Creo que ya hablé aquí de lo interesante que resulta la historia de la conservación de los alimentos en relación a expediciones oceánicas.
En algún sito conté las averiguaciones del doctor Pringle a raíz de un concurso del Almirantazgo británico para solventar el problema del escorbuto. La solución la encontró en los navegantes anseáticos que usaban col fermentada “chucrut” en sus travesías. Se aplicó en los viajes del Cook (paradojas de su apellido), que lo hicieron sumamente celebre en su época, más por resolver este problema ocasionado por la falta de la vitamina C, que por sus habilidades. (dado que muchos sabían que nosotros ya hablamos estado allí dos siglos antes o que usó los manuscritos robados a Mourelle en la exploración de las Aleutianas y del paso del noroeste).
El caso es que siempre escuchaba a mi padre hablar de sus empachos de plátanos cuando compraba un racimo en Canarias y empezaban a madurar todos juntos.
A pesar de los consejos yo he picado como todos, incluso una vez en el tornaviaje, compré piñas verdes que al poco tiempo empezaron a fermentar entre nubes de mosquitos y efluvios embriagadores. Por supuesto, acabaron casi todas en el mar.
Mi anciano padre y mi tío Manolo, ya jubilados se han dedicado con entusiasmo al huerto. Creo que están aplicando aquella recomendación Zen, que dice que si quieres ser feliz unas horas, emborráchate. Si quieres ser feliz unos años, mata tu cerdo, si quieres ser feliz unos años cásate, pero si quieres ser feliz toda una vida, hazte jardinero.
Creo que los valores terapéuticos de su actividad, son los causantes de su actual vitalidad.
Desde hace años, cuando comienza la cosecha de kiwis, reparten cajas entre toda la familia y amigos, pues la producción de este fruto tan exótico, suele ser abundante y buena en Galicia.
El caso, es que vienen en la mejor época para cruzar. Yo selecciono los de tamaño mediano y los recojo con mimo para que no se golpeen. Los coloco en unas hamacas de redecilla que amarro en el techo de la camareta. Cuando llegas al Caribe desde Galicia, todavía estas comiendo refrescantes frutos en perfecto estado sin necesidad de refrigeración alguna para garantizar su conservación.
Siempre hablamos que de aparejos, pilotos, cartas o barcos ideales para la navegación oceánica, no se me ocurrió contar aquí una cuestión tan menor que sin embargo os hará muy agradable la travesía.
Alguna gente me dice que si comen muchos, les producen descomposición. Quizás yo evite esto, porque los como con la piel. Los restriego un poco para quitarles los pelillos de su piel y directamente al buche. Están fantásticos.
Un abrazo a tod@s


En algún sito conté las averiguaciones del doctor Pringle a raíz de un concurso del Almirantazgo británico para solventar el problema del escorbuto. La solución la encontró en los navegantes anseáticos que usaban col fermentada “chucrut” en sus travesías. Se aplicó en los viajes del Cook (paradojas de su apellido), que lo hicieron sumamente celebre en su época, más por resolver este problema ocasionado por la falta de la vitamina C, que por sus habilidades. (dado que muchos sabían que nosotros ya hablamos estado allí dos siglos antes o que usó los manuscritos robados a Mourelle en la exploración de las Aleutianas y del paso del noroeste).
El caso es que siempre escuchaba a mi padre hablar de sus empachos de plátanos cuando compraba un racimo en Canarias y empezaban a madurar todos juntos.
A pesar de los consejos yo he picado como todos, incluso una vez en el tornaviaje, compré piñas verdes que al poco tiempo empezaron a fermentar entre nubes de mosquitos y efluvios embriagadores. Por supuesto, acabaron casi todas en el mar.
Mi anciano padre y mi tío Manolo, ya jubilados se han dedicado con entusiasmo al huerto. Creo que están aplicando aquella recomendación Zen, que dice que si quieres ser feliz unas horas, emborráchate. Si quieres ser feliz unos años, mata tu cerdo, si quieres ser feliz unos años cásate, pero si quieres ser feliz toda una vida, hazte jardinero.
Creo que los valores terapéuticos de su actividad, son los causantes de su actual vitalidad.
Desde hace años, cuando comienza la cosecha de kiwis, reparten cajas entre toda la familia y amigos, pues la producción de este fruto tan exótico, suele ser abundante y buena en Galicia.
El caso, es que vienen en la mejor época para cruzar. Yo selecciono los de tamaño mediano y los recojo con mimo para que no se golpeen. Los coloco en unas hamacas de redecilla que amarro en el techo de la camareta. Cuando llegas al Caribe desde Galicia, todavía estas comiendo refrescantes frutos en perfecto estado sin necesidad de refrigeración alguna para garantizar su conservación.
Siempre hablamos que de aparejos, pilotos, cartas o barcos ideales para la navegación oceánica, no se me ocurrió contar aquí una cuestión tan menor que sin embargo os hará muy agradable la travesía.
Alguna gente me dice que si comen muchos, les producen descomposición. Quizás yo evite esto, porque los como con la piel. Los restriego un poco para quitarles los pelillos de su piel y directamente al buche. Están fantásticos.
Un abrazo a tod@s





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