Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Hola a todos
un bridis antes de comenzar







Me quedé pensativo, tras las palabras de Romo, mientras el bote ponía proa a los diferentes barcos a los que hacía servicio.
Era un bote bien construido; tenía cuatro bancadas. En las dos centrales iban acomodados los remeros, en la anterior dos marineros del Ntra. Sra. De la Cinta y en la posterior un taciturno personaje con los ojos hundidos en las cuencas y con la mirada perdida en el enjaretado del plan.
Su rostro presentaba las características esenciales de una prematura ancianidad. Dio escuetamente las buenas tardes, se sentó calladamente al lado de su petate antes de indicar: al Ntra.Sra. De las Angustias.
- ¿Quién es? , le pregunte quedamente a Pablo rompiendo mi silencio
- Ni idea, me respondió, quizás un pasajero…
Volví a mis pensamientos mirando detenidamente al pelirrojo chaval que estaba sentado en el caperol con una pierna en cada amura. Una postura nada femenina. Cuestionaba interiormente las últimas palabras de Remo… Una buena broma la de mi amigo…
El jabeque procedente de España ya había llegado con el sobre de lona sellado donde se indicaba la fecha exacta del regreso y estábamos pendiente de la señales de la Capitana.
Estos barcos de aviso o "buscarruidos" como se les apodaba, eran balandras de 40 toneladas que llevaban seis tripulantes, el piloto que hacía de capitán y maestre, tres marineros haciendo uno de contramaestre, un grumete y un aprendiz de la escuela de marear de San Telmo.
Eran rapidísimos, para estar a salvo de embarcaciones enemigas, y hacían el viaje redondo en menos de 70 días.
El pelirrojo fue aceptado como tripulante, era un excelente calafate y además un capacitado en velas y jarcias. Superó holgadamente todas pruebas a las que se le sometió y su carácter alegre decidió finalmente al contramaestre.
Inmediatamente se dedicó a sus tareas, que eran muchas, como sanear las maderas deterioradas, cambiar la jarcia del palo mayor perjudicada por los vientos soportados y reparar el pacaje que era una lona fuerte muy buena, fabricado en Rennes de la que había en servicio 7.000 varas y de repuestos 1000 más, a parte de otras lonas viejas de inferior calidad.
Me acerqué al nuevo tripulante
- ¿Como lo llevas?
Muy bien. Me vale el buen aprendizaje que he tenido en el varadero. El señor con el que estuvisteis hablando era amigo y discípulo de Don Cristóbal de Barrios, el que dirigía los astilleros de Guarnizo y Pasajes siendo mas tarde consejero real.
Por eso has visto que nuestra construcción naval era muy buena ya vistes el fortalecimiento de las ligazones con curvas y corbatones además de las mejoras en el aparejo aumentando las vergas de las gavias…
También he tenido la suerte de que por el varadero se pasase Pedro Menéndez de Avilés, que alargó la quilla con relación a la manga del diseño clásico de un galeón y logró una embarcación muy velera y marinera que llamó galeoncete…
Hablaba deprisa, con un deje nada vulgar, la huella de un muchacho bien educado fuera de las Indias, con sus ojos azules ojos muy abiertos y su pecho sacudiéndose por los agitados golpes de respiración que generaba la emoción de lo que contaba, casi perdiendo el control de la maraña de los nervios desatados en su garganta.
- Veo que te gusta la construcción naval, entonces ¿por qué te has despedido?
De su cara se esfumó instantáneamente el entusiasmo, un velo de tristeza lo cubrió y se transformó en una máscara inexpresiva para evitar el escrutinio; pero en sus ojos pude descubrir como una lucha interior por seguir hablando, algún tormento que lo convulsionaba en lo hondísimo de su ser se lo impedía y enturbiaba repentinamente nuestra comunicación
- Eso son cosas mías, y con paso titubeante, desapareció por el tambucho.
Ayudando a Pablo, fuimos encomendados por el contramaestre, para revisar la estiba de los bastimentos, así que empezamos a comprobar las trincas de las pipas de agua, del vino, de la harina y el pescado; los costales de legumbre seca; los fardos de sal; las botijas del arrope, la miel y el aceite; los cántaros de aceitunas.
Algunos de estos abastos sustituían a los deteriorados .Se enviaban desde España en varios pataches porque este refuerzo alimenticio era muchísimo más barato en Sevilla que en las Indias, aún teniendo que pagar el transporte ; siempre había errores de cálculo o en la corrupción de alimentos y a la postre algo se compraba; además de la carne, que preparaban en La Habana cortada en pedazos pequeños que secaban al sol y que era habitual comprarla allí porque era una práctica admitida y regulada por la Casa.
Estas compras se efectuaban por pregones y en remate público ante escribano para asegurar su veracidad.
Las provisiones almacenadas en malos recipientes, sometidas a la temperatura y al proceso de humedad que había en las bodegas, se terminaban descomponiendo y el vino terminaba agriándose
De todas formas por experiencia previa de los maestres de raciones ya se sabían más o menos las pérdidas toda vez que se anotaba todas ellas con indicación expresa del estado de los envases que las contenían para justificar el motivo del quebranto a la Casa de Contratación.
Por ejemplo de vino, se tenía que tirar normalmente sobre el 12%, aunque parte se aprovechaba mezclándolo con cal y naranjas para convertirlo en un vinagre que servía para adobar pescado o carne.
Pero con tal de hacer dinero se practicaban acuerdos abominables, como vender la mazamorra de deshecho ya fermentada en puro gusano que traían las naves a su vuelta a los bizcocheros para que la molieran y mezclaran con harina para al final hacer unas nuevas galletas que pondrían poner en grave peligro la salud de las tripulaciones.
Terminamos nuestra trabajo; el matalotaje estaba en orden tal y como constaba en las listas de abastos; bien estibado y trincado.
El 5 de agosto, el día de la Virgen de las Nieves y Santa María de África, un fuerte cañonazo resonó en la ensenada; era la indicación que tanto esperábamos.
La señal de levar fondeo de la Capitana, señor, indicó el contramaestre.
- ¡Leven anclas! Y el cabrestante situado en la segunda andana, entre el palo mayor y el mesana, que ya estaba armado desde el alba, comenzó a dar vueltas carraqueando estrepitosamente.
La señal de la Capitana a punto, indicó el contramaestre.
¡Estandarte real izado!
¡La señal, señor!
¡Todos a la arboladura! ¡Larguen aparejo!
No había nada más que decir; los hombres sabían lo que tenían que hacer y encaramados en las jarcias desplegaban las velas con un ruido atronador, aún flojas en las vergas y el galeón se desperezaba con un largo estremecimiento.
¡El anclaje ha zarpado! Gritaban desde la trinca del bauprés.
El viento refrescaba y el barco, azotado por una racha de viento, escoró acompañado con el chirriar de las poleas y garruchas, que se quejaban del esfuerzo que soportaban.
Era un espectáculo ver a casi cien velas embocar la estrecha salida de la bahía con sus banderas al viento, sus gallardetes del calcés latigueando en el cielo y una multitud vociferante agitando los pañuelos desde la orilla.
Los galeones artillados saludaban con las velas; arriando un poco las gavias y cuando se izaban se nuevo en una rápida sacudida la tripulación gritaba en seco a voz en cuello : ¡Viva el Rey!.
Nos esperaba dentro de tres o cuatro días, según me dijo Pablo, una de las navegaciones más difíciles de la ruta: el canal de Bahamas casi siempre rodeado de tormentas causadas quizás por el encuentro de los mares Atlántico y Etiópico cuyas corrientes corren impetuosamente hacia Tierra Firme y como no encuentran salida franca, pasan furiosamente entre Yucatán y Cuba y entre Cuba y las Lucayas que son las que vienen a hacer este canal.
Nos acostumbramos rápidamente a la rutina de a bordo, navegando, como siempre, en el centro de la Flota.
La Armada de Barlovento nos escoltaría casi a las Bermudas, una vez pasado el canal y además teníamos otro majestuoso galeón armado más que el de Capitana y la Almiranta, el de Gobierno, mandado por el gobernador con un tercio de infantería, el Tercio de Galeones.
Toda esta protección previene, me decía Pablo, los ataques de piratas bucaneros o corsarios a veces al servicio real de Francia o Inglaterra, que miran con ojos codiciosos la riqueza que nuestros barcos transportan.
- ¿Y hay muchos ataques?
Desde que está establecido el sistema de flotas, que se inventó a raíz del ataque del pirata Jean Florín en 1521 y que se llevó parte del tesoro de Moctezuma, ninguno. No se atreven. Atacan a pequeños merchantes o a los puertos, una vez que nosotros nos hemos ido. Los atacan y luego piden rescate a sus vecinos por no incendiarlos.
Íbamos temporejando, rumbo al norleste, reparando la arribada y la orzada, dando repiquetes cada vez más cortos puesto que el andar era más lento que cuando navegamos formando parte de la Flota de Tierra Firme ya que había naves que estaban muy cargadas y que bordeaban tan torpemente que era una temeridad hacerlas navegar en esas condiciones porque con cualquier maniobra embarcaban agua en cubierta por los imbornales y gateras con tantas tracas metidas en agua por encima de la marca de francobordo.
De todas formas navegábamos por el relativo angosto estrecho de Bimini, como se conocía antes de que Ponce de León lo bautizase como Florida, aprovechando su corriente de tres nudos hacia el norte.
El estrecho también está plagado de arrecifes y bajíos que se descubrieron a base de convertir los Cayos en la tumba de muchas embarcaciones.
Muchas veces se acercaba a nosotros el nuevo calafate, que habían apodado "llamita" por el encendido color de su cabello y su aparente endeblez.
Nos enteramos que se llamaba Mateo Vázquez y cayó en gracia a la tripulación desde el principio por su aire cordial y buen humor en claro contraste con otros, que cuando no estaban ocupados activamente, y sobre todo en el último cuartillo de guardia, cuando la proximidad del amanecer induce al sueño, solían caer en un ánimo tristón que tenía bastante de hosquedad.
El bronceado de la brisa y el sol de la mar había logrado eliminar de su rostro el pálido color a lirio cerúleo que tenía cuando lo conocimos, tornándolo en rosa incendiado, haciendose todavía más merecedor al mote que le habían puesto.
La continua expresión de adolescente en sus facciones, aún lisas, le daba un aspecto casi femenino en la pureza de su tersura, quizás por eso Romo me había dicho…
- ¿Por qué le llaman Bahamas?, le preguntaba tímidamente a Pablo.
- Proviene de bajamar. Date cuenta que las Bahamas, también llamadas Lucayas , está formado por más de 650 islas.
- ¿Tantas?
Mira, y puso sobre cubierta un maujo que alcanzó de su cinto, esto es la Juana, la Fernandina o Cuba, como quieras llamarla, aquí, y señaló al barraganete con su escoperada, tenemos tierra: La Florida; pues todo esto y trazó con el dedo índice un gran arco de circulo delante del maujo hasta el trancanil y la escoperada, es el archipiélago de Bahamas, y tamborileando con su dedo la cubierta por encima del imaginario arco ,dijo ;esto es lo que protege a Cuba de los furores del Océano y es lo que tenemos que atravesar. Y aquí, concluyó Pablo señalando con su dedo un punto del supuesto arco, está Guanahaní donde al final llegó la expedición de Colón.
Sonó la campana. ¡Entramos en sonda!, dijo el piloto
¡Atención, primer grupo ¡ - gritó el contramaestre. Lucas a picar sonda, Martín de Tavara a cantar.
Se pusieron en principio, con la sondaleza larga de 120 brazas, en mesa de guarnición situada a barlovento del palo mayor.
¡Marca cincuenta! , comenzó la cantinela.
La corriente del canal es bien indeterminada, algunas veces se dirige al ONO otras al ESE o al ENE, en un momento es estacionaria como pasado el tiempo corre a 1 nudo.
Había que seguir exactamente los veriles. En ciertos momentos eran muy angostos por lo que no íbamos más de dos galeones paralelos.
Los vigías atentos a los cambios de color del agua, de increíble belleza, de transparentes azules hasta vivos turquesas.
Acodado con Mateo y reclinados sobre la tapa de regala veíamos florecer, bajo la transparencia de sus aguas, la riqueza de formas y colores de los corales. Helechos carmesíes inclinándose sobre incontables florescencias, blancas, rosadas, azules o púrpuras. Abanicos increíblemente ramificados abriendo sus botones azul cobalto. Son como flores grandes, rodeadas de pequeñas que lo mismo están enrolladas o extendidas, cerradas o abiertas pero siempre con una explosión de colores , a veces como enormes parterres de como amapolas de vivo color encarnado y rosas de un lavanda pálido y trufado con crisantemos violetas.
Mateo y yo nos miramos con el aliento contenido después de ver esa belleza sobrenatural, esa maravilla que nunca antes habíamos visto y dijo clavándome sus brillantes ojos humedecidos.
- Pablo, nunca en mi vida olvidaré este momento.
- ¡Marca diez! Recitó el grumete.
Hay que estar preparados, dije, y corrí ,cargado con una extraña sensación, hacia proa donde estaba Pablo.
Ahora viene lo malo: ya estamos corriendo el meridiano del cayo Cruz del Padre, ahora debemos orzar al oeste ¼ al suroeste para enfilar la punta de Icacos.
¡Atención! Gritó el capitán y mirando al tambucho del pinzote terminó ¡Tráemelo al puño!
¡Gente a las brazas! Gritó el contramaestre que estaba a pié del tambucho de la escala.
El timonel inclinó el pinzote hasta el tope para caer a barlovento y lentamente el Ntra..Sra. de las Angustias tal y como le permitía su aparejo viró por avante y con un estrépito de lonas quedó desventado en la margen del veril.
¡Marca tres! Salmodió el grumete.
¡Dios mío! me dijo Pablo. Calamos sobre 2 brazas y media..
Bibliografia :
Pérez-Mallaina Bueno, Pablo Emilio - El hombre frente al mar.
Pierre y Huguete Chaunu - Sevilla y el Atlantico[/font]
Manuel Lucena Salmoral - Organización y defensa de la Carrera de indias[/font]
Salvador de Madariaga - El auge del imperio español en América
Saludos. Andrés
Hola a todos

un bridis antes de comenzar 






Me quedé pensativo, tras las palabras de Romo, mientras el bote ponía proa a los diferentes barcos a los que hacía servicio.
Era un bote bien construido; tenía cuatro bancadas. En las dos centrales iban acomodados los remeros, en la anterior dos marineros del Ntra. Sra. De la Cinta y en la posterior un taciturno personaje con los ojos hundidos en las cuencas y con la mirada perdida en el enjaretado del plan.
Su rostro presentaba las características esenciales de una prematura ancianidad. Dio escuetamente las buenas tardes, se sentó calladamente al lado de su petate antes de indicar: al Ntra.Sra. De las Angustias.
- ¿Quién es? , le pregunte quedamente a Pablo rompiendo mi silencio
- Ni idea, me respondió, quizás un pasajero…
Volví a mis pensamientos mirando detenidamente al pelirrojo chaval que estaba sentado en el caperol con una pierna en cada amura. Una postura nada femenina. Cuestionaba interiormente las últimas palabras de Remo… Una buena broma la de mi amigo…
El jabeque procedente de España ya había llegado con el sobre de lona sellado donde se indicaba la fecha exacta del regreso y estábamos pendiente de la señales de la Capitana.
Estos barcos de aviso o "buscarruidos" como se les apodaba, eran balandras de 40 toneladas que llevaban seis tripulantes, el piloto que hacía de capitán y maestre, tres marineros haciendo uno de contramaestre, un grumete y un aprendiz de la escuela de marear de San Telmo.
Eran rapidísimos, para estar a salvo de embarcaciones enemigas, y hacían el viaje redondo en menos de 70 días.
El pelirrojo fue aceptado como tripulante, era un excelente calafate y además un capacitado en velas y jarcias. Superó holgadamente todas pruebas a las que se le sometió y su carácter alegre decidió finalmente al contramaestre.
Inmediatamente se dedicó a sus tareas, que eran muchas, como sanear las maderas deterioradas, cambiar la jarcia del palo mayor perjudicada por los vientos soportados y reparar el pacaje que era una lona fuerte muy buena, fabricado en Rennes de la que había en servicio 7.000 varas y de repuestos 1000 más, a parte de otras lonas viejas de inferior calidad.
Me acerqué al nuevo tripulante
- ¿Como lo llevas?
Muy bien. Me vale el buen aprendizaje que he tenido en el varadero. El señor con el que estuvisteis hablando era amigo y discípulo de Don Cristóbal de Barrios, el que dirigía los astilleros de Guarnizo y Pasajes siendo mas tarde consejero real.
Por eso has visto que nuestra construcción naval era muy buena ya vistes el fortalecimiento de las ligazones con curvas y corbatones además de las mejoras en el aparejo aumentando las vergas de las gavias…
También he tenido la suerte de que por el varadero se pasase Pedro Menéndez de Avilés, que alargó la quilla con relación a la manga del diseño clásico de un galeón y logró una embarcación muy velera y marinera que llamó galeoncete…
Hablaba deprisa, con un deje nada vulgar, la huella de un muchacho bien educado fuera de las Indias, con sus ojos azules ojos muy abiertos y su pecho sacudiéndose por los agitados golpes de respiración que generaba la emoción de lo que contaba, casi perdiendo el control de la maraña de los nervios desatados en su garganta.
- Veo que te gusta la construcción naval, entonces ¿por qué te has despedido?
De su cara se esfumó instantáneamente el entusiasmo, un velo de tristeza lo cubrió y se transformó en una máscara inexpresiva para evitar el escrutinio; pero en sus ojos pude descubrir como una lucha interior por seguir hablando, algún tormento que lo convulsionaba en lo hondísimo de su ser se lo impedía y enturbiaba repentinamente nuestra comunicación
- Eso son cosas mías, y con paso titubeante, desapareció por el tambucho.
Ayudando a Pablo, fuimos encomendados por el contramaestre, para revisar la estiba de los bastimentos, así que empezamos a comprobar las trincas de las pipas de agua, del vino, de la harina y el pescado; los costales de legumbre seca; los fardos de sal; las botijas del arrope, la miel y el aceite; los cántaros de aceitunas.
Algunos de estos abastos sustituían a los deteriorados .Se enviaban desde España en varios pataches porque este refuerzo alimenticio era muchísimo más barato en Sevilla que en las Indias, aún teniendo que pagar el transporte ; siempre había errores de cálculo o en la corrupción de alimentos y a la postre algo se compraba; además de la carne, que preparaban en La Habana cortada en pedazos pequeños que secaban al sol y que era habitual comprarla allí porque era una práctica admitida y regulada por la Casa.
Estas compras se efectuaban por pregones y en remate público ante escribano para asegurar su veracidad.
Las provisiones almacenadas en malos recipientes, sometidas a la temperatura y al proceso de humedad que había en las bodegas, se terminaban descomponiendo y el vino terminaba agriándose
De todas formas por experiencia previa de los maestres de raciones ya se sabían más o menos las pérdidas toda vez que se anotaba todas ellas con indicación expresa del estado de los envases que las contenían para justificar el motivo del quebranto a la Casa de Contratación.
Por ejemplo de vino, se tenía que tirar normalmente sobre el 12%, aunque parte se aprovechaba mezclándolo con cal y naranjas para convertirlo en un vinagre que servía para adobar pescado o carne.
Pero con tal de hacer dinero se practicaban acuerdos abominables, como vender la mazamorra de deshecho ya fermentada en puro gusano que traían las naves a su vuelta a los bizcocheros para que la molieran y mezclaran con harina para al final hacer unas nuevas galletas que pondrían poner en grave peligro la salud de las tripulaciones.
Terminamos nuestra trabajo; el matalotaje estaba en orden tal y como constaba en las listas de abastos; bien estibado y trincado.
El 5 de agosto, el día de la Virgen de las Nieves y Santa María de África, un fuerte cañonazo resonó en la ensenada; era la indicación que tanto esperábamos.
La señal de levar fondeo de la Capitana, señor, indicó el contramaestre.
- ¡Leven anclas! Y el cabrestante situado en la segunda andana, entre el palo mayor y el mesana, que ya estaba armado desde el alba, comenzó a dar vueltas carraqueando estrepitosamente.
La señal de la Capitana a punto, indicó el contramaestre.
¡Estandarte real izado!
¡La señal, señor!
¡Todos a la arboladura! ¡Larguen aparejo!
No había nada más que decir; los hombres sabían lo que tenían que hacer y encaramados en las jarcias desplegaban las velas con un ruido atronador, aún flojas en las vergas y el galeón se desperezaba con un largo estremecimiento.
¡El anclaje ha zarpado! Gritaban desde la trinca del bauprés.
El viento refrescaba y el barco, azotado por una racha de viento, escoró acompañado con el chirriar de las poleas y garruchas, que se quejaban del esfuerzo que soportaban.
Era un espectáculo ver a casi cien velas embocar la estrecha salida de la bahía con sus banderas al viento, sus gallardetes del calcés latigueando en el cielo y una multitud vociferante agitando los pañuelos desde la orilla.
Los galeones artillados saludaban con las velas; arriando un poco las gavias y cuando se izaban se nuevo en una rápida sacudida la tripulación gritaba en seco a voz en cuello : ¡Viva el Rey!.
Nos esperaba dentro de tres o cuatro días, según me dijo Pablo, una de las navegaciones más difíciles de la ruta: el canal de Bahamas casi siempre rodeado de tormentas causadas quizás por el encuentro de los mares Atlántico y Etiópico cuyas corrientes corren impetuosamente hacia Tierra Firme y como no encuentran salida franca, pasan furiosamente entre Yucatán y Cuba y entre Cuba y las Lucayas que son las que vienen a hacer este canal.
Nos acostumbramos rápidamente a la rutina de a bordo, navegando, como siempre, en el centro de la Flota.
La Armada de Barlovento nos escoltaría casi a las Bermudas, una vez pasado el canal y además teníamos otro majestuoso galeón armado más que el de Capitana y la Almiranta, el de Gobierno, mandado por el gobernador con un tercio de infantería, el Tercio de Galeones.
Toda esta protección previene, me decía Pablo, los ataques de piratas bucaneros o corsarios a veces al servicio real de Francia o Inglaterra, que miran con ojos codiciosos la riqueza que nuestros barcos transportan.
- ¿Y hay muchos ataques?
Desde que está establecido el sistema de flotas, que se inventó a raíz del ataque del pirata Jean Florín en 1521 y que se llevó parte del tesoro de Moctezuma, ninguno. No se atreven. Atacan a pequeños merchantes o a los puertos, una vez que nosotros nos hemos ido. Los atacan y luego piden rescate a sus vecinos por no incendiarlos.
Íbamos temporejando, rumbo al norleste, reparando la arribada y la orzada, dando repiquetes cada vez más cortos puesto que el andar era más lento que cuando navegamos formando parte de la Flota de Tierra Firme ya que había naves que estaban muy cargadas y que bordeaban tan torpemente que era una temeridad hacerlas navegar en esas condiciones porque con cualquier maniobra embarcaban agua en cubierta por los imbornales y gateras con tantas tracas metidas en agua por encima de la marca de francobordo.
De todas formas navegábamos por el relativo angosto estrecho de Bimini, como se conocía antes de que Ponce de León lo bautizase como Florida, aprovechando su corriente de tres nudos hacia el norte.
El estrecho también está plagado de arrecifes y bajíos que se descubrieron a base de convertir los Cayos en la tumba de muchas embarcaciones.
Muchas veces se acercaba a nosotros el nuevo calafate, que habían apodado "llamita" por el encendido color de su cabello y su aparente endeblez.
Nos enteramos que se llamaba Mateo Vázquez y cayó en gracia a la tripulación desde el principio por su aire cordial y buen humor en claro contraste con otros, que cuando no estaban ocupados activamente, y sobre todo en el último cuartillo de guardia, cuando la proximidad del amanecer induce al sueño, solían caer en un ánimo tristón que tenía bastante de hosquedad.
El bronceado de la brisa y el sol de la mar había logrado eliminar de su rostro el pálido color a lirio cerúleo que tenía cuando lo conocimos, tornándolo en rosa incendiado, haciendose todavía más merecedor al mote que le habían puesto.
La continua expresión de adolescente en sus facciones, aún lisas, le daba un aspecto casi femenino en la pureza de su tersura, quizás por eso Romo me había dicho…
- ¿Por qué le llaman Bahamas?, le preguntaba tímidamente a Pablo.
- Proviene de bajamar. Date cuenta que las Bahamas, también llamadas Lucayas , está formado por más de 650 islas.
- ¿Tantas?
Mira, y puso sobre cubierta un maujo que alcanzó de su cinto, esto es la Juana, la Fernandina o Cuba, como quieras llamarla, aquí, y señaló al barraganete con su escoperada, tenemos tierra: La Florida; pues todo esto y trazó con el dedo índice un gran arco de circulo delante del maujo hasta el trancanil y la escoperada, es el archipiélago de Bahamas, y tamborileando con su dedo la cubierta por encima del imaginario arco ,dijo ;esto es lo que protege a Cuba de los furores del Océano y es lo que tenemos que atravesar. Y aquí, concluyó Pablo señalando con su dedo un punto del supuesto arco, está Guanahaní donde al final llegó la expedición de Colón.
Sonó la campana. ¡Entramos en sonda!, dijo el piloto
¡Atención, primer grupo ¡ - gritó el contramaestre. Lucas a picar sonda, Martín de Tavara a cantar.
Se pusieron en principio, con la sondaleza larga de 120 brazas, en mesa de guarnición situada a barlovento del palo mayor.
¡Marca cincuenta! , comenzó la cantinela.
La corriente del canal es bien indeterminada, algunas veces se dirige al ONO otras al ESE o al ENE, en un momento es estacionaria como pasado el tiempo corre a 1 nudo.
Había que seguir exactamente los veriles. En ciertos momentos eran muy angostos por lo que no íbamos más de dos galeones paralelos.
Los vigías atentos a los cambios de color del agua, de increíble belleza, de transparentes azules hasta vivos turquesas.
Acodado con Mateo y reclinados sobre la tapa de regala veíamos florecer, bajo la transparencia de sus aguas, la riqueza de formas y colores de los corales. Helechos carmesíes inclinándose sobre incontables florescencias, blancas, rosadas, azules o púrpuras. Abanicos increíblemente ramificados abriendo sus botones azul cobalto. Son como flores grandes, rodeadas de pequeñas que lo mismo están enrolladas o extendidas, cerradas o abiertas pero siempre con una explosión de colores , a veces como enormes parterres de como amapolas de vivo color encarnado y rosas de un lavanda pálido y trufado con crisantemos violetas.
Mateo y yo nos miramos con el aliento contenido después de ver esa belleza sobrenatural, esa maravilla que nunca antes habíamos visto y dijo clavándome sus brillantes ojos humedecidos.
- Pablo, nunca en mi vida olvidaré este momento.
- ¡Marca diez! Recitó el grumete.
Hay que estar preparados, dije, y corrí ,cargado con una extraña sensación, hacia proa donde estaba Pablo.
Ahora viene lo malo: ya estamos corriendo el meridiano del cayo Cruz del Padre, ahora debemos orzar al oeste ¼ al suroeste para enfilar la punta de Icacos.
¡Atención! Gritó el capitán y mirando al tambucho del pinzote terminó ¡Tráemelo al puño!
¡Gente a las brazas! Gritó el contramaestre que estaba a pié del tambucho de la escala.
El timonel inclinó el pinzote hasta el tope para caer a barlovento y lentamente el Ntra..Sra. de las Angustias tal y como le permitía su aparejo viró por avante y con un estrépito de lonas quedó desventado en la margen del veril.
¡Marca tres! Salmodió el grumete.
¡Dios mío! me dijo Pablo. Calamos sobre 2 brazas y media..
Bibliografia :
Pérez-Mallaina Bueno, Pablo Emilio - El hombre frente al mar.
Pierre y Huguete Chaunu - Sevilla y el Atlantico[/font]
Manuel Lucena Salmoral - Organización y defensa de la Carrera de indias[/font]
Salvador de Madariaga - El auge del imperio español en América
Saludos. Andrés



, pero, de quien se enamora?
al final acabaremos una historia de Corin Tellado



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