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"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

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3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

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7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

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Tabarca, una isla en invierno

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    Buenas, y rondas para todos.
    Durante la primera semana de julio hice una travesía con BAB'S mi First 18 desde Mazarrón a Tabarca... Me había hablado mucho de esta isla mi amigo PASAVANTE...... ( un quintico bien frío!!!)
    Hace dos años ya probé y me quedé en Tomás Maestre; no me iba a dar tiempo a llegar tan arriba. Este año repetí, y esta vez si que llegué, y me quité la espina.
    Me encantó la isla, donde buceé y paré poco, no lo suficiente, seguro; pero me quedaban muchas millas y pocos días.

    El caso es que al volver a casa rebusqué entre mis revistas de barcos, una concreta de barcos clasicos de madera "Le Chasse Marée" (numero 240) en que había un artículo sobre cinco franceses que recién salidos de mayo del 68 querían estudiar una comunidad aislada y autosuficiente... sus búsquedas les llevaron a pasar el invierno del 71 en Tabarca. No fueron en avión ni en autobus; compraron un viejo cuter de madera de 8 metros y lo arraglaron como pudieron para viajar en él desde Nantes hasta Tabarca.

    El caso es que encontré el artículo y lo iba a traducir pero al contactar con la revista para pedirles su autorización, no sólo me dieron permiso para compartir su artículo sino que me facilitaron una traducción muy buena. así que el resto es copia pega.

    Lo primero muchas gracias a la revista "Le Chasse Marée" www.chasse-maree.com
    y a los autores Martine y Jean-François Garry, sin olvidar a la traductora Pilar Ferrández Bañón.
    Editado por última vez por Juan BABS; 19/08/2014, 10:30:57.

  • #2
    Re: Tabarca, una isla en invierno

    Nueva Tabarca una isla en invierno
    Autores: Martine y Jean François Garry
    Traducción: Pilar Ferrández Bañón

    En 1971, tres jóvenes franceses se embarcaron en un pequeño balandro para ir a pasar un invierno en Tabarca, una isla al sur de Alicante. Querían rodar un documental sobre una comunidad de pescadores que vivían apartados del mundo moderno. Llegaron justo a tiempo, porque las primeras señales de cambio, empezaban a aparecer.

    Delante de la garita que se encuentra en el muelle del puerto de Santa Pola, un gran catamarán de motor, sin alma, de color violáceo, está amarrado. Promete una« super visión submarina »... . Tabarca : estamos de vuelta. El tiempo cambia las cosas y los paisajes. Ni la isla que hemos conocido, ni nosotros, somos los mismos. Las imágenes que descubriremos nos servirán de puente hacia aquellas que vimos, y que nuestra memoria conserva a pesar del paso de los años.
    Pedimos dos billetes para esta isla situada a unas diez millas al sur de Alicante, enfrente de Santa Pola.
    ¿Hay un barco que solo haga la travesía?
    Si no queréis ver los peces, no tenéis más que quedaros en cubierta . No hay obligación de verlos.
    Un poco sofocados, embarcamos. La isla posee el título de primera reserva marina española desde 1986, sus aguas transparentes están protegidas. Desde cubierta, vamos descubriendo poco a poco la silueta alargada de la isla, aun cubierta por una ligera neblina. Parece un caimán.
    Al acercarnos, el barco aminora y como por arte de magia, muchísimos peces amansados por tantas travesías alimenticias, saltan alrededor del barco y devoran, salvajemente, las cortezas de pan que amerizan y desaparecen enseguida de la superficie. Fin de la comida.
    Prosigue la travesía hacia Tabarca y llegamos a puerto. En el muelle no hay ningún barco de pesca, ¿ya no hay pescadores? Las canoas, barcos para turistas, ocupan el puerto junto con la lancha de la Guardia Civil.

    Desembarcamos, aprensivos, de incógnito, arrastrados por la manada que se da prisa en ir a descubrir el lugar. En mitad del muelle nos paramos para contemplar el mar y prepararnos mentalmente a la vuelta a esta isla. Con tranquilidad, volviendo a descubrir este horizonte, con el corazón latiendo muy fuerte, inquietos por éste volvernos a encontrar.
    A la izquierda, nada ha cambiado. El campo se estira, intacto, pelado, desierto hasta la punta Este, hacia el cementerio. A la derecha, las piedras de la muralla, rodean el pueblo y la puerta monumental se traga a los visitantes. En medio, la playa cierra el ansa. La visión es dolorosa, ¿qué le han hecho a Tabarca?, el espacio está ocupado por bares-restaurantes, y, ¿qué hacen allí todos esos patines varados en la arena?. En lo alto de la playa, el antiguo almacén de la almadraba, donde se guardaban el material y las anclas, ha sido totalmente renovado. Un museo ha sido creado. Al entrar, hacemos participe al guía de nuestros secretos. Le murmuramos, como hablándonos a nosotros mismos, que habíamos estado en esta isla, entonces abandonada, todo el invierno 1971 y que ahora, estábamos muy emocionados.
    -¿Estuvisteis un invierno en Tabarca, hace 40 años? !Debisteis de pasarlo muy bien!

    No habíamos venido a divertirnos, sino a observar, ingenuamente, con el entusiasmo de la juventud, un grupo humano, aislado en una isla. Acabamos de salir en Mayo del 68, con la esperanza de una vida mejor y más fraternal. Las tentativas de convivencia comunitaria surgían, en Francia, por todas partes y queríamos experimentarlo en nuestra carne, viviendo cinco personas en un velerito y acercándonos a una comunidad humana que fuera auténtica de verdad. La de Nueva Tabarca, nos interesaba por partida doble: por su identidad insular y por su historia fuera de lo común.
    En solo unos pocos meses, reunimos la tripulación, encontramos el barco de nuestros sueños: un hermoso balandro de madera de 8 metros y medio de eslora y con 60 años de historia. Estaba un poco destartalado, pero tenía muy buen precio. Igual en Pornic ( puerto de Bretaña), algunos aún se acuerdan de aquellos jóvenes que querían restaurar aquel velero. El resultado, tras algunos viajes para mejorar el acastillage, dejaba que desear.
    Nos hicimos a la mar. Pero a pesar de todas las reparaciones, el « Paloma » seguía haciendo agua, las costuras escupían la estopa y no todo, cerraba perfectamente. Never Mind.
    Nuestra comunidad no sobrevivió a la estrechez de nuestra cabina.
    Éramos cinco amigos a bordo cuando salimos de Pornic, dos chicas y tres chicos. Las bodegas estaban llenas tras un generoso avituallamiento. Había lo suficiente para no pasar hambre: sopas de sobre, verdura deshidratada, leche en polvo y en bote, galletas B.N.(tipo Príncipe), que un generoso donante nantés nos había regalado.
    Tras varios meses navegando, solo quedaban a bordo algunas galletas y tres tripulantes, de los cuales, las dos chicas. Nuestra experiencia de vida en comunidad, no sobrevivió a la falta de espacio, a los cambios de tiempo bruscos del Mediterráneo y al agua que entraba por el suelo. Habíamos fracasado, hay que reconocerlo.
    Aunque desanimados al principio, pronto le dimos un sentido a nuestro viaje. En nuestras maletas había dos cámaras de 16mm., rollos de película, carretes de foto, un magnetófono, y nuestra juventud, a penas 70 años entre los tres, más que suficiente para lanzarse en la aventura.
    Una mañana de invierno del año 1971, el « Paloma » entró en el puertecito de Tabarca y vino a amarrarse entre dos barcos de pesca, con un ancla a proa y un cabo a popa, amarrado al muelle. Nuestra llegada no pareció provocar ninguna sorpresa aparente. Desde el principio, el paisaje nos comió, nos volvimos invisibles, anónimos, incluso, tal vez, ignorados. Un hombre muy curioso, en el muelle, nos sonríe de golpe, y se dirige a nosotros en valenciano. Parece recitar letanías incomprensibles. Se llama Pepe.
    Durante cierto tiempo, lo único que hacemos es descubrir la isla y sus habitantes. Lo miramos todo, como si fuéramos pintores, analizando el conjunto y buscando los detalles.. Vamos y venimos por este lugar, tan pequeño, 1800 metros de largo por 300 de ancho. Nuestra presencia aquí, fuera de temporada no parece intrigar, ni molestar a nadie... . Es necesario esperar un cierto tiempo, para saber lo que se oculta en este silencio. A medida que pasa el tiempo, la reserva distante cede el paso a las preguntas. Las primeras fueron las mujeres: ¿éramos turistas?, como esos extranjeros que vienen en verano. Con el pretexto de ayudarnos a amarrar mejor el barco en este puerto, que estaba tan mal protegido contra los vientos de invierno, los hombres empezaron a hablar: ¿de dónde venimos?, ¿qué hacemos?.

    Por qué habíamos elegido Tabarca más que otra isla? Tal vez a causa de la historia singular de sus habitantes. Esta isla, expuesta a los vientos, que emerge a 3 millas de Santa Pola, se llamaba en otros tiempos: Isla Plana.
    En el siglo XVIII, los piratas berberiscos la habían convertido en una base avanzada de sus incursiones en la costa española. Es para luchar contra esa plaga que la isla será fortificada y poblada en 1770, con familias de origen genovés. No venían de Italia, venían de la otra Tabarka, una isla cerca de las costas tunecinas, antigua posesión española, que se volvió genovesa hasta que el Bey de Túnez, Ali Pacha se hizo con ella en 1741, y esclavizó a su población cristiana. Quince años después, tras la toma de Túnez por los argelinos, los tabarquinos genoveses, que vivían esencialmente de la pesca del coral, son deportados a Argel. Al fin, en 1768, el muy católico Carlos III de España, compra su libertad, y al año siguiente los transfiere a la Isla Plana, rebautizada: Nueva Tabarca.
    Es así como 385 personas, hombres, mujeres y niños, perteneciendo a setenta y cinco familias, se instalan en el pueblo que se había construido especialmente para ellos y protegido por una poderosa muralla. Las casas bordean las calles rectas, junto con una iglesia majestuosa y una plaza de armas que preside la Casa del Gobernador. El conjunto fue concebido por el conde de Aranda en el espíritu del Siglo de las Luces, con la doble inquietud de la defensa militar de las costas y del bien estar de sus habitantes.
    Cada familia recibe el usufructo de una casa y de un pedazo de tierra, así como el mobiliario indispensable y las herramientas, y un peculio. La población activa se compone de agricultores, pescadores y artesanos, un equilibrio que debía permitir una autonomía suficiente. Los tabarquinos obtienen, además, el privilegio de ser dispensados del servicio militar, y, también, del pago de impuestos.
    Desde el principio aparecen numerosas dificultades: las casas con el tejado en terraza, son demasiado altas y las tormentas las estropean; las tierras áridas, no se pueden cultivar; y aun peor, el agua de lluvia recogida en las cuatro cisternas, no abastece las necesidades de los habitantes. La miseria se instala, lo cual da lugar a rudas oposiciones entre los tabarquinos y el gobernador que representa a las autoridades. El poblar la isla solo se justifica por el deseo de apartar a los piratas. Así es que, cuando a principios del siglo XIX, desaparece esta amenaza, el gobernador y sus soldados se van de Tabarca, dejando a los habitantes a su triste suerte.
    Los tabarquinos sobreviven a pesar de todo. La comunidad se mantiene hasta el año 1910. A partir de esta fecha, los supuestos aportes de la civilización, incitan los tabarquinos, a emigrar a la costa. En los años 60, quedan en Tabarca 274 habitantes. Muchos son viejos aferrados a una tierra, a la que los unen, demasiados recuerdos. Los jóvenes que también están enraizados aquí, acabaran yéndose hacia el mundo moderno.

    El 18 de enero de 1971, a las cinco de la mañana, el maestral, viento seco y violento del noreste, sopla en borrascas y maltrata el « Paloma ». La escollera del puerto, que protege de los vientos del Este, no sirve para nada. El barco tira mucho de sus anclas, que acaban garreando. Poco a poco, el muelle se acerca. No se puede maniobrar, demasiada mar, demasiado viento. No es posible desembarcar. Tememos que los cabos cedan y derivemos contra el muelle.
    Las olas rompen contra el muelle y rebotan contra el casco. Durante la noche, el viento ha aumentado tanto, que la resaca parece vaciar el puerto.
    Llega el alba y con ella la esperanza. Un hombre aparece en lo alto de la muralla. Esta escrutando el puerto, buscando su barca con la mirada y comprende enseguida lo que nos pasa. Poco después, aparecen cuatro hombres llevando un ancla muy grande, que viene sin duda de la antigua almadraba; Remando, van más allá del « Paloma », y la fondean. Un calabrote aterriza a bordo del balandro, y nuestros salvadores corren a refugiarse a sotavento del muelle. Nosotros, cobramos el cabo y lo amarramos, el muelle y el peligro se alejan, los hombres han desaparecido.
    Cuando vuelven más tarde, el viento ha amainado. Traen una maroma que tensan entre nuestra roda y la punta del muelle, cerrando el camino a los barcos que quieren llegar al muelle. A lo largo de nuestra estancia invernal, en cada entrada o salida al puerto, por la mañana y por la noche, había que amollar este cabo y luego tensarlo para dejarlos pasar. Una maniobra, sin palabras, y que los pescadores hacían, solos, muy a menudo. Una dificultad que prefieren ignorar a pesar de nuestras protestas (no queríamos estorbar, y ayudarles en la maniobra). Solidaridad obligada, lo esencial es asegurar los barcos. El hecho que seamos extranjeros no tiene importancia, es como si el hecho de estar en Tabarca, bastara para tener nuestro sitio.
    Esta aventura nocturna nos vale el ser considerados de igual a igual, como marineros, compartiendo el mismo mundo, y los mismos tormentos.
    Isabel, la mujer de Tomás, uno de los pescadores, ha bajado al puerto, y nos propone venir a dormir a tierra, cuando el viento sea malo. Nuestro barco ya no teme nada. Pero esa misma noche nos instalamos en su casa . Isabel, es una mujer menuda, trota como un ratoncito, siempre sorprendida y admirando cada palabra de su marido. Él, Tomás, llamado el « llarg », encuentra inmediatamente, en mi altura y mi delgadez, un punto común entre nosotros.. Tomás e Isabel, con 60 años cada uno, viven en su casa con Rafael, su hijo, y su mujer Petrola. Nos proponen una habitación sencilla que no cabecea ni balancea.
    La casa - de la qué están muy orgullosos - la han construido con sus propias manos, en familia.. Rafael y Petrola, recién casados, viven arriba. Nos honran enseñándonos armarios y cajones. Isabel, muy entusiasta, precede al grupo y lo abre todo a su paso. Nos ofrece una habitación sencilla, blanqueada con cal, que no balancea ni cabecea. Un oasis de paz, un refugio. Dormiremos aquí, todas las veces que el « Paloma », se mueva demasiado en el puerto.
    Editado por última vez por Juan BABS; 19/08/2014, 16:46:07.

    Comentario


    • #3
      Re: Tabarca, una isla en invierno

      Tomas e Isabel viven modestamente, como todos los tabarquinos, pero no dudan en compartir con nosotros la cena, a la luz de un candil. Nos cuentan cosas de la isla, los náufragos, la pesca. Hablan poco de sus dificultades y saben poco de su origen genovés, que hace recordar sus apellidos con sonoridad italiana.
      Desde hace poco, corre un rumor que pone a todo el mundo en ebullición. El nuevo concejal de Alicante ha venido a la isla y ha traído un plano del siglo XIX. Dice el concejal que toda construcción que no figure en ese plano deberá ser destruida. Inquietud... . ¿Qué derechos tendrán los tabarquinos si la amenaza se precisa?. Nadie tiene titulo de propiedad. Las casas mas antiguas habían sido regaladas a sus antepasados, en usufructo, las otras, se han construido sin autorización. Desde siempre, se construye en Tabarca sin permiso. Se podría invocar el derecho consuetudinario, por supuesto, pero cara a la Administración, ¿qué valor tendría? Isabel y Tomás, nos preguntan, pero no sabemos contentar, lo que si que sabemos, es que en caso de problema harán frente común. Hace dos años, ya se les había propuesto abandonar la isla para crear un complejo turístico. A cambio habrían tenido un alojamiento en uno de los edificios nuevos de la costa. Pero, ¿como se puede abandonar la tierra de sus padres, las casa donde se ha nacido y lo que se posee, por pequeño que sea? ¿Abandonar todo lo que hace tu vida? Los días pasan y las noticias cambian. Ya no se habla de desplazar a los tabarquinos, ésta es su isla.

      ¡Sorpresa!. En el extremo de la isla, en un rincón de la muralla, en el hueco de una bóveda, nos hemos encontrado con un hombre, vestido con una sotana. Gesticulaba, vociferaba, ponía los ojos en blanco; parecía celebrar una misa profana y declamar un sermón apasionado e incomprensible. Hemos conocido a Pepe. Este hombre está un poco loco, pero todos los de la isla, lo protegen. Nos ofrece su compañía, inofensiva y alegre. Con él, recorremos la isla, el campo pelado, hasta la granja abandonada, la casa del pastor. Cada día, nos espera en el muelle, impaciente de vernos bajar a tierra. En su cabeza, mil profecías barrocas. Piensa ser cura. En ningún otro lugar en esta España muy católica de los años 70, esta libertad, por no decir blasfemia, hubiera sido tolerada. En Tabarca, los habitantes sonríen de su locura, y no se extrañan. Es más, es el antiguo sacerdote de la isla quien le ha regalado su sotana. Y cuando los dos guardias civiles se lo encuentran durante su « misa », se quitan el tricornio respetuosamente.
      Pepe va a ser el hilo conductor de nuestra película, el personaje emblemático de esta comunidad unida y humana. « Tabarca, los higos chumbos, el viento que sopla, que da dolor de cabeza... y San Pablo y San Pere que nos miran... ». Pepe hace sus sermones en valenciano, en ellos se mezclan San Pedro, la coca-cola y las chicas en bikini... . Las chicas que él ve en verano exhibiéndose y que no se preocupan de la mirada de los autóctonos. Es difícil saber si Pepe encuentra el espectáculo indecente. El, es un devoto de los santos patrones del pueblo, San Pedro y San Pablo, que protegen a la isla. Pero Tabarca, no deja de estar abandonada a su destino : sin agua corriente, sin electricidad, sin sacerdote, sin grandes riquezas... . Los tabarquinos viven al margen de la sociedad española.
      Cada día vamos a ver los progresos de un barco que se construye y observamos los gestos de los tres calafates que lo construyen, al aire libre., protegidos por la muralla. Pocas herramientas: martillo, mazo, azuela, sierra y pinza. A parte de un cordel que se tensa en torniquete para regular la separación de las cuadernas, todo el trabajo se hace a ojo, sin plano, por supuesto. La tradición, la memoria del gesto guía al calafate.
      Utilizado para la pesca y los intercambios con la costa, el barco es un elemento vital en la vida de los isleños, de él depende la supervivencia de todos. El « llaut » es el barco más popular de la isla, junto con su hermanita, la « bussa ».
      La flota local llegó a su apogeo en 1920, dando trabajo a los calafates, que incluso iban a trabajar, a veces, a los puertos vecinos. A Tomás, le gustaría tener una barquita, que aunque pequeña, fuera suya. Tras tantos años pasados en la mar, tantos viajes lejanos, ésto sigue siendo solo un sueño. Nos lo cuenta sin queja, es, simplemente, la realidad.
      Pegado a la muralla, frente al puerto, un hombre mayor escruta el horizonte. Esta allí todas las mañanas, durante horas. Ha conocido la pesca en la época de la vela y la gran almadraba, la última en actividad, en esta costa. Una pesca de combate colectivo que ha perdurado en Tabarca hasta los años 60, una pesca en la que los hombres luchaban hombro con hombro para sacar de la inmensa trampa, los enormes atunes que podían pesar hasta 300 kilos. La almadraba estaba calada con 95 anclas, muy pesadas, a una milla de la isla en dirección sureste. Treinta marineros trabajaban en ella, todos eran de la isla. Las redes eran fabricadas aquí, por unas quince mujeres. De febrero a octubre, la almadraba operaba de forma continua, con buenas capturas; pero la excesiva explotación de esta riqueza y las modificaciones de las costumbres migratorias de los atunes, acabaron con esta tradición.
      Desde que se abandonó la almadraba, muchos pescadores se han ido de la isla, con una gran pena, para ganar mejor, su vida en otra parte. Los otros viven de una pesca de cabotaje, para subsistir. Unos veinte « llauts » motorizados, de 8 metros de eslora aproximadamente, que usan diferentes artes de pesca.. El palangre, el más utilizado, se hace en la zona de dos millas, para capturar doradas, meros, dentones o sargos. El trasmallo, se cala de la primavera al otoño, y sobre todo en verano, cerca de la costa, para atrapar salmonetes. Los tabarquinos utilizan también las nasas y las poteras. La potera se practica a una milla, en alta mar, por veinte brazas de fondo, para pescar el calamar.
      La vida del puerto sigue el ritmo de las entradas y salidas de la flota pesquera y la preparación de los útiles: limpiar redes, enrollar las líneas en las cestas, preparar los cebos, fabricar las nasas, … . Al caer la noche, se enciende, para los que llegan más tarde, una lámpara que se balancea en lo alto de un mastelerillo en la punta del muelle. Cuando llega el momento de calafaterar los barcos, los hombres unen sus fuerzas para halar cada barco a tierra. El cabo, tirante por la fuerza de tantos brazos, se desliza en una enorme polea, mientras que las voces marcan la cadencia del esfuerzo.
      Por la mañana, a partir de las 8, las mujeres van a coger el agua del día a la reserva común. Entre cántaros y garrafas, es : « radio pozo », un momento de reunión que todas aprovechan, jóvenes o mayores, para comentar las novedades. Después con la garrafa de agua, calada en la cadera, vuelven a casa. En sus casas guisan el pescado con arroz, la comida básica, y las canciones se escapan por las ventanas. A veces, entonan estribillos en un idioma que ya no entienden, canciones de otro tiempo, transmitidas de generación en generación. Son los últimos recuerdos de su antiguo origen genovés.
      Para ahorrar agua dulce, van a fregar los platos al mar, arrodillándose en el margen de un lavadero natural, en un rincón de rocas del puerto.
      Las mujeres también participan a las artes de la pesca. El remendar redes no tiene secretos para ellas y muchas también hacen redes nuevas. Con 78 años, Maria fabrica un kilo de red en dos días y vende su producción en Santa Pola a 24 ptas el kilo. Un oficio poco enriquecedor, que las más jóvenes ya no quieren hacer.
      Los niños se divierten en la plaza del pueblo a la hora del recreo, y por la tarde, al salir de la escuela. Una clase para todos en una casita. Juegan al corro, chillan, juegan y ríen. ¿Cual es su futuro? Las chicas irán sin duda a la costa a buscar trabajo. Los chicos se embarcaran para ir a pescar a Canarias. Ocho meses sin tocar tierra, llenando con toneladas de calamar, la barriga refrigerada de un palangrero. Al volver, descansaran uno o dos meses y se volverán a marchar. Y es que hace falta dinero para construir en la costa, el sueño de la mayoría de estos jóvenes.
      Numerosos isleños, tienen la impresión de haber sido dejados de lado, abandonados por el resto del mundo, de vivir a la dura, una existencia precaria más difícil que en otra parte.
      El pueblo no olvida, como un símbolo de su desamparo, el drama de esta mujer, de parto, que murió en pleno temporal cuando la llevaban al hospital. Solo queda una solución: arrimar el hombro.
      Tres veces a la semana el « Maria Dolores », el correo de la isla, hace el viaje hasta Santa Pola. Los tabarquinos se embarcan gratis. Al volver, el barco va cargado con pasajeros, pero también con botellas de gas, cajas de botellas y cestas de provisiones: frutas, verduras y otros víveres que hay que ir a comprar a la costa. El sábado es el gran día. El pueblo está en plena activad. Es el cambio de los guardias civiles. Sus capas hinchadas por el viento, los que llegan van al cuartel, en la Torre de San José, en medio del campo de higos chumbos.
      Desde hace poco, corre un nuevo rumor de punta a punta de la isla. La ciudad de Alicante va a regalar a Tabarca un potente grupo electrógeno para tener luz en las casas y en las calles. !La luz eléctrica en la isla!. Los tabarquinos no se lo creen, al fin, alguien ha pensado en ellos. Una delegación con chaqueta y corbata, espera en el puerto al concejal municipal de Alicante : el guardia civil, el alcalde, el enfermero, el maestro,... . ¿De qué hablan? Nos enteramos de que traerán dos motores el viernes. Luego traerán cabinas de playa que serán instaladas, la playa va a ser remodelada, aplanada. Hasta se habla, de habilitar un terreno de camping. !Todo llega, estamos en marcha!. Se va a limpiar la isla de arriba a abajo, un agente se va a encargar de que las calles estén limpias. Un pescador nos ha dicho, que la isla se iba a convertir en un pequeño Monte-Carlo. ¿Un flujo de veraneantes para dar fuerza a esta comunidad abandonada?. ¿Podría seguir viviendo la isla, sin ésto?. ¿Se han buscado otro tipo de soluciones?.
      Una mañana de este invierno 1971, una chalana atraca en Tabarca. Transporta un gran generador y una dinamo. La llegada es triunfal. Se descarga a fuerza de brazos, todos quieren participar en la maniobra. Discurso oficial. Aplausos. Es un buen día. El evento es importante. Un bulldozer y un tractor, acompañan al motor. Ellos han de limpiar la cala y la playa, donde reposan restos inútiles de barcos, que aun tienen su arboladura... . El bulldozer, va a hacer desaparecer los últimos testigos de la historia marítima local. Hay que valorizar la isla, para que sea mas limpia, mas atractiva, para acoger a los extranjeros. ¿Quién se va a quejar?. Asistimos, con el corazón en un puño a la destrucción de las viejas barcas, con velas latinas. La maquina las devora, las destroza y las empuja a la punta de la playa. Un gran montón que se va a quemar. Por casualidad, estamos presentes en este momento crucial. El momento en que el mundo moderno ha decidido irrumpir en Tabarca. !La isla, el paraíso del turismo!. « Qué suerte para los habitantes! », alardean los oficiales. Estamos anonadados.
      Los pescadores siguen en sus faenas como si no pasara nada, pero todos esperan un cambio, una vida mejor, más fácil. Tomás sigue relingando redes, su trabajo principal en invierno; cuando le cunde, monta una por día. ¿En abril, se va a volver a embarcar, como de costumbre, para ir a pescar a Marruecos? Cuatro meses en el mar para tener de qué vivir en invierno.
      Una vez la instalación hecha, la excitación se calma, la vida vuelve a su discurrir ordinario. Únicamente las luces en la noche anuncian los cambios que vienen. El ruido del motor, también, que oculta el soplar del viento. Tomás ha sido nombrado guardián del monstruo... . Hará falta un cierto tiempo, antes de que se vea la evolución de Tabarca. Esperamos, sin creérnoslo, que la fiebre de lo moderno no contagie a los habitantes, haciendo desaparecer su lado tan humano.
      Estaban en el muelle cuando izamos las velas. Isabel nos dió un beso. Prometimos volver muy pronto. Era una mentira.


      Otoño 2011. Hemos estado andando todo el día por la isla, hemos visitado el museo dedicado a la historia de Tabarca y a su vocación reciente de reserva natural. En este lugar, muy bien diseñado, hemos descubierto tesoros, fotos de la almadraba en actividad, documentos de la pesca a vela, retratos muy enternecedores de tabarquinos de los años 60, secuencias muy hermosas, filmadas en esa misma época. Lo que vemos, nos da seguridad.
      Esa misma tarde, nos vamos de Tabarca. Esta breve estancia nos ha permitido sacarnos de dudas y abandonar las viejas ilusiones. La isla ha cambiado poco en su configuración. La muralla y las puertas monumentales han sido muy bien restauradas así como la iglesia y la Torre de San José. Hemos reconocido cada calle, cada casa, los pozos, el « sitio » de la capilla de Pepe. Una mujer nos ha dicho que Tomás e Isabel habían fallecido y que su hijo Rafael era patrón de pesca en Santa Pola. Según ella, nada es como antes. Otro mundo ha llegado a Tabarca. El agua corriente, la electricidad, el teléfono y el turismo han modelado una nueva isla. Las redes de pescar, se han colgado de forma definitiva. Muchos son los que se han ido a trabajar a la costa. Durante el invierno hay menos de cincuenta habitantes. En verano, es la locura!, mas de cuatro mil visitantes cada día!.

      « ¿Qué les ha pasado a mis amigos,
      de los cuales he vivido tan cerca,
      y, a los que tanto he querido?
      Parece que el viento se los ha llevado... »

      Este poema de Rutebeuf que canto Leo Ferré, en los años 60, nos viene a la memoria. ¿Y sus hijos? ¿Donde están los barcos de pesca ?. La comunidad tabarquina, que nosotros habíamos conocido, ha desaparecido, diseminada, ya solo existe en blanco y negro en nuestros recuerdos y en las fotos ¿Qué odisea tan increíble la suya!.
      En el camino de vuelta, en la autopista, escuchamos las noticias sin parar : la crisis económica en Europa, las promesas electorales... . También se habla de un suceso horrible : la muerte de Yue Yue, una chinita atropellada por una camioneta en plena ciudad y que nadie ha socorrido. Basta con indignarse? Pensamos en Isabel y Tomás, en su generosidad, en su humanidad, en la vida comunitaria que unía los habitantes de la isla y de la cual, ellos dependían. Nos quedamos sin palabras. Cambiamos la frecuencia para escuchar música y ponemos el volumen muy fuerte.


      Años después de nuestro invierno en Tabarca, y tras numerosas mudanzas, la película original de 16mm., que habíamos rodado en la isla en 1971 y de la cual habíamos hecho el montaje, se ha extraviado. No se hizo ninguna copia. Una gran bobina en una caja metálica. Tal vez, se ha quedado en alguna parte : en un desván de Dinan, de Saint Nazaire o de Douarnenez, o en otra parte o en un rastro... . ¡Si por casualidad, la encontrarais, seriamos muy felices!. Afortunadamente, nos quedan algunas imágenes, largas secuencias sin montar, y las fotos que hicimos en aquella época, que el conservador del museo de Tabarca añadirá a sus colecciones. Es el punto final a esta aventura de juventud.

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      • #4
        Re: Tabarca, una isla en invierno

        Adjunto las fotos de época
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        • #5
          Re: Tabarca, una isla en invierno

          fotos
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          • #6
            Re: Tabarca, una isla en invierno

            fotos
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            • #7
              Re: Tabarca, una isla en invierno

              fotos
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              • #8
                Re: Tabarca, una isla en invierno

                las últimas
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                • #9
                  Re: Tabarca, una isla en invierno

                  gran documento

                  5 estrellas

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                  • #10
                    Respuesta: Tabarca, una isla en invierno

                    Muy bueno!

                    Gracias.

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                    • #11
                      Re: Tabarca, una isla en invierno

                      Gracias por el documento. Mis antepasados paternos eran de Tabarca. La visité el verano pasado y me encantó aunque en plena temporada estival debe ser un hervidero de gente, algo de lo que yo huyo o lo intento. Fui en septiembre y ya empezaba a establecerse la calma.



                      Editado por última vez por Planeta Agua; 19/08/2014, 09:44:56.
                      HermanA de la Costa

                      Mi blog sobre cosas del mar https://lamardcosas.blogspot.com/

                      Página en Facebook sobre el libro de la vuelta al mundo del Vulcano https://www.facebook.com/demontserratalosmaresdelsur/

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                      • #12
                        Re: Tabarca, una isla en invierno

                        Que lastima perder todo aquello.... Felicidades por la aportacion
                        Las historias de un Maki por el Maestrat
                        La vida no deveria ser un viaje hacia la tumba con la intencion de llegar a salvo, con un cuerpo bonito y bien conservado, si no mas bien llegar derrapando delado, en una nuve de humo, completamente descastado y destrozado, y plocamar en voz alta...uuuf!!, vaya viajecito...

                        Hunter Thompson

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                        • #13
                          Re: Tabarca, una isla en invierno

                          Estuve hace quince días. Desde Denia hasta Santa Pola fue lo que más me gustó con diferencia. Además se come muy bien y barato.

                          Gracias por el documento



                          www.anavre.org

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                          • #14
                            Tabarca, una isla en invierno

                            Muy bueno, de lo mejor que he visto en la taberna últimamente.

                            Felicidades

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                            • #15
                              Re: Tabarca, una isla en invierno

                              Muchísimas gracias amigo!!!
                              Una aportación magnífica a esta taberna!!
                              Mi blog en: Sailing Florence May.

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                              Trabajando...
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