VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

9/ Todos los temas y/o mensajes que fomenten la piratería sobre cualquier software u otro material protegido, o informen de cómo o dónde llevarla a cabo serán retirados inmediatamente del foro. No obstante, y debido a la imposibilidad por parte de los administrador de controlar todos los temas y mensajes , si alguien detecta cualquier incidencia de este tipo ruego lo comunique de forma inmediata a la administración, especificando el enlace al tema para poder ser retirado.

10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



Bueno, y eso es todo, pasa, busca asiento por donde puedas y pide lo que guste...
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Os propongo un juego

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  • #46
    Re: Os propongo un juego

    Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

    Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

    Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
    Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
    de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
    Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
    Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
    Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
    Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
    Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

    El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
    " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
    El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

    Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

    Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

    Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

    El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

    No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

    A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

    Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

    El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
    que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
    En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

    No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
    Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

    Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

    De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
    _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
    -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
    _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
    la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

    El British Seagul arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
    El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
    Alcanzaron el barco con un par de remadas.

    Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

    Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
    Manuel se arranco a nuevas confesiones.
    _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
    de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

    Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

    Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

    Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

    La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

    El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.
    .... De pronto un día sentirás que el viento pasa por dentro de tu cuerpo antes de que llegue a la vela y, cuando percibas esa sensación, ya no habrá nadie que pueda enseñarte nada. Entonces dependerá todo de tu inspiración...

    Manuel Vicent
    (Son de Mar)

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    • #47
      Re: Os propongo un juego

      vá de coña, pero nos pisamos.....que siga que me lo acabo de leer esta noche......

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      • #48
        Re: Os propongo un juego

        Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

        Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

        Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
        Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
        de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
        Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
        Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
        Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
        Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
        Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

        El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
        " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
        El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

        Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

        Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

        Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

        El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

        No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

        A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

        Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

        El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
        que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
        En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

        No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
        Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

        Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

        De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
        _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
        -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
        _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
        la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

        El British Seagul arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
        El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
        Alcanzaron el barco con un par de remadas.

        Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
        - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
        Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

        Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

        Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
        Manuel se arranco a nuevas confesiones.
        _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
        de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

        Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

        Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

        Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

        La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

        El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

        Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
        -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
        -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cogera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.
        Siempre llevo un fino sedal, con un anzuelo y un señuelo en el bolsillo, para cuando llegue mi hora, y me halle navegando, con Caronte hacia el otro lado del río, aprovechar para hacer curri; pues no hay duda que daré mejor impresión, de presentarse ante el portero con unos buenos peces recién pescados como ofrenda.

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        • #49
          Re: Os propongo un juego

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          Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

          Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

          Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
          Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
          de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
          Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
          Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
          Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
          Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
          Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

          El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
          " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
          El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

          Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

          Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

          Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

          El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

          No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

          A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

          Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

          El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
          que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
          En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

          No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
          Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

          Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

          De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
          _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
          -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
          _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
          la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

          El British Seagull arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
          El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
          Alcanzaron el barco con un par de remadas.

          Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
          - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
          Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

          Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

          Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
          Manuel se arranco a nuevas confesiones.
          _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
          de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

          Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

          Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

          Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

          La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

          El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

          Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
          -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
          -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

          Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.




          __________________
          Editado por última vez por malamar; 28/02/2007, 01:12:59.
          ..la lontananza sai
          é come il vento
          che fa dimenticare chi non s'ama..
          spegne i fuochi piccoli,
          ma accende quelli grandi


          Comentario


          • #50
            Re: Os propongo un juego

            Muy bien! La idea es brillante y sois muy imaginativos. Se pone interesante. Soy muy mala escribiendo pero seguiré vuestra historia con interés. Si queda bien, podeis presentarla al premio Nostromo. Una ronda para que sigais inspirados

            Comentario


            • #51
              Re: Os propongo un juego

              Originalmente publicado por malamar Ver Mensaje
              El Siete Mares


              Imagen adecuada. Ya sabemos como es <siete Mares, pero aún no puedo imaginarme a Esteban, quizá enjuto, curtido por el mar y el viento, con cabello largo, entrecano y recogido en una coleta. Tiene barba o está afeitado?

              Comentario


              • #52
                Re: Os propongo un juego

                Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

                Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

                Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
                Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
                de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
                Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
                Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
                Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
                Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
                Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

                El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
                " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
                El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

                Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

                Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

                Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

                El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

                No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

                A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

                Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

                El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
                que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
                En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

                No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
                Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

                Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

                De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
                _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
                -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
                _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
                la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

                El British Seagull arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
                El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
                Alcanzaron el barco con un par de remadas.

                Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
                - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
                Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

                Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

                Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
                Manuel se arranco a nuevas confesiones.
                _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
                de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

                Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

                Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

                Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

                La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

                El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada de lo que llevaba de año. Su rostro, inicialmente malancólico, no sin aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos a la familia del conductor de la grúa durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia característico de estos casos cogió el móvil, escaso de batería, y quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó que le hiciera el favor de recoger el coche y pagar la pertinente multa no prolongó la conversación permitiendo que la batería de nuestro protagonista le permitiera hacer en el futuro una llamada más la cual se convertiría en la llamada más importante de su vida.

                Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                - Todo el mundo a cubierta!
                Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                - ... y piernas!- pensó Esteban.
                - Levad el áncla!
                - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                Editado por última vez por pim; 28/02/2007, 02:14:11.
                Siempre llevo un fino sedal, con un anzuelo y un señuelo en el bolsillo, para cuando llegue mi hora, y me halle navegando, con Caronte hacia el otro lado del río, aprovechar para hacer curri; pues no hay duda que daré mejor impresión, de presentarse ante el portero con unos buenos peces recién pescados como ofrenda.

                Comentario


                • #53
                  Re: Os propongo un juego

                  [quote=pim;48804]Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

                  Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

                  Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
                  Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
                  de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
                  Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
                  Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
                  Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
                  Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
                  Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

                  El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
                  " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
                  El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

                  Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

                  Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

                  Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

                  El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

                  No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

                  A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

                  Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

                  El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
                  que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
                  En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

                  No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
                  Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

                  Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

                  De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
                  _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
                  -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
                  _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
                  la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

                  El British Seagull arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
                  El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
                  Alcanzaron el barco con un par de remadas.

                  Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
                  - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
                  Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

                  Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

                  Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
                  Manuel se arranco a nuevas confesiones.
                  _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
                  de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

                  Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

                  Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

                  Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

                  La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

                  El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                  Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                  -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                  -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                  Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                  Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.

                  Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                  - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                  - Todo el mundo a cubierta!
                  Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                  Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                  - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                  - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                  - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                  - ... y piernas!- pensó Esteban.
                  - Levad el áncla!
                  - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                  "Nunca te acostarás sin haber leído un post de La Taberna nuevo"

                  Comentario


                  • #54
                    Re: Os propongo un juego

                    Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

                    Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

                    Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
                    Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
                    de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
                    Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
                    Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
                    Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
                    Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
                    Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

                    El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
                    " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
                    El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

                    Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

                    Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

                    Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

                    El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

                    No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

                    A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

                    Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

                    El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
                    que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
                    En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

                    No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
                    Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

                    Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

                    De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
                    _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
                    -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
                    _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
                    la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

                    El British Seagull arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
                    El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
                    Alcanzaron el barco con un par de remadas.

                    Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
                    - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
                    Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

                    Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

                    Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
                    Manuel se arranco a nuevas confesiones.
                    _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
                    de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

                    Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

                    Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

                    Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

                    La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.

                    El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                    Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                    -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                    -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                    Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                    Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.

                    Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                    - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                    - Todo el mundo a cubierta!
                    Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                    Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                    - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                    - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                    - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                    - ... y piernas!- pensó Esteban.
                    - Levad el áncla!
                    - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                    Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut.
                    -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW.
                    a ver cuando puedo poner la web en marcha....
                    Saludetes

                    Comentario


                    • #55
                      Re: Os propongo un juego

                      CAPITULO II ( TODO ENTERO EMPIEZA A SER MUY LARGO

                      El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                      Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                      -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                      -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                      Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                      Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.

                      Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                      - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                      - Todo el mundo a cubierta!
                      Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                      Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                      - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                      - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                      - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                      - ... y piernas!- pensó Esteban.
                      - Levad el áncla!
                      - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                      Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut.
                      -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW.

                      La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur.
                      La vela hay que velarla, y si no, no largarla


                      "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
                      Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




                      Jamboequipoderegatas

                      Comentario


                      • #56
                        Re: Os propongo un juego

                        [QUOTE=addabaran;48844]CAPITULO II ( TODO ENTERO EMPIEZA A SER MUY LARGO

                        El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                        Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                        -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                        -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                        Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                        Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.

                        Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                        - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                        - Todo el mundo a cubierta!
                        Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                        Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                        - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                        - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                        - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                        - ... y piernas!- pensó Esteban.
                        - Levad el áncla!
                        - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                        Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut.
                        -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW.

                        La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur.

                        En cubierta y de la mano de la memoria de los navegantes de antaño, aquel barco orientándose por las estrellas, con sus propios ojos, con su propia memoria después. Instrumentos, mapas y cartas marinas. El tiempo da la razón a la historia de estos navegantes, la calidad de los hombres del mar que, hoy dista mucho de parecerse y parecernos a ellos. Todos tienen su tarea escrita en la suerte y la experiencia en ella.
                        Avrei voglia di correre all’infinito

                        e vedermi arrivare sempre prima di me
                        e

                        Avrei tanta voglia di te

                        B. Costa

                        Comentario


                        • #57
                          Re: Os propongo un juego

                          Propongo un estrategema operativo. Abrir otro hilo, aqui o en algun subforo donde vayamos poniendo nuestras contribuciones narrativas..y que luego Addebaran las vaya editando en el hilo de la novela escueta y limpia de polvo y paja, segun le parezca, asi evitamos sobreposiciones y desvarios...
                          Daros cuenta que de una vez esto solo admite 1.500 caracteres..y esto de seguir va para largo...el barco es robusto y los personajes casi que mas...
                          Mira, para empezar y antes de apartarlo del mainstreet del foro, lo abro yo ahora como: Repositorio de SieteMares
                          Editado por última vez por malamar; 28/02/2007, 11:29:43.
                          ..la lontananza sai
                          é come il vento
                          che fa dimenticare chi non s'ama..
                          spegne i fuochi piccoli,
                          ma accende quelli grandi


                          Comentario


                          • #58
                            Re: Os propongo un juego

                            El sol casi tocaba el mar, mientras la tripulación terminaba sus tareas del dia, Manuel saco una red del agua, dentro, un precioso atun, tres caracolas y una Langosta. Con una habilidad musical, limpio el pescado y lo bajo a la cocina. Un gran caldero bullia al fuego de una antigua estufa.

                            Sin embargo, y a pesar del reluciente Sol, Manuel de un gesto le indicó que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.
                            -És una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.
                            -Está bien -contestó Esteban, mientras disimulaba su cojera- yo mientras voy a proa a asegurar el fondeo.

                            Eso le daria ocasion para mirar algo el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo..los barcos pasaban a ser casi personas para el, si decidia hacerse cargo de alguno. Un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam. Como hubiera terminado en el Mediterraneo y en manos de Manuel...cocinero de buque de linea, como llegaria a saber mas tarde, formaba parte de una historia todavia desconocida pero que terminaria conociendo al detalle, se temio..encogiendose finalmente de hombros.

                            Tras una primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que dejaba atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año. Su rostro, instantáneamente melancólico, enseguida con aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas. La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su exmujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.

                            Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronze.
                            - Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.
                            - Todo el mundo a cubierta!
                            Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.
                            Esteban seguia cojeando sigilosamente, y a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.
                            - Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.
                            - Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.
                            - Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remos dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer.
                            - ... y piernas!- pensó Esteban.
                            - Levad el áncla!
                            - Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!
                            Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut.
                            -En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Izaron el foque y tomaron rumbo SW.

                            La tripulación cumplía las ordenes de Esteban y éste aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más comodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oidos devolviéndole a la realidad se embutió rapidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur.

                            En cubierta y de la mano de la memoria de los navegantes de antaño, aquel barco orientándose por las estrellas, con sus propios ojos, con su propia memoria después. Instrumentos, mapas y cartas marinas. El tiempo da la razón a la historia de estos navegantes, la calidad de los hombres del mar que, hoy dista mucho de parecerse y parecernos a ellos. Todos tienen su tarea escrita en la suerte y la experiencia en ella.

                            Tan pronto como rebasaron el atolón, bordaron hacia el oeste. El mar estaba formado y el viento desaparecía por momentos. Manuel y Panxut decidieron bajar a la sala de máquinas a poner en marcha el motor. Esteban pilló el timón, tomando al mar por babor y el viento por la aleta, casi por popa.
                            Sudaba a causa de la meticulosa faena de recomponer el rumbo, con la rueda, a cada bandazo que le daba una nueva ola.
                            Sudaba a causa del calor y el bochorno que se estaba apropiando de la átmósfera y sudaba, temía, por causa de la fiebre que le producía la herida que se había hecho en el pie, y que nno había dejado acabar de curar a esa linda enfermera.
                            El sonido sordo y acompasado de los primeros pistonazos del motor, que se percibía potente bajo sus pies le reconfortó.
                            Siempre llevo un fino sedal, con un anzuelo y un señuelo en el bolsillo, para cuando llegue mi hora, y me halle navegando, con Caronte hacia el otro lado del río, aprovechar para hacer curri; pues no hay duda que daré mejor impresión, de presentarse ante el portero con unos buenos peces recién pescados como ofrenda.

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                            • #59
                              Re: Os propongo un juego

                              Recapitulando:

                              Personajes:

                              Esteban: Patrón por encargo, Marino de profesión, cercano a los 50 años, espigado, ancho de hombros, ojos grandes de color avellana, cara alargada de mentón recto, tiene una cicatriz que va desde la ceja izquierda y baja por la mejilla izquierda y se oculta tras una barba de varios días. Aspecto descuidado e inquietante. Casi toda su vida la ha pasado en el mar, no sabemos de que tiene la cicatriz. Se ha hecho una herida en el pie antes de subir al barco.

                              Manuel: Armador es un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no oculta una mirada serena y pícara, que contrasta con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalen de su ancha cara.

                              Panxut: No conocemos descripción, es mecánico y Esteban no confia del todo en él.
                              Comodoro: No conocemos descripción.
                              Embat: No conocemos descripción.

                              Barco: Siete Mares es un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesqueria en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algun canal de Amsterdam.

                              Singladura: No conocemos nada aun, pero será larga.

                              Objeto de la singladura: Aun lo deconocemos.


                              Como se hace largo voy a enviar los dos capitulos en dos post seguidos.
                              La vela hay que velarla, y si no, no largarla


                              "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
                              Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




                              Jamboequipoderegatas

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                              • #60
                                Re: Os propongo un juego

                                CAPITULO I

                                Deslizaba los pies con parsimonia por el pantalán, arrastrando tras de sí su viejo petate cargado con las pocas pertenencias que necesitaba, un traje de aguas parcheado, un par de jerseys, ropa interior, una navaja multiusos, un viejo compás de marcaciones y poco más.

                                Todavía faltaban dos horas para amanecer y la niebla cubría el puerto emboscando el eco de la baliza del arrecife sur.

                                Los barcos, perfectamente alineados, dormitaban movidos perezosamente por las aguas, empapados por la humedad, hacía frío, desde luego no parecía un buen día para enrolarse en un velero del que no conocía más que su nombre, Siete Mares.
                                Cuando pensaba en el Siete Mares, veía ante todo un dibujo: El barco
                                de....*" y, sin darse cuenta va del dibujo al orginal.
                                Delante del Siete Mares comprende que la realidad es como una sucesión virtual de dibujos imaginarios, una línea suelta, rápida como la esfinge de una mujer
                                Las sombras de la noche rodean el barco, parecen líneas inmóviles que aguardan la mano del dibujante.
                                Le gusta llegar sin prisas, esperar a que amanezca y tranquilamente, sin despertar sus pensamientos medio dormidos, fumar pausadamente.
                                Con la vista clavada en el tupido horizonte, y a la espera de ver asomar allí las velas del Siete Mares, que tenía que recalar para embarcarlo, no cayó en aquel maldito clavo, que con el vaivén de las olas se había ido soltando del pantalán.
                                Lleno de herrumbre por todos lados, debía medir como poco unos siete centímetros, y en su parsimonioso y meditabunto arrastrar de pies, penetró, como lo hacen las malas ideas en la imaginación de la gente perversa, en su pie desnudo dejando entrever sus huesos y tiñendo rápidamente de rojo el suelo del pantalán.

                                El dolor era insoportable, se volvió hacia la salida del puerto, donde dejára estacionado su viejo coche; como pudo lo puso en marcha y se dirigio rápidamente al hospital mas cercano...
                                " Para un viejo pellejo como tu esto va a ser poca cosa- le espeto el ATS mientras intentaba camuflar el tamaño real de la jeringuilla que se proponia administrarle como prevencion antitetanica.
                                El se sonrio ante la estratagema del facultativo, totamente superflua para con ese viejo cuerpo suyo, verdadera antologia de desgarros y malos tajos acumulados en mil peleas de taberna portuaria requiriendo los favores de las bellas del lugar, cuando no mas prosaicamente haciendo de escudo a la averia de aparejo, si de improviso surgia a reclamar la vida del que se arriesga a traves del mar embravecido.

                                Con un dolor insoportable tras el pinchazo de la joven enfermera, regresó caminado torpemente hacia su coche, maldiciendose por no haber estado pendiente de ese maldito clavo oxidado. A pesar del dolor decidió que eso no le fastidiaría sus jornadas de navegación a bordo del Siete Mares.

                                Ya era tarde, había quedado con Manuel, el armador del Siete Mares a las ocho de la mañana pero el incidente lo había retrasado. Eran las nueve de la mañana, debía darse prisa si no quería quedarse en tierra. Arrancó y puso rumbo al puerto, deseando con todas sus fuerzas encontrar todavía amarrado aquel barco con el que tanto tiempo había soñado.

                                Casi derrapando, freno el coche en el estacionamiento del puerto, corrio, con dificultad, hacia el pantalán, donde debía encontrarse con Manuel y el soñado, Siete Mares. Finalmente lo encontró meciendose suavemente con la brisa y el oleaje, a bordo el sonriente Manuel, armador del Siete Mares.

                                El Siete Mares era un pequeño bote de pesca de escasos cinco metros de eslora, capaz de tender un trapo en un esmirriado palo, más pensado en mantener su precaria estabilidad que en la posibilidad de navegar con él, con un viejo motor Seagull fueraborda, que arrancaba cuando quería, y que dejaba tras si una humareda tan espesa que, Manuel, su armador siempre decía que facilitaba la pesca pues los peces nunca podían imaginar que tras esa densa nube pudiera haber un bote con sus dos pescadores, sus cañas y sus volantines.

                                No pudo ocultar fruncir el entrecejo al observar con detenimiento al Siete Mares, alguien le había jugado una mala pasada. En la agencia le aseguraron que éste era un buen encargo, debía pilotar un viejo velero de rancio abolengo en un viaje, cuyo destino era para él todavía una incognita, pero que le alejaría de tierra varios meses.

                                A decir verdad, el Siete Mares bien se podía decir que era rancio, pero desde luego no afloraba por ninguna parte su tan cacareado abolengo.

                                Manuel se dio cuenta de su sorpresa y sonrió divertido.

                                El marino le vio llegar y con mirada avezada, gris como de sueño y ceniza
                                que no desconocía el peligro que albergaban los mares, era eso mismo que le movía a acudir a aquel barco, le dio la bienvenida con un movimiento de cabeza y continuó su tarea.
                                En silencio, los movimientos precisos, como de paz que tantas veces ha experimentado. La mar azul, les abraza en silencio y no se distraen y los pensamientos miran lejos, muy lejos.

                                No arrastraba tras de si una turbia historia que olvidar, no dejaba en puerto un amor maldito que le empujara al mar, tumba de marinos y recuerdos, no tenía un su saco ni uno solo de los ingredientes que aderezan cualquier relato, sea en prosa o en verso, sea con música o sin ella, de ambiente marinero. Pero necesitaba poner distancia de por medio con todo y, una vez más, el centro del mar le parecía el lugar más alejado.
                                Sabía que no era cierto. Sabía que el mar era pequeño porque siempre se acaba al llegar a tierra pero esas horas en las que la esclavitud de las guardias o la liberación de ellas le permitían estar solo pendiente del horizonte, fumando acodado en la regala o con los ojos vacíos de pensamientos era todo lo que le pedía a la vida en ese momento. Eso y que la maldita herida no le volviera a doler.

                                Manuel era un hombre rechoncho, de mediana edad, su piel cetrina endurecida por el sol no ocultaba una mirada serena y pícara, que contrastaba con una ristra de dientes desalineados y amarillos que sobresalían de su ancha cara.

                                De un brinco bajo del Siete Mares y se plantó en el pantalán, le tendió la mano y estrechándosela le dijo:
                                _ Bienvenido por fin, Esteban, me alegro conocerte
                                -se acerco Manuel dandole efusivamente la mano, algo extrañado por verle en tan peor forma de lo que hubiera pensado nunca cuando le hablaron de él en las oficinas del Puerto, treinta años de Mercante, contramaestre de nombre usted el buque y la ruta, que habra estado antes o despues, sin familia conocida, solo sabe vivir embarcado y por el sueldo no se preocupe..no necesita el dinero...tan solo algo que le ayude a vivir hasta el dia siguiente sin que la soledad le pegue un mordisco por dentro-.
                                _Sube el petate a la chalupa y te llevo al Siete Mares...le tengo fondeado en
                                la bocana por lo que pesca, y voy y vengo con este bote...veras que peso demasiado para una de esas cosas ridiculas de goma,... me pareceria andar sentado en un anillo para almorranas...-añadio mientras se abria entero en otra gran risotada, ya feliz por la llegada de su nuevo patron y quizas...compañero.

                                El British Seagull arrancó inesperadamente a la primera, y el bote comenzó a moverse dejando tras de si una humareda tan espesa, fruto de la mezcla al doce por ciento que gastaba, que los demás barcos que nos cruzabamos hacían sonar su bocina, no sé si para saludar o porque creían realmente que la niebla era incipiente.
                                El mar estaba plano como un espejo pero el bote avanzaba trabajosamente, empujado por aquel motor como si se tratara de subir una empinada cuesta con una vespino; hasta que pocas brazadas antes de abordar al Siete Mares, una taquicardia redoblada por una arritmia, paró definitivamente a aquel motor, que sin duda tanta guerra había dado, y que nunca más conseguirian arrancar.
                                Alcanzaron el barco con un par de remadas.

                                Le gustó. Le gusto mucho ya cuando lo adivinaba entre la humareda del fuera borda. Embarcaron los remos y protegieron los cascos de ambas embarcaciones con unos brazos raudos que se iban a la maniobra sin pensar;como dos automatas.
                                - Que ya no estoy para estos francobordos chico... le espetaba Manuel tras el esfuerzo.
                                Le dió todo el resguardo que pudo a su maltrecho pié y se encaramó a cubierta . Respiró tan hondo que sintió una punzada en lo mas negro de sus pulmones. Ya estaba a bordo del Siete Mares

                                Sudoroso alzó la vista y observó la majestuosa silueta del Siete Mares, dibujándose perfecta contra el nitido azul de la mañana.

                                Anticipándose a su intriga por ver gente sobre el puente
                                Manuel se arranco a nuevas confesiones.
                                _ No, no creas que tengo ya la tripulacion completa...ojalá pero no..
                                de momento estoy arreglando lo mas gordo, son del varadero del Nautico que se han ofrecido a trabajar por su cuenta antes de empezar el tajo para el Comodoro...buena gente...el de arriba en las crucetas es un tal Embat, y revisando el motor un tal Panxut, a ese hay que dejarle que haga lo que se le emperejile..va a su aire..pero nunca le terminan sobrando piezas...las usa todas, aunque quizas para otra cosa distinta a la original...

                                Esteban sonrió y con una ligereza asombrosa trepó por la escala saltando a la cubierta, estaba deseoso de revisar su nuevo barco y discutir con el armador el destino de la singladura, todo parecía perfecto, aunque no se quitaba de la cabeza la advertencia que Manuel le había hecho sobre el tal Panxut, le intrigaba lo que hacía con las herramientas y si debía temerle por ello.

                                Una ligereza impropia de un hombre que andaba cojo, porque el pie le dolía un huevo. Le dolía y palpitaba como si su corazón se hubiese desplazado hasta esa extremidad.

                                Sin embargo Esteban estaba acostumbrado a soportar el dolor, y solo una mueca le delataba cuando involuntariamente daba con su pie en el suelo, pero curtido como estaba en mil batallas, no se iba a arredrar por un pequeño corte en su pie, aun recordaba aquel ataque de un tiburón tigre que había arponeado en Thaiti y que aun moribundo casi le arranca su brazo derecho.

                                La cubierta limpia y despejada dejaba ver el lustre de las maderas nobles utilizadas para construir el velero.
                                La vela hay que velarla, y si no, no largarla


                                "No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
                                Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




                                Jamboequipoderegatas

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