Frecuentemente aparecen en este Foro comentarios y quejas sobre las instituciones, normativas, servicios y precios de los profesionales náuticos y de los puertos. Un buen ejemplo es lo que se comenta en el actual hilo sobre lo acontecido en el puerto de S. Antoni de Ibiza. Quejas que, de modo general, comparto.
Sin embargo, creo que obviamos un problema mucho más difícil de solucionar, cuyo origen está entre nosotros (o algunos), es decir, entre los que navegamos. Me refiero a la creciente falta de respeto que observo al entorno marino, no refiriéndome con ello, exclusivamente al tema ecológico (el cual creo va mejorando lentamente).
Vaya por delante que no soy un “purista” que crea que solamente tienen derecho a la mar los que llevan un ojo tapado, un loro en el hombro y haber afrontado 100 temporales en los mares australes. Más bien al contrario, creo que los españoles, con nuestra orografía bañada por el mar, un mar muchas veces muy asequible, tenemos casi el “deber” de salir a él y aprovechar lo que tenemos tan a mano.
Pero observo cada vez más (y este año, exageradamente más) un deterioro, o más bien un desprecio, respecto al respeto que debe tenerse hacia los demás que comparten aguas o fondeaderos. Desprecio que puede medirse mediante decibelios. Anoto tres puntos:
1.- Generadores de marras: En un fondeadero siempre he intentado alejarme de las grandes motoras, por el peligro que supone que te tengan todo el día (y/o noche) con el run-run, acompañado del chorrito de los co**nes. Ahora, gracias al Lidl y similares, tenemos a nuestra disposición unos malditos aparatos por 50 ó 100 € que nos nutren con todos los voltios que necesitamos. ¿Qué hacen ruido?: ¡qué va!, solamente hay que colocarlo en popa en la jupette e irse a bañar o a la playa en la auxiliar o tumbarse en proa. ¿Qué a los demás les molesta?: ¡pues que se aguanten!, al fin y al cabo el mar es de todos. Estos días he “topado” con 5 de estos malditos aparatejos. Evito describir lo ocurrido con cada uno.
2.- “Música” a todo trapo: Ya está siendo lo normal que de golpe en el fondeadero aparezca una Xunxiker, otro tipo de motora o velero con el “Asherejé”, el “pumba-pumba-chin-chin-pumba-pumba” o el Julio Iglesias a toda castaña, regalando a los demás usuarios del fondeadero durante horas con la audición escogida por dicho barco, al igual que hacen algunos raperos con Ibiza de cristales tintados. Cuando se suman los sonidos de 3 barcos, la cosa ya es inexplicable. En sus selectas neuronas, ¿a nadie se le ocurre pensar que puede haber gente que prefiera otra música o ninguna, o sencillamente deleitarse con el chapoteo del agua, cosa que no podrá volver a oír en su vida cotidiana?. Ante eso ya tengo la solución: el próximo año embarcaré 2 baffles de 500 W cada uno y prometo a la primera agresión, transmitir la cabalgata de las valkirias completa (con los altavoces perfectamente orientados).
3.- Risas, cantos, conversaciones, etc. a todo volumen: Sabido es que los carpetobetónicos son proclives a mantener las conversaciones a grito pelado. Prueba de ello se puede obtener comparando el ruido de fondo en un restaurante con el de latitudes superiores. Lo que me cuesta de entender, es cómo una conversación mantenida en un minúsculo espacio inferior a 10 m2 (la bañera), puede seguirse a casi 100 m de distancia. Entiendo que estando de vacaciones, la gente intente pasárselo bien. Lo que no entiendo es este interés en compartir las risas, juergas, cánticos y demás con los otros barcos. Aunque sea la 1 de la noche.
Quizás a alguien le pueda parecer exagerado, pero aseguro que no lo es. En verano, los fondeaderos están abarrotados, con lo cual es obligada la convivencia y, en consecuencia, es cuando más es necesario el respeto a los demás.
Pensando en lo anterior, creo que una buena parte del problema proviene de que cada vez más he observado una creciente proporción de barcos de chárter en el total de la flota. No voy a demonizar el chárter, pues creo que es necesario e incluso lo más lógico para quien utiliza el barco solamente unos pocos días. El problema surge cuando un barco está tripulado por unos impresentables que han optado por chartear este año un barco e irse a las islas, como el año pasado fueron a hacer costilladas a alguna fuente. Gente sin ninguna preparación ni conciencia marinera y que tampoco la tendrán nunca porque no entran (realmente) en este entorno. Probablemente las empresas de chárter harían bien en aportar un manual de usos en los que se incidiese en este tipo de concienciación. Seguro habría quien, además de concienciarse, sabría apreciar las cualidades especiales del entorno marino.
Yo por mi parte ya he decidido (como hice hace ya bastantes años, prometiendo no volver nunca más a Illetes en verano), en próximos años, si voy a las islas, apartarme de los fondeaderos más concurridos. Ya sé que tendré que ir a otros quizás no tan buenos, no tan protegidos o tan maravillosos, pero seguro ganaré mucho en mi “desestrés”.
Perdón por el ladrillo, pero necesitaba desahogarme.
Sin embargo, creo que obviamos un problema mucho más difícil de solucionar, cuyo origen está entre nosotros (o algunos), es decir, entre los que navegamos. Me refiero a la creciente falta de respeto que observo al entorno marino, no refiriéndome con ello, exclusivamente al tema ecológico (el cual creo va mejorando lentamente).
Vaya por delante que no soy un “purista” que crea que solamente tienen derecho a la mar los que llevan un ojo tapado, un loro en el hombro y haber afrontado 100 temporales en los mares australes. Más bien al contrario, creo que los españoles, con nuestra orografía bañada por el mar, un mar muchas veces muy asequible, tenemos casi el “deber” de salir a él y aprovechar lo que tenemos tan a mano.
Pero observo cada vez más (y este año, exageradamente más) un deterioro, o más bien un desprecio, respecto al respeto que debe tenerse hacia los demás que comparten aguas o fondeaderos. Desprecio que puede medirse mediante decibelios. Anoto tres puntos:
1.- Generadores de marras: En un fondeadero siempre he intentado alejarme de las grandes motoras, por el peligro que supone que te tengan todo el día (y/o noche) con el run-run, acompañado del chorrito de los co**nes. Ahora, gracias al Lidl y similares, tenemos a nuestra disposición unos malditos aparatos por 50 ó 100 € que nos nutren con todos los voltios que necesitamos. ¿Qué hacen ruido?: ¡qué va!, solamente hay que colocarlo en popa en la jupette e irse a bañar o a la playa en la auxiliar o tumbarse en proa. ¿Qué a los demás les molesta?: ¡pues que se aguanten!, al fin y al cabo el mar es de todos. Estos días he “topado” con 5 de estos malditos aparatejos. Evito describir lo ocurrido con cada uno.
2.- “Música” a todo trapo: Ya está siendo lo normal que de golpe en el fondeadero aparezca una Xunxiker, otro tipo de motora o velero con el “Asherejé”, el “pumba-pumba-chin-chin-pumba-pumba” o el Julio Iglesias a toda castaña, regalando a los demás usuarios del fondeadero durante horas con la audición escogida por dicho barco, al igual que hacen algunos raperos con Ibiza de cristales tintados. Cuando se suman los sonidos de 3 barcos, la cosa ya es inexplicable. En sus selectas neuronas, ¿a nadie se le ocurre pensar que puede haber gente que prefiera otra música o ninguna, o sencillamente deleitarse con el chapoteo del agua, cosa que no podrá volver a oír en su vida cotidiana?. Ante eso ya tengo la solución: el próximo año embarcaré 2 baffles de 500 W cada uno y prometo a la primera agresión, transmitir la cabalgata de las valkirias completa (con los altavoces perfectamente orientados).
3.- Risas, cantos, conversaciones, etc. a todo volumen: Sabido es que los carpetobetónicos son proclives a mantener las conversaciones a grito pelado. Prueba de ello se puede obtener comparando el ruido de fondo en un restaurante con el de latitudes superiores. Lo que me cuesta de entender, es cómo una conversación mantenida en un minúsculo espacio inferior a 10 m2 (la bañera), puede seguirse a casi 100 m de distancia. Entiendo que estando de vacaciones, la gente intente pasárselo bien. Lo que no entiendo es este interés en compartir las risas, juergas, cánticos y demás con los otros barcos. Aunque sea la 1 de la noche.
Quizás a alguien le pueda parecer exagerado, pero aseguro que no lo es. En verano, los fondeaderos están abarrotados, con lo cual es obligada la convivencia y, en consecuencia, es cuando más es necesario el respeto a los demás.
Pensando en lo anterior, creo que una buena parte del problema proviene de que cada vez más he observado una creciente proporción de barcos de chárter en el total de la flota. No voy a demonizar el chárter, pues creo que es necesario e incluso lo más lógico para quien utiliza el barco solamente unos pocos días. El problema surge cuando un barco está tripulado por unos impresentables que han optado por chartear este año un barco e irse a las islas, como el año pasado fueron a hacer costilladas a alguna fuente. Gente sin ninguna preparación ni conciencia marinera y que tampoco la tendrán nunca porque no entran (realmente) en este entorno. Probablemente las empresas de chárter harían bien en aportar un manual de usos en los que se incidiese en este tipo de concienciación. Seguro habría quien, además de concienciarse, sabría apreciar las cualidades especiales del entorno marino.
Yo por mi parte ya he decidido (como hice hace ya bastantes años, prometiendo no volver nunca más a Illetes en verano), en próximos años, si voy a las islas, apartarme de los fondeaderos más concurridos. Ya sé que tendré que ir a otros quizás no tan buenos, no tan protegidos o tan maravillosos, pero seguro ganaré mucho en mi “desestrés”.
Perdón por el ladrillo, pero necesitaba desahogarme.




y me harté, fuí a por la bocina de niebla. La hice sonar, y se unió algún otro barco en la protesta. Solo conseguimos que bajaran el volúmen tras un rato de silbidos, bocinazos etc. proferidos por todos los barcos. Es la primera vez en mi vida que veo algo así. El otro yate, similar y alicantino, se fué casi cuando empezó el numerito, y muchos otros hicieron lo mismo. 


), puedo estar de acuerdo con tus apreciaciones, aunque creo que el origen del problema no está únicamente en la proliferación de oferta de charter, que al final es una simple evolución de la lógica ley de la oferta y la demanda. creo que escarbando un poco más aflora la titulitis nautica en nuestro pais por un lado y por otro, la incompetencia de nuestros políticos y gestores, me explico:


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