VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

Anuncio

Colapsar

NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

9/ Todos los temas y/o mensajes que fomenten la piratería sobre cualquier software u otro material protegido, o informen de cómo o dónde llevarla a cabo serán retirados inmediatamente del foro. No obstante, y debido a la imposibilidad por parte de los administrador de controlar todos los temas y mensajes , si alguien detecta cualquier incidencia de este tipo ruego lo comunique de forma inmediata a la administración, especificando el enlace al tema para poder ser retirado.

10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



Bueno, y eso es todo, pasa, busca asiento por donde puedas y pide lo que guste...
Ver más
Ver menos

Verano del 74

Colapsar
X
 
  • Filtrar
  • Tiempo
  • Mostrar
Limpiar Todo
nuevos mensajes

  • #91
    Re: Verano del 74

    Y aún siendo tan pequeña, seca y desolada, Antikithera le ha dado a la humanidad dos cosas fascinantes que han situado su nombre en la Historia: una cosa bella y un objeto misterioso.

    A principios del siglo pasado unos pescadores de esponjas encontraron frente a Antikithera los restos de un naufragio de la época romana; una nave que, sin duda, se dirigía a Italia con el botín obtenido tras la conquista de una ciudad griega. Entre esos restos se hallaban los fragmentos de una estatua de bronce que, una vez reconstruida, resultó ser un efebo. Es decir, un hombre joven y bellísimo. Su brazo derecho está levantado y los dedos de la mano tienen una postura curiosa, casi como formando el signo de la victoria pero sin estar extendidos del todo. Cuando vimos la estatua en el museo de Atenas, Iulia me contó cuál era la teoría más plausible: la estatua representaría o bien a Perseo o a un juvenil Hércules. En ambos casos su mano estaría sujetando una de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides ahora desaparecida. Tal vez la famosa manzana de la discordia.

    El objeto misterioso es una máquina hallada en el mismo naufragio y que, según inscripciones que figuran en ella, data del año 200 A.C., por lo menos. Se compone de docenas de engranajes de bronce, diales y agujas indicadoras que, al parecer, reproducen los movimientos de los astros y predicen los eclipses. Muchos consideran que es un OOPArt (Out Of Place Artifact) de los que hay varios por el mundo.

    Para mí, en cambio, Antikithera es, sobre todo, una de las puertas del corazón de Grecia. Al dejarla por la popa me internaba en el Egeo y una parte de mí quedaba atrás. El sol salía por la proa, como una promesa, y me puse a bailar con pasos de zempekiko la canción del amanecer: Despleguemos las velas hacia el Sol y el olvido, la vida seca las lágrimas. ¡Amanece! ¡Amanece!

    Comentario


    • #92
      Re: Verano del 74

      Si camarada,por mucho que la jodamos,cada dia vuelve a darnos otra oportunidad....
      Proa al sol,proa a la vida.
      La vida,que por mucho que la odiemos siempre nos acompaña.
      Tus escritos siempre me tocan la fibra, estan llenos de realidad de desgarradora y autentica realidad.
      Gracias,camarada y por favor,sigue....
      Si la vida es un barco,...
      que haya sueños en las velas,
      esperanza en el timon,...
      y no esclavos en los remos.

      Comentario


      • #93
        Re: Verano del 74

        Desde Antikithera hasta el paso entre Karpathos y Kasos hay unas 180 millas al rumbo 096. En época de Meltemi es un trayecto muy malo, pues la mar parece venir de todas las direcciones entre Noroeste y Nordeste, pero en mayo aún es posible cruzar con cierta facilidad. En mi caso, el viento de Poniente acabó cayendo y me vi forzado a llevar una típica navegación mediterránea, negociando ventolinas, parando y arrancando motor, ajustando el aparejo cada cuarto de hora. Del Norte llegaba una mar vieja muy larga que nos acunaba serenamente, con ritmo de péndulo grande, y parecía imponernos su compás al barco y a mí. Fue en ese tramo donde más me arrepentí de no haber embarcado a algún tripulante, pues no duermo tranquilo si navego a motor y el cansancio me hizo mella enseguida. Si me sentaba en la cámara, me quedaba hipnotizado con la danza pendular de la cocina o con el movimiento de metrónomo lento de los lápices en su alojamiento de la mesa de cartas; si me quedaba fuera, me hechizaba el contoneo de la rosa del compás dentro de su cúpula cristalina. El mar tenía ese tono de azul que sólo se ve en algunos esmaltes o en ciertos cuadros de Matisse: el color de lo insondable.

        Con el cansancio volvieron los recuerdos y las ensoñaciones, pero se había producido un cambio esencial en los efectos que me causaban. Acodado de perfil en la brazola cerré un momento los ojos y, en ese espacio de tiempo tan pequeño, me vi transportado al viejo sloop de mi padre, sentado en la misma posición y con Iulia sentada muy cerca junto a mí. Ambos mirábamos hacia proa. El viento hacía flotar sus cabellos y éstos me acariciaban la cara y me deleitaban con su aroma. Sin que ella se diera cuenta yo atrapaba algunos entre mis labios intentando descubrir su sabor. Eran ligeramente salados, como toda su piel y su amor.

        Al abrir los ojos me sentí afortunado. Aquel recuerdo era un tesoro vital. Y tenía muchos más. La pena y la nostalgia habían desaparecido. Mi opus nigrum empezaba a brillar.

        Iulia, acepté por fin, nunca fue una mujer del todo real. La esencia de Iulia era mía. Se componía de un soporte material adecuado y de todo mi amor, todos mis sueños, mis ambiciones y deseos colocados sobre ese soporte como un vestido. ¡Y qué bien lo llevó durante los catorce años que compartimos! ¿Habría cosido ella también un traje semejante para mí? Es evidente que yo no fui exactamente como ella quería. Por eso cambiaba el contenido de mi maleta cuando debíamos entrar en su mundo familiar y se enfadaba conmigo si participaba demasiado en las conversaciones con sus colegas. Yo era perfecto en el mar, sobre todo en los mares de Grecia que le ayudé a cruzar, y en su cama. Le encantaba que la escuchase embelesado mientras me contaba episodios de la mitología o me hablaba del origen de las palabras que hoy usamos. Y pienso, ahora, que también amaba en mí aquello que de griegos tenemos casi todos los marinos del Mediterráneo. Pero había otras muchas cosas mías que, sencillamente, no percibía. Como si yo emitiese en una longitud de onda en la que ella no sintonizaba.

        Qué lástima, pensé, que el conocimiento te alcance siempre cuando ya no puede ser aplicado.

        Atravesé el Stenos Karpathy y seguí a rumbo, Este media cuarta al Sur, hacia Chipre; patria, precisamente, de Pigmalión y Galatea.

        Comentario


        • #94
          Re: Verano del 74

          Que enbriagador, uno tiene la sensación de estar allí y de repente cuando te ves fuera a la fuerza, por la brevedad del relato, sigue el regusto que deja un buen cafe o una buena copa. Si me pregunta mi mujer donde he estado no se lo va a creer.

          Comentario


          • #95
            Re: Verano del 74

            Resistí la tentación de mirar hacia popa al alejarme de Kasos, pues una vieja superstición marinera sostiene que nunca se regresa a aquellos lugares que has mirado mientras los dejas atrás. Y yo quiero volver a Kasos algún día. Más particularmente al islote de Armathia, al Oeste de Kasos, donde una vez, hace muchos años ya, me planteé la posibilidad de no moverme más.

            Ahora tenía por la proa un montón de millas. Casi trescientas si me decidía por el Cabo Akrotiri, al sur de Chipre, y doscientas cincuenta si tiraba hacia el puertecito de Latsi, en el norte. El viento se había entablado de Noroeste y el aparente me entraba casi de través, lo que me permitía ir con todo el trapo arriba desde la salida a la puesta de Sol. Por la noche prefería reducir a mayor y trinquetilla para dormir más tranquilo.

            Empezaba a pesarme la rutina. Tal vez porque no era una rutina del todo plácida al tener que mantener una buena vigilancia sobre el tráfico de mercantes, pesqueros y diversas artes de pesca de deriva. Pero pronto descubrí que, tras dejar Karpathos cuarenta millas por la popa, me había quedado solo en mitad de mi disco de horizonte. Así que me sumí de nuevo en un ritmo monástico que habría de durar un par de días con sus correspondientes noches.

            El amanecer del tercer día reveló en el horizonte el perfil agreste del Cabo Akamas. Lo remonté cerca del mediodía y, como el tiempo había quedado en una brillante calma, decidí detenerme en una cala que se conoce como Blue Lagoon, a unas cinco millas al Noroeste de Latsí, cuyas aguas son de una transparencia irreal. Ya estaba en Chipre.

            A menudo los viajes parecen tomar entidad propia, como si tuvieran vida en sí mismos y el viajero tan sólo fuese un organismo adicional adherido a ese existir indefinible. Y como todos los seres vivos, a veces los viajes se resisten a morir o a cambiar de aspecto. De pronto no sentía ya prisa por llegar. Lo deseaba, pero sin prisas. Así que fondeé en aquellas aguas de cristal y me concedí veinticuatro horas de nirvana. Mañana llegaría a tierra. Hoy no.

            Comentario


            • #96
              Re: Verano del 74

              "... me encontraba en la playa mirando la inmensidad de las azules aguas. Había comprado algo para comer en un puesto cercano, el comedor del Hotel Comino quedaba alejado y no quería perder ni un solo minuto de aquel paisaje.

              Observaba el contraste de las cristalinas aguas con los acantilados, pensaba en echar raíces en ese lugar y no volver a moverme de ese paraíso. A mi edad había viajado mucho, quizás demasiado.....

              Miraba la roca solitaria que cerraba la hermosa cala en mitad del agua, pensaba que este era uno de esos rincones paradisíacos y vírgenes que todavía quedaban en el mediterráneo. Sus aguas limpias, transparentes y azuladas me transportaban a esas otras playas de blanca arena que antes creía que solo existían en el "caribe" o el "pacífico".

              Esta joya de laguna azul situada entre las dos mini islas de Comino y Cominete es sencillamente hermosa. Parecía incríble que en este lugar donde se respiraba tanta paz hubiera habido allende los tiempos sangrientas luchas entre cristianos y otomanos....

              Vi aquel fantástico velero llegar y fondear, quien sabe, quizás vendría de tierras lejanas. Me fije y pude advertir que colgaba pabellón español y catalán. Era otra alma perdida, perdida como la mía, quizás en busca de sus recuerdos.... Tras largo tiempo de observación comprobé que iba un solo tripulante. Navegaría en solitario como yo haría algún día.....

              "Algún día" es la respuesta que nos damos al plantearnos lo que realmente deseamos, y creemos que siempre lo podemos posponer, como si el tiempo fuera algo infinito y que podemos administrar a placer. Nos cuesta mucho asumir que el tiempo va siempre en descuento, olvidando que cualquier deseo será mas difícil de cumplir cuanto mas lo pospongamos.

              Tal vez mañana pueda verlo en el puerto de La Valletta, conocer a su patrón y compartir soledades...."

              Comentario


              • #97
                Re: Verano del 74

                Muy bien Atarip. En efecto, hay más de un Blue Lagoon en el Mediterráneo. Al menos dos: el de Malta y el de Chipre. Tal vez el de Malta (Comino) es el más mágico de los dos. Cuéntanos más...

                Yo sigo con Chipre:

                ...Tomé un buen baño de mar, aunque el agua de mediados de mayo estaba aún un poco demasiado fría para mi gusto. Comprobé que el ancla estaba bien enterrada en la arena y, con la tranquilidad que eso me dio, me preparé una cena espléndida, tomé un par de copas de buen whisky –cosa que no me había atrevido a hacer en toda la navegación- y me fui a dormir sin despertador por primera vez en dos semanas.

                La navegación en solitario es como un shock para el cerebro de los humanos contemporáneos. De pronto, al seso le desaparecen multitud de “inputs” de urgencia, como los que produce, por poner un ejemplo, la sencilla actividad de conducir un coche o, incluso, la de ser espectador de una película de intriga. Los sueños, faltos de simbología fresca, derivan enseguida hacia estímulos del pasado y codifican recuerdos de sensaciones que el consciente ha olvidado hace mucho. El paso de una disciplina estricta, no sólo en materia de horas “dormibles” sino también de pensamientos autorizables, comida asumible, planteamientos permisibles y bebidas inocuas, a la situación de moral laxa en fondeadero, también provoca un claro desajuste de los ritmos neuronales de costumbre y hace que lo onírico adquiera una calidad extraordinaria y desconocida.

                Soñé el recuerdo remoto de mi madre sosteniéndome en brazos mientras me cantaba una canción de cuna de la perdida Sefarad: durme, durme mi alma doncella; durme sin ansia y dolor. Soñé sus labios de fresa y los dientes perfectos que, en la felicidad, mostraba. Soñé el recuerdo de que, con tan sólo ser, hacía feliz a quien más amaba.

                Recordé el sueño de las manos de Iulia acariciando mi cuerpo de héroe imberbe; de su boca besando la piel ingenua de la vaguada que conducía de mis caderas a mi vientre.

                Escuché en un eco lejano la voz áspera de mi padre, presión viva de su mano en mi brazo, al ritmo de una canción de guerra:

                Nous sommes des dégourdis,
                Nous sommes des lascars
                Des types pas ordinaires.
                Nous avons souvent notre cafard...

                Y regresé a la vigilia, con el Sol ya visible, en un último sueño de grandes barcos que, cargados de contenedores, partían sin mí.

                Entré, por fin, en el atestado puerto de Latsí; alquilé un coche y me dispuse a rodar hacia Famagusta con escala previa en la Nicosia turca.

                Comentario


                • #98
                  Re: Verano del 74

                  Originalmente publicado por Tahleb Ver Mensaje
                  La navegación en solitario es como un shock para el cerebro de los humanos contemporáneos. De pronto, al seso le desaparecen multitud de “inputs” de urgencia, como los que produce, por poner un ejemplo, la sencilla actividad de conducir un coche o, incluso, la de ser espectador de una película de intriga. Los sueños, faltos de simbología fresca, derivan enseguida hacia estímulos del pasado y codifican recuerdos de sensaciones que el consciente ha olvidado hace mucho. El paso de una disciplina estricta, no sólo en materia de horas “dormibles” sino también de pensamientos autorizables, comida asumible, planteamientos permisibles y bebidas inocuas, a la situación de moral laxa en fondeadero, también provoca un claro desajuste de los ritmos neuronales de costumbre y hace que lo onírico adquiera una calidad extraordinaria y desconocida.

                  Comentario


                  • #99
                    Re: Verano del 74

                    La carretera discurre cerca de la línea de la costa durante unos cien kilómetros, orillando el enclave de Kokkina y cruzando la doble línea de separación de las Naciones Unidas. Después de tantos años aún se respira el ambiente de conflicto y el odio latente entre griegos y turcos. Siguiendo el consejo de varios amigos, tuve que entregar el coche antes de cruzar la frontera y cambiarlo por otro, idéntico, pero de matrícula turca. Curiosamente, ambos pertenecían a la misma compañía de alquiler.

                    Llegué a Nicosia a media tarde, justo a tiempo de tomar un té antes de cenar con mi viejo amigo Metin, antiguo estudiante de Marina en Marsella, donde nos conocimos, y actual alto cargo de la Policía turco-chipriota. Gracias a la llamada de teléfono que le hice antes de dejar Barcelona, mi entrada en el país no había tropezado con las habituales exigencias de visados y demás obstáculos administrativos.

                    Hacía mucho que no nos veíamos. Había engordado considerablemente y parecía observar el entorno a través de los párpados semicerrados mientras desgranaba en su mano derecha las cuentas de un rosario islámico. Disfruté muchísimo del ambiente que se creaba a su alrededor, como cristalizado por su aura de Pachá y por las atenciones orientales que le dedicaban los camareros y el dueño del restaurante. Descubrí, con sorpresa, que casi no bebía alcohol y que había dejado de fumar cigarrillos. Ya sólo disfrutaba, de vez en cuando, de alguna pipa de agua con tabaco aromatizado de manzana. Ahora, me dijo con expresión lobuna, he centralizado todos mis vicios en uno sólo que está tolerado por el Corán: las mujeres.

                    Me había preparado una especie de salvoconducto en forma de carta con el membrete oficial de la policía en el que, copiando descaradamente la leyenda que ilustraba el reverso de nuestros antiguos títulos profesionales, rogaba a las autoridades y funcionarios de la república que me dieran asistencia en caso de necesitarla. Me dio también el nombre del comisario de Famagusta y el del comandante militar de la zona, con la recomendación de que fuese a verlos, de su parte, y de que les explicase claramente mi intención de violar sus leyes entrando en la zona de exclusión de Varosha. Necesitan, me dijo, mirarte a los ojos para estar seguros de que no les vas a complicar la vida con alguna imprudencia o con alguna fotografía publicada en algún sitio improcedente. Toma nota también, añadió, de que Varosha ya no existe. Ahora se llama Mereş.

                    Cenamos una selección de platillos de comida chipriota, idéntica a la turca y a la griega, pero con nombres diferentes. Bebimos “ayran”, que es una especie de yogur aguado muy saludable y, con los postres, además del inevitable café turco, a mí me sirvieron un whisky con hielo y a Metin un vaso de raki, llamado ouzo por los griegos, que es un aguardiente de anís muy seco que hay que mezclar con agua.

                    El restaurante estaba en lo que, de ser romana la casa, hubiese sido el “compluvium” y, de ser andaluza, el patio. Una fuente central nos brindaba su rumor; miles de geranios y de otras flores, cuyo nombre desconozco, esparcían un suave aroma. La música ambiental, también como un perfume, exhalaba notas de flauta sufí.



                    Me invadió un sentimiento que no sé definir: estaba en casa. La gran casa de quienes tuvimos la fortuna de nacer a orillas de la más bella de las mares. Y de la que, siendo la más pequeña, más sangre humana por metro cúbico contiene.

                    Metin recuperó del fondo de uno de sus bolsillos el rosario y se inclinó levemente hacia mí, mirándome intensamente entre sus párpados de Pachá. Cuando entres en Mereş, Tahleb, hermano mío, piensa en Turay, el hijo de mi padre y de mi madre, que también pudo ser tu hermano y que murió en agosto del 74 en el frente de Pentadactilia, no lejos de aquí, luchando por la libertad y la identidad de su pueblo. Te aseguro que no había más remedio que matar o morir. Cuando entres en Mereş, no te compadezcas sólo de los griegos. Nosotros pagamos con el doble de sangre que ellos su misma locura.

                    Comentario


                    • Re: Verano del 74

                      Hablamos de lo divino y de lo humano durante horas. Intentó explicarme los porqués de su deriva hacia estéticas islámicas, que yo atribuía a la simple necesidad de adaptarse a los vientos sociales predominantes, pero que tenía raíces personales mucho más profundas. Durante toda su juventud Metin había procurado sumarse a las corrientes occidentales que regían nuestra generación: el concepto de mundo que se engendró en las barricadas de mayo del 68, la liberación de la mujer, el concepto de la Democracia como ejercicio real y no sólo como juego de teoría política, el amor libre, el pacifismo.

                      Pero su tierra, a la que regresó al principio de los ochenta, lo devolvió a la realidad. El norte de Chipre pertenece a Oriente y, por lo tanto, los cambios suceden con un ritmo distinto. No se podían introducir esos cambios de repente sin destruir elementos fundamentales de la estructura social. La solución, pensaba él, estaba en el recurso a la bondad. Por eso, precisamente, se hizo policía. Para combatir la maldad y proteger a los buenos. La buena gente estaba habituada a la imagen de hombre justo un poco gordo, un poco espiritual -de ahí el rosario que desgranaba continuamente- y muy vigilante, como sugería su mirada pretendidamente escrutadora. Un jefe de policía de nervios templados engendraba confianza y esperanza. Ambas generaban bondad y, la bondad, engendra justicia.

                      Esa mirada puesta en las cumbres del bien común le había hecho perder, sin embargo, las dioptrías necesarias para ver los motivos vitales de gente como yo. Respetó escrupulosamente mis sentimientos, pero sé que no pudo comprender por qué estaba yo perdiendo el tiempo en aquel viaje a los recuerdos. Especialmente, supongo, teniendo en cuenta que las esperanzas suyas y las de su gente se basaban ahora en la posibilidad de olvidar. ¿Sabes?, me dijo, cada día cruzan la Línea más de veinte mil turco-chipriotas para ir a trabajar al lado griego y varios miles de griegos pasan hacia aquí para hacer sus negocios. Es cuestión de tiempo que unos y otros se decidan a instalarse cerca de sus trabajos y, por lo tanto, que empiecen a convivir. Son gente joven que no conoce los detalles de lo que pasó. Y es mejor que nadie se lo recuerde. Lo más importante es que podamos mantener quietos a los militares ambiciosos de medallas y a los periodistas ávidos de reportajes enardecedores. El tiempo cierra las heridas. Vas a Mereş a recordar momentos felices, pero también recordarás desgracias y penas.

                      A la mañana siguiente me dispuse a emprender la última etapa de mi viaje. Un par de ancianos vestidos a la vieja usanza turca me observaban con atención mientras cargaba la maleta en el coche y, mecánicamente, me dirigía luego a la portezuela delantera izquierda. Cuando quedó patente mi desconcierto al ver que el volante no estaba allí, uno de los ancianos le entregó un billete al otro, que lo recibió con una gran sonrisa mientra me dirigía un simpático guiño. En Chipre se conduce por la izquierda. A menudo y especialmente por las mañanas, los turistas lo olvidamos.

                      Comentario


                      • Re: Verano del 74

                        Afortunadamente, la carretera que, desde Nicosia, lleva hasta Famagusta es una autopista de dos carriles por sentido que permite conducir relajado, sin la atención constante que exige la circulación por la izquierda y que, a medida que me aproximaba a mi destino, me hubiese costado mucho mantener.

                        La primavera estaba en su esplendor. A ambos lados de la autopista se veían frutales floridos y campos labrados que empezaban a verdear. Bajé la ventanilla para que entrase el aire con sus aromas y aprecié, una vez más en mi vida, que cada país tiene su olor propio y que los olores son el pilar más sólido de los recuerdos. Chipre tiene olor de especias mezcladas, algo así como el curry, y, de vez en cuando, una fugaz bocanada, áspera e intensa, de los efluvios de las higueras. La última vez que lo aspiré estaba mezclado con los gases de la cordita, el keroseno de los aviones y la chamusquina de incendios lejanos en los que, probablemente, no era sólo madera lo que ardía, pero su olor propio subyacía, bien identificable, como una esperanza de tiempos mejores.

                        Llegué por fin a Famagusta. Crucé primero algún arrabal y, en cuanto las casas se espesaron un poco, me encontré bordeando la valla que separa a Varosha del presente y de la vida. El corazón se me aceleró cuando descubrí que la calle Kemal Server era en realidad la que yo conocí como calle Iras, donde se hallaba el Golden Mariana, y que la valla de prohibición que la interrumpía estaba a poco más de doscientos metros del hotel. Tan cerca y tan lejos.

                        Aparqué el coche detrás del Hotel Palm Beach, a la sombra del esqueleto arruinado del Hotel Salamina, aún en pie al otro lado de la valla, el mismo que fue bombardeado mientras Iulia tocaba “Imagine” al piano en la verandah del Golden Mariana. Un tremendo boquete hacia la mitad de su altura indicaba el lugar por el que había penetrado uno de los cohetes de la aviación, mientras que por la cara norte se apreciaba el desprendimiento de la fachada en cuatro o cinco de los pisos. Me quedé un rato como extasiado por el hecho de aquella simultaneidad. Era como si aquel destrozo estuviera tan ligado a las notas de la canción que se diría que era efecto de éstas y no de un ataque aéreo.



                        Sólo acontecimientos muy sonados dejan en nuestro recuerdo la grabación exacta del lugar en el que nos encontrábamos y de lo que hacíamos cuando sucedieron. El asesinato de JFK o el atentado del 11 de septiembre son dos de ellos y afectan a casi todo el mundo. El ataque al Salamina es, para mí, una de esas grabaciones imborrables. Recuerdo que, al oír el primer estampido, los jóvenes soldados que coreaban la canción apoyados alrededor del piano se agacharon instantáneamente. Iulia levantó las manos del teclado como si se quemase. Asimina, la camarera, dejó caer la bandeja que llevaba y se me abrazó, escondiendo la cara en mi pecho, y temblando como un gorrión.

                        Con Asimina bajo el brazo izquierdo, agarré a Iulia con el derecho y me las llevé a ambas tras la protección de los ladrillos con los que estaba hecha la barra del bar. Nos sentamos en el suelo, asustados, aturdidos y fuertemente abrazados los tres. Iulia, que no temblaba en absoluto, puso su mano sobre la cabeza de Asimina en ademán protector.

                        En ese instante y por causa de ese gesto, el futuro me desveló una de sus grandes promesas. Tomé conciencia de que Iulia era una mujer fuerte y valiente. Supe que, probablemente y si salíamos con bien de aquella, el Mundo iba a ser nuestro. El destino me había regalado una camarada.

                        Comentario


                        • Re: Verano del 74

                          Tras inscribirme en el hotel salí, impaciente, a dar un paseo por la playa hasta la valla que, introduciéndose en el mar de un modo bastante rústico, impide el acceso más allá de los parasoles que fueron, en su día, del Salamina. Observé, a menos de 100 metros, la escalinata medio arruinada del King George y el lugar, sobre la arena, en el que 37 años atrás descansaban los botes de vela ligera que me hicieron concebir locos planes de evasión. La playa había retrocedido mucho y, poco después del King George, hacia el Sueste, las olas casi lamían los cimientos de los primeros rascacielos. Una pátina de color tabaco, que matizaba todos los colores antiguos, cubría como un sudario los edificios y la vegetación salvaje que crecía entre ellos.

                          Tenía una extraña sensación en el estómago, mezcla de ansiedad, tristeza y excitación. Sentía la proximidad de Varosha y la del pasado al mismo tiempo. Era como si el presente y el tiempo intermedio, es decir, mi vida desde entonces, no hubiera sido más que una alucinación vaga y que, de alguna manera factible y simple aunque ignorada, yo pudiese regresar a agosto del 74 y retomar mi juventud. Tal vez con el equivalente de un chasquido de los dedos o la pronunciación de una palabra mágica o, quizás, dando no más de un par de pasos en una dirección esotérica adecuada me sería posible franquear aquella barrera tan sutil. Me pasaron por la mente todas las teorías sobre realidades paralelas que había escuchado alguna vez. Sentía tan vivo el latido de mi corazón de joven, estaba todo tan próximo, que cerré los ojos con la verdadera esperanza de ver ante mí la sonrisa de Iulia y el resplandor de aquel verano en cuanto los volviese a abrir.

                          ¡Qué cerca estaba todo!

                          Aún con los ojos cerrados volví a verla. Paseaba semidesnuda ante mí, recortada en contraluz por el atardecer que discurría tras el ventanal de nuestra habitación mientras leía y declamaba un escrito de Hölderlin:

                          “Dejé mi patria para encontrar, más allá del mar, la Verdad. ¡Cómo latía mi corazón, lleno de grandes esperanzas! No encontré nada más que a ti. Tampoco tú encontraste a nadie más que a mí. Nosotros no somos nada; aquello que buscamos lo es todo”.

                          Comentario


                          • Re: Verano del 74

                            Y, efectivamente, no encontré nada cuando, finalmente, abrí de nuevo los ojos. Allí estaba la playa abandonada y el impasible sol de la tarde, deslumbrándome. Un soldado aburrido me observaba desde su garita; una caseta construida con materiales de saqueo sobre la terraza del mismo hotel en el que, antaño, se servía la mejor langosta del Mediterráneo.

                            Por allí había pasado el temible caballo de la Guerra, pero, a diferencia de la mayoría de las tierras y las ciudades devastadas, las heridas abiertas por su guadaña no habían podido cerrarse aún ni ser enterradas por el paso de la historia. Me impresionó, sobre todo, la súbita consciencia de la habitualidad de lo tremendo. Yo mismo era, en aquel lugar, un visitante común y mil veces visto. Al regresar al hotel, un camarero en uniforme impecable me aguardaba para conducirme hasta una mesa junto a la cristalera del salón, desde la que se divisaban las ruinas de Varosha bañadas por la luz del Poniente. Tal vez., sugirió, me apetecería tomar alguna bebida contemplando la Ciudad Fantasma. Le hice alguna pregunta sobre los años transcurridos junto a la ciudad prohibida, pero me contestó con un discreto encogimiento de hombros: lo siento, señor, yo soy de Jordania y no tengo ni idea de por qué están esas ruinas tan feas ahí. Las de Jerash, me informó con un susurro cómplice, estaban junto a su pueblo y ésas sí que valían la pena. Y, además, podían visitarse.

                            Al día siguiente intenté ver al comandante militar al cargo de la zona, pero me informaron, sin demasiada amabilidad, de que no podría concederme ninguna entrevista hasta una semana después. A continuación intenté ver al jefe de la policía enseñando la carta de Metín como tarjeta de visita, y obtuve, a pesar de todo, una respuesta similar.

                            Mis genes de colono europeo empezaron a sentirse a gusto en aquel escenario.

                            Junto a las murallas de la fortaleza veneciana, en un mercadillo de tenderetes, encontré un puesto en el que vendían, como si fuesen antigüedades, llaveros de las habitaciones de casi todos los hoteles de Varosha, pero no hallé ninguno del Golden Mariana ni nadie que recordase haberlos visto nunca en venta. Al parecer, el hotel estaba demasiado cerca del trayecto habitual de las rondas de vigilancia y no había sufrido demasiados saqueos.

                            Pregunté en un par de sitios si alguien recordaba al libanés de Varosha en cuya tienda, casi cuatro décadas atrás, había comprado mis víveres de supervivencia y, por fin, hallé a un viejecillo frágil y encorvado que asintió sonriendo: ¡claro que me acuerdo! ¡Ese era yo!

                            Y, pasmosamente, se acordaba también de mí. En realidad, de quien se acordaba era de Iulia, pero sabía que la acompañaba un muchacho que bien pudiera ser yo.

                            Ejerciendo de típico comerciante oriental se sirvió del poder de sus gestos para ordenar a los dependientes que fuesen a buscar té y cigarrillos, y me hizo sentar junto a una mesa baja para conversar. Procediendo en estricto orden cronológico me habló de su inquietud por nosotros cuando dejó de vernos; de su esperanza de que hubiésemos sido evacuados sin novedad con los demás extranjeros; del miedo y la angustia vividos el quince de agosto, cuando hubo que abandonar la ciudad en tan sólo un par de horas; de su determinación por quedarse en la zona turca, a pesar de ser cristiano; de los largos años de conquista de la estabilidad y de la paz de los últimos tiempos, rodeado de hijos y nietos que lo veneraban.

                            Y de la gran alegría que se llevó cuando, siete u ocho años atrás, Iulia vino a visitarlo.

                            Comentario


                            • Re: Verano del 74

                              Thaleb por que no publicas ??

                              --

                              JJ
                              Sin riesgo ...
                              no hay gloria.
                              EA 7 ASE

                              Comentario


                              • Re: Verano del 74

                                Originalmente publicado por jotajota Ver Mensaje
                                Thaleb por que no publicas ??

                                --

                                JJ




                                Buena proa!
                                Lachica

                                Comentario

                                Trabajando...
                                X