con tesoro”).Enseguida nos explicaron, someramente, lo sucedido, asique les indicamos el nombre de nuestro velero y el puerto base.
Llegamos a Denia, atracamos, con dificultad, etc. y posteriormente nos pusimos a pensar en qué coño hacíamos con la zodiac. Asique se me ocurrió llamar a mi buen amigo e insigne jurista el cofrade Jangada (mis conocimientos de derecho marítimo no son tan operativos para el caso).Con su amabilidad y maestría habituales, Jangada me aconsejó que diese parte cuanto antes a la Autoridad marítima, para evitar responsabilidades y a la espera sosegada de la aparición del propietario, fuese el náufrago u otra persona, pues en ese momento no lo teníamos claro.
Así pues, guardamos la embarcación en un garaje de un amigo y regresamos a Madrid. Al día siguiente y por fax, dirigí un escrito a la Capitanía Naval de Alicante, órgano competente para tramitar el expediente de hallazgo. Es conveniente saber que este expediente, regulado en la Ley 60/1962, de 24 de Diciembre, contempla la intervención de la Administración, en este caso la Armada, quien tiene el control legal del asunto, del hallazgo, en su caso, si no aparece el dueño, publican anuncios y edictos. Si aparece y previa acreditación de la propiedad de la embarcación, se le entrega y los rescatadores tienen derecho a percibir los gastos y una indemnización equivalente al tercio del valor de lo hallado (art.49).En nuestro caso no hizo falta ninguna norma de este tipo (¡faltaría más, después de lo que le sucedió!), como diré a continuación.
Al día siguiente de presentar el escrito, me llama un subteniente, secretario del expediente, pidiéndome más datos y circunstancias del hallazgo. Pero en estas me entero por la prensa de la noticia del naufragio del dentista de Canals. Tras varias gestiones logro hablar con él por teléfono, en su habitación del Hospital de Denia donde estaba convaleciente. Bastaron un par de comentarios para confirmar que él era el dueño. Me contó su odisea, impresionante, a caballito de la lancha toda la noche, horrible… Resultó ser un señor encantador, con una vida de lo más intenso. Pero bueno, lo más importante (je, je) es que nos pagará un rescate en especie con el que saldremos ganando de sobra : ¡un asado argentino en su casa de Canals….!

Obviamente no es un pago, es una ocasión para conocernos y disfrutar de la vida y el espíritu de conservación del ser humano…y con un vino de Mendoza…ya te digo!.

Bueno, ahora la anécdota simpática:
A pesar del mal tiempo, habíamos largado un curri para intentar pescar algo, para ello largamos el sedal por la popa atándolo al balcón. Pues bien, con las maniobras de acercamiento y captura de la zodiac, el sedal se rompió, lo que no nos afectó demasiado. Pero al poco de navegar con la neumática, tras su estela de espuma, alguien vió algo y dijo ¡Mirad!, un pez sobresale, como si estuviese siendo arrastrado… ¡por un curri!... ¿desde dónde?...una mirada más atenta nos dio la enorme sorpresa: El hilo, si bien se había soltado del barco, en cambio se había enredado, y bastante, en la hélice del motor de la zodiac, y venía firmemente arrastrando al pez. Una melva magnífica que podéis ver aquí.
Fue un gran día: un hombre salvó la vida, otros le salvaron su embarcación…y el espíritu del pescador, desde su barco… ¡pescó una melva!
Un abrazo.
Eirín.


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. Otra vez será.


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