Lo he leído aquí muchas veces y ayer me acordé. ¡Que importante que es anticiparse!. Además yo añadiría: ¡Que bonito que suena el motor cuando arranca a la primera!
Os cuento: Ayer domingo, puerto del Club Náutico Garraf, 11:00 hora local. Después de un día de la Patrona bendecido por un constante viento de componente oeste de fuerza 3, había amanecido con calma y un resto de mar de fondo con olas cercanas al metro. En fin, un calor sofocante, ya sabéis.
Total, que decido salir a navegar solo en nuestro Ro 330. En el puerto el viento era entre 0 y 3 nudos, el barómetro remontando después de un día y medio de bajada continuada y cielo despejado con algunas nubes aisladas de altura media.
Una vez fuera, viento de levante, fuerza 1 (entre 4 y 6 kn), ola larga de cerca de un metro efectivamente. Todo el trapo arriba y dirección 180, consiguiendo una velocidad de corredera de 4 nuditos, con un aparente de 7-8 nudos y a 60-70 grados de ataque respecto del aparente, la ola entra por la amura de estribor y por fin, bajo la sombra del Bimini, enciendo un cigarrillo y a disfrutar, mientras observo un ketche clásico en mi mismo rumbo a una media milla a estribor.
En un momento determinado miro a babor y, ¡ahí va!, horizonte negro a unas dos millas. En cosa de cinco minutos, la cosa está clara, viene hacia mi. Estoy a unas 3 o 4 millas del puerto.
Decido virar y arrumbar a puerto, maniobra que hago sin ningún problema pues el mar sigue como estaba y el viento apenas ha subido aún. Arrumbando en línea recta al puerto el viento se me sitúa a 140-160 por la amura de estribor: demasiado abierto parar aguantar la racha que está al caer, ya que ya está todo negro a media milla y se acerca rápido, el real ha subido ya a diez nudos. Orzo hasta atacar al viento a unos 40 grados, cazo el génova y mantengo abierta la mayor parar reducir la escora. A este rumbo voy casi directo al “grop” (así llamamos aquí a los chubascos repentinos), y en dos millas chocaré con la costa, o sea, que sólo es una solución provisional.
Para asegurar el tiro decido encender el motor y dejarlo calentando al ralentí, por si acaso. Le doy a la llave y … ¡enciende al primera!, un suave rugir, casi de nevera nueva. Como quiero a este Volvo de 19 caballos.
Cuando empezaba a planificar reducir el génova y tomar uno o dos rizos al la mayor, entra un viento de 30 nudos y bajo él un mar más plano pero llego de borreguitos. Reacciono a la racha orzando hasta quedarme a 20 o 25 grados al viento. Pero no es una racha, el viento se mantiene y aumenta gradualmente hasta los 35 nudos. Estoy a una milla y media de puerto. ¿Qué hago? ¿Arrumbo al horizonte y a esperar que pase, o intento entrar al puerto antes de que se complique más la cosa?
Al final decidí dar motor (2200 rpm), aproarme, enrollar el génova, arriar la mayor, eso si colgándome de la misma para que bajase, y arrumbar al puerto, desenrollando un metro escaso de génova con las dos escotas igual de cazadas, para que fuera “autovirando” a su gusto, en todas mis maniobras.
El viento y el mar no fueron a más y entre y amarré en el puerto sin mayor novedad.
Otras veces he pasado, también navegando solo, situaciones más complicadas, y también he encendido el motor por si acaso parar ayudarme en alguna maniobra, pero como era en travesías a Baleares y no veía costa, pues no sé, no se me había despertado esa gratitud que ayer sentí por el motorcito que siempre enciende a la primera.
Va por él.
Os cuento: Ayer domingo, puerto del Club Náutico Garraf, 11:00 hora local. Después de un día de la Patrona bendecido por un constante viento de componente oeste de fuerza 3, había amanecido con calma y un resto de mar de fondo con olas cercanas al metro. En fin, un calor sofocante, ya sabéis.
Total, que decido salir a navegar solo en nuestro Ro 330. En el puerto el viento era entre 0 y 3 nudos, el barómetro remontando después de un día y medio de bajada continuada y cielo despejado con algunas nubes aisladas de altura media.
Una vez fuera, viento de levante, fuerza 1 (entre 4 y 6 kn), ola larga de cerca de un metro efectivamente. Todo el trapo arriba y dirección 180, consiguiendo una velocidad de corredera de 4 nuditos, con un aparente de 7-8 nudos y a 60-70 grados de ataque respecto del aparente, la ola entra por la amura de estribor y por fin, bajo la sombra del Bimini, enciendo un cigarrillo y a disfrutar, mientras observo un ketche clásico en mi mismo rumbo a una media milla a estribor.
En un momento determinado miro a babor y, ¡ahí va!, horizonte negro a unas dos millas. En cosa de cinco minutos, la cosa está clara, viene hacia mi. Estoy a unas 3 o 4 millas del puerto.
Decido virar y arrumbar a puerto, maniobra que hago sin ningún problema pues el mar sigue como estaba y el viento apenas ha subido aún. Arrumbando en línea recta al puerto el viento se me sitúa a 140-160 por la amura de estribor: demasiado abierto parar aguantar la racha que está al caer, ya que ya está todo negro a media milla y se acerca rápido, el real ha subido ya a diez nudos. Orzo hasta atacar al viento a unos 40 grados, cazo el génova y mantengo abierta la mayor parar reducir la escora. A este rumbo voy casi directo al “grop” (así llamamos aquí a los chubascos repentinos), y en dos millas chocaré con la costa, o sea, que sólo es una solución provisional.
Para asegurar el tiro decido encender el motor y dejarlo calentando al ralentí, por si acaso. Le doy a la llave y … ¡enciende al primera!, un suave rugir, casi de nevera nueva. Como quiero a este Volvo de 19 caballos.
Cuando empezaba a planificar reducir el génova y tomar uno o dos rizos al la mayor, entra un viento de 30 nudos y bajo él un mar más plano pero llego de borreguitos. Reacciono a la racha orzando hasta quedarme a 20 o 25 grados al viento. Pero no es una racha, el viento se mantiene y aumenta gradualmente hasta los 35 nudos. Estoy a una milla y media de puerto. ¿Qué hago? ¿Arrumbo al horizonte y a esperar que pase, o intento entrar al puerto antes de que se complique más la cosa?
Al final decidí dar motor (2200 rpm), aproarme, enrollar el génova, arriar la mayor, eso si colgándome de la misma para que bajase, y arrumbar al puerto, desenrollando un metro escaso de génova con las dos escotas igual de cazadas, para que fuera “autovirando” a su gusto, en todas mis maniobras.
El viento y el mar no fueron a más y entre y amarré en el puerto sin mayor novedad.
Otras veces he pasado, también navegando solo, situaciones más complicadas, y también he encendido el motor por si acaso parar ayudarme en alguna maniobra, pero como era en travesías a Baleares y no veía costa, pues no sé, no se me había despertado esa gratitud que ayer sentí por el motorcito que siempre enciende a la primera.
Va por él.











Disculpas al Mar, a quien he robado tanto tiempo para dedicarlo a mi trabajo
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