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"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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Historias saladas

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  • Historias saladas

    Traigo aquí unas pinceladas de lo que fueron mis únicas singladuras a bordo de la mercante. Si os gustan habrá más.

    Salía yo de cumplir el servicio militar obligatorio en no muy buenas condiciones mentales, dieciocho meses en un cuartel de instrucción de marinería con el boom boom boom del tambor día tras día, hora tras hora y, con un capitán de infantería de marina que el mismo día que llegué allí destinado, procedente del Cuartel de Instrucción de Ferrol, me sacó de la litera a la noche y me mandó llamar a su despacho, donde me informó que debido a mis antecedentes (yo ya había pasado por la cárcel poco antes) me iba a vigilar con lupa y a estar permanentemente encima de mí, como efectivamente así fue. El vasco, único vasco, con la orden expresa de no tocar un arma fuera del machete de guardia dentro del cuartel cuando me tocaba imaginaria en el sollado, portero de noche de un centenar y medio de marineritos.

    Pero esta es otra historia, retomando el rumbo entonces nos situamos en Amsterdam a donde me mandó la compañía en la que me enrolé como limpiador de máquinas, último escalafón en aquél petrolero de cien mil toneladas dividido en principio entre "puente" y "negros", definiciones del argot mercante que expresa la nítida distinción entre oficiales y marineros. Bramanes e intocables.

    La noche en Amsterdam fue muy divertida, estábamos en los inicios de los ochenta, y acabé haciendo un colega que me enseñó la noche de allí y los tugurios mas de moda, incluyendo un local gay lleno de tipos musculosos y mucho cuero negro, que tenía un pito enorme de neón en el techo destellando indicando el interior del local, donde en una inmensa sala a oscuras vete tu a saber lo que ocurría, con el estruendo de la música a tope. Así que me tomé mi birra cerca de la puerta de salida, por si las moscas.

    Dormí en casa del colega y las cuatro arriba, a coger un bus allí al lado que me llevó limpiamente cuarenta kilómetros urbanizados mas allá, hasta un muelle de carga perdido, donde estaba atracado un cajón inmenso entre negro y color óxido de cien mil toneladas. Entrar allí dentro fue casi tan desilusionante como cuando arribé a la universidad, aparte de dimensiones mastodónticas aquello era un muermo.



    La naviera, la Krup, la de los cañones de la II guerra mundial, tenía el barco con bandera liberiana, para evitar impuestos, ya sabes, y el capitán y el jefe de máquinas eran alemanes, el resto de la tripulación españoles, vascos y gallegos todos. Anteriormente habían desfilado durante tres años un número indeterminado de chinos como tripulación, con el viejo y el chief de máquina alemanes claro, que debían salir muy baratos pero habían dejado aquel trasto hecho unos zorros, con la mitad de las cosas estropeadas , dos dedos de óxido en cubierta y mierda a go go, (con razón enviaron tres limpiadores de máquinas cuando sólo suele haber uno). Muchos cartelitos escritos en chino por todas partes, eso si.

    Así que la esforzada y mejor pagada tripulación española debíamos en un año (dos relevos) devolver al barco su navegabilidad y usabilidad, no se en que orden. Y a fe que lo hacíamos. Recuerdo que allí en Amsterdam pillé un buen surtido de mis vicios preferidos, y gracias a una piedra de cachemir con la que me liaba mis petas pude aguantar una semana metido todo el día en los colectores de salida de cada cilindro, desmontados, para meterme dentro de aquél cilidroide de hierro con una pistola de agujas de aire (especie de taladro con un montón de agujas gordas de hierro que martillean alternadamente la superficie a las que las apliques) a quitar el dedo de carbonilla petrificada que los tapizaban. Estuve escupiendo hollín un mes. Por supuesto no te daban ni una mascarilla, las gafas justo justo, te forrabas de telas y pañuelos y pa dentro.
    El trabajo mas usual era limpiar mamparos, paredes de hierro, con cepillos con largos mangos y baldes de un detergente que si bien arrancaba de forma misteriosamente fácil la grasaza que impregnaba todo asimismo convirtió mis manos en unas zarpas agrietadas que no podía ni reconocer. Aquél disolvente nos chorreaba por los guantes y al bajar las manos se metía dentro de ellos, con lo que era casi mejor no usarlos, (eran p. guantes de cocina).

    El caso es que una noche a las cuatro de la madrugada la máquina cesó de latir y un desacostumbrado silencio, o mas bien la ausencia de la vibración que trasmitía a todo el barco, nos despertó a todos por arte de magia. Todavía estaba pensando en que significaría aquello cuando ya se oían gritos desacostumbrados por los pasillos reclamando que los de máquinas bajásemos al tajo.

    Otras veces habíamos tenido que bajar a la noche, para recoger fuel apestoso y arreglar alguna tubería reventada que tenían la mala costumbre de romperse a esas horas, pero aquello era diferente, con el silencio de la máquina dormida. ....

    Continuará...
    Editado por última vez por Alf_on; 03/12/2016, 12:33:25.

    Allá donde habita la libertad, está mi patria

  • #2
    Re: Historias saladas

    sí gustan sí, que no pare
    Courage mieux que l'argent
    IG @asailorsoul

    Comentario


    • #3
      Re: Historias saladas

      Empieza bien, continúa con las entrañas del barco, a ver por dónde nos llevas.

      Enviado desde mi SM-T533 mediante Tapatalk

      Comentario


      • #4
        Re: Historias saladas

        Originalmente publicado por humpback Ver Mensaje
        sí gustan sí, que no pare
        Originalmente publicado por TGB Ver Mensaje
        Empieza bien, continúa con las entrañas del barco, a ver por dónde nos llevas.

        Enviado desde mi SM-T533 mediante Tapatalk
        Bien, a vuestra cuenta pues remojarme el gaznate para que pueda seguir contando batallitas de juventud



        Bajé ligero hasta las entrañas del monstruo mientras advertía el miedo que se mascaba en los caretos desencajados de los de cubierta, que apremiaban muy nerviosos...ellos no iban a bajar y quedaban en nuestras manos, los de máquina.

        Habíamos partido de Monrovia, en Liberia y nuestro rumbo iba pegado a la costa, muy cerca del continente africano a la altura de Senegal. Marchábamos a Roterdam a llevar 100.000.000 kilos de canicas de mineral, piedrecillas redondas, ya que nuestro barco era un OBO que lo mismo cargaba fuel que mineral triturado. Cuando los de cubierta bajaban a las bodegas a hacer algo, al salir directamente tiraban los buzos de trabajo empapados de chapapote, no se podían limpiar sin estropear las lavadoras. Y eso que el jabón que se usaba era sosa cáustica pura.

        En unos minutos el barco sin gobierno se atravesó a la mar y comenzó a derivar con el viento hacia tierra. En la máquina quedó clara la situación tras un breve vistazo, una válvula se había agarrotado y había que cambiarla y echar a andar aquello de nuevo antes de encallar en la costa.
        Recurrimos a una grúa puente para sacar la atascada y quitarla, al quedar libre y suspendida de las cadenas aquello se convirtió en una tómbola oscilante y a uno por poco lo aplasta contra un mamparo. La válvula de acero de dos metros de alta, a saber lo que pesaba aquello, oscilaba con los movimientos del barco, bastante acusados al estar al pairo y sin timón. Y es que si no funciona la hélice de bien poco vale el gobernalle. De adorno.
        Conseguimos dejarla arrumbada en un lado y fue aún más difícil abocar la nueva en su sitio, milagrosamente sin ninguna mano aplastada o algo peor. Luego acabar de montarla, como estaban al aire como quien dice no nos costó mucho tiempo. En un motorcillo de cortacésped quizás hubiera sido más complicado, aunque desde luego, mas ligero. Lo bueno fué cuando le dimos al aire comprimido y aquello empezó a girar y arrancó...de nuevo el corazón del barco latía, cobraba vida el timón y sobre todo, treinta y tres desesperados emitían un alarido de gratitud. Bien a tiempo, al subir a cubierta allí estaban las rompientes, blanqueando las espumas en aquél amanecer lisérgico, mientras comenzábamos a alejarnos de sus caricias. Los caretos volvían poco a poco a su ser, taciturnos, aburridos, alcoholizados, marinos de la mercante de nuevo, tras unas horas en que las fisonomías, y las almas, habían hecho, por fin, algo de ejercicio...

        Yo intenté festejarlo a mi manera, tenía una apuesta conmigo mismo; tirar un lapo que pudiera llegar a la mar. Es que era decepcionante, escupías por la borda y siempre le dabas al casco del barco, de tan alto que era la borda sobre el nivel del agua. El escupitajo describía una trayectoria perfectamente parabólica atraido por la masa del mastodonte y de todas todas, acababa estampado allí abajo contra el hierro.El mar quedaba muy lejos. Aquella madrugada estaba animado y con todas mis fuerzas y aprovechando que íbamos cargados proyecté mi dardo contra el horizonte. No se veía un carajo y no lo vi caer, pero supongo que aquella vez debí lograrlo.


        Próximamente, "En las tripas de la ballena".

        Allá donde habita la libertad, está mi patria

        Comentario


        • #5
          Re: Historias saladas

          Originalmente publicado por humpback Ver Mensaje
          sí gustan sí, que no pare
          Originalmente publicado por TGB Ver Mensaje
          Empieza bien, continúa con las entrañas del barco, a ver por dónde nos llevas.

          Enviado desde mi SM-T533 mediante Tapatalk
          Bien, a vuestra cuenta pues remojarme el gaznate para que pueda seguir contando batallitas de juventud



          Bajé ligero hasta las entrañas del monstruo mientras advertía el miedo que se mascaba en los caretos desencajados de los de cubierta, que apremiaban muy nerviosos...ellos no iban a bajar y quedaban en nuestras manos, los de máquina.

          Habíamos partido de Monrovia, en Liberia y nuestro rumbo iba pegado a la costa, muy cerca del continente africano a la altura de Senegal. Marchábamos a Roterdam a llevar 100.000.000 kilos de canicas de mineral, piedrecillas redondas, ya que nuestro barco era un OBO que lo mismo cargaba fuel que mineral triturado. Cuando los de cubierta bajaban a las bodegas a hacer algo, al salir directamente tiraban los buzos de trabajo empapados de chapapote, no se podían limpiar sin estropear las lavadoras. Y eso que el jabón que se usaba era sosa cáustica pura.

          En unos minutos el barco sin gobierno se atravesó a la mar y comenzó a derivar con el viento hacia tierra. En la máquina quedó clara la situación tras un breve vistazo, una válvula se había agarrotado y había que cambiarla y echar a andar aquello de nuevo antes de encallar en la costa.
          Recurrimos a una grúa puente para sacar la atascada y quitarla, al quedar libre y suspendida de las cadenas aquello se convirtió en una tómbola oscilante y a uno por poco lo aplasta contra un mamparo. La válvula de acero de dos metros de alta, a saber lo que pesaba aquello, oscilaba con los movimientos del barco, bastante acusados al estar al pairo y sin timón. Y es que si no funciona la hélice de bien poco vale el gobernalle. De adorno.
          Conseguimos dejarla arrumbada en un lado y fue aún más difícil abocar la nueva en su sitio, milagrosamente sin ninguna mano aplastada o algo peor. Luego acabar de montarla, como estaban al aire como quien dice no nos costó mucho tiempo. En un motorcillo de cortacésped quizás hubiera sido más complicado, aunque desde luego, mas ligero. Lo bueno fué cuando le dimos al aire comprimido y aquello empezó a girar y arrancó...de nuevo el corazón del barco latía, cobraba vida el timón y sobre todo, treinta y tres desesperados emitían un alarido de gratitud. Bien a tiempo, al subir a cubierta allí estaban las rompientes, blanqueando las espumas en aquél amanecer lisérgico, mientras comenzábamos a alejarnos de sus caricias. Los caretos volvían poco a poco a su ser, taciturnos, aburridos, alcoholizados, marinos de la mercante de nuevo, tras unas horas en que las fisonomías, y las almas, habían hecho, por fin, algo de ejercicio...

          Yo intenté festejarlo a mi manera, tenía una apuesta conmigo mismo; tirar un lapo que pudiera llegar a la mar. Es que era decepcionante, escupías por la borda y siempre le dabas al casco del barco, de tan alto que era la borda sobre el nivel del agua. El escupitajo describía una trayectoria perfectamente parabólica atraido por la masa del mastodonte y de todas todas, acababa estampado allí abajo contra el hierro.El mar quedaba muy lejos. Aquella madrugada estaba animado y con todas mis fuerzas y aprovechando que íbamos cargados proyecté mi dardo contra el horizonte. No se veía un carajo y no lo vi caer, pero supongo que aquella vez debí lograrlo.


          Próximamente, "En las tripas de la ballena".

          Allá donde habita la libertad, está mi patria

          Comentario


          • #6
            Re: Historias saladas

            Así siiii sigue sigue ahhhh
            con el relato claro

            Comentario


            • #7
              Re: Historias saladas

              Buen relato. Gracias por cambiar el tipo de letra, se lee mucho mejor.

              Sigue con el....

              Comentario


              • #8
                Re: Historias saladas

                En las tripas de la ballena


                La máquina de un petrolero no difiere gran cosa de cualquier motor de combustión de un coche o camión, en esencia consiste en unos pistones que suben y bajan dentro de sus cilindros y un cigüeñal que recoja ese empuje y lo convierta en revoluciones a trasmitir a la hélice. Sólo que muy grande.

                Muy muy grande.


                La máquina de nuestro petrolero tenía una particularidad extra; Unos centímetros de alabeo en su cigüeñal.Para los metros de largo que medía, nada grave en exceso, dado que en vez de rodamientos de acero giraba sobre casquillos de bronce. Así que se comía literalmente los casquillos y en cada puerto al que arribábamos llegaban por avión un par de técnicos finlandeses de la fábrica del motor a revisarlo.

                Bajábamos a lo más bajo de la sentina, donde estaban las tapas del inmenso cárter y abríamos una de las muchas. Entrar al interior de un motor fue de esas experiencias espirituales profundas tipo satori que dicen. Y es que la iluminación no se alcanza yendo a clases de yoga ni de tai chí por mucho chuan que sea. Hacerme caso.

                Normalmente entraban ellos, los técnicos, y medían el desgaste de las piezas de bronce que unían bielas con cigüeñal y los soportes del propio eje. Hasta que tocó cambiar algunos de ellos.



                Esa tarde entramos pues con los fineses cuatro de máquinas y nos pusimos a soltar bielas y a cambiar casquillos.Aquello por dentro era mas grande que un minipiso de los de ahora, desde luego, y con escalerillas que metimos nos subimos encima del gigantesco eje de acero bien aceitado. Las tuercas de la biela eran de unos 25 cmts de diámetro, había que agarrarlas con las dos manos y las aflojábamos a golpes de maza sobre la llave plana que la atenazaba. La biela, sujeta con cadenas arriba, se quedaba colgando mientras cambiábamos la pieza y volvíamos a montar todo.

                Los golpes resonaban metálico, nuestras imprecaciones sonaban metálicas y allí, debajo del pistón cuatro hombres metidos, una idea me venía una y otra vez... ¿Y si un pirado o un borracho abre la válvula del aire que arranca el motor y nosotros aquí dentro?

                O la infinita levedad del ser.



                Allá donde habita la libertad, está mi patria

                Comentario


                • #9
                  Re: Historias saladas

                  Ya te notaba yo algo...

                  Así que fuiste uno de los chicos de la Black Gang!

                  Nunca entendí cómo alguien se metía a ese oficio, pero qué suerte que existíais.

                  Para los cofrades que no conocen el tema, diré que corría por la mercante un chascarrillo que decía: "los de cubierta, si han sido buenos, al morir se van al cielo. Los de máquinas, si han sido buenos, al morir se van a cubierta".

                  Comentario


                  • #10
                    Re: Historias saladas

                    Originalmente publicado por werke Ver Mensaje
                    Ya te notaba yo algo...

                    Así que fuiste uno de los chicos de la Black Gang!
                    Huy
                    Nunca entendí cómo alguien se metía a ese oficio, pero qué suerte que existíais.

                    Para los cofrades que no conocen el tema, diré que corría por la mercante un chascarrillo que decía: "los de cubierta, si han sido buenos, al morir se van al cielo. Los de máquinas, si han sido buenos, al morir se van a cubierta".

                    Yo también recuerdo otro, el que vale, vale, y el que no para puente.

                    Saludos a todos los mercantones de la Taberna de un viejo jefe


                    Al-fon leña con el tema
                    Editado por última vez por Cabot; 25/11/2016, 20:26:32.

                    Comentario


                    • #11
                      Re: Historias saladas

                      Originalmente publicado por werke Ver Mensaje
                      Ya te notaba yo algo...

                      Así que fuiste uno de los chicos de la Black Gang!

                      Nunca entendí cómo alguien se metía a ese oficio, pero qué suerte que existíais.

                      Para los cofrades que no conocen el tema, diré que corría por la mercante un chascarrillo que decía: "los de cubierta, si han sido buenos, al morir se van al cielo. Los de máquinas, si han sido buenos, al morir se van a cubierta".

                      te vi a da...

                      Oye, cada uno hace lo que puede y le toca en cada momento. Y a ver que iban a hacer los pichicomas de cubierta sin los de máquina ... ¿remar?

                      Ahora castigao, no pongo otro capítulo hasta mañana


                      Allá donde habita la libertad, está mi patria

                      Comentario


                      • #12
                        Re: Historias saladas


                        En la fábrica flotante


                        Como ya he comentado entré en la mercante al salir grillado de la mili, no entraré en mas detalles pero sírvase el detalle bien frío;Una mujer andaba por medio.

                        El caso es que sin un duro y deseoso de alejarme mucho de aquél cuartel de instrucción apestoso acabé recalando, cosas del destino, en algo muy parecido pero más mugriento. Un petrolero.

                        Nada más entrar en el barco, como en la mili, ya iba dando el cante. La edad, veititantos años, (en la mili mas viejo que los chavales de dieciocho años y en aquella megabañera oxidada idem de lienzo, los otros dos wipers (limpiadores) de la máquina eran unos críos de aldea y yo, con mis melenas y mis barbas quevedianas desentonaba nada más verme.

                        Así que en el barco decidí pasar inadvertido y no liarme con la peña, que luego pasa lo que pasa. Tenía trescientos metros de cubierta para hacer footing, en proa no solía haber nadie nunca y se podía tomar el sol en pelotas y subir a lo alto de la cofa del palo encima del puente era una gozada, el mar redondo alrededor tuyo y la vista libre en todas direcciones, vasto el horizonte. Lo del footing podía pasar, incluso lo de tomar el sol en pelota picada no bastó para que nadie en aquél mastodonte me hiciera indicación alguna, pero...lo de subir al puente causó mi primer roce con la tripulación, a los pocos días de embarcar.

                        Oye chaval, sueles sublir al puente, hablas con los oficiales...
                        -si claro, mola tío.
                        -ya, pues no debes subir, ¿sabes?
                        -perdón, me he perdido algo?
                        -joder, que tu eres un marinero, y los marineros no deben alternar con los oficiales, es de ley...
                        -Juer, que pasada, ¿de verdad te crees eso?
                        -¿cómo?
                        -nada, ¿sabes que te digo?, que te vayas a hacer gárgaras por donde has venido...

                        La cosa quedó allí y no fue a mayores, pero cuando entraba en el comedor o en la sala contigua ya se percibían miradas desaprobadoras y un plan cotilla de despelleje. Aclaro que no he conocido ambiente mas porteril que los tripulantes de un barco.En un grupo cinco despellejan a un sexto que está ausente, cuando vuelve ese se pasa a despellejar a otro ausente o, si hay suerte y se levanta uno de los cinco que estaban al venir ese sexto, según se levanta y se aleja dos pasos ya están despellejandole a él. Y luego dicen de las mujeres.

                        Con una naturalidad y de un espontáneo que yo flipaba en colores. La cosa se agravó cuando en una partida de mus les machacamos a dos veteranos otro chaval y yo. Ya sabes que en el juego hay que controlar las emociones, aquellos cenutrios se enfadaron por que les ganábamos, la suerte del principiante supongo y, acabaron picando como babosas a dos órdagos con los que les ultimamos.

                        Como en las películas oyes, tiraron la mesa y todo de lo enfadados que se pusieron y es que nosotros no podíamos parar de reír de lo cómicos que se veían, enfadados por perder una mano de mus. Uno era el mecánico con el que hacía pareja en el trabajo a menudo.

                        Gracias a dios no pasaron a dar guantazos y allí quedó aquello, para regocijo de los gallegos, los cuatro del mus éramos vascos claro, ellos jugaban al tute.

                        Como veía que se empezaba a generar tensión en el ambiente decidí recluirme en mi camarote y hacer vida de ermitaño pero... ...

                        (continuará)

                        Allá donde habita la libertad, está mi patria

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                        • #13
                          Re: Historias saladas

                          En la fábrica flotante (cont.)

                          Haciendo amigos.

                          Como creo que ya he comentado al principio, una serie de causalidades "casuales" habían precipitado una situación harto anómala para la jurisprudencia de aquellos lobos de mar, tal que un mindundi del escalafón más bajo, o sea yo, usufructuara en propio y exclusivo beneficio un camarote mas grande que el del viejo y con una bañera dos pies mas larga. Ya sabéis, como íbamos mas wipers de lo normal no había camarotes para todos y a mi me endilgaron una minipocilga sin lavabo siquiera, destinada a los prácticos de los puertos y situaciones así, en que hiciera falta una cama extra.

                          Tuve que transigir con ello, que remedio si no había otra cosa, pero como al poco me percaté de que había otro camarote grande y hermoso que permanecía cerrado y sin uso pregunté a ver que era aquello.

                          Fui directamente al primer oficial, y no sin esfuerzo le saqué que aquello era la enfermería, lo cual me permitió darle jaque mate; Yo había hecho tres años de medicina y no tendría ningún problema, antes al contrario, en atender cual samaritano al posible accidentado que pudiera haber en aquél barco.

                          Como había dos espléndidas camas, aquél pipiolo de Algorta no pudo contradecirme, bien que lo intentó, y me adjudiqué en propiedad aquella suite tan cojonuda. Claro que a la tripulación le sentó como un tiro en la entrepierna, fatal es poco. Yo me hice el loco y a lo mío. La cosa no podía quedar así.

                          Cogí la costumbre de darme un baño al mediodía, antes de ir a comer. Era una gozada increíble, mi cuarto de baño olímpico, con un sumidero en el pavimento. Abría la espita del agua caliente y un chorro como un puño llenaba aquella inmensa bañera en un pis pas, casi ni me daba tiempo a desnudarme y liarme un cigarrito. Así que en cinco minutos aquello estaba desbordado de agua y entraba chapoteando directamente en el suelo mientras cerraba el grifo y desplazaba otros setenta litros fuera al meterme dentro en plan Arquímedes.

                          Eran diez minutos que me sabían a gloria y en esas estaba, dándole una calada voluptuosamente al agfano cuando un mediodía un tiparraco entró a "avisar que era la hora de la comida", pobre pretexto para entrar a fisgar. Recuerdo el careto del menda cuando entró al baño y vio mi cabeza asomando en un mar de espuma, exhalando anillos de humo...fue una transformación de fotochop, increíble, se le desencajó el careto y hasta la mandíbula... No veas los caretos de los demás cuando diez minutos después arribé al comedor...si las miradas matasen...

                          Algo quedaba meridianamente claro...mi estrategia de no dar el cante y pasar desapercibido había naufragado estrepitosamente.
                          Editado por última vez por Alf_on; 29/11/2016, 20:43:48.

                          Allá donde habita la libertad, está mi patria

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                          • #14
                            Re: Historias saladas

                            Me temo que el "pipiolo" de Algorta te va a mandar directo a pintar sentinas una semana.
                            suerte

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                            • #15
                              Re: Historias saladas

                              Originalmente publicado por Cabot Ver Mensaje
                              Me temo que el "pipiolo" de Algorta te va a mandar directo a pintar sentinas una semana.
                              suerte
                              que va Cabot, si nos hicimos coleguillas...

                              Allá donde habita la libertad, está mi patria

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