VHF: Canal 77
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." — Altair

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NORMAS DEL FORO: OBLIGATORIA SU LECTURA

Hola cofrade, has recalado en la Taberna del Puerto, algo más que un foro náutico. Eres bienvenido, participa, aprende y enséñanos; de eso se trata, de enriquecernos todos en nuestros conocimientos, y sobre todo de pasar un buen rato. No entres si vienes buscando conflictos, polémicas o cualquier otro fin que no sean los anteriormente descritos. Tenemos algunas normas y es obligatorio que las leas antes de empezar.

1/ Este es un foro náutico y aunque se permite hablar de otros temas, se ruega contención en el uso de los mismos, para ello existe un foro específico.

2/ Usa títulos claros y que describan el contenido del tema. De este modo será más fácil encontrarlos en el buscador para posteriores consultas además de que facilitas el trabajo de los que te vayan a responder. Títulos ambiguos como “ayuda”, “tengo un problema”, etc... no colaboran a este fin. Inserta tú tema en el foro adecuado, mira antes de lanzarlo por si alguien poco antes que tú ha puesto lo mismo; si es así no crees un tema nuevo, contesta al otro. Usa el buscador, es una gran herramienta. No escribas todo el texto con mayúsculas, se interpreta como que estás gritando. Todo esto facilita enormemente el trabajo de los que curramos aquí.

3/ No se permite el "spam" ni la publicidad de empresas o de actividades que conlleven lucro. Tampoco solicitud de ofertas de empresas o profesionales salvo en los foros de anuncios de compra-venta.

4/ No uses el foro como un chat salvo en aquellos temas habilitados a tal efecto, los cuales periódicamente serán eliminados. Las contestaciones reiterativas y/o automáticas, haciendo uso del sistema copi-pegui o cualquier otro no están permitidas.

5/ Respeta a los demás y a sus opiniones si quieres que las tuyas sean respetadas. Los insultos, la agresividad, el mal gusto y la mala educación no están permitidas en este foro. Aquí venimos a divertirnos, no a pelearnos. Se prohíbe insultar, ser agresivo, maleducado, soez, no respetar a los demás, intentar imponer nuestras ideas, empezar o dar pie a que empiecen peleas o trifulcas. Se exige orden y delicadeza a la hora de tratar ciertos asuntos, como por ejemplo, en lo que a la ortografía se refiere. Serán considerados como insultos y faltas de respeto el calificar a los Moderadores y/o Administradores como censores, dictadores, que coartan la libertad de expresión, que aplican un doble rasero, y expresiones similares.

6/ Nos gusta conocer con quién hablamos, así que, una pequeña presentación en el foro correspondiente que existe para tal fin siempre será bien recibida. No obstante, si alguien decide no presentarse, los demás usuarios se abstendran de reclamar dicha presentación y/o realizar crítica o petición alguna.

7/ Los temas políticos o que induzcan a la polémica innecesaria, mejor los dejas para otros foros de los muchos que hay para ello en la red. Se prohíbe hablar de política, de política económica, de política social, de nacionalismos, de antinacionalismos, de diferencias idiomáticas, de banderas nacionales, de exaltaciones patrióticas, de hechos diferenciales, de religión, de anti-religíon, de toros y del maltrato animal, y en general de todos los temas que se sabe de antemano van a ser polémicos y mucho más si no son náuticos. No contestes a estos temas o mensajes, informa a los administradores. No se tolerarán actitudes racistas, xenófobas, sexistas, denigrantes hacia otros colectivos o para con los demás, totalitarias o extremistas sean del signo que sea.

8/ El reenvío de mensajes que hayan sido modificados, o bien el envío de otros mensajes que muestren su descontento con esta modificación, pueden conducir al bloqueo de la cuenta. Esto también sucederá cuando un usuario insista en retomar algún tema o continuar sobre una conducta de la que se le ha alertado. En casos de que la mala conducta de un usuario continúe, se podrá proceder a su expulsión definitiva.

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10/ Se prohíbe la reproducción total o parcial de textos u otros medios sujetos a Copyright y/o pertenecientes a otras webs, foros, etc... Sin embargo si que se podrán insertar enlaces a los mismos, pero siempre haciendo referencia a la página propietaria.

11/ La Taberna es un foro en lengua castellana o español, pero cada uno es libre de expresarse como quiera, allá él si la mayoría no lo entiende. Los usuarios se abstendrán de hacer ningún comentario indicando al que escribe en otra lengua su pertinencia o no. Tampoco se tolerará el uso del idioma como arma reivindicativa de ningún tipo.

12/ No se permiten insultos ni difamaciones a empresas, profesionales o particulares. Tampoco acusaciones de ningún tipo, que no estén probadas o demostradas judicialmente o por lo medios legales adecuados. Este no es un medio para presentar denuncias, para ello, existen los juzgados, consumo, etc...

13/ No se permite la inserción de hilos o mensajes con el fin de generar exclusivamente tráfico a otras web o canales, bien sea mediante enlaces, mediante árticulos, ficheros o datos parciales, o por cualquier otro método.

14/ Cualquier incumplimiento de estas normas, puede ser motivo de amonestación y/o expulsión del autor, de borrado o cierre de temas o mensajes, o de cualquier otra medida que la administración decida para intentar hacer que éstas sean cumplidas. Los temas pueden ser movidos o unidos sin previo aviso a criterio de los administradores.

15/ Si estás de acuerdo con ellas este es tú sitio; si no te gustan, no te apetece cumplirlas, las consideras restrictivas, censoras o que coartan tu libertad de expresión, no entres, no intervengas, y no te quejes cuando te sean aplicadas las medias correctoras adecuadas. No luches por cambiarlas a tu conveniencia, no puedes.

16/ Baja Voluntaria del foro.

Ni éste ni ningún otro Foro tiene previsto un sistema de Bajas voluntarias y automáticas. Simplemente con dejar de participar en él, y editar el Perfil de usuario para que dejen de aparecer los datos que crean no deben verse es sufiente.

No obstante, si alguien quiere que se le borre su cuenta, deberá enviar un e-mail desde el enlace "contáctanos" que se encuentra en la parte inferior del foro usando el e-mail con el que está registrado en la Taberna ya que es la única forma de comprobar la autenticidad del que se quiere dar de baja.
Así se evita que alguien pueda coger los datos de tu cuenta y pedir que se borre la misma.

Por otro lado advertir que los mensajes del usuario aparecerán, una vez borrada la cuenta, como realizados por un "invitado" ya que las intervenciones en un Foro público, son públicas. Es decir, desde el momento en que se publican dejan de pertenecer al usuario. Por otro lado, como siempre hay contestaciones a los mensajes, si algunos son borrados, el hilo deja de tener sentido.

En cualquier caso, si existe algún o algunos mensajes en el que aparezcan datos personales que el usuario no quiere que sigan apareciendo, ANTES de pedir la baja, podrá reportarnos estos mensajes, usando la opción "reportar mensajes" y nosotros eliminaremos esos datos personales.

Se entiende que una vez borrada la cuenta, esta acción es irreversible, con lo cual no se podrá volver atrás.


Estas normas pueden ser modificadas sin previo aviso, por lo que se recomienda consultarlas regularmente...



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Verano del 74

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  • #46
    Re: Verano del 74

    Hoy es 20 de julio. Se cumplen 38 años de la invasión turca del norte de Chipre.

    Quien tenga un momento y se acuerde, que levante su copa para maldecir a todos los dioses de la guerra y a todos los fanáticos y gilipollas que en ella se enrolan.

    Chipre fue, en otro tiempo, un jardín en el que se podía vivir "despreocupado y desnudo". Hasta que Dios y Alá la liaron.



    Por la confusión de los guerreros.

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    • #47
      Re: Verano del 74


      Enhorabuena, Tahleb. Si estuviera por aquí nuestro admirado Arturo P. Reverte formaríais un estupendo dúo narrativo. Sin duda sabes que él vivió aquel conflicto sobre el terreno. Gran relato. Te animo a que sigas contándonos lo acontecido en aquellos difíciles días.

      Comentario


      • #48
        Re: Verano del 74

        Tahleb, eres un artista con la pluma, gracias por habernos permitido vivir e imaginar tu relato.

        Espero seguir leyendo tus narraciones, tomate lo que quieras, que te lo has ganado.
        "No tengo talentos especiales, solo soy apasionadamente curioso" Albert Einstein .

        El Piloto patrón de la Raya Azul

        MMSI 224325480

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        • #49
          Re: Verano del 74

          Parece que La Cosa está mu malita. Riesgo es incapaz de controlar al putón de su prima y nuestros ínclitos ministros empiezan a tartamudear en las ruedas de prensa. Parece que, no pudiendo esperar a mayo, nos van a joer pa setiembre.

          No se me ocurre nada mejor, para entretener la espera, que contaros la continuación de la fábula y de cómo, aunque sin saber muy bien por qué, acabé volviendo a Chipre con la intención de entrar en la cápsula temporal de Varosha. Además, debo confesar que vuestros aplausos me dan calorcito en el corazón.

          Ahí va:

          Fue Elisa, mi hija recién descubierta, quien me informó del tránsito final de Iulia. Tuvo que ser en febrero y de madrugada, para que fuese más triste. Dormí mal y poco esa noche, pues soplaba un Leveche criminal que hacía crujir las piedras de mi almazara como si quisiera arrancarla de cuajo. Además, estuvo lloviendo sin parar todo el día, lo que sin duda ablandó el suelo lo suficiente como para que el maldito viento consiguiera arrancar un sauce viejo que había en el jardín y precipitarlo contra la puerta cristalera del salón, cuyo marco, en diabólica carambola, partió, al caer, la tapa del piano. Estuve más de una hora poniendo a salvo libros, muebles, discos y aparatos. Vestido con un albornoz de hotel y calzando unas sandalias menorquinas que uso como zapatillas; tiritando de frío y en medio de una confusión de papeles, hojarasca húmeda y ceniza de la chimenea que el viento hacía girar en torbellinos y que la lluvia, que entraba horizontal por la cuenca vacía de la cristalera, se encargaba de fijar con ambición histórica sobre las paredes, los cuadros y las tapicerías.

          Sobre las siete y media de la mañana me hallaba de regreso en mi cama y a punto de reanudar el sueño cuando sonó el teléfono y la voz de Elisa, con un temblor ligero pero perceptible, me dijo: ya está, se acabó, pobrecita. Mi hermano está en camino. No te preocupes por mí y NO vengas. Ella no quería que la vieses tan fea.

          Poco después llegaron, como cada día, Rashida y Halet, los viejos asistentes de los tiempos de mis padres (a todos los efectos considerados como parte de mi escasa familia), y tuvieron una primera visión del desastre. Con los ojos como platos mezclaban todas las expresiones de sorpresa que se habían acumulado en nuestra curiosa tradición familiar. Alá, Alá hu acbar, dijo Rashida al ver las ramas del sauce entrando por la cristalera. Ayayay Adonnay, reforzaba Halet resonando con la entonación de mi madre. Mon Dieu, mon Dieu, remachaban ambos a coro. Panayía mu, dije yo en apenado recuerdo de las frases griegas que Iulia usaba a menudo.

          Pensé que, dada la presencia de las Tres Luces invocadas tan inocentemente por mis viejos moritos, debía aprovechar para darles la noticia. Ellos la habían querido mucho y lloraron muy amargamente cuando se fue. Me impresionó su reacción: sin decir palabra, Rashida se acercó a la chimenea y se cubrió el pelo de ceniza. Halet, con un movimiento lento pero firme, se hizo un desgarrón irreparable en la camisa. Con un gesto de la mano que abarcaba el desastre causado por el sauce, Rashida murmuró: esto tiene que ver con ella. ¡Esto tiene que ver!

          Pasaron varios días en los que, sin llegar a sentir dolor, planeó sobre mí una pena oscura y omnipresente. Me despertaba por las mañanas sin recordar qué era lo que había soñado, pero con el convencimiento de que mis sueños habían sido tristes, como un llanto escondido del alma, del que, al salir el sol, no quedaba más que una tenue humedad sobre la almohada. Hablé un par de veces, por teléfono, con mis hijos. Ambos tenían una comprensible gravedad en la voz, pero estaban bien. Elisa me anunció el envío de un paquete con cuatro cosas de su madre que, a su juicio, era mejor que conservase yo. Protesté un poco. Yo no deseaba engolfarme en recuerdos ni en sentimentalismos. Es tu vida, me dijo con cierta dureza, y no la mía. Al menos dedícale una mirada. Lo que no quieras, me lo devuelves.

          +

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          • #50
            Re: Verano del 74

            Delegué en Halet, como siempre, el control de los operarios que tenían que reparar el desastre del salón; le pedí que llamara a un camión grúa para intentar replantar el sauce, siendo consciente de que el pobre tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir, y esa misma tarde me subí a un tren para pasar unos días en Barcelona, una de mis ciudades favoritas, cargada de buenos recuerdos y de atractivas promesas para los forasteros además de ser, circunstancialmente, el lugar donde había dejado amarrado mi barco para la invernada.

            Regresé a las dos semanas con la mente renovada, los triglicéridos disparados, alguna transaminasa practicando el vuelo sin motor y dos o tres quilos de más. Hasta el día siguiente no esperaba la llegada de unos cuantos paquetes de MRW con el resultado de mis compras: libros de Altair, conservas del Colmado Quílez y ropa de diversas tiendas. Por eso me extrañó ver sobre la mesa del salón –en el que, por cierto, no quedaba más rastro del naufragio del sauce que la tapa rota del piano- un envoltorio de plástico de los que usan las compañías de correo y mensajería. Al recordar la llamada de Elisa el corazón me dio un vuelco. Tenían que ser aquellas cosas de Iulia que, supuestamente, formaban parte de mi vida.

            Aún perdí unas cuantas horas, pasando con mirada huidiza ante el paquete, reparando obsesivamente la tapa del piano. Hice un apaño con resina de epoxi, que quedó bastante bien, y lijé el conjunto una y otra vez con papeles de grano decreciente hasta que noté que me dolían las manos y tomé consciencia de estar haciendo el ridículo.

            Me serví una buena copa de whisky y, levantándola en un brindis de homenaje y recuerdo, me dije a mi mismo: esto hay que hacerlo bien. Limpié el disco del Concierto nº 1 para piano de Tchaikovsky, lo puse a girar en el plato y me dispuse a abrir el envoltorio y, tal vez, a llorar un rato, por fin, que quiere decir por última vez.



            Contenía un tomo bastante grueso, como si fuera un libro, pero que en realidad era una especie de álbum de fotos digitalizadas, y una caja rectangular que alguna vez había contenido bombones de Godiva.

            El libro, de tapas duras, tenía en portada una imagen en la que se nos veía a Iulia, a mí y a nuestro hijo, éste con una edad sobre los siete años, en el jardín de la almazara, precisamente bajo el sauce que ahora convalecía con pronóstico reservado al otro lado de la cristalera. Los tres sonreíamos enseñando mucho los dientes (al niño le faltaban varios), como muy felices. Yo la enlazaba por el talle con mi brazo izquierdo, atrayéndola tanto que mi mano la rodeaba hasta más allá del ombligo. Su puño, asomando sobre mi hombro derecho, aferraba mi camisa provocando algunas arrugas que me llegaban hasta el cinturón.

            Las páginas interiores eran una cosecha cronológica de fotografías de nuestra historia que supuse que ella había ido digitalizando pacientemente: allí estaba yo, con diecisiete añitos, vestido de cadete en la cubierta de vuelo del Jeanne d’Arc; allá se la veía a ella sobre una bicicleta enorme. En otra página estábamos ambos, haciendo el signo de la victoria, en el aeropuerto de Barajas, el día que regresamos de Chipre sanos, salvos y locos de amor. Mis padres, los suyos, nuestro bebé, fotos exóticas tomadas desde la cubierta de mis barcos o en mercadillos de medio mundo. Vudú, en su impecable chaquetilla blanca abotonada hasta el cuello. Tartas de cumpleaños. El valle de Elizondo. Los Alpes. El mar. El mar siempre.

            El libro estaba organizado por capítulos numerados según el año en que se habían tomado las fotos. Cuando llegué al 1.988, el último de nuestra vida común, noté que quedaban aún varias hojas hasta el final.

            El siguiente capítulo decía corresponder a 2004. Pasé varias páginas sin entender qué era lo que estaba viendo hasta que, de pronto, el rótulo medio caído y oxidado del Hotel Golden Mariana atrapó mis ojos y casi me detuvo el corazón.

            Comentario


            • #51
              Re: Verano del 74

              No había vuelto a pensar en Varosha desde hacía muchos años. Se podría decir que, aunque sabía lo que había sucedido, no era consciente de ello. Por eso, al ver las fotografías de las calles abandonadas y de las casas acosadas por la maleza, los recuerdos acudieron como un torrente y se me puso en marcha el motorcito que suele conducirme a los viajes y a las aventuras.

              Abrí a continuación la caja de Godiva. Contenía varios objetos, como alguna tarjeta en la que se nos invitaba a una recepción, amuletos turcos contra el mal de ojo comprados en el Gran Bazar o una navajita automática que ella siempre llevaba en el bolso. Había alguna cosa un poco demasiado romántica, como un pequeño envoltorio de papel de seda en el que hallé dos mechones de pelo –supuse que suyo y mío- o una hoja de libreta, doblada mil veces, con el inicio de un poema de Salvatore Quasimodo que alguna vez le recité. Pero también encontré dos cosas más punzantes que la navaja: su alianza de boda, con la inscripción “ubi ego caius, tu caia” grabada en el interior y, sorprendentemente, la llave de la habitación 211 del Golden Mariana. Nuestra habitación. El simple tacto del llavero –plástico imitando con bastante dignidad una lámina de jade- me inundó de sensaciones, recuerdos perdidos y serena nostalgia.

              Estaba total y absolutamente seguro de que esa llave no había salido de Chipre con nosotros. Por lo tanto, mi sorprendente Iulia no sólo había regresado en alguna ocasión a Famagusta, sino que se las había ingeniado para entrar en Varosha y en el mismísimo hotel para rescatar ese recuerdo.

              Pasé varias horas encerrado en mi “sala de mapas”, que es un cuarto sin ventanas, antaño almacén de tinajas de aceite, en el que he atesorado, bajo llave, las obras de todos aquellos que arrullaron mi infancia. Desde las estanterías nos contemplamos mutuamente con Emilio Salgari, Jules Verne, Jack London, R.L.Stevenson, E.A.Poe o Kipling, pero también hay un hueco para los primeros personajes que me contaron algo sobre el mundo, como Guillermo Brown y sus Proscritos o, en lugar preferente y venerado, Tintin y sus aventuras. En la sala de mapas tengo también un ordenador con pantalla King Size y una vieja mesa de cartas, recuperada de un desguace, con los cajones rebosantes de mapas y cartas de distintas épocas. Entre sus paredes es posible imaginar lo inimaginable y dar la primera vuelta de hélice de viajes muy largos.

              Me empapé de fotos, webs y blogs sobre Varosha y, a la mañana siguiente, habiendo recibido el consentimiento de mi almohada y tras haber bailado unos cuantos pasos de “zempekiko” en la cocina, me puse a la labor de planificar la ruta y el viaje.

              Comentario


              • #52
                Re: Verano del 74

                Tragavents acababa de escribir casi, casi lo que yo acababa de pensar al leer el último post hasta ese momento.
                No puede ser de otra manera, esa sensación es algo que nos has transmitido en tu relato.

                Y desde luego has acelerado mis ganas de conocer Chipre. Lástima que no nos dejarán visitar Varosha.


                Algún día veremos una colección en las librerías: "Los Relatos de La Taberna del Puerto". Será un auténtico Best Seller.


                Por Varosha, pour Iulia, por Tahleb

                Comentario


                • #53
                  Re: Verano del 74


                  Como un asno con los cejales puestos siempre acudia al mismo sitio en esta taberna.Un poco cansado de lo mismo decidi visitar otras habitaciones de la taberna que aun no habia visitado,sentado en mi sillon de descanso tras un largo y asqueroso dia (tuve que regresar sin largar los aparejos tras horas de bailoteo,mar vivo y las mareas volavan) cuando me encontre con esta joya que me ha absorvido completamente hasta el final.
                  Sin palabras amigo Tahleb (ninguna mia haria justicia de lo leido) solo Gracias por esta joya y permiteme un brindis por...
                  Iulia,Varosha y por supuesto por ti camarada.
                  Si la vida es un barco,...
                  que haya sueños en las velas,
                  esperanza en el timon,...
                  y no esclavos en los remos.

                  Comentario


                  • #54
                    Re: Verano del 74

                    La ruta, comprobé con excitación, me llevaría a seguir en parte dos de los misteriosos “camins de les naus” o ejes mayores del Mediterráneo que se describían en un viejísimo tratado de cartografía mallorquín al que, según me contó mi padre, tuvo acceso hace muchos años mi abuelo. Según decía, sus propietarios habían llegado a Orán procedentes de Mallorca en 1.492, cuando los judíos fueron expulsados, y el tratado, que había sido escrito por alguno de sus antepasados, viajó con ellos.

                    Los “camins” son derrotas a rumbo fijo, totalmente rectilíneas, que cruzan grandes distancias sin tocar tierra y en cuyos extremos suele haber algún edificio, alguna salina o algún punto geográfico de interés para quien los trazó y que, tal vez, están de algún modo relacionados con la Kabala y con la magia medieval, cosas ambas de las que no sé absolutamente nada y por las que tampoco siento mucho interés. Pienso, más bien, que tales líneas constituían excelentes referencias para el levantamiento de las cartas y que ciertos detalles, como el que una determinada iglesia española no haya sido saqueada jamás o que pueda existir una sinagoga a orillas del desierto de Libia, no son más que felices casualidades.

                    Resulta curioso también que mi vieja almazara, que perteneció a mi abuelo, se halle precisamente en el extremo del “camí d’Alexandria”, que mide nada menos que 1.800 millas al rumbo 096º. Me gusta imaginar que, tal vez, en el otro extremo de la línea estuvo antaño el famoso Faro o la Biblioteca y que la ventana que se asoma al mar hacia Levante “se mira” sin obstáculos con la desembocadura del Nilo.

                    Para mi viaje al pasado podría comenzar saliendo de Barcelona, que era donde estaba mi barco, al rumbo 115º, sobre el “camí de Barcca” que, según el libro, unía una capilla del siglo XII, llamada capella de Marcús, con una sinagoga de la misma época situada en Libia, a 1910 millas de distancia, en un lugar llamado Barca, o Baracca, al Noreste de Benghazi, atravesando previamente una salina que hay en la costa. Una zona que, aunque parezca mentira, es tan fértil como el Delta del Nilo gracias a que los vientos de Poniente empujan nubes generosas cargadas de lluvia abundante o quién sabe si a que Gadafi invirtió algo de su dinero en regadíos. La discreta capilla barcelonesa había sido dedicada a la Virgen de la Guía, y estaba en su tradición el que los viajeros que emprendían o finalizaban viaje pasaran por ella a dar gracias por la protección. Era un buen augurio.

                    A continuación, cuando me hallase al Norte verdadero de la isla de Pantellería, tras haber librado con éxito el bajo de Skerki, podría situarme sobre el camí de Jerusalem o Camí Major. Éste discurre recto como un disparo de más de 2.000 millas, al 091º actual, desde el centro de la salina de Torrevieja hasta el Templo de Salomón - o la Cúpula de Al Aksa, a gusto del consumidor-, librando de milagro las pequeñas islas de La Galite, al Norte de Túnez, y Gavros y Paximadia, al Sur de Creta, lugar en el que, cuando lo alcanzase, ya podría dar rumbo al cabo Akrotiri y doblar un “Cabo de Gata” que hay en Chipre.

                    Comentario


                    • #55
                      Re: Verano del 74

                      Originalmente publicado por Atlántida Ver Mensaje

                      Si estuviera por aquí nuestro admirado Arturo P. Reverte formaríais un estupendo dúo narrativo.

                      No dicen que el señor Perez Reverte es cofrade de esta ilustre taberna.....?

                      Comentario


                      • #56
                        Re: Verano del 74

                        Lo siento Tahleb pero no me quedan más agradecimientos. Formas parte de lo que recordaré cuando acabe el verano de 2012.
                        Muchas gracias y un abrazo.
                        "El mar dará a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sueños" Cristóbal Colón

                        sigpic

                        Comentario


                        • #57
                          Re: Verano del 74

                          C***cha e su madre!!!
                          Lo que me estaba perdiendo!
                          Había leído tu última intervención luego del fascinante relato. Y como siempre leía Tahleb en el último post del hilo, no se me ocurrió entrar hasta que vi Zentinel en lugar de Tahleb
                          Bueno! Ahora ya sé que esto continúa!
                          Grande Tahleb!!! Y ahora con relato náutico incluído





                          Comentario


                          • #58
                            Re: Verano del 74

                            Saludos a todos!

                            Ya he regresado a tierra firme y me dispongo a continuar lo empezado. Veo que habéis leído mucho y no sabéis cómo me halaga...

                            Ahí va:

                            A finales de marzo decidí que ya era hora de dejar mi refugio invernal y preparar el barco para la campaña de verano. Le eché un último vistazo al sauce convaleciente, casi una visita de observación médica, y me pareció que bajo su corteza y en las puntas de las ramas podadas se advertía algún signo de vitalidad. Tal vez, pensé, se salve después de todo. Comprobé la tensión de los tirantes que le había puesto, le di una palmada de ánimo en el tronco y me marché a Barcelona. A mi barco.

                            No tenía tripulación. Dudé sobre si sería prudente embarcar a alguien que me acompañase para hacer algunas guardias, pero finalmente decidí que haría el viaje solo aunque, ya que me atraía la idea de recorrer los “camins” sin hacer escalas, eso significara dormir poco y mal. Nunca antes me había planteado esa cuestión así, a priori. Ante mí se solían presentar los viajes como único objeto, y el detalle de ir solo o acompañado dependía nada más de cómo transcurrían los días, las escalas o las relaciones, sin que me importase lo más mínimo tener que dormir a salto de mata y ocuparme íntegramente de la navegación. Será uno de los síntomas de la edad, pensé.

                            Me peguntaba a menudo qué sentido tenía aquel regreso al pasado. Sentía una cierta aprensión ante la posibilidad de que los recuerdos volviesen a levantar los fantasmas de la pena y el dolor de antaño, pero también notaba que se había instalado en mí una firme determinación basada en el deseo de recuperar aunque fuese un diminuto hálito de juventud, de felicidad, de primavera. Tal vez, pensaba, volver a ver la habitación 211 del Golden Mariana sirviera para reafirmar en mí la convicción de que mis recuerdos eran auténticos; de que al menos una vez me había entregado con armas y bagajes a la corriente de la Vida y había sido incontestable, absoluta e inmensamente feliz. Existía la posibilidad de que la emoción que experimentase allí fuera capaz de agrietar en alguna medida la coraza de sal, egoísmo y miedo que se había formado sobre mi alma, haciendo que las verdaderas sensaciones de la vida me llegasen amortiguadas y sin sabor.

                            Pero la respuesta certera se me presentó mientras mi mente se ocupaba de otras cosas. Estaba a bordo cambiando una driza de mayor, para lo que había improvisado un eje sobre el que girase la bobina de la driza nueva mientras tirase del extremo de la vieja, cuyos chicotes correspondientes había unido con una costura. El tambor, situado en la bañera, a varios metros de la base del palo, giraba diligentemente mientras yo halaba de la driza y parecía como si su movimiento fuese un tanto ajeno a mi trabajo. La driza nueva atravesaba los reenvíos y se introducía en el palo como una corriente sanguínea, suave y salutífera. En el preciso instante en que la costura entre chicotes llegó a mi mano tuve una revelación. Supe porqué quería volver a Varosha y por qué quería hacer el viaje solo.

                            Iulia había ingresado en lo definitivo. Ya nunca más la vería, salvo en sueños, y su imagen permanecería para siempre estable. Ya no podría traerme dolores nuevos ni encender más expectativas ni causar decepciones. Podía, por fin, reconciliarme con su recuerdo, analizar una vez más nuestros errores mutuos y perdonar definitivamente a aquellos que un día fuimos. Podía olvidar sin miedo a que el olvido desguarneciera mis murallas de defensa.
                            Necesitaba, para ello, un viaje iniciático o, quizás, eremítico. Las viejas drizas que me habían mantenido tenso bajo el viento de una vida de combates estaban siendo sustituidas sin que apenas lo notase. Emprendía un viaje hacia la serenidad.

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                            • #59
                              Re: Verano del 74

                              Grandeeeee!!!!
                              Buena proa!
                              Lachica

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                              • #60
                                Re: Verano del 74

                                Mis sueños nocturnos continuaban, aunque ya no eran tristes en sí mismos y mi almohada amanecía seca siempre. A medida que la fecha de inicio del viaje se aproximaba, los sueños retomaban su naturaleza esencial, que es el absurdo. Así, me veía corriendo cuesta abajo por una calle de Barcelona, a cuatro patas, como un caballo que galopase, con una maravillosa sensación de ingravidez y velocidad, con Iulia aferrada a mi espalda. Ella daba gritos de júbilo y la gente nos miraba pasar con cara de disgusto. Que se fastidien, me decía al oído, que yo no peso nada. En otro sueño la llevaba en brazos, sin ningún esfuerzo, ayudándola a escapar de un lugar indeterminado. Ella me miraba agradecida, con aquellos ojos suyos, de niebla, y me decía que yo no tenía miedo y que eso no era ser valiente, sino otra cosa.

                                Tres noches antes de partir salí a cenar con un inglés, viejo conocido de otros puertos y casualmente vecino de pantalán. Viudo y de esencia solitaria a pesar de ser un gran conversador. Le encantan las ostras, pero nunca las come si faltan menos de setenta y dos horas para iniciar un viaje, para prevenir el efecto de posibles intoxicaciones. Era justo mi límite y hasta septiembre ya no sería aconsejable volver a comerlas, de modo que nos atizamos una docena cada uno con una botella de Sauternes. Sin rastro de tristeza en la voz me contó cómo había traído el barco, sin escalas, desde Inglaterra hasta Mallorca, en primavera, para cumplir con el último deseo de su esposa, enferma y desahuciada, que era el de bañarse una vez más en las aguas de una cala en la bahía de Pollensa. Llegó, según me dijo, justo a tiempo de cumplirlo. Diez días después le tocó ir de entierro. Narraba aquella enormidad con el tono de quien explica el retraso de las obras del cuarto de baño de un vecino, y lo admiré por ello. En justa correspondencia, lo puse al día del tránsito de mi exmujer y me premió con una expresión conmiserativa y tres palabras: eso siempre duele. ¿Siempre? Pregunté. Sí, me dijo, es como una flecha apache en las costillas: al final sólo te duele si te ríes, pero duele. Come on, my friend, let’s have a couple of gins and tonic.

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