VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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Historias saladas

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  • #16
    Re: Historias saladas

    Mierda en popa, a toda estela


    Mierda en popa a toda estela,no corta el mar sin que huela, un petrolero zascandil...

    En la semana de salir de Amsterdam rumbo a Canadá en busca de mineral con que llenar las bodegas tuve mi primer electroshock marinero.

    Fuel al asomarme a popa y ver que seguíamos una autoestopista oceánica inmensa, en la que iban y venían continuamente otros barcos del pelo de nuestro, petroleros, gaseros y sobre todo portacontenedores, pero todos inmensos. Y la autopista quedaba perfectamente marcada, su pavimento inconfundible, un trazado de plásticos meciéndose a dos aguas casi ni dejaba ver el océano...

    Estábamos en medio del atlántico, a miles de kilómetros de cualquier tierra firme y sólo se veían plásticos y restos flotando como en un mar de los sargazos. Fue entonces cuando comprendí que la estúpida creencia de que el mar es infinito y se traga toda la basura que le echamos es eso, una creencia estúpida.

    En la diaria tarea de la máquina hacíamos una media de uno o dos bidones de doscientos litros llenos hasta los bordes de trapos empapados en aceite, muchos litros de aceites, fueles, gasóleos disolventes, detergentes y demás líquidos que se usan con inaudita profusión en la máquina de un barco, virutas metálicas, hierros diversos, herramientas y piezas rotas, etc etc... A poco de salir de puerto, dependiendo de que puerto fuese, al anochecer tocaba tirar por popa toda aquella basura.



    Un atardecer tranquilo y con la mar bella, me tocó abrevar de sus excrecencias al monstruo y vaciar media docena de bidones que esperaban en la cubierta de popa. Al arribar al aire libre desde la infecta sentina que estaba achicando, el espectáculo me arrebató, el sol se sumergía en el horizonte provocando ese espectáculo que ningún circo del sol ni de la luna puede imitar. Las nubes se encendían mágicamente pasando de negros cimarrones a fantásticas alazanas que galopaban en el vasto escenario con algo más que sensorrund.

    En esta beatífica tarea estaba yo meditando sobre el tema, cuando cruzó nuestra estela un velero de doce o trece metros recortándose contra el horizonte carmesí.

    Un puño misterioso me entró en el pecho y me estrujó el corazón. Como en un viaje astral de bajo coste me vi allí, en la popa mugrienta, tirando al ocáno pura mierda a mansalva mientras el convencimiento de que donde debería estar es allá, en aquel velero de teca, apuntando en la carta el rumbo, la estima de deriva y abatimiento, con la radio abierta atento al parte y un buen swing sonando en el barco, éste si, un barco.

    Tuve que lloriquear un rato para que aquél puño me soltase.

    Editado por última vez por Alf_on; 01/12/2016, 18:14:11.

    Allá donde habita la libertad, está mi patria

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    • #17
      Re: Historias saladas

      Dí que Sí
      Pedazo de Nobel
      sigue bebiendo así

      Comentario


      • #18
        Re: Historias saladas

        Originalmente publicado por CONTRERAS Ver Mensaje
        Dí que Sí
        Pedazo de Nobel
        sigue bebiendo así
        ¿Y eso como se come?... es una alabanza o como parece, mas bien una burla?


        Allá donde habita la libertad, está mi patria

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        • #19
          Re: Historias saladas

          Que sigan! los relatos, nos transportan en el tiempo.

          Libertad II: Mi pequeño gran proyecto https://foro.latabernadelpuerto.com/...15#post2125315

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          • #20
            Re: Historias saladas

            ¿ qué sería de nosotros si no estuviéramos expuestos a un poquito de burla?

            Venga! tú a lo tuyo!

            Comentario


            • #21
              Re: Historias saladas

              Originalmente publicado por werke Ver Mensaje
              ¿ qué sería de nosotros si no estuviéramos expuestos a un poquito de burla?

              Venga! tú a lo tuyo!




              Allá donde habita la libertad, está mi patria

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              • #22
                Re: Historias saladas

                Be Canadá, my friend,




                Tras una cura de humildad como la pasada y ver que el océano ya no es si no un inmenso vertedero de excrecencias humanoides, visitar Canadá fue una sobredosis de vitaminas.

                Llevaba tres días de duchas purificatorias, tras una noche en que reventó una tubería de fuel (conocido vulgarmente por chapapote) de las que alimentaba la máquina y que nos pasamos recogiendo aquél pegajoso fluido.
                Mientras andábamos limpiando con palas y trapos aquél desaguisado, a saber los litros de fuel que habían salido petados a presión y bien calentitos por la tubería rota, nos caían encima los pegotes que destilaban los pisos superiores, así que esa noche en vez de ducharnos con agua y jabón, totalmente ineficientes para llevarse el chapapote, lo hicimos con petróleo, con gas oil.

                Provistos de latas de cinco litros a la ducha,allá que tuvimos que bregar los que allí anduvimos, frotándonos con energía los pegotones de chapapote del pelo y de la cabeza. Puedes imaginar el olor que dejó todo aquella operación. Luego me duché y fregotee hasta despellejarme con el jabón y el estropajo por ver de quitarme aquél pestazo, pero no daba apenas resultado y acabé a la madrugada por dejarlo como estaba y seguir oliendo a bidón de petróleo por unos días.Tenía los ojos como naranjas.

                Nuestro puerto de destino en Canadá era un villorrio inapreciable, en realidad una simple terminal de carga de mineral al fondo de la bahia (Golfo mas propiamente) de Saint Laurence, inmenso estuario, un mar interior de hecho, donde hay pueblos con nombres tan pintorescos como Kouchibouguac o Tete a la baleine, y en todo caso muy apropiados.Fue allí donde pude ver de cerca estos animales, un espléndido día de sol, mientras navegábamos ya en aguas interiores del Golfo.



                Ocurrió después de comer en que aprovechando el rato libre me subí a la cofa del palo con unos prismáticos que pillé en el puente prestados. El espectáculo lo merecía. Cientos de delfines acompañaban la ruta de una familia de ballenas, bastante numerosa por cierto, en la cual la que sería la jefa imagino comenzó a dar palmetazos en el agua con la cola, que mantenía fuera a tal efecto, ya que nuestra ruta y la suya coincidían.

                No me quiero imaginar lo que tiene que ser sentir esos palmetazos desde un bote de remos...levantaba chorros de espuma y olas de buen tamaño, y desde luego impresionar, impresionaba un huevo.

                Arribamos ya anocheciendo a nuestro destino en el fondo de la bahia, un pueblo que no llegué a atisbar tan siquiera, pese a que el olor que me iba llegando a tierra fresca y a bosque, los pinares tapizaban todo aquello y me llamaban con fuerza tras dos semanas sin oler otra cosa que mar y máquina.

                Avisaron antes de acabar de amarrar el barco..."en seis horas cargados y saliendo"...mi gozo en un pozo teniendo en cuenta que había que estar dos horas antes por lo menos a bordo...hay que joderse, para una vez en la vida que iba a estar en aquél magnífico sitio y ni tan siquiera dar un voltio por territorio quebequés.

                Bajé del barco empero, a intentar ver algo más que nuestro muelle de carga, eso si, limpio como una patena. Increíble y mas para un vasco, acostumbrado a ver nuestros puertos convertidos en estercoleros permanentemente. El agua era transparente, sin la mas leve señal de aceite flotando, el fondo, limpio como una patena, no mostraba ni un solo pedacito del mineral del que allí se trasegaba.Realmente no lo podía creer, esa capacidad de conjugar enormes barcos cargueros como el mío con unos fondos prístinos y unas aguas impolutas. Algo radicalmente imposible en otras partes.



                Al lado nuestro apareció el camioncito de un vendedor de variado género,un auténtico buhonero, (en otros puertos directamente entran los vendedores a los barcos a pregonar las mercancías) y aproveché para pillar un par de camisas canadienses, de cuadros gordos, suaves como el algodón e increíblemente calentitas.

                No me dio tiempo a más, subí al barco por si las moscas, no fuese a quedarme en tierra sin quererlo , antes del amanecer ya habían cargado las cien mil toneladas de rigor y estábamos largando amarras...snif Me quedé con las ganas de conocer un poco aquello, charlar aunque fuese un rato y tomar un café con alguien del lugar, no te digo darme un paseo por aquellos bosques tan atrayentes, pero el tiempo es oro literalmente para los armadores.Vuelta a limpiar mamparos y filtros del fuel, rogando por que no reventase otra tubería de marras. Rumbo a Europa de nuevo, a descargar en Rotterdam.

                Claro que allí la orden fué tajante; "Ni una colilla por la borda hasta nueva orden, y cuidadito".


                Editado por última vez por Alf_on; 03/12/2016, 12:28:02.

                Allá donde habita la libertad, está mi patria

                Comentario


                • #23
                  Re: Historias saladas

                  Hay historia o no? Que tengo curiosidad!

                  Comentario


                  • #24
                    Re: Historias saladas

                    Sigue Sigue

                    Comentario


                    • #25
                      Re: Historias saladas

                      El vals de las grúas


                      Así que sin apenas tiempo para darme cuenta siquiera de dónde había estado aunque con dos espléndidas camisas de franela atravesamos de nuevo el charco por donde habíamos venido y, catorce días después entrábamos en Rotterdam a descargar el mineral que llenaba las bodegas.

                      Allí fui espectador de un vals muy peculiar interpretado por dos gigantescas grúas puente, provistas cada una de cucharas bivalba, dos mandíbulas de acero similares a las palas de una excavadora pero de un tamaño verdaderamente descomunal.



                      En cada bocado cogían cien toneladas y sus centauros, que la guiaban desde lo alto en sus cabinas conseguían que se moviesen con una eficacia rayana en la perfección mas absoluta.

                      Desde lo alto las dejaban caer a plomo sobre la masa de mineral en las tripas del barco que se ofrecía con las bodegas abiertas. Su peso y la velocidad de la caída hacía que se hundieran al instante y antes de asentarse ya se estaban cerrando y, al mismo tiempo, la cabina comenzaba una loca galopada hacia el otro extremo, en el interior de un pabellón donde dejaba caer amontonándolo el mineral. Se utilizan grúas parecidas para descargar contenedores.

                      En pocos segundos estaba volando de vuelta, siempre con la inmensa tenaza colgando tras de si retrasada y, antes de llegar ya estaba soltándola de nuevo a plomo mientras describía un arco e iba a caer exactamente en donde quería el gruísta.

                      En seis horas habían sacado cincuenta mil toneladas cada uno y el barco salía pitando de allí rumbo esta vez a Liberia.

                      Nos dirigíamos a Monrovia, la capital de Liberia, que había salido en portada de una famosa revista poco antes de embarcar con unas terroríficas fotos que dieron la vuelta al mundo;


                      En la playa colocaron unas gruesas estacas enhiestas en la arena a las que ataron a los trece ministros del gobierno para ejecutarlos. El protagonista, Samuel Doe, un joven sargento que se convertía en el primero de una saga que asolaría el país ininterrumpidamente casi hasta nuestros días.
                      Allí cuando el sargento golpista se consolida surge otro sargento joven con ganas de mando y vuelta a empezar. A Doe después le tocó su matarile, (se lo comieron incluso) y otro sargento, Charles Taylor ocupó su lugar para seguir exprimiendo y seguir masacrando a ese pueblo al que venía a liberar.



                      Otro mundo al que había conocido hasta ahora me esperaba.

                      Allá donde habita la libertad, está mi patria

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                      • #26
                        Re: Historias saladas

                        Liberia




                        Recuerdo el extraño aspecto de aquél mar cercano a la costa liberiana. Una calima cálida lo invadía todo, incluso el agua, turbia y mas parecida a la de un río que a la del mar atlántico que se suponía surcábamos. El calor pegajoso hizo acto de presencia. Como fantasmas aparecían piraguas de madera de un sólo pescador, increíblemente frágiles para aventurarse mar adentro, lejos unas de otras..





                        Dentro del barco las admoniciones y advertencias iban en aumento.
                        -Ni se os ocurra bajar aquí al puerto tan siquiera, los morenos están a pié de escalera esperando cazar incautos.¿Recuerdas Chumari a aquél gallego que por no dejarse quitar el rolex de oro se ganó un machetazo?
                        -Que si me acuerdo, (bueno yo no estaba pero me lo contó el tuercas, una buena avería se llevo a casa el Tonino que creo que se llamaba.
                        -No, el Tonino es aquél que se cayó por la borda al muelle y se abrió la cebolla, aquél del peluco le llamaban "zurriagazos", por las melopeas que se pillaba...
                        -El que sea, da igual, la cosa es que en esta costa no se baja a tierra sin pedirle una pistola al viejo o de forma organizada, con el taxi a pie de barco.
                        -Si, que una escapada a la noche a casa Rosa hay que hacer, al menos unos cuantos...

                        A esa escapada me apuntaron, y como el menda se apunta a un bombardeo esa noche a casa Rosa que te fuimos.

                        Entramos por fin al puerto haciendo un zig zag ya que en la misma bocana estaba hundido otro mercante y no era cosa de naufragar allí mismo por la cara.



                        Lo primero al atracar fue un vendaval de morenos cargados de langostinos frescos que recién habían pescado que venían a cambiarlos por bidones de plástico vacíos de los que teníamos bastantes guardados.Para ellos oro en paño, a cambio de lo que aquí tiramos allí nos poníamos ciegos de marisco extrasize, que menudos langostinos.

                        Tras el cambalache bajé al muelle a darme un garbeo por los alrededores, había un animado mercadillo allí cerca y pasé un rato catalogando el material hasta que me decidí por una caja de ébano y una estatuilla de un dios horripilante con tripa de embarazada que aún conservo. Al subir a bordo tras unas horas de paseo los comentarios eran sobre mi inconsciencia a lo que les respondí con mi análisis de la situación;
                        -Mirad chicos, vosotros bajáis a tierra exhibiendo vuestros rolex de imitación comprados en Rotterdam y las carteras bien abultadas de dólares en el bolsillo del pantalón. Así que no duráis ni dos minutos en esa jungla en la que con vuestro peluco se puede sobrevivir un mes cómodamente.Aquí la gente pasa hambre, pero si bajáis del barco sin tantos dorados y con unos pocos billetes en el bolsillo, lo justo, nadie tendrá mayor interés en robarnos.
                        Me miraron como se mira a los locos y a los héroes, una mezcla de respeto y distanciamiento absoluto.

                        Esa noche salimos pues en comandita media docena, nos vino a buscar un taxi al muelle y nos llevó al puticlub de moda, el CasaRosa de marras, la tal Rosa era una española allí afincada. Cenamos bien y no hubo manera de librarse esa noche de que nos metiesen dos negritas en la habitación cuando subimos.



                        Y hubo que rematar la faena, aquellas no se iban sin hacer lo que habían ido a hacer, si no no había tema, así que aquella noche recuerdo dos cosas, las tres o cuatro duchas que nos dimos sin conseguir quitarnos la caló de encima y lo dura que tienen la piel las morenas, además de que follaban con la misma ilusión que un enterrador veterano hace su trabajo seis meses antes de jubilarse. Como tampoco yo tenía mayor entusiasmo fue el polvo mas larri de mi vida.

                        Al día siguiente era mi cumpleaños así que le convencí al primero de que me dejase el día libre nada más llegar al barco y bajé de nuevo, esta vez sólo, a pasar mi día de asueto conociendo un poco más aquél lugar.

                        Pronto aprendí a distinguir los negros exitosos, los que tenían algún trabajo en alguna compañía extranjera por su peluco que enseñaban con energía y por el paquete de tabaco rubio americano en el bolsillo de arriba de la camisa. Los que no tenían un paquete de Malboro ni reloj se veía que eran los parias sin oficio ni beneficio, la inmensa mayoría

                        Almorcé arroz con unas verduras extrañas y algo frito, no se si pescao carne o que era pero sabroso, en una casa que daba un menú sencillo, allí no había restaurantes como los conocemos, eran casas que se dedicaban a ello, una especie de menú del día.



                        Preguntando llegué a la central de teléfonos de la capital, donde tras media hora de espera y pelea conseguí hablar unos instantes antes de cortarse la comunicación, con un colega.

                        Luego callejee por los mercados y entablé conversación con un chavalote que me invitó a su casa. Vivía en un garaje y estuvimos oyendo reggae y fumando su yerba nigeriana un par de horas. Buena pero mucho cañamón.Luego dimos un voltio a tomar unas cervezas por unos sitios muy raros donde al menos siempre había un negro lleno de cadenas de oro mandando y mas tarde volví a bordo.

                        Perdieron los que habían apostado que no volvía entero. Pero al menos nadie tuvo el valor para decirme ni mú, empezaban a cogerme respeto.








                        Y aquí se acaban las historias saladas, son de hace casi cuarenta años cuando era un jovenzuelo, ha sido un placer y espero os hayan entretenido y gustado.

                        Allá donde habita la libertad, está mi patria

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                        • #27
                          Re: Historias saladas

                          Originalmente publicado por Alf_on Ver Mensaje
                          Liberia




                          Recuerdo el extraño aspecto de aquél mar cercano a la costa liberiana. Una calima cálida lo invadía todo, incluso el agua, turbia y mas parecida a la de un río que a la del mar atlántico que se suponía surcábamos. El calor pegajoso hizo acto de presencia. Como fantasmas aparecían piraguas de madera de un sólo pescador, increíblemente frágiles para aventurarse mar adentro, lejos unas de otras..





                          Dentro del barco las admoniciones y advertencias iban en aumento.
                          -Ni se os ocurra bajar aquí al puerto tan siquiera, los morenos están a pié de escalera esperando cazar incautos.¿Recuerdas Chumari a aquél gallego que por no dejarse quitar el rolex de oro se ganó un machetazo?
                          -Que si me acuerdo, (bueno yo no estaba pero me lo contó el tuercas, una buena avería se llevo a casa el Tonino que creo que se llamaba.
                          -No, el Tonino es aquél que se cayó por la borda al muelle y se abrió la cebolla, aquél del peluco le llamaban "zurriagazos", por las melopeas que se pillaba...
                          -El que sea, da igual, la cosa es que en esta costa no se baja a tierra sin pedirle una pistola al viejo o de forma organizada, con el taxi a pie de barco.
                          -Si, que una escapada a la noche a casa Rosa hay que hacer, al menos unos cuantos...

                          A esa escapada me apuntaron, y como el menda se apunta a un bombardeo esa noche a casa Rosa que te fuimos.

                          Entramos por fin al puerto haciendo un zig zag ya que en la misma bocana estaba hundido otro mercante y no era cosa de naufragar allí mismo por la cara.



                          Lo primero al atracar fue un vendaval de morenos cargados de langostinos frescos que recién habían pescado que venían a cambiarlos por bidones de plástico vacíos de los que teníamos bastantes guardados.Para ellos oro en paño, a cambio de lo que aquí tiramos allí nos poníamos ciegos de marisco extrasize, que menudos langostinos.

                          Tras el cambalache bajé al muelle a darme un garbeo por los alrededores, había un animado mercadillo allí cerca y pasé un rato catalogando el material hasta que me decidí por una caja de ébano y una estatuilla de un dios horripilante con tripa de embarazada que aún conservo. Al subir a bordo tras unas horas de paseo los comentarios eran sobre mi inconsciencia a lo que les respondí con mi análisis de la situación;
                          -Mirad chicos, vosotros bajáis a tierra exhibiendo vuestros rolex de imitación comprados en Rotterdam y las carteras bien abultadas de dólares en el bolsillo del pantalón. Así que no duráis ni dos minutos en esa jungla en la que con vuestro peluco se puede sobrevivir un mes cómodamente.Aquí la gente pasa hambre, pero si bajáis del barco sin tantos dorados y con unos pocos billetes en el bolsillo, lo justo, nadie tendrá mayor interés en robarnos.
                          Me miraron como se mira a los locos y a los héroes, una mezcla de respeto y distanciamiento absoluto.

                          Esa noche salimos pues en comandita media docena, nos vino a buscar un taxi al muelle y nos llevó al puticlub de moda, el CasaRosa de marras, la tal Rosa era una española allí afincada. Cenamos bien y no hubo manera de librarse esa noche de que nos metiesen dos negritas en la habitación cuando subimos.



                          Y hubo que rematar la faena, aquellas no se iban sin hacer lo que habían ido a hacer, si no no había tema, así que aquella noche recuerdo dos cosas, las tres o cuatro duchas que nos dimos sin conseguir quitarnos la caló de encima y lo dura que tienen la piel las morenas, además de que follaban con la misma ilusión que un enterrador veterano hace su trabajo seis meses antes de jubilarse. Como tampoco yo tenía mayor entusiasmo fue el polvo mas larri de mi vida.

                          Al día siguiente era mi cumpleaños así que le convencí al primero de que me dejase el día libre nada más llegar al barco y bajé de nuevo, esta vez sólo, a pasar mi día de asueto conociendo un poco más aquél lugar.

                          Pronto aprendí a distinguir los negros exitosos, los que tenían algún trabajo en alguna compañía extranjera por su peluco que enseñaban con energía y por el paquete de tabaco rubio americano en el bolsillo de arriba de la camisa. Los que no tenían un paquete de Malboro ni reloj se veía que eran los parias sin oficio ni beneficio, la inmensa mayoría

                          Almorcé arroz con unas verduras extrañas y algo frito, no se si pescao carne o que era pero sabroso, en una casa que daba un menú sencillo, allí no había restaurantes como los conocemos, eran casas que se dedicaban a ello, una especie de menú del día.



                          Preguntando llegué a la central de teléfonos de la capital, donde tras media hora de espera y pelea conseguí hablar unos instantes antes de cortarse la comunicación, con un colega.

                          Luego callejee por los mercados y entablé conversación con un chavalote que me invitó a su casa. Vivía en un garaje y estuvimos oyendo reggae y fumando su yerba nigeriana un par de horas. Buena pero mucho cañamón.Luego dimos un voltio a tomar unas cervezas por unos sitios muy raros donde al menos siempre había un negro lleno de cadenas de oro mandando y mas tarde volví a bordo.

                          Perdieron los que habían apostado que no volvía entero. Pero al menos nadie tuvo el valor para decirme ni mú, empezaban a cogerme respeto.








                          Y aquí se acaban las historias saladas, son de hace casi cuarenta años cuando era un jovenzuelo, ha sido un placer y espero os hayan entretenido y gustado.
                          Gracias a ti por compartirlas.

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