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"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

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Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

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  • #16
    Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

    SALUDSS.

    "Era tal el dominio español sobre el Pacífico que el investigador australiano Oskar Spate llegó a llamarlo Spanish Lake."


    ¿ y esto se estudia en el cole , la uni , o es solo de pago como el plus?
    que desperdicio de cultura , que poquito nos queremos
    EL GARFIELD.
    Restauración integral de un velero de 5,50. http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=166786
    El WISPA
    RESTAURACIÓN INTEGRAL DE UN VELERO DE 26 PIES
    https://foro.latabernadelpuerto.com/...d.php?t=182808
    LAS RONDAS DEL JORDI BMW LAS PAGO YO
    (AL)

    LA IGNORANCIA SE CURA LEYENDO Y EL RACISMO SE CURA VIAJANDO.
    (UNAMUNO)

    Comentario


    • #17
      Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

      El Glorioso y el Capitan Pedro Mesia de La Cerda, pesadilla de los barcos Britanicos. Fuente Canaldelmisterio

      En la patriótica y exaltada historiografía inglesa los marinos británicos han ejercido su magisterio por los siete mares prácticamente desde la irrupción del pirata Drake hasta nuestros días. Por el contrario los españoles, tendemos a contar ciertos pasajes de nuestra historia con cierto derrotismo, como si el fracaso de la Armada Invencible hubiese iniciado una lenta y prolongada decadencia hasta el desastre de Trafalgar.

      Bien es cierto que durante el siglo XVIII la Armada británica surcaba los mares como poder hegemónico, dado el número de sus barcos e innovaciones técnicas. Pero esto no quiere decir que España le tendiera un puente de plata o que su camino estuviera sembrado de victorias. Más bien al contrario, España salió indemne de la Guerra de la Oreja de Jenkins con episodios tan gloriosos como el que protagonizó Blas de Lezo en Cartagena de Indias o como la resistencia del almirante Navarro junto al cabo Sicié. Unos años después de esas hazañas, en 1747, un navío español protagonizó una aventura heroica y solitaria que ya forma parte de las grandes gestas de nuestra Armada. Esta fue la gesta del Glorioso.

      El Glorioso era un navío de dos puentes y 70 cañones que mandaba don Pedro Mesía de la Cerda, un cordobés veterano de expediciones como la del cabo Passaro y Orán, que llevaba ya unos años de servicio en aguas americanas. En el verano de 1747, el Glorioso partió de la Habana transportando cuatro millones de pesos acuñados en monedas de plata en una travesía sin incidentes, al menos hasta que el capitán avistó la isla Flores, en las Azores. En aquellas aguas de dominio portugués, esperaba un convoy inglés protegido por tres buques de guerra. El Glorioso puso proa lejos de aquel convoy con la esperanza de llegar a la costa sin mayores conflictos, pero los buques ingleses ya habían divisado al español y dos de ellos, la fragata ‘Lark’ y el navío ‘Warwick’ salieron a perseguirlo.

      La fragata llegó primero a una distancia de tiro y aunque no pretendía vencer sola al barco español, sí aspiraba a entretenerlo hasta que llegara el ‘Warwick’, de 60 cañones, con la esperanza de decidir la contienda. Era noche, pero la luna estaba tan luminosa que parecía medio día y los artilleros españoles pudieran afinar el tiro. Tras un cruce de disparos la fragata quedó inservible y tuvo que retirarse del combate, hundiéndose poco después. El ‘Lark’, efectivamente, permitió que el ‘Warwick’ llegara a tiempo de entablar combate, aunque de ninguna manera esperaba pagar un precio tan elevado.

      Los dos navíos, británico y español, se encontraron por fin frente a frente bajo una pálida luz de luna que resplandecía en sus cañones. El silencio dio paso al estruendo y las baterías hicieron fuego sin descanso durante una hora y media. Al cabo de ese tiempo, la humareda se levanta y el Warwick muestra sus heridas. Ha perdido el palo mayor y su mastelero de trinquete y no tiene más remedio que dejar paso al ‘Glorioso’.



      Nuestro buque presentaba también algunos daños pero no tan graves que le impidiesen repararlos a bordo, ni tan preocupantes como para no tratar de alcanzar la costa, incluso con vientos poco propicios. El capitán, Pedro Mesía de la Cerda, quería poner cuanto antes a salvo la valiosa carga que llevaba. Pasaron varios días de tensa travesía y al capitán le inquietaba aquella calma y también la densa niebla que tenía por horizonte. Por fin, el 14 de agosto, el vigía avistó entre la niebla el cabo Finisterre, en las costas gallegas, pero no pudo el capitán sentir más que unos instantes de alivio porque enseguida divisó entre la bruma la silueta de un gran navío, flanqueado por otros dos más pequeños.

      Se trataba de un destacado de la escuadra del almirante Byng, que patrullaba las costas portuguesas, entre Oporto y Lisboa. El capitán De la Cerda no vio opción de eludir el combate y se aprestó a preparar sus cañones. El primero en atacar fue el navío, nada menos que el ‘HMS Oxford’, armado con 60 cañones, que cruzó hierro y pólvora con el ‘Glorioso’ durante más de tres horas. Le apoyaban la fragata ‘Shoreham’ y la corbeta ‘Falcon’, sometiendo entre los tres a un fuego continuo al buque español, que se defendía con bravura bajo el magistral mando de don Pedro Mesía. Al cabo de aquellas tres horas, la mayor potencia y habilidad de los españoles hizo retroceder al ‘Oxford’.

      La fragata y la corbeta tomaron entonces el relevo pero el capitán español, vencido el mayor escollo, decidió avanzar hacia la costa para no poner por más tiempo en riesgo su preciada carga. Los dos barcos aún en liza trataron de desviarlo pero el Glorioso aguantó las salvas enemigas sin apartar su proa del puerto de Corcubión, en donde atracó entre vítores el 16 de agosto con su botín sano y salvo. Por haber dejado escapar al enemigo pese a su superioridad manifiesta, los comandantes del ‘Oxford’, el ‘Falcon’ y el ‘Shoreham’ fueron sometidos a un Consejo de Guerra nada más desembarcar en Inglaterra, acusados de negligencia en el combate.



      El Glorioso tenía serios daños en la popa a cuenta de soportar los últimos disparos ya embocado hacia la bahía. La tripulación había sufrido cinco bajas y 44 heridos y el barco había perdido el trinquete y tenía daños de consideración en las vergas y mástiles, pero aquella heroica entrada a puerto con el consiguiente desembarco de la carga, hacía que la moral de los marineros estuviera por las nubes.

      Como apenas pudo arreglar muy por encima los daños de su barco, De la Cerda puso rumbo a Ferrol con idea de reparar en condiciones el navío en sus astilleros. Sin embargo, los vientos eran contrarios y tras varios días luchando contra el viento y el mar embravecidos, el capitán optó por dar la vuelta y dirigirse a Cádiz, aun sabiendo que las costas portuguesas estarían infestadas de escuadras británicas.

      La decisión del capitán De la Cerda puede parecer equivocada teniendo en cuenta la cercanía del puerto ferrolano, pero hay que recordar que en pleno siglo XVIII, los vientos y las tormentas diezmaban tanto o más las flotas que el ataque de una escuadra enemiga, a lo que había que sumar la inconveniencia de navegar contracorriente en un barco destartalado. El capitán tomó la precaución de navegar lo más alejado posible de la costa pero aun así, la travesía era tan peligrosa como cruzar un campo de minas. Con la escuadra del almirante Byng patrullando las costas portuguesas el peligro era inminente y además, la Royal Army tenía cuentas que ajustar con el ‘Glorioso’.



      Los españoles llevaban casi dos meses de travesía cuando al remontar el cabo San Vicente, ya en la última etapa de su viaje, apareció una escuadrilla de cuatro fragatas comandada por el corsario George Walker y conocida como la Royal Family. Sorprendido por aquella aparición el capitán don Pedro Mesía ordenó una maniobra de fuga y las cuatro fragatas, que además de su rapidez y maniobrabilidad sumaban 120 cañones y casi mil hombres, se lanzaron a su caza.

      El Glorioso mantuvo la ventaja durante un tiempo pero el viento era ligero y las fragatas más rápidas. Cuando el ‘King George’ ya casi alcanzaba al buque español, el viento desapareció por completo y le siguió una ‘calma chicha’ en la que los barcos se fueron acercando hasta quedar a un tiro de fusil el uno del otro. Ocurría que la bandera española no ondeaba por culpa de aquella calma y como además nuestra enseña era blanca y con un escudo en el medio, como la de los lusos, el inglés no supo si estaba ante un enemigo o un aliado. Hubo unos momentos de desconcierto, hasta que el ‘King George’ pidió al barco español que se identificase. Lo hizo primero en portugués, pero no obtuvo respuesta. Después lo comunicaron en inglés y fue entonces cuando el ‘Glorioso’ respondió con una andanada que destrozó el palo mayor de la fragata.

      Tres horas pasaron los españoles ametrallando a la pobre fragata hasta que llegó en su auxilio el ‘Prince Frederick’, sumándose al combate. El ‘Glorioso’ tuvo entonces que repartir andanadas, pero mantenía a las dos fragatas a raya hasta que avistaron la llegada del ‘Duke’ y el ‘Princess Amelie’, ¡la familia real al completo! Cuatro fragatas contra un solo navío era más de lo que el ‘Glorioso’ podía soportar, de modo que optó por una honrosa retirada, perseguido por la voluntariosa escuadrilla.

      La fragata ‘Prince Frederick’, más rápida que las otras, fue la primera en alcanzar a los españoles y entablar de nuevo el combate. La tripulación del Glorioso estaba extenuada pero se aplicó en la batalla y la inclinó enseguida a su favor, hasta que apareció por barlovento el navío británico ‘Darmouth’, que patrullaba por la zona y había escuchado el fragor del combate. Sumando sus 50 cañones al fuego de la fragata, las tornas cambiaron de pronto. El sufrido ‘Glorioso’ se enfrentaba de nuevo a dos barcos y cada vez estaba más dañado y su tripulación más cansada. Una capitulación en aquel momento no habría supuesto ninguna deshonra pero aquello era lo último en lo que pensaba el capitán De la Cerda, acostumbrado ya a las batallas desiguales.

      Ante dos rivales, la artillería concentró su fuego contra el más letal, el navío, y tras una carga continuada de las baterías, uno de los disparos acertó en la santabárbara del ‘Darmouth’, con tal suerte que el fuego prendió enseguida y el barco voló por los aires dejando un denso rastro de pólvora en el aire.

      El ‘Glorioso’ volvía a quedar a la par con el enemigo. Por delante, tan sólo aparecía la fragata ‘Prince Frederick’, un enemigo menor para su enorme destreza. Sin embargo apenas un rato después se asomó por el lugar un nuevo y formidable buque, el ‘Russell’, que aparecía a escasa distancia junto a las fragatas rezagadas. Dotado de tres puentes y 80 cañones, el Russell era entonces lo más granado de la flota británica, frente a un navío español que, con dos puentes y 70 cañones, estaba lejos de aquellas innovaciones.

      El Russell, junto a las fragatas del comodoro Walker, sometieron a doce horas de fuego cruzado al bravo capitán De la Cerda, que vio anochecer y de nuevo hacerse el día sin dejar de presentar batalla. Sin municiones, con el casco literalmente destrozado y los aparejos inservibles, el Glorioso entregó las armas el 19 de octubre de aquel año de 1747, después de haber causado sensibles destrozos en todos sus oponentes.

      El ‘Glorioso’ no era más que un amasijo de tablas que se mantenía a flote con la épica de un boxeador noqueado que se niega a caer a la lona. En cubierta, una pequeña parte de la tripulación se mantenía erguida y orgullosa, entre los cadáveres hacinados de 33 marineros y otros 130 heridos. Agotados y vencidos pero aún orgullosos, como aquel barco indestructible que seguía flotando para ofensa a sus rivales.

      Los británicos, con ese sentido del honor tan arraigado, trataron a la tripulación española con todos los honores, reconociendo el valor de todos ellos y la hazaña de su barco. No en vano, el ‘Glorioso’ se había enfrentado a cuatro navíos y siete fragatas, dañando seriamente a todas y cada una de ellas. El buque español fue trasladado al estuario del Tajo, en Lisboa, pero no encontraron en sus bodegas ningún botín que celebrar.

      Don Pedro Mesía de la Cerda fue ascendido a jefe de escuadra, llegando a ser general de la Armada y virrey de Granada, además de marqués de Armijo tras la muerte de su padre. El Glorioso fue desguazado en Lisboa, pero un nuevo Glorioso saldría de los astilleros ferrolanos para surcar de nuevo los mares en 1755. Desde entonces y aún en nuestros días, la marina española mantiene siempre en activo un barco con el nombre del ‘Glorioso’, aquel navío solitario y orgulloso que discutió, con poderosas razones, el autoproclamado dominio británico sobre los mares.

      Comentario


      • #18
        Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

        Originalmente publicado por coronadobx Ver Mensaje
        El Glorioso y el Capitan Pedro Mesia de La Cerda, pesadilla de los barcos Britanicos. Fuente Canaldelmisterio

        ... Desde entonces y aún en nuestros días, la marina española mantiene siempre en activo un barco con el nombre del ‘Glorioso’...
        ¿Sabéis si se han cumplido tan buenos propósitos?

        He buscado por la red y no he sabido encontrarlos...



        (Edito) He buscado en la LOBA y tampoco lo encuentro.
        Editado por última vez por iperkeno; 04/01/2015, 13:42:29.
        -----------------------------------------------
        ...¿y por qué no?...
        -----------------------------------------------

        Comentario


        • #19
          Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

          Hiy pongo esta entrada sobre este brillante General Catalan, Luis de Requesens, que os guste



          Saludos. coronadobx
          Editado por última vez por coronadobx; 04/01/2015, 16:57:15.

          Comentario


          • #20
            Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

            Originalmente publicado por iperkeno Ver Mensaje
            ¿Sabéis si se han cumplido tan buenos propósitos?

            He buscado por la red y no he sabido encontrarlos...



            (Edito) He buscado en la LOBA y tampoco lo encuentro.

            Si has consultado a la LOBA y no lo sabe, es que no existe.

            La LOBA
            "Busquemos lo que es mejor, no lo que es más común, o frecuente, y lo que nos lleve a la posesión de la felicidad"
            Del filósofo Séneca (Córdoba, Hispania 4 a.C. - Roma 65 d.C.)

            Comentario


            • #21
              Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

              Originalmente publicado por LOBA Ver Mensaje

              Si has consultado a la LOBA y no lo sabe, es que no existe.

              La LOBA


              Bueno, como en el caso de los "Martín Álvarez" en algunas épocas históricas puede que en la armada cumplan con unidades menores, auxiliares o del tren naval que no constan en... la LOBA.

              -----------------------------------------------
              ...¿y por qué no?...
              -----------------------------------------------

              Comentario


              • #22
                Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                Originalmente publicado por iperkeno Ver Mensaje
                ¿Sabéis si se han cumplido tan buenos propósitos?

                He buscado por la red y no he sabido encontrarlos...



                (Edito) He buscado en la LOBA y tampoco lo encuentro.
                Yo creo que no se ha cumplido.....Coronadobx

                Comentario


                • #23
                  Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                  Originalmente publicado por coronadobx Ver Mensaje
                  El Glorioso y el Capitan Pedro Mesia de La Cerda, pesadilla de los barcos Britanicos. Fuente Canaldelmisterio

                  En la patriótica y exaltada historiografía inglesa los marinos británicos han ejercido su magisterio por los siete mares prácticamente desde la irrupción del pirata Drake hasta nuestros días. Por el contrario los españoles, tendemos a contar ciertos pasajes de nuestra historia con cierto derrotismo, como si el fracaso de la Armada Invencible hubiese iniciado una lenta y prolongada decadencia hasta el desastre de Trafalgar.

                  Bien es cierto que durante el siglo XVIII la Armada británica surcaba los mares como poder hegemónico, dado el número de sus barcos e innovaciones técnicas. Pero esto no quiere decir que España le tendiera un puente de plata o que su camino estuviera sembrado de victorias. Más bien al contrario, España salió indemne de la Guerra de la Oreja de Jenkins con episodios tan gloriosos como el que protagonizó Blas de Lezo en Cartagena de Indias o como la resistencia del almirante Navarro junto al cabo Sicié. Unos años después de esas hazañas, en 1747, un navío español protagonizó una aventura heroica y solitaria que ya forma parte de las grandes gestas de nuestra Armada. Esta fue la gesta del Glorioso.

                  El Glorioso era un navío de dos puentes y 70 cañones que mandaba don Pedro Mesía de la Cerda, un cordobés veterano de expediciones como la del cabo Passaro y Orán, que llevaba ya unos años de servicio en aguas americanas. En el verano de 1747, el Glorioso partió de la Habana transportando cuatro millones de pesos acuñados en monedas de plata en una travesía sin incidentes, al menos hasta que el capitán avistó la isla Flores, en las Azores. En aquellas aguas de dominio portugués, esperaba un convoy inglés protegido por tres buques de guerra. El Glorioso puso proa lejos de aquel convoy con la esperanza de llegar a la costa sin mayores conflictos, pero los buques ingleses ya habían divisado al español y dos de ellos, la fragata ‘Lark’ y el navío ‘Warwick’ salieron a perseguirlo.

                  La fragata llegó primero a una distancia de tiro y aunque no pretendía vencer sola al barco español, sí aspiraba a entretenerlo hasta que llegara el ‘Warwick’, de 60 cañones, con la esperanza de decidir la contienda. Era noche, pero la luna estaba tan luminosa que parecía medio día y los artilleros españoles pudieran afinar el tiro. Tras un cruce de disparos la fragata quedó inservible y tuvo que retirarse del combate, hundiéndose poco después. El ‘Lark’, efectivamente, permitió que el ‘Warwick’ llegara a tiempo de entablar combate, aunque de ninguna manera esperaba pagar un precio tan elevado.

                  Los dos navíos, británico y español, se encontraron por fin frente a frente bajo una pálida luz de luna que resplandecía en sus cañones. El silencio dio paso al estruendo y las baterías hicieron fuego sin descanso durante una hora y media. Al cabo de ese tiempo, la humareda se levanta y el Warwick muestra sus heridas. Ha perdido el palo mayor y su mastelero de trinquete y no tiene más remedio que dejar paso al ‘Glorioso’.



                  Nuestro buque presentaba también algunos daños pero no tan graves que le impidiesen repararlos a bordo, ni tan preocupantes como para no tratar de alcanzar la costa, incluso con vientos poco propicios. El capitán, Pedro Mesía de la Cerda, quería poner cuanto antes a salvo la valiosa carga que llevaba. Pasaron varios días de tensa travesía y al capitán le inquietaba aquella calma y también la densa niebla que tenía por horizonte. Por fin, el 14 de agosto, el vigía avistó entre la niebla el cabo Finisterre, en las costas gallegas, pero no pudo el capitán sentir más que unos instantes de alivio porque enseguida divisó entre la bruma la silueta de un gran navío, flanqueado por otros dos más pequeños.

                  Se trataba de un destacado de la escuadra del almirante Byng, que patrullaba las costas portuguesas, entre Oporto y Lisboa. El capitán De la Cerda no vio opción de eludir el combate y se aprestó a preparar sus cañones. El primero en atacar fue el navío, nada menos que el ‘HMS Oxford’, armado con 60 cañones, que cruzó hierro y pólvora con el ‘Glorioso’ durante más de tres horas. Le apoyaban la fragata ‘Shoreham’ y la corbeta ‘Falcon’, sometiendo entre los tres a un fuego continuo al buque español, que se defendía con bravura bajo el magistral mando de don Pedro Mesía. Al cabo de aquellas tres horas, la mayor potencia y habilidad de los españoles hizo retroceder al ‘Oxford’.

                  La fragata y la corbeta tomaron entonces el relevo pero el capitán español, vencido el mayor escollo, decidió avanzar hacia la costa para no poner por más tiempo en riesgo su preciada carga. Los dos barcos aún en liza trataron de desviarlo pero el Glorioso aguantó las salvas enemigas sin apartar su proa del puerto de Corcubión, en donde atracó entre vítores el 16 de agosto con su botín sano y salvo. Por haber dejado escapar al enemigo pese a su superioridad manifiesta, los comandantes del ‘Oxford’, el ‘Falcon’ y el ‘Shoreham’ fueron sometidos a un Consejo de Guerra nada más desembarcar en Inglaterra, acusados de negligencia en el combate.



                  El Glorioso tenía serios daños en la popa a cuenta de soportar los últimos disparos ya embocado hacia la bahía. La tripulación había sufrido cinco bajas y 44 heridos y el barco había perdido el trinquete y tenía daños de consideración en las vergas y mástiles, pero aquella heroica entrada a puerto con el consiguiente desembarco de la carga, hacía que la moral de los marineros estuviera por las nubes.

                  Como apenas pudo arreglar muy por encima los daños de su barco, De la Cerda puso rumbo a Ferrol con idea de reparar en condiciones el navío en sus astilleros. Sin embargo, los vientos eran contrarios y tras varios días luchando contra el viento y el mar embravecidos, el capitán optó por dar la vuelta y dirigirse a Cádiz, aun sabiendo que las costas portuguesas estarían infestadas de escuadras británicas.

                  La decisión del capitán De la Cerda puede parecer equivocada teniendo en cuenta la cercanía del puerto ferrolano, pero hay que recordar que en pleno siglo XVIII, los vientos y las tormentas diezmaban tanto o más las flotas que el ataque de una escuadra enemiga, a lo que había que sumar la inconveniencia de navegar contracorriente en un barco destartalado. El capitán tomó la precaución de navegar lo más alejado posible de la costa pero aun así, la travesía era tan peligrosa como cruzar un campo de minas. Con la escuadra del almirante Byng patrullando las costas portuguesas el peligro era inminente y además, la Royal Army tenía cuentas que ajustar con el ‘Glorioso’.



                  Los españoles llevaban casi dos meses de travesía cuando al remontar el cabo San Vicente, ya en la última etapa de su viaje, apareció una escuadrilla de cuatro fragatas comandada por el corsario George Walker y conocida como la Royal Family. Sorprendido por aquella aparición el capitán don Pedro Mesía ordenó una maniobra de fuga y las cuatro fragatas, que además de su rapidez y maniobrabilidad sumaban 120 cañones y casi mil hombres, se lanzaron a su caza.

                  El Glorioso mantuvo la ventaja durante un tiempo pero el viento era ligero y las fragatas más rápidas. Cuando el ‘King George’ ya casi alcanzaba al buque español, el viento desapareció por completo y le siguió una ‘calma chicha’ en la que los barcos se fueron acercando hasta quedar a un tiro de fusil el uno del otro. Ocurría que la bandera española no ondeaba por culpa de aquella calma y como además nuestra enseña era blanca y con un escudo en el medio, como la de los lusos, el inglés no supo si estaba ante un enemigo o un aliado. Hubo unos momentos de desconcierto, hasta que el ‘King George’ pidió al barco español que se identificase. Lo hizo primero en portugués, pero no obtuvo respuesta. Después lo comunicaron en inglés y fue entonces cuando el ‘Glorioso’ respondió con una andanada que destrozó el palo mayor de la fragata.

                  Tres horas pasaron los españoles ametrallando a la pobre fragata hasta que llegó en su auxilio el ‘Prince Frederick’, sumándose al combate. El ‘Glorioso’ tuvo entonces que repartir andanadas, pero mantenía a las dos fragatas a raya hasta que avistaron la llegada del ‘Duke’ y el ‘Princess Amelie’, ¡la familia real al completo! Cuatro fragatas contra un solo navío era más de lo que el ‘Glorioso’ podía soportar, de modo que optó por una honrosa retirada, perseguido por la voluntariosa escuadrilla.

                  La fragata ‘Prince Frederick’, más rápida que las otras, fue la primera en alcanzar a los españoles y entablar de nuevo el combate. La tripulación del Glorioso estaba extenuada pero se aplicó en la batalla y la inclinó enseguida a su favor, hasta que apareció por barlovento el navío británico ‘Darmouth’, que patrullaba por la zona y había escuchado el fragor del combate. Sumando sus 50 cañones al fuego de la fragata, las tornas cambiaron de pronto. El sufrido ‘Glorioso’ se enfrentaba de nuevo a dos barcos y cada vez estaba más dañado y su tripulación más cansada. Una capitulación en aquel momento no habría supuesto ninguna deshonra pero aquello era lo último en lo que pensaba el capitán De la Cerda, acostumbrado ya a las batallas desiguales.

                  Ante dos rivales, la artillería concentró su fuego contra el más letal, el navío, y tras una carga continuada de las baterías, uno de los disparos acertó en la santabárbara del ‘Darmouth’, con tal suerte que el fuego prendió enseguida y el barco voló por los aires dejando un denso rastro de pólvora en el aire.

                  El ‘Glorioso’ volvía a quedar a la par con el enemigo. Por delante, tan sólo aparecía la fragata ‘Prince Frederick’, un enemigo menor para su enorme destreza. Sin embargo apenas un rato después se asomó por el lugar un nuevo y formidable buque, el ‘Russell’, que aparecía a escasa distancia junto a las fragatas rezagadas. Dotado de tres puentes y 80 cañones, el Russell era entonces lo más granado de la flota británica, frente a un navío español que, con dos puentes y 70 cañones, estaba lejos de aquellas innovaciones.

                  El Russell, junto a las fragatas del comodoro Walker, sometieron a doce horas de fuego cruzado al bravo capitán De la Cerda, que vio anochecer y de nuevo hacerse el día sin dejar de presentar batalla. Sin municiones, con el casco literalmente destrozado y los aparejos inservibles, el Glorioso entregó las armas el 19 de octubre de aquel año de 1747, después de haber causado sensibles destrozos en todos sus oponentes.

                  El ‘Glorioso’ no era más que un amasijo de tablas que se mantenía a flote con la épica de un boxeador noqueado que se niega a caer a la lona. En cubierta, una pequeña parte de la tripulación se mantenía erguida y orgullosa, entre los cadáveres hacinados de 33 marineros y otros 130 heridos. Agotados y vencidos pero aún orgullosos, como aquel barco indestructible que seguía flotando para ofensa a sus rivales.

                  Los británicos, con ese sentido del honor tan arraigado, trataron a la tripulación española con todos los honores, reconociendo el valor de todos ellos y la hazaña de su barco. No en vano, el ‘Glorioso’ se había enfrentado a cuatro navíos y siete fragatas, dañando seriamente a todas y cada una de ellas. El buque español fue trasladado al estuario del Tajo, en Lisboa, pero no encontraron en sus bodegas ningún botín que celebrar.

                  Don Pedro Mesía de la Cerda fue ascendido a jefe de escuadra, llegando a ser general de la Armada y virrey de Granada, además de marqués de Armijo tras la muerte de su padre. El Glorioso fue desguazado en Lisboa, pero un nuevo Glorioso saldría de los astilleros ferrolanos para surcar de nuevo los mares en 1755. Desde entonces y aún en nuestros días, la marina española mantiene siempre en activo un barco con el nombre del ‘Glorioso’, aquel navío solitario y orgulloso que discutió, con poderosas razones, el autoproclamado dominio británico sobre los mares.

                  Vaya, coronadobx, justo el dia que fuimos al Museo Naval, estaba expuesto el nuevo lienzo que Ferrer Dalmau ha hecho del Glorioso. Habra que dejarlo para la proxima...
                  Por cierto, el cuadro tan chulo que cuelgas en el mensaje, representa al Glorioso mandando al garete al Dartmouth...y que tambien esta en nuestro querido Museo Naval.
                  Esta te la invito, aunque sea virtual

                  Comentario


                  • #24
                    Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                    Originalmente publicado por Tonina Ver Mensaje
                    Vaya, coronadobx, justo el dia que fuimos al Museo Naval, estaba expuesto el nuevo lienzo que Ferrer Dalmau ha hecho del Glorioso. Habra que dejarlo para la proxima...
                    Por cierto, el cuadro tan chulo que cuelgas en el mensaje, representa al Glorioso mandando al garete al Dartmouth...y que tambien esta en nuestro querido Museo Naval.
                    Esta te la invito, aunque sea virtual
                    Tonina, mi admiracion, gratitud y cariño para los que cuidais esa maravilla que tenemos que es el Museo Naval de Madrid!

                    Mis hilos solo pretenden dar a conocer algo mas nuestra historia naval que a los que vivimos fuera desde luego nos llena de orgullo!

                    Gracias y espero que nos veamos de nuevo pronto! Coronadobx

                    Comentario


                    • #25
                      Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                      Conviene recordar que tenemos más museos navales:

                      Cartagena
                      Ferrol
                      Canarias
                      San Fernando
                      Viso del Marqués
                      Sevilla

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                      • #26
                        Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                        Efectivamente, y el de Sevilla, además, está en la Torre del Oro!

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                        • #27
                          Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                          jajajajaja pues me tengo que empezar a preocupar por que mi lado friqui me esta empezando a "poder"!

                          he visitado el de madrid varias veces, el de cartagena, el del ferrol y la torre del oro que es de tematica naval...

                          me falta el que me pilla mas cerca y el que es sin duda el MAS RARO, un museo naval a los pies de sierra morena, el del viso del marques!!

                          que tiene guasa la cosa...

                          podrias aqui en tu hilo hablar del fundador del museo del viso , no??

                          saludos.
                          SAIDA...

                          MMSI: 235106852

                          CALL SIGN: 2HUX8

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                          • #28
                            Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                            Hoy toca una preciosa historia mas propia de Hollywood. Los 15 de Winchester, o como 15 prisioneros urdieron un plan para escapar de las "garras" Inglesas

                            Resumen de la pagina de historia militar "Bellumartis"

                            El 26 de Agosto de 1780 se escaparon de la cárcel de Winchester, ciudad al sur de Inglaterra, 15 prisioneros de guerra españoles, uno detrás del otro. Llegaron sin ser descubiertos hasta las orillas del rio Southampton donde robaron una lancha y se dirigieron ni cortos ni perezosos a la ciudad de Porsmouth, la ciudad con mayor número de naves de la Royal Navy. Ya hubiera sido toda una hazaña si les hubieran pillado allí pero no fue así.

                            Aquellos 15 españoles robaron un buque ingles que estaba controlado por un solo hombre, por lo que se apoderaron de el rápidamente y sin problemas, ademas encerraron en el al Capitán, dos hombres y a un chico.

                            El buque era un bergantín de 80 toneladas llamado John Thomas. Se echaron a la mar pasando entre alrededor de 17 navíos de linea sin problemas y adentrándose en el vigilado Canal de la Mancha. El 3 de Septiembre de ese mismo año llegaron sin problemas al puerto francés aliado de Brest. Al llegar allí les recibieron como lo que eran, auténticos heroes.



                            Relato extraido de la pagina "nosesimeexplico"

                            El 26 de agosto de 1780 dos presos se pelearon en el patio de la cárcel de la ciudad de Winchester. El intercambio de golpes degeneró en una batalla campal entre prisioneros partidarios de uno y otro. El portón del recinto estaba abierto para permitir la descarga semanal de víveres llegados en carros tirados por bueyes, tarea que estaba encomendada a un grupo de quince marineros españoles capturados en un navío de guerra cuyo nombre no ha sido precisado. Mientras, los boyeros se iban a tomar un trago a una taberna de las inmediaciones. Durante unos segundos los españoles observaron, sorprendidos y divertidos la escena: una turba de ingleses sacudiéndose y rodando por el suelo entre insultos, ayes y amenazas constituye, qué duda cabe, un espectáculo particularmente grato al ojo ibérico. Hallábanse disfrutando del momento cuando fueron poco menos que arrollados por los soldados del cuerpo de guardia, que salieron en tromba, caladas las bayonetas y listas las mechas, tras su sargento que les ordenaba formar en línea. Y allí quedaron los descargadores españoles, quietos como estatuas capaces de intercambiar miradas; a un lado, la calle de una ciudad extranjera y desconocida, al otro una docena de soldados apuntando a los contendientes y abriendo fuego sin miramientos al recibir la orden de su suboficial.

                            Como un trueno retumbó la descarga en las arcadas del portalón. Alaridos de dolor, rabia y espanto provenientes del patio acompañaron al olor de la pólvora recién quemada. El sargento ordenó avanzar cinco pasos y dio orden de recargar las armas..., una imprudencia, pues más sensato hubiera sido recargar antes y avanzar después, por si alguien tenía hígados de plantar cara..., que no salió ningún voluntario, todo sea dicho. Listas las armas, ordenó apuntar nuevamente..., lo cual aterró aún más a los prisioneros..., ingleses..., porque los quince españoles ya no estaban allí para apreciar las maniobras de los soldados de la guardia..., antes al contrario, corrían como gamos, en manada, por las calles desiertas, dado que buena parte de la población se hallaba en el mercado, al ser sábado, y afortunadamente para ellos, quedaba un tanto apartado del presidio. Tampoco fueron vistos desde las atalayas de la cárcel, ya que los centinelas en ese momento sólo tenían ojos para el tiroteo del interior.

                            Una calle..., un callejón..., una plazoleta..., a la derecha..., no, aquí no hay salida..., mejor por allí..., yo esto lo vi cuando nos trajeron..., o tal vez no..., pues de frente, por la calle de en medio..., y por esa calle de en medio llegaron al lado del río. Un río que, ellos no lo sabían, es el Itchen. Lo que sí sabían es que no se veía a nadie por ningún lado y que una solitaria lancha con vela y remos les estaba aguardando. Tuvieron el buen criterio de navegar aguas abajo, tal vez llegaran a otro río, tal vez incluso al mar. Como dice el refrán, una vez en el burro limpio palo, así que largaron la vela y se pusieron a remar con tanta dedicación como se habían sacudido los presos y con tan ciega determinación como había reaccionado el sargento de guardia. Y por aquello de que la diosa Fortuna ayuda a los audaces, abandonaron Winchester sin que nadie se diera cuenta de ello. Bueno, se dieron cuenta en la cárcel al cabo de un rato, cuando la cosa se normalizó un poco y a alguien le dio por preguntarse dónde estaban los tíos que tenían que acarrear los víveres, pero como nadie supo hacia dónde habían ido y tampoco hubo quien los viera por las calles, las patrullas que salieron en su búsqueda no supieron muy bien por dónde buscar. Y pasaron varias horas antes de que se conociera la denuncia por la desaparición de una lancha en el río.

                            Para cuando se pudo salir en su búsqueda, los prófugos ya habían alcanzado la localidad de Eastleigh, donde nadie reparó en ellos, y continuaron adelante, bogando en silencio con la coordinación que les daba su experiencia naval. Ignoraban que tres lanchas se habían lanzado a su persecución, pero no les costaba mucho imaginárselo. Tampoco sabían que un destacamento de jinetes galopaba tratando de darles alcance por tierra, pero los quince daban por sentado que así sería. De hecho, les causaba cierta extrañeza no ver aparecer a sus perseguidores a cada palada de los remos, pero las horas de ventaja y la confusión inicial jugaban a su favor. Además, los ingleses tampoco se estaban matando por alcanzarlos. Al fin y al cabo, ¿cómo iba a pasar desapercibido un pelotón de papistas de tez morena hablando en la jerga de esos jodidos españoles?

                            En la granja de Townhill, que hoy es un barrio residencial de Southamton, nadie interrumpió sus bucólicas labores agrarias ni pastoriles para fijarse en la veloz lancha. Sí se fijaron en las tres que, llenas de soldados, pasaron después de que un escuadrón de dragones les preguntara si habían visto algo extraño en el río o por los alrededores.

                            Al pasar por Swaythling, los españoles escucharon las campanas de la iglesia normanda de Santa María, pero acordaron unánimemente no rezar nada, no fuese Dios a confundirlos con herejes y se les frustrara la huida. Fue entonces cuando uno de ellos planteó en voz alta la cuestión que a todos les tenía en vilo desde que habían franqueado las puertas del penal: “Bueno..., pero..., ¿a dónde se supone que vamos?”, y la respuesta fue el chapaleo de los remos en el agua, que no dejaba de ser significativa. El río cambió de repente, ganando amplitud a ojos vista sin que hubiese razón para ello puesto que no habían recibido ningún afluente, y el mismo que había planteado la duda, proporcionó una certeza: “esto ya no es un río, es una ría y el mar no puede estar muy lejos”. Al cabo de unos segundos, otro dijo: “pues entonces ya sabes a dónde vamos, al mar. Al sur está España y al sur tenemos que ir”. El comentario, siendo acertado, no analizaba la cuestión de fondo, que era cómo cruzar el Cantábrico en barquichuelo sin irse, nunca mejor dicho, al fondo de la cuestión.

                            Sea como fuere, remar era el único medio para conservar la libertad y, de paso, el pellejo en razonable buen uso. Así que remaron. Combatieron la sed con el agua del Itchen, de la que hicieron provisión, con gran acierto puesto que en la ría se tornó salobre. El hambre ya fue otro cantar. Estaba descartado desembarcar para robar, y más aún tratar de comerciar con otras embarcaciones, así que se repartieron un pan que había en la lancha y con eso, que era casi nada, hubieron de conformarse. Y Ría adelante, pasando por mitad del puerto de Southampton. Y nuevamente, nadie les dedicó siquiera una distraída mirada. Minutos más tarde alcanzaron la confluencia de la ría del Itchen con la del Test. Bien pudieran haberse metido en la segunda ría, que es muy amplia, creyendo que era el rumbo adecuado, pero uno de ellos había estado una vez allí, durante uno de los escasos períodos de paz anglo-española, y recomendó poner rumbo a babor, cosa que hicieron sin dudar porque, en su situación, cualquier mediana certeza se tornaba dogma de fe.

                            El marinero español sabía cómo se salía de Southampton..., avante a babor, pero se guardó muy mucho de sugerir poner rumbo Sur a España, que eso, estando muy claro, no estaba, en realidad, ni medio claro. Así que costearon, a sabiendas de que por ahí no se iba a casa, pero es que, a ver quién era el guapo que ponía rumbo a casa..., y así continuaron, costeando el país de sus captores a ver si salía el sol por Antequera. Estaban bastante fatigados (de Winchester hasta el mar hay casi treinta kilómetros), cuando les sonrió la suerte y abordaron una barca de pesca. Se quedaron el pescado y dejaron a los dos pescadores herejes atados de pies y manos, un tanto apaleados, pero con vida, que al no ser soldados no era plan de matarlos innecesariamente y que fuesen al infierno, que tampoco estaban las cosas como para mostrarse crueles. Repuestas las fuerzas a base de peces crudos, y sin saber que tal vez habían inventado el sushi, llegaron a la bocana de una preciosa rada, la de Portsmouth. Y se liaron la manta a la cabeza. Allá que se fueron sin dudarlo, de perdidos al río, así que se metieron en la mayor base de la Royal Navy de todo el sur de Inglaterra. Con dos cojones y, en el fondo, nada que perder.

                            Observaron maravillados los navíos de Su Graciosa Majestad, que no era cosa que pudiera verse de cerca, salvo en caso de abordaje, situación en la que no se presta especial atención a los aspectos estéticos. Atracaron al final de uno de los muelles, junto a un bergantín mercante. Bajaron a tierra, subieron a bordo del barco, cuyo nombre era John Thomas, dejaron fuera de combate al único marinero que hallaron en cubierta, bajaron a la bodega y se pusieron hasta las cejas de comida. Como estaban de muy buen humor, se sintieron hospitalarios, de manera que cuando regresó el capitán, insistieron que se quedara con ellos, bueno, ellos en la cubierta y él en la sentina acompañado del marinero capturado. Al cabo de un rato subieron a bordo otro marinero y un grumete, quedando ambos igualmente como huéspedes.

                            Estaba por caer la tarde cuando enarbolaron la bandera inglesa, largaron amarras, desplegaron las velas y se hicieron a la mar. Quince españoles en una base naval inglesa, pasando como quien no quiere la cosa junto a diecisiete navíos de línea de la Royal Navy y alejándose con las últimas luces del atardecer. Era el momento de extender las cartas náuticas..., y ver si alguno de ellos entendía algo...

                            El día 3 de septiembre de 1780, el bergantín de ochenta toneladas Juan Tomás, de su Majestad Católica, tripulado por quince marineros españoles y portando cuatro prisioneros ingleses, atracó en el puerto francés de Brest, donde fue recibido en triunfo por los navíos del Rey Cristianísimo y con gran entusiasmo de la población.

                            Su hazaña fue publicada por la Gazeta de Madrid, el 6 de octubre.

                            Y como corresponde a las más acrisoladas tradiciones españolas, los nombres de esos quince héroes cayeron para siempre en el olvido.


                            En este video disfrutareis de tal epica aventura. Espero que os guste



                            Saludos. Coronadobx
                            Editado por última vez por coronadobx; 09/01/2015, 17:58:31.

                            Comentario


                            • #29
                              Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                              Muy interesante y relatado además de forma muy amena, me he quedado con ganas de más!

                              Glory to Ukraine

                              Comentario


                              • #30
                                Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

                                Originalmente publicado por Tiberio Ver Mensaje
                                jajajajaja pues me tengo que empezar a preocupar por que mi lado friqui me esta empezando a "poder"!

                                he visitado el de madrid varias veces, el de cartagena, el del ferrol y la torre del oro que es de tematica naval...

                                me falta el que me pilla mas cerca y el que es sin duda el MAS RARO, un museo naval a los pies de sierra morena, el del viso del marques!!

                                que tiene guasa la cosa...

                                podrias aqui en tu hilo hablar del fundador del museo del viso , no??

                                saludos.
                                No creas que tu visita es tan rara. Yo también estuve.
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                                "Busquemos lo que es mejor, no lo que es más común, o frecuente, y lo que nos lleve a la posesión de la felicidad"
                                Del filósofo Séneca (Córdoba, Hispania 4 a.C. - Roma 65 d.C.)

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