Re: ¿Cómo empezaste a navegar?
Pues como a Nonick le ha gustado, sigo con el capítulo dos.
Como el día 28 me compro el barco y el día 31 me tengo que ir a Madrid, pues dejo gestionado el tema de sacarme el titulín, con el certificado médico y la obligación de volver a Cadiz a examinarme tres semanas más tarde. Quedo con los marineros del club en que botarán el barco el día anterior. Alla que nos presentamos, nos hechan el barco al agua, me dan un motor fuera borda que dicen que es el del barco, me dan la mano, me dicen que bienvenido al club de los navegantes y que me lo dejan atadito en mi amarre.
En ese momento me doy cuenta que toda mi experiencia como navegante son las diez horas de cursillo y que además tres de los días apenas hizo nada de viento, con lo que yo como siempre me tendría que apañar de autodidacta. En esto que Irene, mi mujer es la primera vez que se sube en un barco ya que ella ni siquiera había hecho el cursillo.
Aunque me examinaba el dia siguiente, decido tirar de la cuerda del arranque y allá que nos vamos. Nos damos un plácido paseo a vela por el interior de las marismas de Sancti Petri a vela con una ilusión que nos desborda. Al día siguiente me voy a hacer el examen y me doy cuenta que estoy en la Federación de Motonaútica y después de preguntar, me dicen que este título, lo que es para navegar a vela que no es. Bueno, yo le digo que mi velero tambien tiene motor y que ya me arreglaré. Una vez obtenido el título nos volvemos al barco y aquí comienza un aprendizaje totalmente autodidacta.
Por lo pronto yo pregunto en varios sitios si el título que me he sacado vale o no vale y como no se acaban de aclarar me cuentan que si el PER, que si es mejor y decido que nada más que llege a Madrid me apunto en una academia y me saco el PER ese.
Mientras y ya que estamos aquí decidimos salir, Esta vez el paseo no es tan plácido ya que no llevamos ni 20 metros recorridos y el motor se para. En esto que intento arrancarlo y me quedo con la cuerda de arranque rota en la mano.
Me doy cuenta que hay una corriente importante de entrada y que nos está llevando otra vez contra los pantalanes. Nos agarramos como podemos a los barcos, nos amarramos y arreglo el motor. Volvemos a salir y a los 30 metros se cala. Otra vez la corriente nos devuelve dentro del puerto. El día es excepcional y al final, despues de calar el motor 15 o veinte veces, varamos en la playa frente al puerto. No hay problema, dentro del caño de Sancti Petri no hay ni una sola ola y pedimos ayuda a unos que andaban pescando por ahí en una zodiak nos pegan un tirón y nos llevan al amarre.
Nos volvemos a Madrid un poco dubitativos. Empiezo a pensar que un motor nuevo es más que interesante, pero que yo, si hubiera habido algo de viento hubiera sido capaz de llevarlo donde sea. El problema es que no lo había.
Pasados un par de fines de semana decidimos volver, pero ya acompañados por la grumeta Isabel que por aquel entonces tenía tres años y salimos. Le rezo en voz baja un par de oraciones al motor, pero como había algo de viento sabía que ya me las apañaría. Salimos y avanzo a motor hacia los espeques de salida del puerto con el motor funcionando y justo cuando voy a pararlo para subir las velas decide calarse. Me callo como un puta, ya que me doy cuenta que lo que le pasa es que se calienta porque no refrigera bien, pero que en cuanto se enfría vuelve a funcionar. Para que vamos a amargarnos el día, ya estamos navegando, hay velas, hay viento y muchas ganas de aprender. Subo la mayor, saco el génova y cuando llevamos dos minutos de navegación la mayor decide descoserse a un metro por encima de la botavara unos 80 cm. ¡Coño ya empezamos! Bueno en el cursillo me contaron que se pueden hechar los rizos y que además como ya hay un poquito más de viento no nos viene mal. Navegamos unas cinco horas, en mar abierto, entramos a vela al interior del puerto y allí bajé las velas, arranqué el motor que como estaba frío arranco a la primera y nos volvimos a Madrid más contentos que unas castañuelas.
Siguiente gasto, hacer una mayor nueva y comprar un motor. También me dicen que me compre un GPS para saber donde están las piedras del fondo, que dicen que son muy peligrosas y que me compre una radio VHF que aunque siempre puedo usar el móvil para pedir ayuda la radio es más profesional. Joder, pues ya no me empieza a parecer tan barato esto de los barcos, pero bueno, el motor despues lo vendí junto con el barco, la mayor también y palmé 76000 pelas en la operación, con dos años de disfrute que creo que no es dinero, sobre todo con la seguridad que me dió el motor nuevo, aunque fiel a mis principios yo aprendía a no fiarme del todo de estos artilugios ruidosos y desde entonces arprendía a subir las velas y a recogerlas los más cerca posible de mi amarre, de manera entrabamos y salíamos a vela del puerto.
Y así, pasito a pasito, tres barcos, me saqué el PER, luego el patron de yate, luego el capitan de yate y enganchado hasta el corvejón en esto de los barcos.
Originalmente publicado por kiribati
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Como el día 28 me compro el barco y el día 31 me tengo que ir a Madrid, pues dejo gestionado el tema de sacarme el titulín, con el certificado médico y la obligación de volver a Cadiz a examinarme tres semanas más tarde. Quedo con los marineros del club en que botarán el barco el día anterior. Alla que nos presentamos, nos hechan el barco al agua, me dan un motor fuera borda que dicen que es el del barco, me dan la mano, me dicen que bienvenido al club de los navegantes y que me lo dejan atadito en mi amarre.
En ese momento me doy cuenta que toda mi experiencia como navegante son las diez horas de cursillo y que además tres de los días apenas hizo nada de viento, con lo que yo como siempre me tendría que apañar de autodidacta. En esto que Irene, mi mujer es la primera vez que se sube en un barco ya que ella ni siquiera había hecho el cursillo.
Aunque me examinaba el dia siguiente, decido tirar de la cuerda del arranque y allá que nos vamos. Nos damos un plácido paseo a vela por el interior de las marismas de Sancti Petri a vela con una ilusión que nos desborda. Al día siguiente me voy a hacer el examen y me doy cuenta que estoy en la Federación de Motonaútica y después de preguntar, me dicen que este título, lo que es para navegar a vela que no es. Bueno, yo le digo que mi velero tambien tiene motor y que ya me arreglaré. Una vez obtenido el título nos volvemos al barco y aquí comienza un aprendizaje totalmente autodidacta.
Por lo pronto yo pregunto en varios sitios si el título que me he sacado vale o no vale y como no se acaban de aclarar me cuentan que si el PER, que si es mejor y decido que nada más que llege a Madrid me apunto en una academia y me saco el PER ese.
Mientras y ya que estamos aquí decidimos salir, Esta vez el paseo no es tan plácido ya que no llevamos ni 20 metros recorridos y el motor se para. En esto que intento arrancarlo y me quedo con la cuerda de arranque rota en la mano.
Me doy cuenta que hay una corriente importante de entrada y que nos está llevando otra vez contra los pantalanes. Nos agarramos como podemos a los barcos, nos amarramos y arreglo el motor. Volvemos a salir y a los 30 metros se cala. Otra vez la corriente nos devuelve dentro del puerto. El día es excepcional y al final, despues de calar el motor 15 o veinte veces, varamos en la playa frente al puerto. No hay problema, dentro del caño de Sancti Petri no hay ni una sola ola y pedimos ayuda a unos que andaban pescando por ahí en una zodiak nos pegan un tirón y nos llevan al amarre.Nos volvemos a Madrid un poco dubitativos. Empiezo a pensar que un motor nuevo es más que interesante, pero que yo, si hubiera habido algo de viento hubiera sido capaz de llevarlo donde sea. El problema es que no lo había.
Pasados un par de fines de semana decidimos volver, pero ya acompañados por la grumeta Isabel que por aquel entonces tenía tres años y salimos. Le rezo en voz baja un par de oraciones al motor, pero como había algo de viento sabía que ya me las apañaría. Salimos y avanzo a motor hacia los espeques de salida del puerto con el motor funcionando y justo cuando voy a pararlo para subir las velas decide calarse. Me callo como un puta, ya que me doy cuenta que lo que le pasa es que se calienta porque no refrigera bien, pero que en cuanto se enfría vuelve a funcionar. Para que vamos a amargarnos el día, ya estamos navegando, hay velas, hay viento y muchas ganas de aprender. Subo la mayor, saco el génova y cuando llevamos dos minutos de navegación la mayor decide descoserse a un metro por encima de la botavara unos 80 cm. ¡Coño ya empezamos! Bueno en el cursillo me contaron que se pueden hechar los rizos y que además como ya hay un poquito más de viento no nos viene mal. Navegamos unas cinco horas, en mar abierto, entramos a vela al interior del puerto y allí bajé las velas, arranqué el motor que como estaba frío arranco a la primera y nos volvimos a Madrid más contentos que unas castañuelas.
Siguiente gasto, hacer una mayor nueva y comprar un motor. También me dicen que me compre un GPS para saber donde están las piedras del fondo, que dicen que son muy peligrosas y que me compre una radio VHF que aunque siempre puedo usar el móvil para pedir ayuda la radio es más profesional. Joder, pues ya no me empieza a parecer tan barato esto de los barcos, pero bueno, el motor despues lo vendí junto con el barco, la mayor también y palmé 76000 pelas en la operación, con dos años de disfrute que creo que no es dinero, sobre todo con la seguridad que me dió el motor nuevo, aunque fiel a mis principios yo aprendía a no fiarme del todo de estos artilugios ruidosos y desde entonces arprendía a subir las velas y a recogerlas los más cerca posible de mi amarre, de manera entrabamos y salíamos a vela del puerto.
Y así, pasito a pasito, tres barcos, me saqué el PER, luego el patron de yate, luego el capitan de yate y enganchado hasta el corvejón en esto de los barcos.








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