VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

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Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

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En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

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Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Leyendas. Los siete tormentos del mar.

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  • #16
    Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

    Buenos días,

    Os adjunto esta leyenda de mi pueblo que lo leí ayer en un libro que recoge las leyendas de Euskal Herria. El libro se llama LEYENDAS DE EUSKAL HERRIA y es de Toti Martínez de Lezea. Se trata de una leyenda de pescadores.
    Espero que os guste:
    LAS TRES OLAS
    Bermeo, Bizkaia


    Según recoge R. Mª de Azkue en su «Euskalerriaren Yakintza», los pescadores vascos nunca mencionan a las brujas con el nombre de sorgin mientras navegan, sino que las llaman “pendulen kontrakoak”, (enemigas de las olas). Hasta hace muy poco, las mujeres de los pescadores no relataban cuentos de brujas mientras sus maridos estaban en el mar porque, si así lo hacían, no había pesca.
    J. M. de Barandiaran recogió varias versiones de la siguiente narración.
    En Bermeo vivía una bruja que siempre quería quedarse con lo que no era suyo.
    Un día, Matxin, un pescador, volvía de la pesca y traía consigo una hermosa cesta llena de anchoas que aún coleaban. La bruja le salió al encuentro.
    —Hola, Matxin —le saludó—, buena pesca traes hoy...
    —Sí, no esta mal del todo. La faena ha sido dura, pero el resultado ha sido bueno —dijo el pescador.
    Ya iba a marcharse, pues no le gustaba que lo viesen hablando con la bruja, cuando ésta le dijo:
    —¡Oye! ¿Porqué no me regalas esas anchoas?
    —Pero, ¿qué dices? —respondió Matxin muy enfadado—. ¡Estás loca! ¡Aparta de mi camino, vieja desdentada!
    Diciendo esto, el joven la apartó de un empujón y continuó su camino. La bruja no podía ocultar su rabia.
    —¡Maldito seas, Matxin! ¡Me las pagarás! ¡Me las pagarás! —gritó, levantando el puño.
    Después, la bruja fue en busca de su hija y de una amiga, también brujas las dos.
    —¡Oídme bien! —les dijo—. Matxin, el pescador, no ha querido darme su cesta de anchoas. Además, me ha llamado vieja desdentada, ¡y eso no se lo perdono! Mañana, cuando salga a la mar, lo estaremos esperando. Nos convertiremos en tres olas gigantes. La primera le preocupará, la segunda le asustará y la tercera..., ¡la tercera le hundirá!
    Y las tres se dirigieron a la playa.
    Nada hubiese podido salvar al pobre Matxin si Takio, un chaval vecino del pescador, no lo hubiese oído todo y hubiese ido a contárselo a su amigo. Matxin se quedó un poco preocupado, no era buena noticia estar a malas con una bruja tan poderosa que podía convertirse en ola... A pesar de todo, decidió salir a la mar y prepararse para el ataque.
    Al día siguiente, como de costumbre, preparó las redes y salió a navegar acompañado por el joven Takio, que había insistido en ir con él.
    Llevaban navegando un buen rato cuando vieron venir hacia ellos una enorme ola.
    —¡He aquí la primera! —exclamó Matxin.
    La ola llegó y levantó la barca muy alto, muy alto.
    Al poco, apareció la segunda ola.
    —¡He aquí la segunda! —gritó Matxin—. ¡Agárrate bien, Takio, que ésta nos va a hacer bailar!
    En efecto, la segunda ola era aún más grande que la primera e hizo inclinarse la barca hacia la derecha y luego hacia la izquierda, de tal forma que parecía que iba a zozobrar en cualquier momento. Pero también pasó la segunda ola.
    Finalmente, vieron, a lo lejos, la tercera ola. Era enorme, mucho más grande que las anteriores, negra y amenazadora.
    —¡Y aquí está la tercera! ¡Prepárate, Matxin —se dijo el pescador a sí mismo—, porque, si te equivocas, estarás perdido!
    Matxin asió un arpón y se preparó para la embestida. Cuando todo indicaba que la enorme ola iba a tragarse la barca y a sus ocupantes, el pescador lanzó con todas sus fuerzas el arpón al corazón de la ola, al centro. Se oyó un grito terrible, la ola se volvió roja y desapareció sin llegar a zarandear la barca.
    Matxin y Takio se abrazaron con alegría y regresaron a puerto, sin haber pescado nada pero contentos de estar sanos y salvos.
    Al día siguiente, todos se preguntaban qué es lo que le habría pasado a aquella mujer tan rara, con fama de bruja, que había desaparecido y cuya toquilla había sido encontrada en la playa. Nadie se atrevió a preguntarles nada a la hija y a la amiga que, vestidas de negro, no hacían más que llorar a la orilla del mar.
    Por eso, los marineros de Bermeo siempre recuerdan esta historia, y llaman a las tres olas que siempre aparecen juntas “las tres Marías”.
    * * *

    Comentario


    • #17
      Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

      Originalmente publicado por Gerret Ver Mensaje
      Para mis paisanos y para los que habeis fondeado allí alguna vez, Portals Vells.

      Sobre las cuevas de Portals Vells, que llevan el nombre "Mare de Deu", existe una hermosa leyenda. A mediados del siglo XV un velero que navegaba hacia la costa de la península española fue sorprendido por un horrible huracán. La tormenta rasgó las velas y unas olas gigantescas rompieron el armazón de madera y los mástiles del barco. En extremo peligro de muerte, el capitán y su tripulación realizaron el siguiente juramento: si se salvaban alcanzando la costa vivos e ilesos le construirían un lugar honorífico a la estatua de la Virgen María que llevaban en su barco en el sitio allí donde llegasen a tierra.

      Efectivamente, la tormenta amainó y sus últimas ráfagas llevaron al barco al pequeño puerto natural de Portals Vells, donde los supervivientes descubrieron varias cuevas. En una de ellas colocaron su estatua, tallaron un altar en la piedra arenisca y cubrieron las paredes de la cueva con inscripciones y dibujos piadosos.

      Al principio eran sólo los pescadores quienes adoraban a esta imagen, aunque las cuevas se convirtieron más tarde en lugar de peregrinación para los habitantes de Calviá y comarcas circundantes. Cuando en el siglo XVIII se desplomó una enorme roca del techo de la cueva se trasladó la estatua primero a la iglesia de Calviá y más tarde a la de Portals Vells, donde se encuentra actualmente. Lo que sí permanece son las inscripciones, los dibujos y la maravillosa vista desde la cueva sobre la pintoresca bahía de Portals Vells.





      Cofrade Gerret, gracias por tu relato me trae maravillosos recuerdos de Portals Vells fondeado cuando era peuqeño y cuando toda la costa estaba menos masificada. A pesar de que se que la costa sur no es lo más popular de neustra tierra, sigo pensando que hay zonas maravillosas como la que comentas con una historia y un pasado......Saludos. Coronadobx

      Comentario


      • #18
        Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

        Más, por favor.
        Vive y deja vivir,
        pero vive como piensas,
        o acabarás pensando como vives.

        Comentario


        • #19
          Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

          Las Islas Canarias son siete...y sin embargo, se busca una octava isla. Se trata de la isla fantasma, la isla misteriosa, la isla de San Borondón. San Borondón es la forma canaria de Saint Brendan o Saint Brandan de Clonfert (480-576 d.C), monje irlandés, protagonista de una de las leyendas más famosas de la cultura celta: el viaje de San Brendano o Brandanos a la Tierra Prometida de los Bienaventurados, las islas de la Felicidad y la Fortuna.......



          A la izquierda del mapa podemos observar la Isla de San Borondón

          Según el poema irlandés, Brendan era un monje de Tralee, en el condado irlandés de Kerry. Ordenado sacerdote en el año 512 d.C., partió junto con otros 14 monjes en una frágil embarcación que se internó en el Atlántico. La leyenda recoge el relato de sus aventuras, cómo recogieron a otros 3 monjes más a lo largo de su viaje, sus encuentros con demonios que vomitaban fuego, con columnas de cristal flotante, con monstruosas criaturas tan grandes como islas.

          Brendan y sus compañeros llegaron a una isla, en la que desembarcaron. Estaba llena de árboles y otros tipos de vegetación. Celebraron misa, y de pronto la isla comenzó a moverse. Se trataba de una gigantesca criatura marina, sobre cuyo lomo se encontraban los monjes. Después de muchas peripecias, Brendan consiguió regresar a Irlanda.

          Muchos se basan en esta leyenda para afirmar que marinos irlandeses debieron alcanzar, posiblemente, las costas de Norteamérica o de Terranova, así como de Islandia y otras islas del Atántico Norte, en la Alta Edad Media.

          Lo cierto es que desde el siglo XV, a lo largo del cual las Islas Canarias son conquistadas, comienzan a oirse los relatos de una octava isla, que a veces se divisaba al oeste de La Palma, El Hierro y la Gomera. Cuando los navegantes intentaban aproximarse a ella, y se encontraban a la vista de sus costas montañas y valles, la isla era envuelta por la bruma y desaparecía completamente. Evidentemente, la isla fue rápidamente identificada con la mítica isla-ballena de San Brendan, cuyo nombre se convirtió, en Canarias, en "San Borondón". Se creyó a pies juntillas en su existencia, y no faltaron relatos detallados de algún que otro navegante que juraba haber desembarcado en la isla y haberla explorado antes de que volviera a hundirse en el Océano.

          En algún tratado internacional firmado con el Reino de Castilla, haciendo referencia a Canarias, se hablaba de la soberanía castellana sobre "las islas de Canarias descubiertas y por descubrir"; ciudades que se suponían fundadas por siete legendarios obispos.

          En los archivos del siglo XVIII aparecen investigaciones oficiales realizadas por las autoridades de las Isla del Hierro, en la que declaran decenas de testigos que afirman haber visto la isla encantada desde la cumbres herreñas. A raíz de ello partió de Santa Cruz de Tenerife una expedición en busca de la isla.

          Resulta asombrosa la tenacidad con la que la leyenda ha seguido viva en el folkore popular canario. San Borondón sigue siendo una presencia constante en la imaginación popular de las islas, y seguramente no hay isleño de Tenerife, La Palma, la Gomera o el Hierro que no haya oteado alguna vez desde las cumbres de su propia isla, buscando la isla perdida de San Borondón en el horizonte del oeste donde el sol se hunde en el azul cobalto del Atántico.....

          Resuenen los tambores guanches
          que la isla misteriosa
          se divisa entre las olas;
          dibujándose en la bruma
          como si fuera una reina
          con su cortejo de espuma...
          Saludos
          Andrés

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          • #20
            Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

            ¡¡Qué preciosidad de hilo!!
            Muchísimas gracias a todos los que habeis escrito en él, es una bocanada de aire fresco.

            Alejandra.

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            • #21
              Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

              Cuenta la leyenda que el mismisimo Dios, despues de terminar la creación, se sentó a descansar apoyando su mano en el fin del mundo y dando lugar a las rías gallegas, las más hermosas de cuantas se hayan visto jamás.
              Asociación de navegantes de recreo

              sigpic
              http://www.anavre.org

              Mi flickr
              http://www.flickr.com/photos/38876802@N03/

              "Sólo hay dos formas de tener razón, una es callarse, la otra contradecirse" Fernando Pessoa.

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              • #22
                Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                Las focas juegan con los flexibles delfines sobre el mar en calma.
                Otros, de gran tamaño, inmensos en su aspecto, se revuelcan pesados agitando el oceano.
                Alli esta Leviatan, la mas enorme de las criaturas animadas, extendido en el pielago, como un promontorio, y durmiendo o nadando, semejante a un campo en movimiento.
                Sus agallas aspiran todo un mar, que el cuerpo arroja.

                John Milton,
                El paraiso perdido.
                Las criaturas de la luna huelen y rondan las cabañas.
                Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan.

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                • #23
                  Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                  Una leyenda china.
                  En China, al principio de los tiempos, no había ni lagos, ni ríos, sólo la tierra y los habitantes no conocían más agua que la que enviaba el emperador celeste desde las nubes y la que contenía el inmenso mar, morada de cuatro dragones: el dragón Negro, el Amarillo, el Perla y el Largo. Un día, los dragones, juguetones como eran, decidieron salir del mar y jugar al escondite entre las nubes. En eso estaban, cuando llegó hasta ellos el clamor de los habitantes de la tierra quienes, famélicos por la sequía que había arruinado las cosechas, suplicaban lluvia al emperador del cielo. Pero el todopoderoso señor, distraido entre los problemas del cielo, del mar y de la tierra estaba relajándose con la musica y los cantos de las hadas. Viendo el estado de la tierra, reseca, polvorienta y estéril y la desesperación de sus habitantes, los dragones decidieron ir personalmente a ver al señor del cielo para pedirle la lluvia. El emperador celeste se enojó:
                  -¡Este no es vuestro sitio, volver al mar que es donde debeis estar! Y no os preocupeis, mañana daré orden de que llueva.
                  Pero pasó un día y dos... y diez, y no llovió. Los dragones veían como un sol abrasador torturaba a la pobre gente que ya no tenía nada en absoluto que comer y que apenas tenía agua que beber. Decididamente el emperador del cielo se había olvidado de ellos. Pero, ¡cualquiera se atrevía a molestarlo de nuevo!. Decidieron, pues, que la única solución era llenar sus grandes bocas con el agua del mar y rociar la tierra. Dicho y hecho. La gente, loca de contenta, cantaba , bailaba y agradecía al cielo la bendición de la lluvia.
                  Pero, claro, el emperador se enfadó muchísimo, por tomarse unas atribuciones que no eran las suyas y los castigó encerrándolos en sendas enormes montañas, hechas para el caso. El cautiverio no hizo que los dragones se arrepintieran de su bondad, tan enorme como el mar, antes bien, decidieron convertirse en ríos, brotando sin cesar de las montañas, con el fin de que aquellas pobres gentes tuvieran suficiente agua en tiempos dificiles. Y así nacieron los cuatro grandes ríos de China.
                  Vive y deja vivir,
                  pero vive como piensas,
                  o acabarás pensando como vives.

                  Comentario


                  • #24
                    Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                    CUARTO DESASTRE
                    5 de febrero. Hoy ha ocurrido mi cuarto desastre. El primero fue en Finisterre, donde perdí 75 litros de gasoil. El segundo fue la total destrucción de la Génova ligera. El tercero fue la pérdida del pasacascos, que por poco me hunde el barco. Y, hoy, me ha ocurrido el cuarto: al principio de la tarde la vela Mayor se ha partido en dos y ha caído como un trueno en la cubierta. No podía creer lo que estaba viendo. En ese momento soplaban 45 nudos del NNO. Un trozo de vela se mantenía por arriba cerca de las crucetas superiores y el resto estaba gualdrapeando por la cubierta y encima de la botavara. Lo único que mantenía los dos trozos juntos era un cabito, obviamente el apagapenoles. Jurando como un loco, despacio, cobrando del apagapenoles y lascando la driza, fui arriando la parte alta de la vela. La parte alta era como de unos cinco metros en el gratil y la tela estaba totalmente destruida: la podía rasgar con las manos y eso que era «spectra»32. Trinqué el resto de la vela a la botavara –para entonces ya era de noche– y me fui abajo a meditar mis posibilidades. Pensé que tenía dos opciones: una era, usando varios sables33 juntos, convertirlos en el pico de una Mayor de cangreja, y la otra posibilidad era largar la mayor, salvando todos los carros, sables, etc., y convertir la Génova 2 de respeto en una mayor. La última solución era la más laboriosa: me llevaría mucho tiempo, pues tendría que hacer todos los hollados para coser los carros34 y las pastecas de los rizos, además de guarnir las fundas para los sables, etc. La primera opción era definitivamente la mejor. Preparé todos los parches, la bolsa de costura y quedé preparado para empezar al día siguiente al amanecer. Para las cuatro de la mañana ya estaba empezando. El viento había disminuido a fuerza 3. Arrollé la parte superior de la vela alrededor de los sables, la cosí y preparé cinco trozos de cabo a la driza de la Mayor con el pico. Trabajé hasta la noche. Estaba helado; tenía las manos medio congeladas. Algunas veces, mientras trabajaba encima de la botavara, me caía y una de esas veces me fui de cabeza. Suerte que llevaba el gorro de lana grueso además de la capucha de la chaqueta de agua. Al día siguiente, ya estaba otra vez recosiendo y reforzándolo todo. Me dolía el cuello pero yo..., «erre que erre». Tuve que subirme a la botavara y bajarme un montón de veces. El viento se mantenía en unos 25 nudos del NNO y yo continuaba, rompiendo agujas, rompiendo el reempujo35 y rompiéndome las manos. Icé la Mayor hasta el segundo rizo y media hora más tarde tuve que arriarla: se estaba rompiendo cerca del pico. Apareció toda clase de desgarros. Cosí y volví a coser. La vela me tiró de la botavara a la cubierta y allí me quedé sintiéndome medio muerto. Al cabo de un rato, me levanté como pude y volví a la botavara a seguir cosiendo y, de esta manera, transcurrieron tres días. Al final, se veía con mejor aspecto la vela; aunque no sentía las manos y el cuello me dolía mucho. Me caí de la botavara de cabeza una segunda vez. ¡Dios mío, debía de tener la mollera muy dura!

                    8 de febrero. Mi posición actual es 56º 20 S y 125º 49º O. No estoy lejos de la zona donde John Martin36 colisionó con un «growler»37 y finalmente se hundió, quedándose sin su Allied Bank. Bertie Reed, a bordo del Grinnaker, lo recogió. También en esta zona, Poupon ha dicho que ha visto algunos icebergs. Yo, desde luego, no he visto ninguno.

                    12 de febrero. Los días 10 y 11 se me pasaron; estuve muy ocupado con mi último desastre. El viento fuerte llegó pero no duró mucho. Después, roló al Sur y moderó. Desenrollé la Génova 1 y volví a izar la Mayor todo lo que pude. Salí a cubierta y decidí trasluchar. Empecé a enrollar la Génova, pero llegó un momento en que rehusó. Fui a comprobar lo que pasaba y vi que el apagapenoles se había enganchado en un trocito de metal que se había quedado sujeto a la primera cruceta, donde había estado la antena del radar, y que desde abajo no se veía. Parecía imposible que ocurriera algo así. Empecé a tratar de desengancharlo en el instante en que llegó un fuerte chubasco, con granizo y fuerte viento, y la Génova se rasgo desde la caída hasta el gratil. Me entró una furia malsana, ¡qué había hecho yo para merecerlo! ¡Ya era más que bastante! Juré y blasfemé durante largo tiempo; tenía que sacar mi furia de dentro. Tenía que arriar la vela sin ocasionar mas averías y lo conseguí. Entonces, escalé el palo con rabia, gritando de dolor cada vez que me golpeaba con él. Arranqué aquella miserable pieza del radar y la tiré con una palabrota obscena; bajé a cubierta para darme cuenta de que las dos cintas cosidas en la vela mayor, que aguantaban los dos grilletes que eran parte del pico de fortuna38 y servían para sujetar la driza al pico, se habían soltado. Ésta era la segunda vez. Arrié la vela de nuevo y la cosí con cordón (no usé hilo). Entretanto, ya se había hecho de noche y terminé el trabajo con una linterna de minero sujeta a la cabeza. Sinceramente, tuve la esperanza de que esta vez se mantuvieran. Terminé congelado de frío y muy hambriento. Calenté una lata de cocido que me devolvió a la vida. Antes de sentarme ante la mesa de cartas con un tazón de té humeante, con aroma a fresa, eché un vistazo fuera y vi que la botavara se había bajado y estaba planeando sobre el agua con los balanceos. Cogí la linterna y salí afuera para encontrarme con que la pasteca del segundo rizo se había partido en dos, una pasteca muy fuerte y muy cara. Metí la botavara a bordo, arrié la vela, luché con el grillete para poner otra pasteca, pasé el cabo del rizo y volví a izar la vela, la trimé adecuadamente, me mojé copiosamente durante el proceso y pasó una hora antes de que pudiera recalentar el té y sentarme de nuevo ante la mesa de cartas medio muerto.
                    CABO DE HORNOS Y ATLÁNTICO SUR
                    19 de febrero. ¡Sí, señor, por fin lo conseguí: he pasado el Cabo de Hornos a las 5.45 minutos de la mañana...! En ese momento estaba al sur verdadero del cabo, a una distancia de 23 millas... Ha sido una noche de perros, con el viento cambiando de dirección continuamente entre el Oeste y el Sur, manteniendo su fuerza entre 40 y 50 nudos. Después, cambié de rumbo al NE. ¡Fantástico! Llevaba tres rizos en la Mayor y la Génova 2. Entonces vi un barco grande de pasajeros. Hablamos por la radio VHF. Volvía de la península Antártica y estaba lleno de turistas franceses (¡siempre los franceses!). Vi cientos de cámaras y videocámaras apuntándome. La gente, detrás de los cristales, me saludó cuando pasó camino de Ushuaia. La visión del barco no me hizo feliz. Era el primer navío que veía en muchas semanas, desde el Atlántico, y ¡tenía que estar allí, justamente al sur del cabo! Yo no quería compartirlo con nadie. Hoy el Cabo de Hornos tenía que haber sido exclusivamente mío. Hoy nadie tenía derecho a estar a la vista; me sentí ligeramente desilusionado.

                    Tengo una historia, no carente de cierta gracia. Mi patrocinador había enviado un fotógrafo para filmar mi paso por el cabo y, por cortesía del Gobierno argentino, el hombre venía a mi encuentro en un barco de la Marina de Guerra argentina. Bien, el barco lo intentó pero no lo consiguió. El tiempo hay que reconocer que era atroz. El buque, según venía en mi dirección, con rumbo de encuentro, tuvo una gran avería en su motor principal. Luego, me enteré de que los otros competidores tampoco tuvieron mejor suerte con el tema de las fotografías a su paso por allí. De todas maneras, conseguí hablar con el fotógrafo, de nombre Joserra, por el VHF, el cual me dio una noticia fantástica: mi segunda hija, Luisa, estaba encinta del que sería mi tercer nieto. Mi segundo nieto nació mientras yo hacía la BOC Challenge39 y me encontraba al sur de la islas Kerguelen. Ese mismo día, buscando algo en el pik de proa40, me topé con ¡una caja de botellas de vino tinto! Estaba enterrada entre sacos de velas y cabuyería. Alguien la puso allí y se le olvidó decírmelo. La mala noticia era que todas las botellas estaban rotas menos dos; no había mas que un montón de cristales y cartón mojado de vino. Aquel día mi cena fue memorable...

                    He cruzado el Atlántico Norte en solitario siete veces y dos más con tripulación. He participado en dos AZAB41, una BOC Challenge alrededor del mundo en solitario; pero, queridos amigos, esta regata no tiene rival, es demasiado inhumana, y esto lo digo ahora cuando las cosas van corrigiéndose día a día, en el camino hacia casa y con la mar mejorando continuamente...

                    Meses después, en casa, y porque sentí incomodidad en la ingle izquierda, un médico me examinó. Me sacó rayos X y me dijo que tenía la pelvis con fisuras y basculada; las fisuras se habían soldado, pero la pelvis probablemente no volvería a su posición normal nunca... Lo ha hecho.

                    José Luis de Ugarte
                    El fiero turco en Lepanto, en la Tercera el Frances, y en toda mar el Ingles. tuvieron de verme espanto. Rey servido y patria honrada diran mejor quien he sido, por la cruz de mi apellido y con la cruz de mi espada.
                    Lope de Vega: 1588

                    Comentario


                    • #25
                      Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                      Os dejo un enlace con el origen mitólogico del Cap de Norfeu (Cap de Creus):




                      Comentario


                      • #26
                        Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                        Se cuenta en mi pueblo (Bermeo) una leyenda en el cual una Txalupa (antigua embarcación de pesca) fue cogida de improviso por un temporal. Con tal mala fortuna que la Txalupa naufragó, quedando a flote el mástil y sujetos a el dos arrantzales. Uno se llamaba Pedro y el otro Anis.
                        Tras días a la deriva y con faltas de fuerza uno de ellos le dice al otro:

                        -Txo Pedro, si salimos de esta tenemos que ir a San Juan juntos descalzos y oír la primera misa del día.
                        -De acuerdo Anis, totalmente de acuerdo. Lo haremos juntos. Dalo por hecho.

                        Al cavo de un día Pedro a falta de fuerzas fallece y es devorado por la mar. Anis más forzudo y con más forma física logra aguantar hasta que otros pescadores lo rescatan.

                        Al cavo de tres años, una noche, mientras Anis cenaba en su casa, la puerta suena.

                        -Tom, tom, tom
                        -Nor da? (¿ Quien es?) - Pregunta Anis.
                        -Me das de comer?

                        Anis le abre la puerta y ve como un hombre con la capucha negra y sin que se le vea el rostro entra a su mesa. Una vez que termina de comer le da las gracias y se va.
                        Anis observa que toda la comida a sido derramada al suelo y se extraña.
                        Al dia siguiente a la misma hora, 12 : 00 de la noche, otra vez suena la puerta:

                        -Tom, tom, tom
                        -Nor da? (¿ Quien es?) - Pregunta Anis.
                        -Me das de comer?

                        Anis abre la puerta y resulta que es el mismo individuo. Este le hace pasar y le da de nuevo comida.

                        Una vez terminado la comida se levanta, se lo agradece y se va. Anis, otra vez observa que la comida a sido derramada. Esta vez se asusta y piensa que algo raro esta pasando.
                        Al día siguiente va a donde el cura y le cuenta lo ocurrido. El cura le dice la próxima vez le pregunte lo que quiere.

                        Esa noche Anis ya nervioso vuelve a oir la puerta:

                        -Tom, tom, tom
                        -Nor da? (¿ Quien es?) - Pregunta Anis.
                        -Me das de comer?

                        Anis le abre la puerta y acto seguido le pregunta:

                        -¿Se puede saber que quieres de mi?
                        -Menos mal que esta tercera vez me preguntas, viejo amigo!!!. No me llegas a preguntar esta vez y te hubiese llevado conmigo al otro lado de la vida. ¿Acaso no me conoces???? ¿No recuerdas que me debes una promesa???

                        Era su amigo Pedro. Había vuelto de la muerte únicamente para hacerle cumplir la promesa.

                        Al día siguiente Anis paso descalzo bajo una de las puertas del pueblo, en dirección a San Juan de Gastelugatxe. Iba hablando solo a los ojos del cura cuando pasaron junto él, pero en realidad iba acompañado y hablando junto a su viejo amigo Pedro. Finalizaron la promesa.



                        Espero que os haya gustado. Si recuero alguna más os lo contaré la próxima vez.

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                        • #27
                          Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                          Que no decaiga el hilo !!!
                          gracy
                          "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

                          Comentario


                          • #28
                            Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                            Mas que leyenda mitología sobre Poseidón

                            Crono tuvo tres hijos: Zeus, Hades y Poseidón; éstos derrocaron a su padre y se repartieron el mundo entre ellos. Poseidón se conviertió en el señor de los mares, cargo que desempeñó con considerable violencia. La cólera del dios del mar era terrorífica, sobre todo cuando levantaba las olas con su tridente mágico, un regalo de los cíclopes. Poseidón también causaba terremotos. Vivía bajo el mar Egeo, y se transportaba en un carruaje tirado por majestuosos caballitos de mar En una ocasión Poseidón se atrevió a desafiar la supremacía de Zeus. Con la ayuda de las diosas Hera y Atenea, ató a Zeus con correas, pero el monstruo de cien manos Briareo, a quien Zeus había mandado llamar al Tártaro, acudió a liberarlo.
                            ...
                            Neptuno, el equivalente romano de Poseidón, era un dios menor, probablemente porque el mar no constituía nada significativo para los romanos.

                            100 personajes de la mitología clásica. - Malcom Day



                            www.anavre.org

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                            • #29
                              Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                              para que no se pierda este post sobre leyendas lo subo
                              leyenda del KRAKEN

                              Es un enorme monstruo marino Escandinavo. Las historias del Kraken, se remontan a terribles encuentros de barcos con calamares gigantes. El 30 de noviembre d 1896, encontraron el cadáver de un gigantesco animal marino, cerca de las playas de St. Augustine, Florida, USA.

                              El profesor de biología de la Universidad de Yale, Addison Verrill acudió de inmediato al lugar y lo identificó como un pulpo o calamar gigantesco, cuyos tentáculos median hasta 60 mts,las muestras de tejido que extrajeron del cuerpo del Kraken estan guardadas en el Instituto Smithsoniano de Boston, Massachussets, en USA.

                              Como punto de comparación, la especie de pulpo con los tentáculos mas grandes reconocidos oficialmente hasta hoy, miden aprox. 7 mts. El Kraken es tal vez quien inspiró al escritor y visionario francés Julio Verne, para escribir el ataque del calamar gigante que aparece en su novela "20,000 Leguas de viaje Submarino"

                              Aunque la leyenda cuenta que EL KRAKEN NO ERA UN CALAMAR GIGANTE...

                              Las redes estaban a punto de reventar. Algo hacía hervir el agua rebosante de peces. Los hombres trabajaban denodadamente, sabedores de que el monstruo oculto que aterrorizaba a la pesca podía emerger en cualquier momento del mar y dar cuenta en un instante de la embarcación.

                              O tal vez preferiría devorar uno a uno a los pescadores sobre cubierta.

                              Todos sabían que se trataba de «kraken», el mayor de los gigantes marinos.

                              Un sinfín de relatos semejantes abundan en la literatura noruega, pues la leyenda asegura que los pescadores, a lo largo de los tiempos, enmudecen de pavor cuando aparece el leviatán.

                              El dorso de un «kraken» adulto tenía una longitud de dos kilómetros y medio. Debido a la joroba de su espina dorsal y de los tentáculos que flotaban como flecos de algas, se le confundía con una isla de regular tamaño.

                              Era un templo viviente, y así lo dijeron varios antiguos escritores nórdicos cuando se refieren al «kraken».

                              En 1755, el obispo Pontoppidan de Bergen (Noruega) escribía que las islas flotantes que en los mares del norte aparecían y desaparecían súbitamente eran sin duda «krakens».

                              El obispo de Midaros levantó un altar sobre la roca de una playa y celebró la Santa Misa. No sabía que se hallaba sobre el lomo de un «kraken». El monstruo esperó respetuosamente a que el obispo terminase y luego, tranquilamente, se deslizó hasta el agua y desapareció. Pero el escepticismo moderno no se aviene a la existencia de los «krakens» y afirma que son calamares gigantes que confunden a visionarios. Pero ¿quién conoce del todo la profundidad de los mares? Tal vez, como escribió Tennyson:

                              “Bajo las agitadas aguas superficiales; lejos, muy lejos en el mar abisal, su antiguo y no turbado sueño duerme el «kraken».

                              El fiero turco en Lepanto, en la Tercera el Frances, y en toda mar el Ingles. tuvieron de verme espanto. Rey servido y patria honrada diran mejor quien he sido, por la cruz de mi apellido y con la cruz de mi espada.
                              Lope de Vega: 1588

                              Comentario


                              • #30
                                Re: Leyendas. Los siete tormentos del mar.

                                Mi tierra nació del amor de una sirena. En este caso una sirena y un pastor, cada uno en su casa -el mar y la montaña- se oían cantar a diario y se buscaban enamorados pero la sierena no se atrevía a aventurarse montaña arriba y el pastor temía al mar, así que poco a poco avanzaron ambos hasta encontrar un punto intermedio, un llano a medio camino entre el agua y el monte. Allí se amaron y en esa llanura vivo yo. En esa llanura dicen que se encuentran aún los dos amantes las noches de luna llena.
                                Saludos y

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