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"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

9/ Todos los temas y/o mensajes que fomenten la piratería sobre cualquier software u otro material protegido, o informen de cómo o dónde llevarla a cabo serán retirados inmediatamente del foro. No obstante, y debido a la imposibilidad por parte de los administrador de controlar todos los temas y mensajes , si alguien detecta cualquier incidencia de este tipo ruego lo comunique de forma inmediata a la administración, especificando el enlace al tema para poder ser retirado.

10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Rincón literario

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  • Re: Rincón literario

    Hoy, Blas de Otero

    HOMBRE

    Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
    al borde del abismo, estoy clamando
    a Dios. Y su silencio, retumbando,
    ahoga mi voz en el vacío inerte.

    Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
    despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
    oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
    solo. Arañando sombras para verte.

    Alzo la mano, y tú me la cercenas.
    Abro los ojos: me los sajas vivos.
    Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

    Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
    Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
    ¡Ángel con grandes alas de cadenas!



    BASTA


    Imagine mi horror por un momento
    que Dios, el solo vivo, no existiera,
    o que, existiendo, sólo consistiera
    en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

    Y que la muerte, oh estremecimiento,
    fuese el hueco sin luz de una escalera,
    un colosal vacío que se hundiera
    en un silencio desolado, liento.

    Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
    de madre, a qué vidrieras, crucifijos
    y todo lo demás? Basta la muerte.

    Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
    O si no, déjanos precipitarnos
    sobre Ti -ronco río que revierte.
    Vive y deja vivir,
    pero vive como piensas,
    o acabarás pensando como vives.

    Comentario


    • Re: Rincón literario

      Crimi ,muchas gracias reina, como olvidar al Sr. Delibes, cuando la mayoria crecimos con el Mochuelo, entre nuestras manitas...Ay, que tiempos!.
      Como decia en el hilo de las pelis, este poema de la Sra Emily Dickinson, me parece unico:
      Haced amplia esta cama.
      Hacedla con espanto,
      y en ella esperareis hasta que el Juicio empieze
      Justo y Magnifico.
      Que el colchon sea recto
      y la almohada redonda,
      y que el ruido amarillo de los amaneceres no perturbe este suelo. Besos y rondas
      La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

      Comentario


      • Re: Rincón literario

        Vuelva usted mañana



        Mariano José de Larra






        Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza; nosotros, que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos más serios de lo que nunca nos habíamos propuesto, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de la historia de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados que pican en historia, y que la historia de los pecados sería un tanto cuanto divertida. Convengamos solamente en que esta institución ha cerrado y cerrará las puertas del cielo a más de un cristiano.
        Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando se presentó en mi casa un extranjero de estos que, en buena o en mala parte, han de tener siempre de nuestro país una idea exagerada e hiperbólica, de estos que, o creen que los hombres aquí son todavía los espléndidos, francos, generosos y caballerescos seres de hace dos siglos, o que son aún las tribus nómadas del otro lado del Atlante: en el primer caso vienen imaginando que nuestro carácter se conserva intacto como nuestra ruina; en el segundo vienen temblando por esos caminos, y pregunta si son los ladrones que los han de despojar los individuos de algún cuerpo de guardia establecido precisamente para defenderlos de los azares de un camino, comunes a todos los países.
        Verdad es que nuestro país no es de aquellos que se conocen a primera ni a segunda vista, y si no temiéramos que nos llamasen atrevidos, lo compararíamos de buena gana a esos juegos de manos sorprendentes e inescrutables para el que ignora su artificio, que estribando en una grandísima bagatela, suelen después de sabidos dejar asombrado de su poca perspicacia al mismo que se devanó los sesos por buscarles causas extrañas. Muchas veces la falta de una causa determinante en las cosas nos hace creer que debe de haberlas profundas para mantenerlas al abrigo de nuestra penetración. Tal es el orgullo del hombre, que más quiere declarar en alta voz que las cosas son incomprensibles cuando no las comprende él, que confesar que el ignorarlas puede depender de su torpeza.
        Esto no obstante, como quiera que entre nosotros mismos se hallen muchos en esta ignorancia de los verdaderos resortes que nos mueven, no tendremos derecho para extrañar que los extranjeros no los puedan tan fácilmente penetrar.
        Un extranjero de estos fue el que se presentó en mi casa, provisto de competentes cartas de recomendación para mi persona. Asuntos intrincados de familia, reclamaciones futuras, y aun proyectos vastos concebidos en París de invertir aquí sus cuantiosos caudales en tal cual especulación industrial o mercantil, eran los motivos que a nuestra patria le conducían.
        Acostumbrado a la actividad en que viven nuestros vecinos, me aseguró formalmente que pensaba permanecer aquí muy poco tiempo, sobre todo si no encontraba pronto objeto seguro en que invertir su capital. Pareciome el extranjero digno de alguna consideración, trabé presto amistad con él, y lleno de lástima traté de persuadirle a que se volviese a su casa cuanto antes, siempre que seriamente trajese otro fin que no fuese el de pasearse. Admirole la proposición, y fue preciso explicarme más claro.
        -Mirad -le dije-, monsieur Sans-délai -que así se llamaba-; vos venís decidido a pasar quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.
        -Ciertamente -me contestó-. Quince días, y es mucho. Mañana por la mañana buscamos un genealogista para mis asuntos de familia; por la tarde revuelve sus libros, busca mis ascendientes, y por la noche ya sé quién soy. En cuanto a mis reclamaciones, pasado mañana las presento fundadas en los datos que aquél me dé, legalizadas en debida forma; y como será una cosa clara y de justicia innegable (pues sólo en este caso haré valer mis derechos), al tercer día se juzga el caso y soy dueño de lo mío. En cuanto a mis especulaciones, en que pienso invertir mis caudales, al cuarto día ya habré presentado mis proposiciones. Serán buenas o malas, y admitidas o desechadas en el acto, y son cinco días; en el sexto, séptimo y octavo, veo lo que hay que ver en Madrid; descanso el noveno; el décimo tomo mi asiento en la diligencia, si no me conviene estar más tiempo aquí, y me vuelvo a mi casa; aún me sobran de los quince cinco días.
        Al llegar aquí monsieur Sans-délai traté de reprimir una carcajada que me andaba retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna jovialidad, no fue bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.
        -Permitidme, monsieur Sans-délai -le dije entre socarrón y formal-, permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.

        -¿Cómo?
        -Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
        -¿Os burláis?
        -No por cierto.
        -¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!
        -Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.
        -¡Oh!, los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal siempre de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.
        -Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.
        -¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.
        -Todos os comunicarán su inercia.
        Conocí que no estaba el señor de Sans-délai muy dispuesto a dejarse convencer sino por la experiencia, y callé por entonces, bien seguro de que no tardarían mucho los hechos en hablar por mí.
        Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido en conocido: encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y marchámonos. Pasaron tres días; fuimos.
        -Vuelva usted mañana -nos respondió la criada-, porque el señor no se ha levantado todavía.
        -Vuelva usted mañana -nos dijo al siguiente día-, porque el amo acaba de salir.
        -Vuelva usted mañana -nos respondió al otro-, porque el amo está durmiendo la siesta.
        -Vuelva usted mañana -nos respondió el lunes siguiente-, porque hoy ha ido a los toros.
        -¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y «Vuelva usted mañana -nos dijo-, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio».
        A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido Díez, y él había entendido Díaz, y la noticia no servía. Esperando nuevas pruebas, nada dije a mi amigo, desesperado ya de dar jamás con sus abuelos.
        Es claro que faltando este principio no tuvieron lugar las reclamaciones.
        Para las proposiciones que acerca de varios establecimientos y empresas utilísimas pensaba hacer, había sido preciso buscar un traductor; por los mismos pasos que el genealogista nos hizo pasar el traductor; de mañana en mañana nos llevó hasta el fin del mes. Averiguamos que necesitaba dinero diariamente para comer, con la mayor urgencia; sin embargo, nunca encontraba momento oportuno para trabajar. El escribiente hizo después otro tanto con las copias, sobre llenarlas de mentiras, porque un escribiente que sepa escribir no le hay en este país.
        No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas; la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero a quien le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días con la cabeza al aire y sin salir de casa.
        Sus conocidos y amigos no le asistían a una sola cita, ni avisaban cuando faltaban, ni respondían a sus esquelas. ¡Qué formalidad y qué exactitud!
        -¿Qué os parece de esta tierra, monsieur Sans-délai? -le dije al llegar a estas pruebas.
        -Me parece que son hombres singulares...
        -Pues así son todos. No comerán por no llevar la comida a la boca.
        Presentose con todo, yendo y viniendo días, una proposición de mejoras para un ramo que no citaré, quedando recomendada eficacísimamente.
        A los cuatro días volvimos a saber el éxito de nuestra pretensión.
        -Vuelva usted mañana -nos dijo el portero-. El oficial de la mesa no ha venido hoy.
        «Grande causa le habrá detenido», dije yo entre mí. Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad!, al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid. Martes era el día siguiente, y nos dijo el portero:
        -Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy.
        -Grandes negocios habrán cargado sobre él -dije yo.
        Como soy el diablo y aun he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el acertar.
        -Es imposible verle hoy -le dije a mi compañero-; su señoría está en efecto ocupadísimo.
        Dionos audiencia el miércoles inmediato, y, ¡qué fatalidad!, el expediente había pasado a informe, por desgracia, a la única persona enemiga indispensable de monsieur y de su plan, porque era quien debía salir en él perjudicado. Vivió el expediente dos meses en informe, y vino tan informado como era de esperar. Verdad es que nosotros no habíamos podido encontrar empeño para una persona muy amiga del informante. Esta persona tenía unos ojos muy hermosos, los cuales sin duda alguna le hubieran convencido en sus ratos perdidos de la justicia de nuestra causa.
        Vuelto de informe se cayó en la cuenta en la sección de nuestra bendita oficina de que el tal expediente no correspondía a aquel ramo; era preciso rectificar este pequeño error; pasose al ramo, establecimiento y mesa correspondiente, y hétenos caminando después de tres meses a la cola siempre de nuestro expediente, como hurón que busca el conejo, y sin poderlo sacar muerto ni vivo de la huronera. Fue el caso al llegar aquí que el expediente salió del primer establecimiento y nunca llegó al otro.
        -De aquí se remitió con fecha de tantos -decían en uno.
        -Aquí no ha llegado nada -decían en otro.
        -¡Voto va! -dije yo a monsieur Sans-délai, ¿sabéis que nuestro expediente se ha quedado en el aire como el alma de Garibay, y que debe de estar ahora posado como una paloma sobre algún tejado de esta activa población?
        Hubo que hacer otro. ¡Vuelta a los empeños! ¡Vuelta a la prisa! ¡Qué delirio!
        -Es indispensable -dijo el oficial con voz campanuda-, que esas cosas vayan por sus trámites regulares.
        Es decir, que el toque estaba, como el toque del ejercicio militar, en llevar nuestro expediente tantos o cuantos años de servicio.
        Por último, después de cerca de medio año de subir y bajar, y estar a la firma o al informe, o a la aprobación o al despacho, o debajo de la mesa, y de volver siempre mañana, salió con una notita al margen que decía:
        «A pesar de la justicia y utilidad del plan del exponente, negado.»
        -¡Ah, ah!, monsieur Sans-délai -exclamé riéndome a carcajadas-; éste es nuestro negocio.
        Pero monsieur Sans-délai se daba a todos diablos.
        -¿Para esto he echado yo mi viaje tan largo? ¿Después de seis meses no habré conseguido sino que me digan en todas partes diariamente: «Vuelva usted mañana», y cuando este dichoso «mañana» llega en fin, nos dicen redondamente que «no»? ¿Y vengo a darles dinero? ¿Y vengo a hacerles favor? Preciso es que la intriga más enredada se haya fraguado para oponerse a nuestras miras.
        -¿Intriga, monsieur Sans-délai? No hay hombre capaz de seguir dos horas una intriga. La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; ésa es la gran causa oculta: es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
        Al llegar aquí, no quiero pasar en silencio algunas razones de las que me dieron para la anterior negativa, aunque sea una pequeña digresión.
        -Ese hombre se va a perder -me decía un personaje muy grave y muy patriótico.
        -Esa no es una razón -le repuse-: si él se arruina, nada, nada se habrá perdido en concederle lo que pide; él llevará el castigo de su osadía o de su ignorancia.
        -¿Cómo ha de salir con su intención?
        -Y suponga usted que quiere tirar su dinero y perderse, ¿no puede uno aquí morirse siquiera, sin tener un empeño para el oficial de la mesa?
        -Puede perjudicar a los que hasta ahora han hecho de otra manera eso mismo que ese señor extranjero quiere.
        -¿A los que lo han hecho de otra manera, es decir, peor?
        -Sí, pero lo han hecho.
        -Sería lástima que se acabara el modo de hacer mal las cosas. ¿Conque, porque siempre se han hecho las cosas del modo peor posible, será preciso tener consideraciones con los perpetuadores del mal? Antes se debiera mirar si podrían perjudicar los antiguos al moderno.
        -Así está establecido; así se ha hecho hasta aquí; así lo seguiremos haciendo.
        -Por esa razón deberían darle a usted papilla todavía como cuando nació.
        -En fin, señor Fígaro, es un extranjero.
        -¿Y por qué no lo hacen los naturales del país?
        -Con esas socaliñas vienen a sacarnos la sangre.
        -Señor mío -exclamé, sin llevar más adelante mi paciencia-, está usted en un error harto general. Usted es como muchos que tienen la diabólica manía de empezar siempre por poner obstáculos a todo lo bueno, y el que pueda que los venza. Aquí tenemos el loco orgullo de no saber nada, de quererlo adivinar todo y no reconocer maestros. Las naciones que han tenido, ya que no el saber, deseos de él, no han encontrado otro remedio que el de recurrir a los que sabían más que ellas.
        »Un extranjero -seguí- que corre a un país que le es desconocido, para arriesgar en él sus caudales, pone en circulación un capital nuevo, contribuye a la sociedad, a quien hace un inmenso beneficio con su talento y su dinero, si pierde es un héroe; si gana es muy justo que logre el premio de su trabajo, pues nos proporciona ventajas que no podíamos acarrearnos solos. Ese extranjero que se establece en este país, no viene a sacar de él el dinero, como usted supone; necesariamente se establece y se arraiga en él, y a la vuelta de media docena de años, ni es extranjero ya ni puede serlo; sus más caros intereses y su familia le ligan al nuevo país que ha adoptado; toma cariño al suelo donde ha hecho su fortuna, al pueblo donde ha escogido una compañera; sus hijos son españoles, y sus nietos lo serán; en vez de extraer el dinero, ha venido a dejar un capital suyo que traía, invirtiéndole y haciéndole producir; ha dejado otro capital de talento, que vale por lo menos tanto como el del dinero; ha dado de comer a los pocos o muchos naturales de quien ha tenido necesariamente que valerse; ha hecho una mejora, y hasta ha contribuido al aumento de la población con su nueva familia. Convencidos de estas importantes verdades, todos los Gobiernos sabios y prudentes han llamado a sí a los extranjeros: a su grande hospitalidad ha debido siempre la Francia su alto grado de esplendor; a los extranjeros de todo el mundo que ha llamado la Rusia, ha debido el llegar a ser una de las primeras naciones en muchísimo menos tiempo que el que han tardado otras en llegar a ser las últimas; a los extranjeros han debido los Estados Unidos... Pero veo por sus gestos de usted -concluí interrumpiéndome oportunamente a mí mismo- que es muy difícil convencer al que está persuadido de que no se debe convencer. ¡Por cierto, si usted mandara, podríamos fundar en usted grandes esperanzas!
        Concluida esta filípica, fuime en busca de mi Sans-délai.
        -Me marcho, señor Fígaro -me dijo-. En este país «no hay tiempo» para hacer nada; sólo me limitaré a ver lo que haya en la capital de más notable.
        -¡Ay, mi amigo! -le dije-, idos en paz, y no queráis acabar con vuestra poca paciencia;mirad que la mayor parte de nuestras cosas no se ven.
        -¿Es posible?
        -¿Nunca me habéis de creer? Acordaos de los quince días...
        Un gesto de monsieur Sans-délai me indicó que no le había gustado el recuerdo.
        -Vuelva usted mañana -nos decían en todas partes-, porque hoy no se ve.
        -Ponga usted un memorialito para que le den a usted permiso especial.
        Era cosa de ver la cara de mi amigo al oír lo del memorialito: representábasele en la imaginación el informe, y el empeño, y los seis meses, y... Contentose con decir:
        -Soy extranjero. ¡Buena recomendación entre los amables compatriotas míos!
        Aturdíase mi amigo cada vez más, y cada vez nos comprendía menos. Días y días tardamos en ver las pocas rarezas que tenemos guardadas. Finalmente, después de medio año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me tenía, y llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres; diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino «volver siempre mañana», y que a la vuelta de tanto «mañana», eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.
        ¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza? ¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares? Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieran podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para mañana; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé «Vuelva usted mañana»; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: «¡Eh!, ¡mañana le escribiré!». Da gracias a que llegó por fin este mañana que no es del todo malo: pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!


        El Pobrecito Hablador, n.º 11, enero de 1833.





        lo recortaria,pero seria un atrevimiento por mi parte en su 200 aniversario
        Mar,yo pienso en vano,
        actúo,vivo y obro en vano.

        Cesar Simon.

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        • Re: Rincón literario

          200 años del nacimiento de este genio. Gracias Botarate,
          La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

          Comentario


          • Re: Rincón literario

            da Separação
            De repente do riso fez-se o pranto
            Silencioso e branco como a bruma
            E das bocas unidas fez-se a espuma
            E das mãos espalmadas fez-se o espanto

            De repente da calma fez-se o vento
            Que dos olhos desfez a última chama
            E da paixão fez-se o pressentimento
            E do momento imóvel fez-se o drama

            De repente, não mais que de repente
            Fez-se de triste o que se fez amante
            E de sozinho o que se fez contente

            Fez-se do amigo próximo o distante
            Fez-se da vida uma aventura errante
            De repente, não mais que de repente


            Vinicius de Moraes

            De repente la risa se hizo llanto
            de silencio y albor, como la bruma
            y tu boca, en la mía, se hizo espuma
            y de las manos juntas nació espanto.

            De repente la calma, se hizo viento
            que en los ojos cegó la última llama
            el pasado volvió en presentimiento
            y aquél momento inmóvil se hizo drama.

            De repente, tan sólo de repente,
            se tiñó de tristeza el rosto amante,
            quedó inmóvil la calma en un instante,

            el amigo mejor, quedó distante,
            cambió la vida en aventura errante...
            de repente, tan sólo de repente....

            Comentario


            • Re: Rincón literario

              Un fragmento que para mi es imborrable:

              Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.



              Jorge Luis Borges (1899-1986)



              Del libro El hacedor

              Comentario


              • Re: Rincón literario

                Uno de los hombres más interesantes de su época, aunque tiene mala fama para algunos.

                Quomodo adulaltores sint fugendi (De como hay que huir de los aduladores)
                No quiero descuidar un tema importante y un error del que difícilmente se defienden los príncipes, a menos que sean extremadamente prudentes o capaces de buena elección. Se trata de los aduladores de los que las cortes están llenas, porque los hombres se complacen tanto en lo que les es propio y se engañan hasta tal punto en ello que difícilmente saben defenderse de esta peste; y queriéndose defender de ella corren el peligro de convertirse en alguien despreciable. Porque no hay otro medio de defenderse de las adulaciones que hacer comprender a los hombres que no te ofenden si te dicen la verdad; pero cuando todo el mundo puede decírtela, te falta el respeto. Por tanto, un príncipe prudente debe procurarse un tercer procedimiento, eligiendo en su Estado hombres sabios y otorgando solamente a ellos la libertad de decirle la verdad, pero exclusivamente sobre lo que él pregunta y no sobre nada más. Sin embargo, debe preguntarles de cualquier cosa y escuchar sus opiniones, pero después decidir por sí mismo y a su manera. Ante estos consejos, y ante cada uno de sus consejeros, debe actuar de manera que cada uno sepa que tanto más aceptado será cuanto más libremente se hable, pero fuera de ellos no ha de querer escuchar a nadie, ha de proceder directamente a la ejecución de la decisión adoptada y mantener su decisión con energía. El que actúa de otra manera o bien fracasa por culpa de los aduladores o bien cambia constantemente de determinación por las diferencias de pareceres, lo cual le acarrea el consiguiente menosprecio de todos.

                El Príncipe - Nicolás Maquiavelo
                Vive y deja vivir,
                pero vive como piensas,
                o acabarás pensando como vives.

                Comentario


                • Re: Rincón literario

                  Originalmente publicado por Crimilda Ver Mensaje
                  Uno de los hombres más interesantes de su época, aunque tiene mala fama para algunos.


                  Quomodo adulaltores sint fugendi (De como hay que huir de los aduladores)


                  Porque no hay otro medio de defenderse de las adulaciones que hacer comprender a los hombres que no te ofenden si te dicen la verdad.....
                  El Príncipe - Nicolás Maquiavelo
                  Ay Crimilda, que buena eres!!!!!
                  Justamente ese es el problema que mantengo en estos dìas (años), que cuando digo la verdad ( la mia, mi opiniòn), la gente se ofende y justamente la conclusiòn es que ,estamos demasiado acostumbrados a las adulaciones.

                  Con respecto a Maquiavelo, su nombre a quedado como sinònimo de algo malvado.
                  Tuve, en la facultad de Abogacìa, un profesor que se autollamaba "el defensor de Maquiavelo", siempre hablaba de èl.
                  Maquiavelo fue un hombre de gran inteligencia y la puso al servicio del poder de aquella època, el papado y los principes y, justamente, en la obra que has transcripto, es donde él aconseja a quien detente el poder , actuar con ..."un minimun de ètica".
                  Esto fue malinterpretado,como si le restara importancia a lo ètico, pero lo que Maquiavelo proponìa era no olvidarse de la ètica al tomar las decisiones.
                  Editado por última vez por gracy; 29/03/2009, 14:56:38.
                  gracy
                  "El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistò. De esa miel no comen las hormigas"

                  Comentario


                  • Re: Rincón literario

                    Crimilda, eres la mejor
                    Y ahora, si me permiten vuesas mercedes un par de apuntes nauticos-literarios.

                    ...para el hombre que sueña ante el mar, seis o siete leguas representan el radio del infinito.....(Baudelaire)

                    Venga a mi el mar,que es mi nodriza,
                    venga a mi el mar, que es verde y espumoso
                    que se aferra al corazon,
                    con mas fuerza que toda otra cosa
                    y me ofrece el mas generoso de los pechos;
                    me canta la mas imperiosa de las canciones de amor;
                    me otorga una mas brillante luz del sol;
                    hace sonar para mi la mas tormentosa trompeta
                    para mi, la de mas dulces acentos....(Swinburne).

                    Navegar es ciencia, es historia y arte, pero sobre todo es poesia
                    ..mis sueños son mentiras, que algún día dejaran de serlo.

                    Comentario


                    • Re: Rincón literario

                      Ya sabéis "Más sabe el diablo por viejo..."

                      Vive y deja vivir,
                      pero vive como piensas,
                      o acabarás pensando como vives.

                      Comentario


                      • Re: Rincón literario

                        Originalmente publicado por Butxeta Ver Mensaje
                        Un fragmento que para mi es imborrable:

                        Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.



                        Jorge Luis Borges (1899-1986)



                        Del libro El hacedor
                        Precioso, Butxeta. Gracias por ponerlo. A Borges le pasa lo que a muchos,para los jovenes se quedan con El Aleph, y se creen que eso es todo.
                        Hace muuuucho que no releo El Hacedor, pero he recordado el pasaje, nada mas verlo. , gracias de
                        nuevo amigo.
                        La vida, es eso que pasa, mientras hacemos otros planes..." J.Lennon.

                        Comentario


                        • Re: Rincón literario


                          Sí, es posible que algunos tampoco sepan que Borges se atrevió también con la poesía.

                          EL LABERINTO

                          Zeus no podría desatar las redes
                          de piedra que me cercan. He olvidado
                          los hombres que antes fui; sigo el odiado
                          camino de monótonas paredes
                          que es mi destino. Rectas galerías
                          que se curvan en círculos secretos
                          al cabo de los años. Parapetos
                          que ha agrietado la usura de los días.
                          En el pálido polvo he descifrado
                          rastros que temo. El aire me ha traído
                          en las cóncavas tardes un bramido
                          o el eco de un bramido desolado.
                          Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
                          es fatigar las largas soledades
                          que tejen y destejen este Hades
                          y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
                          Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
                          éste el último día de la espera.

                          Lo de las “cóncavas tardes” me ha traído a la memoria al poeta ciego y sus cóncavas naves: Homero.

                          — ¡Oídme teucros y aqueos, de hermosas grebas, y os diré lo que en el pecho mi corazón me dicta! El cronída, de sublime trono, no ha cumplido los juramentos, y seguirá causándonos males a unos y a otros, hasta que toméis Ilión, de bellas torres, o sucumbáis junto a las naves que atraviesan el ponto. Entre vosotros se hallan los más valientes aqueos; aquel a quien el ánimo incite a combatir conmigo, adelántese y será campeón con el divino Héctor. Propongo lo siguiente y Zeus sea testigo: Si aquél, con su bronce de larga punta, consigue quitarme la vida, despójeme de las armas, lléveselas a las cóncavas naves, y entregue mi cuerpo a los míos para que los troyanos y sus esposas lo suban a la pira; y si yo le matare a él, por concederme Apolo tal gloria, me llevaré sus armas a la sagrada Ilión, las colgaré en el templo del flechador Apolo, y enviaré el cadáver a los navíos de muchos bancos, para que los aqueos, de larga cabellera, le hagan exequias y le erijan un túmulo a orillas del espacioso Helesponto. Y dirá alguno de los hombres venideros, atravesando el vinoso mar en su nave de muchos órdenes de remos: Esa es la tumba de un varón que peleaba valerosamente y fue muerto en edad remota por el esclarecido Héctor. Así hablará, y mi gloria será eterna.

                          De tal modo se expresó. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos, pues por vergüenza no rehusaban el desafío y por miedo no se decidían a aceptarlo. Al fin levantóse Menelao, con el corazón afligidísimo, y los apostrofó de esta manera:

                          — ¡Ay de mí, hombres jactanciosos; aqueas, que no aqueos. Grande y horrible será nuestro oprobio si no sale ningún dánao al encuentro de Héctor. Ojalá os volvierais agua y tierra ahí mismo donde estáis sentados, hombres sin corazón y sin honor. Yo seré quien se arme y luche con aquel, pues la victoria la conceden desde lo alto los inmortales dioses.

                          Esto dicho, empezó a ponerse la magnífica armadura. Entonces, oh Menelao, habría acabado para tí la vida en manos de Héctor, cuya fuerza era muy superior, si los reyes aqueos no se hubiesen apresurado a detenerte. El mismo Agamenón Atrida, el de vasto poder, asióle de la diestra exclamando:




                          Vive y deja vivir,
                          pero vive como piensas,
                          o acabarás pensando como vives.

                          Comentario


                          • Re: Rincón literario

                            Canción de la noche en el mar. 1906

                            ¿Qué barco viene allá?
                            ¿Es un farol o es una estrella?
                            ¿Qué barco viene allá?
                            ¡Es una linterna tan bella...
                            y no se sabe adónde va.!

                            ¡Es Venus, es Venus la bella!
                            ¿Es un alma o es una estrella?
                            ¿Qué barco viene allá?
                            Es una linterna tan bella...
                            ¡y no se sabe adónde irá!

                            ¡Es Venus, es venus, es Ella!
                            Es un fanal y es una estrella
                            que nos indica el más allá,
                            y que el Amor sublime sella,
                            y es tan misteriosa y tan bella,
                            que en la noche deja su huella
                            ¡y no se sabe adónde va!

                            RUBÉN DARÍO

                            Comentario


                            • Re: Rincón literario

                              El océano, los animales y el hombre, 1971

                              Eran las dos de la madrugada. Sobre el techo del puente, me subí para escapar por un rato de esa pasión del juego que se concentra en una tripulación, y la amplitud de la noche me retuvo. Me quedé ahí, bien calada al pie del gonio, unida al estremecimiento suave de la nave. El tiempo carecía ya de medida, las miradas podían perderse en la negra transparencia. Estábamos en camino.
                              La mar inmensa y fría; liberada de un cielo de tormenta que durante largo rato había ennegrecido el horizonte, salía de ese espesor bajo y pesado. Se desplegaba hasta donde alcanzaba la vista hinchando unas curvas que parecían alas y volvían a caer sobre la espesura de las sombras. Se hinchaba como un pájaro que va a emprender el vuelo, pero su fuerza no podía despegarse de sí misma y cada golpe del oleaje profundo y vibrante perecía por su propio impulso: las cumbres se escurrían bajo nustras formas.
                              El aire era como un cristal helado.
                              En la oscuridad, el corazón del barco latía con golpes rápidos, sobrealimentados. En él, en el propio motor, yo sabía que hacía calor. El deseo de este calor obsesionaba mis sentidos, la embriaguez del frío quebraba mis fuerzas, y las luces del mastil trazaban arcos en las estrellas.
                              ¿En qué parte de la tierra nos encontrábamos?

                              Anita Conti.

                              Comentario


                              • Re: Rincón literario

                                y ahora damos paso a la publicidad . . .

                                Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños.
                                -El miedo que tienes -dijo don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, retírate a una parte y déjame solo; que solo basto a dar la victoria a la parte a quien yo diere mi ayuda.
                                Y diciendo esto, puso las espuelas a Rocinante y, puesta la lanza en el ristre, bajó de la costezuela como un rayo.
                                Diole voces Sancho, diciéndole:
                                -Vuélvase vuestra merced, señor don Quijote; que voto a Dios que son carneros y ovejas las que va a embestir!. Vuélvase, ¡desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es ésta? Mire que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. ¿Qué es lo que hace, pecador soy yo a Dios ?
                                Ni por ésas volvió don Quijote; antes en altas voces iba diciendo:
                                -Ea, caballeros, los que seguís y militáis debajo de las banderas del valeroso emperador Pentapolín del Arremangado Brazo, seguidme todos: veréis cuán fácilmente le doy venganza de su enemigo Alifanfarón de la Trapobana.
                                Esto diciendo, se entró por medio del escuadrón de las ovejas, y comenzó de alanceallas, con tanto coraje y denuedo como si de veras alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada venían dábanle voces que no hiciese aquello; pero viendo que no aprovechaban, desciñéronse las hondas y comenzaron a saludalle los oídos con piedras como el puño. Don Quijote no se curaba de las piedras; antes, discurriendo a todas partes, decía:
                                -¿Adónde estás, soberbio Alifanfarón? Vente a mí; que un caballero solo soy, que desea, de solo a solo, probar tus fuerzas y quitarte la vida, en pena de la que das al valeroso Pentapolín Garamanta.
                                Llegó en esto una peladilla de arroyo y, dándole en un lado, le sepultó dos costillas en el cuerpo. Viéndose tan maltrecho, creyó, sin duda, que estaba muerto o malferido y, acordándose de su licor, sacó su alcuza, y púsosela a la boca, y comenzó a echar licor en el estómago; mas antes que acabase de envasar lo que a él le parecía que era bastante, llegó otra almendra y diole en la mano y en el alcuza, tan de lleno, que se la hizo pedazos, llevándole, de camino, tres o cuatro dientes y muelas de la boca, y machucándole malamente dos dedos de la mano. Tal fue el golpe primero; y tal el segundo, que le fue forzoso al pobre caballero dar consigo del caballo abajo. Llegáronse a él los pastores y creyeron que le habían muerto; y así, con mucha priesa recogieron su ganado, y cargaron de las reses muertas, que pasaban de siete, y sin averiguar otra cosa, se fueron.


                                Quiero vivir la vida aventurera
                                de los errantes pájaros marinos;
                                no tener, para ir a otra ribera,
                                la prosaica visión de los caminos.

                                Poder volar cuando la tarde muera ...

                                Comentario

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