VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

9/ Todos los temas y/o mensajes que fomenten la piratería sobre cualquier software u otro material protegido, o informen de cómo o dónde llevarla a cabo serán retirados inmediatamente del foro. No obstante, y debido a la imposibilidad por parte de los administrador de controlar todos los temas y mensajes , si alguien detecta cualquier incidencia de este tipo ruego lo comunique de forma inmediata a la administración, especificando el enlace al tema para poder ser retirado.

10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Rincón literario

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  • Re: Rincón literario

    Las Inquietudes de Shanti Andía.
    Se puede leer en este link, pongo dos ejemplos diferentes ya que al contener muchos de ellos grabados, se descuadra el texto una barbaridad.
    Para recordar tiempos jóvenes.
    www.gutenberg.org/files/12848/12848-h/12848-h.htm

    I


    SHANTI SE DISCULPA

    Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.
    Yo, en cierta época de mi existencia, he pasado por algunos momentos difíciles, y el recordarlos, sin duda, despertó en mí la gana de escribir. El ver mis recuerdos fijados en el papel me daba la impresión de hallarse escritos por otro, y este desdoblamiento de mi persona en narrador y lector me indujo a continuar.

    VIII


    CORRERÍAS DE CHICO

    Tanto me habían hablado de la maldad de los chicos, que fuí a la escuela como un borrego que llevan al matadero.
    Yo estaba dispuesto a luchar, como Martín Pérez de Irizar, contra cualquier Juan Florin que me atacase, aunque mis fuerzas no eran muchas.
    Al principio me puso el maestro entre los últimos, lo que me avergonzó bastante; pero pasé pronto al grupo de los de mi edad.
    El maestro, don Hilario, era un castellano viejo que se había empeñado en enseñarnos a hablar y a pronunciar bien. Odiaba el vascuence como a un enemigo personal, y creía que hablar como en Burgos o como en Miranda de Ebro constituía tal superioridad, que toda persona de buen sentido, antes de aprender a ganar o a vivir, debía aprender a pronunciar correctamente.
    A los chicos nos parecía una pretensión ridicula el que don Hilario quisiera dar importancia a las cosas de tierra adentro. En vez de hablarnos del Cabo de Buena Esperanza o del Banco de Terranova, nos hablaba de las viñas de Haro, de los trigos de Medina del Campo. Nosotros le temíamos y le despreciábamos al mismo tiempo.
    El comprendía nuestro desamor por cuanto constituía sus afectos, y contestaba, instintivamente, odiando al pueblo y a todo lo que era vasco.
    Nos solía pegar con furia.
    A mí me salvó muchas veces de las palizas la recomendación de mi madre de que no me pegara, porque me encontraba todavía enfermo.
    Yo, comprendiendo el partido que podía sacar de mis enfermedades, solía fingir un dolor en el pecho o en el estómago para esquivar los castigos. Me libré muchas veces de los golpes; pero perdí mi reputación de hombre fuerte. «Este chico no vale nada», decian de mí; y hasta hoy creen lo mismo.
    Ahora se ríe uno pensando en las marrullerías infantiles; pero si se intenta volver con la imaginación a la época, se comprende que los primeros días de la escuela han sido de los más sombríos y lamentables de la vida.
    Después se han pasado tristezas y apuros, ¿quién no los ha tenido? Pero ya la sensibilidad estaba embotada; ya dominaba uno sus nervios como un piloto domina su barco.
    Sí; no es fácil que los de mi época, al retrotraerse con la memoria a los tiempos de la niñez, recuerden con cariño las escuelas y los maestros que nos amargaron los primeros años de la existencia.
    Esta impresión de la escuela, fría y húmeda, donde se entumecen los pies, donde recibe uno, sin saber casi por qué, frases duras, malos tratos y castigos, esa impresión es de las más feas y antipáticas de la vida.
    Es extraño; lo que ha comprendido el salvaje, que el niño, como más débil, como más tierno, merece más cuidado y hasta más respeto que el hombre, no lo ha comprendido el civilizado, y entre nosotros, el que sería incapaz de hacer daño a un adulto, martiriza a un niño con el consentimiento de sus padres.
    Es una de las muchas barbaridades de lo que se llama civilización.
    A los pocos días de entrar en la escuela entablé amistad con dos chicos que han seguido siendo amigos míos hasta ahora: el uno, José Mari Recalde; el otro, Domingo Zelayeta.
    José Mari era hijo de Juan Recalde, el Bravo. Llamaban así a su padre por haber demostrado, repetidas veces, un valor extraordinario; José Mari iba por el mismo camino: se mostraba arrojado y valiente.
    El otro chico, Chomin Zelayeta, era hijo de un tornero y vendedor de poleas del muelle.
    Chomin se distinguía por su viveza y por su ingenio. El padre era un tipo, hombre enérgico, de carácter fuerte y un poco fosco, que encontraba motivos raros para sus decisiones.
    —¿Por qué no se casa usted de nuevo, Zelayeta?—le dijo alguno.
    —No, no; ¿para qué? Tendría que hacer mayor la casa, y no me conviene.
    Habían querido una vez nombrarle concejal; pero él se opuso con todas sus fuerzas.
    —Pero, hombre, ¿por qué no quieres ser concejal?
    —Antes me matan—dijo él—que obligarme a llevar una levita de cola de golondrina.
    Esta levita, tan aborrecida por Zelayeta, era el frac que, en ciertas solemnidades de Lúzaro, hay la costumbre de que lo vistan los concejales.
    Zelayeta, padre, a pesar de sus genialidades y de sus rabotadas, era hombre de tendencia progresiva; le gustaba suscribirse a los libros por entregas, sobre todo para que los leyese su hijo.
    Los primeros meses de escuela mi madre me enviaba a la Iñure, a la salida, y aunque la buena vieja no era muy severa conmigo, tenía que marchar a su lado, mientras mis camaradas campaban solos por donde querían.
    Después de muchas súplicas y reclamaciones, conseguí libertad para ir y venir a la escuela sin rodrigón vigilante. Mi madre me recomendaba que anduviera por donde quisiera, menos por el muelle, lo cual significaba lo mismo que decirme que fuera a todos lados y a ninguno.
    A pesar de sus advertencias, al salir de la escuela echaba a correr hasta las escaleras del muelle.
    Otros chicos, en general los de familias terrestres o terráqueas, como dicen algunos en Lúzaro, tenían más afición a ir al juego de pelota; nosotros, los de familia marinera, entre los que nos contábamos Recalde, Zelayeta y yo, nos acercábamos al mar.
    Veíamos salir y entrar las barcas; veíamos a los chicos que se chapuzaban, desnudos, en la punta de Cay luce, y a los pescadores de caña haciendo ejercicio de paciencia. Los pescadores nos conocían.
    ¡Qué sorpresa cuando aparecía, al final de un aparejo, un pulpo con sus ojos miopes, redondos y estúpidos, su pico de lechuza y sus horribles brazos llenos de ventosas! Tampoco era pequeña la emoción cuando salía enroscada una de esas anguilas grandes, que luchaban valientemente por la vida, o uno de esos sapos de mar, inflados, negros, verdaderamente repugnantes.
    Cuando no nos vigilaba nadie nos descolgábamos por las amarras y correteábamos por las gabarras y lanchones, y saltábamos de una barca a otra.
    En este punto de la independencia infantil se va ganando terreno velozmente, y yo fuí avanzando en mi camino, con tal rapidez que llegué en poco tiempo a gozar de completa libertad.
    Muchas veces dejaba de ir a la escuela con Zelayeta y Recalde. Don Hilario, el maestro, mandaba recados a casa avisando que el día tal o cual no había ido; pero mi madre me disculpaba siempre y, como veía que me iba poniendo robusto y fuerte, hacía la vista gorda.
    Los domingos y los días de labor que faltábamos a clase solíamos ir al arenal, nos quitábamos las botas y las medias y andábamos con los pies descalzos.
    Recogíamos conchas, trozos de espuma de mar, mangos de cuchillo y piedrecitas negras, amarillas, rosadas, pulidas y brillantes.
    Al anochecer saltaban los pulgones en el arenal, y los agujeros redondos del solen echaban burbujas de aire cuando pasaba por encima de ellos la ligera capa de agua de una ola.
    Alguna vez logramos ver ese molusco, que nosotros llamábamos en vascuence deituba y que no sé por qué decíamos que solía estrangularse. Para hacerle salir de su escondrijo había que echarle un poco de sal.
    El que tenía más suerte para los descubrimientos era Zelayeta; él encontraba la estrella de mar o la concha rara; él veía el pulpo entre las peñas o el delfín nadando entre las olas. Siempre estaba escudriñándolo todo; su padre, por esta tendencia a registrar, le llamaba el carabinero.
    Los domingos mi madre comenzó a dejarme andar con los camaradas, después de hacerme una serie de advertencias y recomendaciones.
    Ya, teniendo tiempo por delante, no nos contentábamos con ir al arenal; subíamos al Izarra y después íbamos descendiendo a las rocas próximas.
    Cuando ya estuvimos acostumbrados a andar entre los peñascos, nos pareció la playa insípida y poco entretenida.
    El fin práctico de nuestros viajes a las rocas era coger esos cangrejos grandes y obscuros que aquí llamamos carramarros, y, en otros lados, centollas y ermitaños.
    El monte Izarra, a una de cuyas faldas está Lúzaro, forma como una península que separa la entrada del puerto de una ensenada bastante ancha comprendida entre dos puntas: la del Faro y la de las Animas.
    El monte Izarra es un promontorio pizarroso, formado por lajas inclinadas, roídas por las olas. Estos esquistos de la montaña se apartan como las hojas de un libro abierto, y avanzan en el mar dejando arrecifes, rocas negras azotadas por un inquieto oleaje, y terminan en una peña alta, negra, de aire misterioso, que se llama Frayburu.
    Para hacer nuestras excursiones solíamos reunimos a la mañanita en el muelle, pasábamos por delante del convento de Santa Clara, y por una calle empinada, con cuatro o cinco tramos de escaleras, salíamos a un callejón formado por las tapias de unas huertas. Luego cruzábamos maizales y viñedos y salíamos más arriba, en el monte, a descampados pedregosos con helechos y hayas.
    En la punta del Izarra debió de haber en otro tiempo una batería; aun se notaba el suelo empedrado con losas del baluarte y el emplazamiento de los cañones. Cerca existía una cueva llena de maleza, donde solíamos meternos a huronear.
    Era un agujero, sin duda hecho en otro tiempo por los soldados de la batería, para guarecerse de la lluvia, y que a nosotros nos servía para jugar a los Robinsones.
    El viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan suguia. Esta serpiente tenía garras de tigre, alas de buitre y cara de vieja. Andaba de noche haciendo fechorías, sorbiendo la sangre de los niños, y su aliento era tan deletéreo que envenenaba.
    Desde que supimos esto, la cueva nos imponía algún respeto. A pesar de ello, yo propuse que quemáramos la maleza del interior. Si estaba la Egan suguia se achicharraría, y si no estaba, no pasaría nada. A Recalde no le pareció bien la idea. Así se consolidan las supersticiones.
    La parte alta del Izarra era imponente. Al borde mismo del mar, un sendero pedregoso pasaba por encima de un acantilado cuyo pie estaba horadado y formado por rocas desprendidas. Las olas se metían por entre los resquicios de la pizarra, en el corazón del monte, y se las veía saltar blancas y espumosas como surtidores de nieve.
    Algunos chicos no se atrevían a asomarse allí, de miedo al vértigo; a mí me atraía aquel precipicio.
    Allá abajo, en algunos sitios, las piedras escalonadas formaban como las graderías de un anfiteatro. En los bancos de este coliseo natural quedaban, al retirarse la marea, charcos claros, redondos, pupilas resplandecientes que reflejaban el cielo.
    El mismo Yurrumendi aseguraba, según Zelayeta, que aquellas gradas estaban hechas para que las sirenas pudieran ver desde allá las carreras de los delfines, las luchas de los monstruos marinos que pululan en el inquieto imperio del mar.
    El agua, verde y blanca, saltaba furiosa entre las piedras; las olas rompían en lluvia de espuma, y avanzaban como manadas de caballos salvajes, con las crines al aire.
    Lejos, a media milla de la costa, como el centinela de estos arrecifes, se levantaba la roca de aspecto trágico, Frayburu.
    Los pescadores decían que enfrente de Frayburu, el monte Izarra tenía una gran cavidad, una enorme y misteriosa caverna.
    Pasada esta parte, el Izarra se cortaba en un acantilado liso, pared negra y pizarrosa, veteada de blanco y de rojo, en cuyas junturas y rellanos nacían ramas y hierbas salvajes.
    Aquí, el mar de mucho fondo era menos agitado que delante de los arrecifes.
    Cuando ya bajaba el camino, se veía la playa de las Animas, entre la punta del Faro y otro promontorio lejano. Sobre el arenal de la playa se levantaban dunas tapizadas de verde, y las casitas esparcidas de la barriada de Izarte, echando humo.
    Ya cerca de la punta del Faro abandonábamos el camino para meternos entre las rocas. Había por allí agujeros como chimeneas, que acababan en el mar. En algunas de estas simas se sentía el viento, que movía las florecillas de la entrada; en otras se oía claramente el estrépito de las olas.
    Saltábamos de peña en peña, y solíamos avanzar hasta los peñascos más lejanos; pero cuando comenzaba a subir la marea teníamos que correr, huyendo de las olas, y a veces descalzarnos y meternos en el agua.
    En la marea baja, entre las rocas cubiertas de líquenes, solían verse charcos tranquilos, olvidados al retirarse el mar. Muchas horas he pasado yo mirando estos aguazales. ¡Con qué interés!¡Con qué entusiasmo!
    Bajo el agua transparente se veía la roca carcomida, llena de agujeros, cubierta de lapas. En el fondo, entre los líquenes verdes y las piedrecitas de colores, aparecían rojos erizos de mar cuyos tentáculos blandos se contraían al tocarlos. En la superficie flotaba un trozo de hierba marina, que al macerarse en el agua, quedaba como un ramito de filamentos plateados, una pluma de gaviota o un trozo de corcho. Algún pececillo plateado pasaba como una flecha, cruzando el pequeño océano, y de cuando en cuando el gran monstruo de este diminuto mar, el cangrejo, salía de su rincón, andando traidoramente de lado, y su ojo enorme inspeccionaba sus dominios buscando una presa.
    Algunos de estos charcos tenían sus canales para comunicarse unos con otros, sus ensenadas y sus golfos; viéndolos, yo me figuraba que así, en gran tamaño, serían los océanos del mundo.
    En los recodos de las peñas donde se amontonaban las algas y se secaban al sol, me gustaba también estar sentado; ese olor fuerte de mar me turbaba un poco la cabeza, y me producía una impresión excitante como la del aroma de un vino generoso.
    Las horas se nos pasaban entre las rocas, en un vuelo; casi siempre yo llegaba tarde a casa.
    Muchos domingos el tiempo nos fastidiaba; comenzaba a llover de una manera desastrosa, y mi madre no me dejaba salir. Le acompañaba a Aguirreche, comíamos en casa de mi abuela y pasábamos la tarde allí. ¡Qué aburrimiento!
    Se formaba una tertulia de señoras respetables, entre las que había dos o tres viudas de capitanes y pilotos, y al anochecer se tomaba chocolate.
    ...Y yo oía la charla continua, en vascuence, de las amigas de mi abuela, y veía con desesperación el caer de la lluvia continua y monótona, y escuchaba el ruido de los chorros de agua que caían de los canalones a chocar en las aceras.
    Editado por última vez por Chiqui; 02/03/2009, 18:38:11.
    Avrei voglia di correre all’infinito

    e vedermi arrivare sempre prima di me
    e

    Avrei tanta voglia di te

    B. Costa

    Comentario


    • Re: Rincón literario

      Es curioso, a todos parece gustarnos la lírica más que la prosa (al menos en este hilo). Sin embargo, se venden muchos menos libros de poesía (en comparación, se entiende). Vamos con otro de nuestros poetas: Dámaso Alonso.

      SOLO

      Como perro sin amo, que no tiene
      huella ni olfato, y yerra
      por los caminos...
      Antonio Machado

      Hiéreme. Sienta
      mi carne tu caricia destructora.


      Desde la entraña se eleva mi grito,
      y no me respondías. Soledad
      absoluta. Solo. Solo.


      Sí, yo he visto estos canes errabundos,
      allá en las cercas últimas,
      jadeantes huir a prima noche,
      y esquivar las cabañas
      y el sonoro redil, donde mastines
      más dichosos, no ignoran
      ni el duro pan ni el palo del pastor.


      Pero ellos huyen,
      hozando por las secas torrenteras,
      venteando luceros, y si buscan
      junto a un tocón del quejigal yacija,
      pronto otra vez se yerguen:
      se yerguen y avizoran la hondonada
      de las sombras, y huyen
      bajo la indiferencia de los astros,
      entre los cierzos finos.


      Oh, sí, yo tengo miedo
      a la absoluta soledad.
      Miedo a tu soledad. Sienta tu garra,
      tu beso de furor. Lo necesito
      como un perro el castigo de su amo.
      Mira:
      soy hombre, y estoy solo.


      ORACIÓN POR LA BELLEZA DE UNA MUCHACHA

      Tú le diste esa ardiente simetría
      de los labios, con brasa de tu hondura,
      y en dos enormes cauces de negrura,
      simas de infinitud, luz de tu día;


      esos bultos de nieve, que bullía
      al soliviar del lino la tersura,
      y, prodigios de exacta arquitectura,
      dos columnas que cantan tu armonía.


      Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
      que en un álabe dulce se derrama,
      miel secreta en el humo entredorado.


      ¿A qué tu poderosa mano espera?
      Mortal belleza eternidad reclama.
      ¡Dale la eternidad que le has negado!

      Vive y deja vivir,
      pero vive como piensas,
      o acabarás pensando como vives.

      Comentario


      • Re: Rincón literario

        Por si no se lee bien en el azulejo del hilo de los barcos, lo copio aquí.

        A LOS VELOCES VELEROS DE LUARCA.

        Puñal de agua que rasga y abre en vía
        el asturiano campo enverdecido,
        y en lírico paisaje, así partido:
        Luarca, piedra y ola en armonía.

        La gente de tu orilla se gloria
        de haber domado al mar embravecido.
        El viento por tus velas fue vencido
        y el tritón a tus naves de rendía.

        Encontrando tus ámbitos pequeños,
        trenzaron linos y labraron leños,
        ala y quilla que al que al globo entero enarca.

        Y, de un polo a otro polo, en anchos mares
        dieron fama a tus hombres y a tus lares
        los veloces veleros de Luarca.

        J.E. Casariego

        Vive y deja vivir,
        pero vive como piensas,
        o acabarás pensando como vives.

        Comentario


        • Re: Rincón literario

          Mas fotos en Flickr

          Seccion de Joyeria

          Mis Paseos Nocturnos por el muelle...

          Comentario


          • Re: Rincón literario

            Aportando mi granito de arena para esta pequeña gran biblioteca con un pequeño párrafo que me ha puesto muchas veces las pilas en la universidad cada vez que me "ausentaba" de mis quehaceres...

            Un pequeño párrafo de D. Edgar Allan Poe.-

            ….
            Tenemos ante nosotros una tarea que realizar y hemos de llevarla a cabo rápidamente. Sabemos que demorarla causará nuestra ruina. La más importante crisis de nuestra vida reclama, a golpe de trompeta, energía y acción inmediatas. Ardemos de impaciencia, nos consume el ansia de comenzar el trabajo, nuestras almas se inflaman con el goce anticipado del glorioso resultado. Cebemos, deberíamos acometer hoy la tarea y, no obstante, la aplazamos para el día siguiente. ¿Y por qué? No hay respuesta, como no sea que nos parece perverso, utilizando la palabra sin comprender el principio. Llega el día siguiente y con él una más impaciente ansiedad por cumplir nuestro deber, pero con esa acrecentada ansiedad llega, también, un deseo innominado y absolutamente pavoroso por impenetrable, de demorarlo de nuevo. Este deseo gana fuerza a medida que pasa el tiempo. La última hora para emprender la acción está en puertas. Temblamos por la violencia del conflicto que se libra dentro de nosotros –de sombra--, pero si la lucha ha alcanzado ese punto, es la sombra la que prevalece… nosotros pugnamos ya en vano. El reloj suena y sus sones son el toque de difuntos de nuestra felicidad. Y son a la vez también el canto que ahuyenta el fantasma que nos ha atemorizado tanto tiempo. El fantasma escapa, desaparece… estamos libres. Renace la vieja energía. Ahora trabajaremos. Pero, ¡ay, es demasiado tarde!
            ….
            El demonio de lo perverso


            Soy pirata porque no tengo más que un barco. si tuviera una flota, sería un conquistador.


            Comentario


            • Re: Rincón literario

              Quería poneros un fragmento de una absorbente, original y curiosa novela policíaca “El misterio de la carretera de Sintra”, pero como no he encontrado en la red el fragmento que buscaba y estoy vaga para escribirlo, os pongo un trozo de otra obra del autor (un escritor bastante crítico e irónico con la sociedad de su tiempo y país y al que muchos conoceréis), que también es representativa de su originalidad.


              De un modo sobrenatural llegó a mí la noticia de la existencia de este papel, donde una pobre horca podrida y negra relataba algunas cosas de su historia. Esta horca procuraba escribir sus trágicas Memorias. Debían ser profundos testimonios sobre la vida. Como árbol, nadie conocía tan bien el misterio de la Naturaleza; como horca, nadie conocía mejor al hombre. Nadie puede ser tan espontáneo y genuino como el hombre que se retuerce al extremo de una cuerda, ¡a no ser ese otro que se le sube a los hombros! Por desgracia, la pobre horca se pudrió y murió.

              Entre los apuntes que dejó, los menos completos son estos que transcribo, resumen de sus dolores, vaga apariencia de gritos instintivos. ¡Si ella hubiera podido escribir su vida compleja, llena de sangre y de tristezas! Es hora de que sepamos, por fin, cual es la opinión que la vasta Naturaleza, montes, árboles y aguas, tiene del hombre imperceptible. Tal vez este sentimiento me lleve algún día a publicar papeles que guardo avaramente y que son las Memorias de un átomo y las Notas de viaje de una raíz de ciprés.

              Así discurre el fragmento que copio y que es, tan sólo, el prólogo de las Memorias:

              «Pertenezco a una antigua estirpe de robles, raza austera y fuerte, que ya en la antigüedad dejaba caer de sus ramas pensamientos para Platón. Era una familia hospitalaria e histórica: ella había dado vida a navíos para la ruta tenebrosa de las Indias, lanzas para los alucinados de las Cruzadas y vigas para los techos sencillos y aromáticos que cobijaron a Savonarola, Spinoza y Lutero. Mi padre, olvidando las altas tradiciones sonoras y su linaje vegetal, tuvo una vida inerte y profana. No respetaba las morales antiguas, ni la ideal tradición religiosa, ni los deberes de la Historia. Era un árbol materialista. Lo habían pervertido los enciclopedistas de la vegetación. ¡Carecía de fe, de alma, de dios! Profesaba la religión del sol, de la savia y del agua. Era el gran libertino de la selva pensante. En verano no bien sentía la fermentación vívida de las savias, cantaba agitándose al sol, cobijaba los grandes conciertos de pájaros bohemios, escupía la lluvia sobre el pueblo encorvado y humilde de las hierbas y de las plantas, y por la noche, en el abrazo de las hiedras lascivas, roncaba bajo el silencio estelar. ¡Cuando llegaba el invierno, con la pasividad animal de un mendigo, alzaba hacia la impasible ironía del azul sus brazos flacos y suplicantes!

              »Por eso nosotros, sus hijos, no fuimos felices en la vida vegetal. Uno de mis hermanos fue llevado para convertirse en tablado de payasos; ¡rama contemplativa y romántica, todas las noches iba a ser pisada por la burla, por el escarnio, por la farsa, por el hambre! La otra rama, llena de vida, de sol, de polvo, recia, solitaria de la vida, luchadora contra los vientos y las nieves, fue arrancada de nosotros, ¡para ir a ser cuaderna de una barca! ¡Yo, el más digno de lástima, acabé en horca!

              »Desde pequeño fui triste y compasivo. Tenia grandes amistades en la selva. Yo sólo quería el bien, la risa, la sana dilatación de las fibras y de las almas. El rocío que me humedecía de noche lo lanzaba a unas pobres violetas que vivían debajo de nosotros, dulces muchachitas dolientes, melancólicas, condensadas y vivas de la gran alma silenciosa de la vegetación. Cobijaba a todos los pájaros en víspera de temporales. Era yo quien recibía la furia de la lluvia. Venía ella con los cabellos desgreñados, ¡perseguida, mordida, quebrantada por el viento! Le abría mis ramas y mis hojas y la ocultaba allí, al calor de la savia. El viento pasaba, confundido e imbécil. Entonces la pobre lluvia, que lo veía alejarse, silbando lascivo, se dejaba caer en silencio por el tronco, gota a gota, para que el viento no la oyese, ¡e iba, a rastras, entre la hierba, a unirse con su alma madre el Agua!...

              Jose María Eça de Queiroz (1845-1900).- “Memorias de una horca “
              Vive y deja vivir,
              pero vive como piensas,
              o acabarás pensando como vives.

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              • Re: Rincón literario

                Hola a todos/as.
                LLevaba unos dias sin leeros-mucho lio- y estoy ya un par de horas saboreando lo ultimo que habeis escrito.
                Crimi, es cierto que se nos nota mas tendencia a la lirica, genero que esta hoy un poco apartado, al menos en el Taller que desarrollo a dia de hoy, la gente me pide, narrativa-prosa-. Y aqui en el foro una vez mas salta la sorpresa, para mi lo es, de ese... ardor por la poseia .
                A menudo en mi cabeza da vueltas este poema de Salinas que aprendi en el Instituto y me encanta, claro, con quince años....
                Dime tu nombre, sombra
                en esta hora en que apenas clarea,
                y si no tienes nombre de tu paso,
                dejame alguna huella,
                porque en la leve herida que me has hecho,
                la sangre ya se seca y mis labios se cierran
                sin nombrarte por no saber quien eras.
                Si eras tu ,de verdad,
                ¿por que no vuelves de nuevo a la pelea?.
                Si eras solo la mascara de un nombre : mejor es que no vuelvas.

                Si he omitido alguna linea o algun posesivo no esta usado debidamente , es que la he escrito de memoria. Besotes para todos y unos cafes.
                La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

                Comentario


                • Re: Rincón literario

                  Quise decir: ardor por la [B]POESIA[B],que fallo!! .
                  La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

                  Comentario


                  • Re: Rincón literario

                    Leopoldo Maria Panero


                    Poeta, narrador y ensayista español nacido en Madrid en 1948.
                    Hijo del poeta Leopoldo Panero y hermano de Juan Luis Panero, también poeta, mostró desde muy pequeño su interés por la poesía. A los dieciseis años, fascinado por la izquierda radical, ingresó al entonces prohibido Partido Comunista, cuya militancia le valió su primera estancia en prisión.
                    Inició su carrera como poeta de la mano del maestro Pere Gimferrer, sin embargo, su vida fue trastornada por el alcoholismo, la depresión y dos intentos de suicidio antes de cumplir los ventiún años. Padece una esquizofrenia que lo mantiene internado por voluntad propia en un pabellón psiquiátrico, donde mantiene vivo su interés por la literatura.
                    Autor de una importante obra, está considerado como uno de los poetas más importantes de España. Su primer libro «Por el camino de Swan» en 1968, fue el inicio de una cadena de publicaciones entre las que vale la pena destacar «Así se fundó Carnaby Street» 1970, «En Teoría» 1973, «Narciso en el acorde último de las flautas» 1979, «Dioscuros» 1982, «Poemas del manicomio de Mondragón» 1987 y «Heroína y otros poemas» 1992. ©

                    EL NOI DEL SUCRE

                    Tengo un idiota dentro de mí, que llora,
                    que llora y que no sabe, y mira
                    sólo la luz, la luz que no sabe.
                    Tengo al niño, al niño bobo, como parado
                    en Dios, en un dios que no sabe
                    sino amar y llorar, llorar por las noches
                    por los niños, por los niños de falo
                    dulce, y suave de tocar, como la noche.
                    Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
                    mirando y dejándose mirar, dejándose
                    violar por el alud de las miradas de otros, y
                    llorando, llorando frágilmente por la luz.
                    Tengo a un niño solo entre muchos, as
                    a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo
                    el terror de la lluvia que llora, y llora,
                    hoy por todos, mientras
                    el sol se oculta para dejar matar, y viene
                    a la noche de todos el niño asesino
                    a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo
                    de no saber sino tan sólo ahora
                    por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera,
                    con el rostro perdido y el cabello demente
                    hambrientos, llenos de sed, de ganas
                    de aire, de soplar globos como antes era, fue
                    la vida un día antes
                    de que allí en la alcoba de
                    los padres perdiéramos la luz.






                    HIMNO A SATÁN


                    «Ten piedad de mi larga miseria»

                    Le fleurs du mal
                    Charles Baudelaire

                    Tú que eres tan sólo
                    una herida en la pared
                    y un rasguño en la frente
                    que induce suavemente a la muerte:
                    tú ayudas a los débiles
                    mejor que los cristianos
                    tú vienes de las estrellas
                    y odias esta tierra
                    donde moribundos descalzos
                    se dan la mano día tras día
                    buscando entre la mierda
                    la razón de su vida;
                    yo que nací del excremento
                    te amo
                    y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
                    Tu símbolo es el ciervo
                    y el mío la luna:
                    que caiga la lluvia sobre
                    nuestras faces
                    uniéndonos en un abrazo
                    silencioso y cruel en que
                    como el suicidio, sueño
                    sin ángeles ni mujeres
                    desnudo de todo
                    salvo de tu nombre
                    de tus besos en mi ano
                    y tus caricias en mi cabeza calva
                    rociaremos con vino, orina y sangre
                    las iglesias
                    regalo de los magos
                    y debajo del crucifijo
                    aullaremos.


                    "Poemas del manicomio de Mondragón"

                    A mi personalmente me encandila y a la vez me impacta cada vez que le leo, ire poniendo alguno de vez en cuando.


                    Salud y
                    [FONT="Arial Black"][COLOR="Blue"]prefiero ser marmiton que mirar desde la orilla

                    Comentario


                    • Re: Rincón literario

                      Pues… que quieras que te diga, Urtzi, será por la edad -y puede que mi condición de mujer-, pero no me dice nada la poesía de este hombre (aunque debo reconocer que no lo he leído mucho, quizás porque no me engancha). Hace ya demasiado tiempo que dejé las flores del mal, a pesar de la atracción tan poderosa que sentía por ellas a mis 20 años:

                      EL AMOR Y EL CRÁNEO

                      El amor se ha sentado en el cráneo
                      de la humanidad
                      y en este trono el profano
                      de risa descarada,

                      sopla alegremente burbujas redondas
                      que suben en el aire,
                      como para juntar los mundos
                      al fondo del éter.

                      El globo luminoso y frágil
                      toma un gran vuelo,
                      estalla y escupe su alma tenue
                      como un sueño de oro.

                      Oigo el cráneo en cada burbuja
                      rogar y gemir:
                      "Este juego feroz y ridículo,
                      ¿cuándo ha de terminar?

                      Pues lo que tu boca cruel
                      esparce en el aire,
                      monstruo asesino, es mi cerebro.
                      ¡Mi sangre y mi carne!"


                      Y ahora, si busco misticismo y el sentido de la vida (cosa poco frecuente en una vieja agnóstica, que cree más bien en el absurdo de la vida) prefiero mil veces estos armoniosos versos, aunque ya no estén de moda:

                      Cántico espiritual
                      1
                      Adónde te escondiste,
                      amado, y me dejaste con gemido?
                      Como el ciervo huiste,
                      habiéndome herido;
                      salí tras ti, clamando, y eras ido.

                      Pastores, los que fuerdes
                      allá, por las majadas, al otero,
                      si por ventura vierdes
                      aquél que yo más quiero,
                      decidle que adolezco, peno y muero.

                      Buscando mis amores,
                      iré por esos montes y riberas;
                      ni cogeré las flores,
                      ni temeré las fieras,
                      y pasaré los fuertes y fronteras.

                      ¡Oh bosques y espesuras,
                      plantadas por la mano del amado!
                      ¡Oh prado de verduras,
                      de flores esmaltado,
                      decid si por vosotros ha pasado!

                      …. 9
                      ¿Por qué, pues has llagado
                      aqueste corazón, no le sanaste?
                      Y pues me le has robado,
                      ¿por qué así le dejaste,
                      y no tomas el robo que robaste?

                      Apaga mis enojos,
                      pues que ninguno basta a deshacellos,
                      y véante mis ojos,
                      pues eres lumbre dellos,
                      y sólo para ti quiero tenellos.

                      ¡Oh cristalina fuente,
                      si en esos tus semblantes plateados,
                      formases de repente
                      los ojos deseados,
                      que tengo en mis entrañas dibujados!

                      … 14
                      ¡Mi amado, las montañas,
                      los valles solitarios nemorosos,
                      las ínsulas extrañas,
                      los ríos sonorosos,
                      el silbo de los aires amorosos;

                      la noche sosegada,
                      en par de los levantes de la aurora,
                      la música callada,
                      la soledad sonora,
                      la cena que recrea y enamora;


                      … 27

                      Allí me dio su pecho,
                      allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
                      y yo le di de hecho
                      a mí, sin dejar cosa;
                      allí le prometí de ser su esposa.

                      Mi alma se ha empleado,
                      y todo mi caudal, en su servicio;
                      ya no guardo ganado,
                      ni ya tengo otro oficio,
                      que ya sólo en amar es mi ejercicio.

                      Pues ya si en el ejido
                      de hoy más no fuere vista ni hallada,
                      diréis que me he perdido;
                      que andando enamorada,
                      me hice perdidiza, y fui ganada…

                      Pero, afortunadamente, hay gustos distintos y el arte es siempre subjetivo, sino el mundo sería muy aburrido.


                      Vive y deja vivir,
                      pero vive como piensas,
                      o acabarás pensando como vives.

                      Comentario


                      • Re: Rincón literario

                        Efectivamente para gustos son los colores.
                        Te entiendo perfectamente cuando dices que no te engancha mi amigo Leopoldo.
                        Yo dependiendo de mi estado de animo o estado "espiritual" hay ocasiones en que no me gusta nada, es mas lo aborrezco, pues me deja hecho polvo y abatido, en cambio en otras misteriosamente entiendo cada verso y creo entender al autor.
                        De cualquier manera la considero poesia "dificil" si se puede decir tal cosa de la poesia .
                        Mi intencion al traerlo a este rincon literario era precisamente escuchar comentarios de este autor "maldito" pero para mi genial.



                        Un Loco Tocado De La Maldición Del Cielo

                        Un loco tocado de la maldición del cielo
                        canta humillado en una esquina
                        sus canciones hablan de ángeles y cosas
                        que cuestan la vida al ojo humano
                        la vida se pudre a sus pies como una rosa
                        y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
                        una princesa.


                        “Poemas del manicomio de Mondragón”


                        Salud y
                        [FONT="Arial Black"][COLOR="Blue"]prefiero ser marmiton que mirar desde la orilla

                        Comentario


                        • Re: Rincón literario

                          Te comprendo Urtzi, me pasa lo mismo, el estado espiritual me influye mucho tambièn.
                          Me fascinò lo primero que has puesto de Leopoldo, pero tambièn siento que me deprime un poquito y a veces, el espìritu no està tan fuerte como para soportar algo que llegue a ponerte en una situaciòn de bajòn total.
                          Me pasa con los poemas de Almafuerte, cuando estoy "guerrera" me encantan y cuando estoy "espiritual" me parecen de terror.
                          gracy
                          "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

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                          • Re: Rincón literario

                            Hoy rindo homenaje a un escritor que cumple 103 años.


                            "El arte, como proceso espiritual, como actuación, consiste en desprender de la realidad una apariencia orientada por la brújula del sentido estético, no de otro modo que la máquina del fotógrafo desprende una apariencia exactísima, y, sin embargo, independiente, de los objetos colocados en su campo. El toque del arte consiste en herir a la Naturaleza en su talón de Aquiles, en ese punto vulnerable, sensible, cuyo contacto -así también en la mujer; así en la caja de caudales- basta a lograr la apertura de su entraña estética.
                            (...)
                            Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila. " ...


                            "Lo propio del hombre de letras es escrutar con toda libertad el mundo, preguntarse por los últimos misterios, tratar de descubrir el sentido de la vida humana, el sentido de todo lo existente y ofrecer sus intuiciones plasmadas en obra a la consideración de sus semejantes con objeto de despertar en ellos intuiciones o percepciones análogas".


                            Francisco Ayala.
                            Vive y deja vivir,
                            pero vive como piensas,
                            o acabarás pensando como vives.

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                            • Re: Rincón literario

                              Felicidades al Sr. Ayala, eso si que es una gesta, y llegar como el lo ha hecho y felicidades a Crimi por su mensaje.
                              La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

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                              • Re: Rincón literario

                                Seguro que este mensaje también te alegra, Analema. Rindo homenaje a uno de nuestros mejores escritores: D. Miguel Delibes, que si no tiene el Nobel no es porque no se lo merezca sobradamente.

                                Y en éstas, se presentó en el cortijo el Azarías, y la Régula le dio los días y le tendió el saco de paja junto a la cocina como era habitual, pero el Azarías ni la miraba, se implaba y rutaba y hacía como si masticara algo sin nada en la boca y su hermana,
                                ¿te pasa algo, Azarías, no estarás enfermo?
                                y el Azarías, la vacua mirada en el fuego, gruñía y juntaba las encías desdentadas, y la Régula,
                                ae, no te se habrá muerto la otra milana que tú dices ,¿verdad, Azarías?
                                Y tras mucho porfiar, el Azarías,
                                el señorito me ha despedido,
                                y la Régula,
                                ¿el señorito?
                                y el Azarías,
                                dice que ya estoy viejo,
                                y la Régula,
                                ae eso no puede decírtelo tu señorito, si te pusiste viejo, a su lado ha sido,
                                y el Azarías,
                                yo tengo un año más que el señorito,
                                y rutaba y mascaba la nada. sentado en el taburete, acodado en los muslos, la cabeza entre las manos, la mirada huera, fija en el hogar, pero, inopinadamente, se oyó el alarido de la Niña Chica y los ojos del Azarías se iluminaron, y sus labios se distendieron en una sonrisa babeante, y le dijo a su hermana,
                                arrímame a la Niña Chica anda,
                                y la Régula,
                                ae, estará sucia
                                y el Azarías,
                                alcánzame a la Niña Chica,
                                y, ante su insistencia, la Régula se incorporó y regresó con la Charito cuyo cuerpo no abultaba lo que una liebre y cuyas piernecitas se doblaban como las de una muñeca de trapo, como si estuvieran deshuesadas, pero el Azarías la tomó con dedos trémulos, la acomodó en el regazo, sujetó delicadamente su cabecita desarticulada contra su brazo fornido, bajo el sobaco, y comenzó a rascarle suavemente en el entrecejo mientras musitaba,
                                milana bonita, milana bonita...
                                Vive y deja vivir,
                                pero vive como piensas,
                                o acabarás pensando como vives.

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